domingo, 27 de julio de 2014

LA REVOLUCIÓN SANDINISTA

“Mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos, que son el alma y nervio de la raza.”
Augusto César Sandino
En marzo de 1979 ingresé a la Escuela de Biología de la Universidad de Panamá. No entré directamente a los cursos regulares de la carrera. Tuve que hacer un curso de capacitación. El abismo entre educación media y estudios superiores ya existía en aquellos tiempos. En ese curso introductorio conocí a unos nicaragüenses muy jóvenes que me hablaron de sueños e ideales patrióticos. A finales de abril todos dejaron de asistir a clases. Un par de meses más tarde supe que habían regresado a su patria. Un par de años más tarde supe que todos murieron en el empujón final que derrocó a la dinastía tiránica de los Somoza.
24 años más tarde por fin conocí la patria de Sandino. De la revolución quedaba muy poco. En las dos guerras (contra Somoza y contra los Contras) se habían cometido grandes y graves estragos, pero para cuando por fin pisé Nicaragua, lo más evidente eran las ruinas dejadas por el asalto estilo piñata que sufrió el estado nicaragënse. Aún así sentí que había algo diferente.

Algo que en mi primer viaje a Managua llamó mucho mi atención, fue un personaje pagado por los vecinos de un barrio para cuidar las calles por las noches. Lo llaman CDN o algo parecido. Pienso que pudiera tratarse de una reminiscencia de los tiempos de guerra. En viajes posteriores  llegué hasta San Salvador y vi algo que no había visto en Managua: los grafitis de los mareros. Concluí que junto a la institución del CDN o como se llame, debería haber otras que convirtieron a Nicaragua en territorio libre de las temibles maras. Esa capacidad de los nicas de organizarse para frenar el mayor fenómeno delictivo de finales del siglo XX e inicios del XXI, es producto de la Revolución Sandinista. Hasta antisandinistas me lo dijeron. Y esa es la mejor evidencia de que algo ocurrió, algo bueno, en aquellos años de tanta agitación, dolor y muerte. Por lo menos eso es lo que queda del sacrificio que hicieran mis jóvenes compañeros de clase.

domingo, 20 de julio de 2014

REVOLUCIÓN FRANCESA

¡A las armas, ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
La Marsellesa
Aunque la Primera República fue aplastada por la bota de Napoleón Bonaparte, haciendo parecer totalmente inútil el guillotínico baño de sangre llevado adelante por el Incorruptible Maximilien Robespierre; aunque el régimen republicano demoró poco más de ocho décadas en reemplazar cualquier forma monárquica de gobierno. A pesar de estas y otras vicisitudes, la Revolución Francesa marcó un antes y un después en el devenir histórico de Occidente.
Gracias a ella se destruyó al sistema feudal y a la monarquía absoluta, por lo menos en lo formal, dando paso al nacimiento de las repúblicas de corte liberal. Se separó a la iglesia del estado, permitiendo así la libertad religiosa y la convivencia ecuménica dentro de una nación laica. La burguesía asumió el papel protagónico que en el Antiguo Régimen tenía la nobleza. Se difundieron por toda Europa las ideas democráticas. Y esas ideas llegaron al Nuevo Mundo e inspiraron las independencias de las colonias iberoamericanas. Crecieron los movimientos nacionalistas. El mundo político cambio y lo hizo para siempre.
En lo personal, mis años de estudios en la Escuela República de Guatemala, donde hice mi primaria, fueron iluminados por el canto de La Marsellesa. Pienso que dichas notas calaron en mi infantil espíritu y lo convencieron de rechazar, ya de adulto, a los tiranos. Ahora de viejo, además, rechazo con más fuerza a esos tiranos enanos de la vida cotidiana, a los manipuladores.

domingo, 13 de julio de 2014

REVOLUCIÓN AMERICANA

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”
Preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América
Los derechos naturales son los derechos propios del hombre. Son imprescriptibles e inalienables. Ellos son el derecho a la vida y a la integridad física, a la libertad, a la igualdad, a la seguridad, a la propiedad, al honor y al trabajo, entre otros. Hoy en día todos los derechos naturales se encuentran consagrados en las Constituciones Políticas de cada País y en otros escritos similares. Uno de los primeros documentos que registra estos derechos del individuo y que aspira a concretarlos en un proyecto político es la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América.
De ella rescato dos planteamientos esenciales: la búsqueda de la felicidad como derecho inalienable que tiene todo individuo y el derecho de los pueblos a constituir gobiernos que garanticen sus derechos y que cuando no cumplan, los pueblos tengan derecho ha abolirlos. Hay que recordar que en la sociedad tradicional la felicidad esta reservada para que la disfruten en la otra vida los fieles salvos. Tampoco olvidemos que para la época en Europa imperaba el Derecho Divino que justificaba el gobierno de los reyes por ser un derivado de la voluntad del mismo Dios.

Pienso que la Declaración de Independencia de los Estados Unidos es uno de varios hitos que evolucionaron hasta alcanzar cumbres como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración de los Derechos Civiles. Un dato curioso: el derecho a la libertad, del que habla esta declaración, en el capitalismo, es el derecho a la libertad de empresa y, por ende, el derecho a la propiedad. Ejercer tales derechos permitió el desarrollo tecnológico y dio pie a que Karl Marx explicase la historia a partir de los modos de producción. 

sábado, 28 de junio de 2014

DE LAS CONSAGRACIONES


“Todo lo que el curador ubique en la sala del museo tiene sentido y significado.”
Avelina Lésper

Pienso que la gran tentación de todo escritor es la consagración. Recibir el homenaje de sus lectores. Pero, ¿quién en realidad consagra? ¿Cuáles son los mecanismos que conducen a un escritor hasta la celestial trascendencia? 
Uno de esos mecanismos es el concurso literario. Sobre el ganador cae la luz de los reflectores, aunque sea por un par de minutos. Pero el ganador sólo ha sido leído por el jurado del premio, que generalmente está formado por 3 ó 5 expertos. ¿Ello basta para la consagración?
Otro es el recibir críticas favorables también de expertos. ¿No sigue siendo elitista?
Hay otro mecanismo que es mucho más masivo: la venta de libros, alcanzar ser el mejor vendido. Acá en Panamá se logra amarrando colegios que compren los libros. ¿La lectura por una nota puede consagrar a un escritor?
No lo sé. Lo que sí sé es que tuve que cambiar mis definiciones de consagración y trascendencia. Hace unos años locamente afirmaba que si veinte años después de mi muerte mis libros aún fuesen leídos, yo habría alcanzado la trascendencia. Unas amigas, Isabel y Érika, me ubicaron: ¿Para qué buscar un fruto que no podría disfrutar? ¿Para quedar atrapado en un museo como un felino disecado? ¡Quiero encontrar sentido y significado en vida!

Cierto que este negocio del trascender en literatura es un resistir al tiempo, pero más cierto es que no vale la pena si ese resistir no incluye encontrar gozosa coherencia en el vivir como escritor. El día del sepelio de García Márquez recordé unas palabras suyas: Yo escribo para que me quieran mis amigos. Asumo como propia la filosofía encerrada en esas palabras. Escribir es mi patente de corso, no para asaltar, sino para ser feliz con mis amigos.

domingo, 15 de junio de 2014

¿HABRÁ PERDIDO LA GUERRA EL PENSAMIENTO?

Arte de Rafael Galdames

“Yo creo que vale la pena seguir resistiendo.”
Susan Sontag
Una de las frases que más he escuchado en mi vida es: la crisis educativa. Otra que escuchó igualmente repetida es: la crisis de valores. Y escucho que las mencionan como si no hubiese relación entre ellas y como si educación y ética fuesen tortugas que caminan por las calles libres de los vaivenes políticos y económicos.
¿Por qué? ¿Por qué ocurre ese desatino? Porque, en el fondo, los estamentos con el poder para resolver ambas crisis no tienen ningún interés en resolverlas. Ni siquiera los afectados directamente quieren pagar el precio de resolverlas. Por ejemplo, acabo de escuchar en las noticias que una vendedora de billetes de lotería, de manera autónoma, subió en un 40% los precios de los mismos y que no hay instrucciones en la Lotería Nacional de Beneficencia de la República de Panamá para enfrentar dichos casos. ¿La vendedora es abusiva? ¡Sí! ¿La Lotería Nacional es negligente? ¡Sí! Pero quien dijo que los juegos de azar son un artículo de primera necesidad. ¿Qué pasaría con la vendedora abusiva si los compradores, todos los compradores, comprendieran que no hay ninguna razón para soportarla? Otro ejemplo, todo el mundo se queja de la violencia en la televisión, ¿pero cuántos la apagan? Desde mi punto de vista, tanto la crisis de valores como la crisis en el sistema educativo no son más que consecuencias del modelo político económico que tenemos.
Puedo entender que quienes pelechan de dicho modelo no sólo no hagan nada para resolver la crisis, sino que, además, estén más que dispuestos a utilizar la fuerza bruta para mantener la situación tal como está. Pero no es fácil comprender por qué quien sufre el atropello, simplemente, no resuelve de raíz el problema. Siguiendo nuestros ejemplos sería no comprar lotería y apagar el televisor.
¡Y allí es donde la puerca tuerce el rabo! La conclusión a la que llego, una y otra vez, es que el pensamiento, específicamente el pensamiento crítico, perdió la guerra. Las redes sociales y el Internet están llenos de foros de discusión, pero no hay mayor razonamiento. Los ordenadores han facilitado en un mil por ciento el arte de escribir, nunca como hoy ha habido tanto escritor publicado, sin embargo, nunca como hoy ha habido tanto texto insustancial. Existe poco interés en comprender la realidad, mucho menos en incidir en ella. El faranduleo ganó, el pensar perdió.
Pero si la crítica al mundo es exigua, la autocrítica es casi extinta. Los estereotipos han configurado el comportamiento diario de los individuos hasta tal punto, que ya no se reconoce que es lo fingido y que lo concreto. Vivimos en los tiempos de las confusiones profundas.
Cierto que eso de navegar en aguas profundas siempre ha sido práctica de unos cuantos. La intelectualidad está llamada ha realizar permanentemente esa tarea. ¿Y dónde está ella, la intelectualidad? Me asusta pensar que se encuentre imitando a Homero Simpson.
Los intelectuales lo son porque están comprometidos con la reflexión. La inteligencia es nuestra capacidad de resolver problemas y éstos se resuelven conectando el conocimiento con la realidad del planeta. ¡Involucrándose con ella! El pensamiento comenzó a perder la guerra cuando se le divorció de la pasión. ¿Cómo resolver problemas sin involucrarse completamente? ¿Cómo involucrarse en la solución de un problema con los sentimientos amputados? ¿Cómo querer resolver los  problemas del  planeta sin tener la mínima simpatía por él? ¿Sin amarlo?
El pensamiento  comenzó a perder la guerra cuando el ejercicio reflexivo se convirtió en un engaño defensor del fanatismo. Parece que es más importante sostener los dogmas que entender la realidad. No hace mucho escuché a un supuesto pensador revolucionario hacer diferencia entre la contaminación industrial producida en Estados Unidos de América y la producida en la República Popular China. La primera era responsable de la hecatombe ambiental y la segunda era inocua a nivel planetario. ¿Se puede ser más fanático?
El pensamiento está perdiendo la guerra. Quien se crea pensador debe exponer el producto de su quehacer. Y eso significa que debe escribir. Y no hacerlo en los tiempos del ciberespacio es mera vagancia. Escribir es, en realidad, razonar.
El pensamiento está perdiendo la guerra y es porque dejó de proponer cosas interesantes, estilos de vida que resistan la tropelía a la que estamos sometidos. La vida es resistir, así lo comprueban las cucarachas y las amebas. El pensamiento crítico es la contribución de la intelectualidad a esa resistencia. El pensamiento crítico contribuye a romper el velo que disfraza de inevitable aquello que los poderosos llaman destino, pero que en realidad no es más que la afrentosa consecución y concreción de sus propios intereses.

El pensamiento habrá perdido la guerra cuando renunciemos a nuestra condición de humanos, cuando nos reduzcamos a ser consumidores, a cifras estadísticas del mercado. Ser humano es pensar y no sólo en la academia, también en la cocina, y no sólo sobre el problema del ser, también sobre los problemas y las bellezas de cada día.

domingo, 1 de junio de 2014

EL PRECIO A PAGAR

Bus en ruta a la flor

“Un niño que se niega a ser igual a los demás es señalado con el dedo; se le pide que se sienta culpable y que se arrepienta. Y sin embargo, esas cualidades, la ausencia de culpa, la independencia y el pensamiento libre, son las que ustedes califican de actitudes fructíferas, de actitudes que llevan a la realización personal.”
Wayne Dyer
Ser narcisista en una sociedad narcisista, ¿será el camino más seguro al éxito? ¡Claro que sí! Ser un individualista en una sociedad uniformada, ¿será la mejor forma de garantizarse el rechazo de los próximos y también de los lejanos? ¡Por supuesto que sí! ¡Ah! Entiéndase individualista como alguien independiente. Narcisismo es una enfermedad.
A pesar de los permanentes discursos que hablan de nuevos tiempos, ¿que preferirá la sociedad ególatra: caminar por los mismos caminos trillados o arriesgarse por nuevas rutas? ¡Sin duda alguna los mismos caminos trillados! Los rumbos desconocidos dan miedo y los bravucones son cobardes por naturaleza, al contrario de los generosos que son valientes por propia decisión. ¿Y cuáles son esas vías gastadas? ¿Las costumbres patológicas? La pregunta es retórica.
Una persona sencilla y humilde, entendiendo que la sencillez es la transparencia y la humildad es la verdad, ¿tendrá algún poder de convocatoria para realizar sus proyectos dentro de  una sociedad ególatra? ¡Jajaja! ¡Ninguno! ¡Qué se prepare para la solitariedad!
¿Cómo hace una persona autónoma, espontánea y cordial para no frustrarse en una sociedad egoísta que le niega el bien ganado reconocimiento?  ¡Y esa es la pregunta! ¡La gran  pregunta! Aunque, para ser francos, no debería ser la gran pregunta. ¿No? ¡No!
Las reglas sociales están claras, se pertenece al rebaño o se es un marginado. La independencia tiene un precio y la manada siempre lo cobra. La persona liberada tiene que tener muy, muy, muy, muy claro, que nada es gratis, mucho menos la emancipación. ¡La libertad!
Ahora bien, si la persona autónoma, espontánea y cordial alimenta su creatividad, el precio se hace soportable. Esa persona no tiene poder de convocatoria sobre aquellos que no son autónomos, espontáneos y cordiales y estos últimos lo van a repeler, aislar, atacar. ¿Por qué? Por miedo. ¿Qué queda? Ser creativos. La persona autónoma, espontánea y cordial está obligada a crear un discurso fascinante y sostenerlo con su vida ejemplar. Ser genial o no serlo, he ahí el dilema. ¿Y sí no se es un genio? Entonces, hay que asumir la verdad: si no soy un magnífico creador, la gente no tiene porque tratarme como tal. Es más, hasta siendo un gran innovador, una sociedad mediocre y deficiente no tiene las herramientas necesarias para reconocer tal talento; sólo un auténtico estúpido se alegra si una sociedad estúpida comienza a aplaudirlo.
Para no caer en las redes de la vulgaridad colectiva es importantísimo que la persona autónoma, espontánea y cordial cuide su autoestima. Le está prohibido revolcarse en el lodo y desde allí gritar: Torpes ustedes que no se dejan alumbrar por mi luz. En lugar de perder el tiempo en despreciar al otro, debe preocuparse y ocuparse en ella misma. Debe permitir que otros se preocupen y ocupen de ella. Debe preocuparse por los otros y ocuparse con ellos. La persona autónoma, espontánea y cordial está obligada a vivir en el amor.
Una persona autónoma, espontánea y cordial, para no frustrarse en una sociedad egoísta que le niega el bien ganado reconocimiento, debe no tomarse tan en serio eso del bien ganado reconocimiento. ¿Cuántas estatuas hay por las avenidas dedicadas a virtuales desconocidos, cuya única virtud fue tener parientes con influencias suficientes para dedicarles monumentos a sus virtuales descocidos ancestros?
Quien se dedica a aquello que lo hace feliz, por lo general, tiene poco conflictos con eso de los elogios no recibidos. Pero debe entender que la posibilidad de ser injuriado es parte del paquete. ¡Hay cada miserable suelto que resiente el bienestar ajeno y lo hace gratuitamente!

Los miserables no le temen a las jerarquías, al contrario, obedecer y estar sometido a un jefe les da la seguridad que necesitan para deambular en la selva de sus malandanzas. Así su actuar mezquino es por la obediencia debida, dicen ellos. Nunca son responsables de su ruindad.
Les irrita que alguien cuestione a las jerarquías o lo peor, que no desee ser jerarca. Ellos, los miserables interesados en acumular poder o en idolatrar a los poderosos, sufren estar frente a un fulano desinteresado en eso de inventarse reinos e imperios. Les revienta el hígado aquel que no aspira ser un reyezuelo de una esquina del pantano. Y una persona autónoma, espontánea y cordial, que cuida de su autoestima, que no resiente el no recibir el reconocimiento de los mediocres, es una persona con autoridad, con mucha autoridad. Y si encima es un genio…pobre hígado de los miserables.
Ser una persona autónoma, espontánea y cordial sí tiene un alto precio: lidiar con los miserables del mundo, seres estos dispuestos a lo que sea con tal de mantenerse enlodados y en la oscuridad; seres dispuestos a enlodar a todo aquel que puedan y a sumergirlo en la oscuridad. Sí, los seres autónomos, espontáneos y cordiales tienen un alto precio que pagar.
Sin embargo, ese riesgo es en sí mismo un halago, un aplauso. Si un roñoso te grita improperios, eso significa que tú eres todo lo contrario; y si te odia, quizás, tal vez, podría indicar que en realidad te admira y que teme imitarte…pobre hígado de los miserables

domingo, 25 de mayo de 2014

HOMBRE NUEVO, ¿HOMBRE SOLITARIO?

¡Pa' rriba! 

“El ego te hace parásito de vos mismo. No hay nada más mediocre que un ego complacido.
Juan Sobalbarro                      
Eres un solitario; un hombre que duerme, se despierta, desayuna, camina, trabaja, se siente satisfecho, ríe y vuelve a dormirse solo. Eres un hombre solitario.
Durante muchos años estuviste perdido en el laberinto, atado a tu ombligo narcisista, la codependencia era la única forma que conocías de relacionarte con el resto de la humanidad. Probaste varios caminos, los recorriste a tientas, a ciegas y con sordera. Buscaste la regla fundamental y la encontraste, claro que la hallaste. Tus ojos vieron y tus oídos escucharon. Su hallazgo te decepciono, por lo menos en parte, tantos años invertidos y era tan simple el asunto. No hay reglas fuera de ti, esa es la regla fundamental, la verdad está dentro de ti. Y mayor será la verdad dentro de ti, cuanto menos te aferres a las verdades que hay fuera y hasta dentro de ti. Porque aferrarse es pretender detener el cambio y todo cambia. Todo el tiempo.
Pudiste salir del laberinto, pasaste de la codependencia a la independencia; lástima que no pudiste pasar a la coindependencia. Y no pudiste pasar a la coindependencia porque saliste del laberinto siendo miembro de una nueva especie. Sí, una  nueva especie. Una nueva especie que  no tiene la costumbre de quejarse, que se percata de los muchos quejosos que la rodean. Una nueva especie que repudiada a los quejosos. Tú perteneces a esa nueva especie, la que no tiene la costumbre de verse como poco cosa, la que atestigua que mucha gente se ve como poco cosa. Tú eres de esa nueva especie, la que despierta desconfianza entre los que se ven como poca cosa.
Quisiste predicar un nuevo credo, que se podía renunciar al lamento y comenzar a verse como criatura maravillosa. Nadie te creyó. Tu pasado ególatra te persigue. Nadie pensó que era posible que ahora fueses un hombre nuevo. Sembraste mucho dolor, te hiciste mucho daño. Y entendiste. Y comprendiste. Y en esa comprensión hallaste el sosiego.
Ahora vives de una nueva manera. Dejaste de creer para comenzar a vivir. Y vivir es ser cada día más consciente de que estás vivo. Ya no te preocupas por llenarte de razones, sino por vaciarte de torpezas. Sabes que importa estar despierto y darse cuenta, darse cuenta que sólo cuentas con un instante, porque para cuando llegue el siguiente instante todo habrá cambiado.
Ahora puedes ver cuan grande es el universo, el de las galaxias y el de tu corazón. Ves el cosmos sin lentes que lo falseen, ves a tu corazón sin sensiblerías deformantes. Ahora puedes ver a la realidad tal y como es. ¿No hay sombras? Claro que las hay, pero sabes que son sombras. Hay mucha luz, pero no te dejas deslumbrar. Y el saber que una sombra es una sombra, eso es la libertad. Y no permitirle a la luz enceguecerte, eso es la libertad.
Pero saliste del laberinto siendo de otra especie. Adoras la libertad y la libertad a muchos asusta. Desde su miedo te ven con suspicacia, los más amables te llaman loco. Hay quienes preferirían anular tu presencia. Así que ahora eres un hombre solo. Dejar de serlo, retrocediendo a la caverna, es impensable, inadmisible. ¡Imperdonable!
Ahora tienes meridianamente claro los puntos, las cosas.
Tienes meridianamente claro que después de eliminar la roca que aplastaba a tu niño interior, ya no tienes porque aparentar que eres un adulto con todas las de la ley. Tu niño interior es creador de belleza, pero también de tonterías. Asumes perfectamente tu imperfección y no buscas ser sabio, sólo lo eres. ¡Y punto!
Tienes meridianamente claro que no puedes ser abandonado: no le perteneces a nadie y  nadie te pertenece. Un mueble puede ser abandonado. No un hombre que está despierto.
Tienes meridianamente claro que es mejor ser honesto y preguntar lo que no entiendes, sino te contestan no es problema tuyo. La virtud es la transparencia y ser transparente es ser libre.
Tienes meridianamente claro que después de echar a patadas de la estancia de tu corazón a la envidia y a los celos, no tienes porque dar alojamiento a la envidia y a los celos ajenos. Te costó liberarte y no vas a permitir que te contaminen.
Tienes meridianamente claro que después de sanar tu alma, estás obligado a cuidar de tu cuerpo y de tu mente. No hacerlo es una idiotez y tú no eres un idiota.
Tienes meridianamente claro que después de comenzar este aprendizaje ya no puedes detenerte. Desde que saliste de la gruta tu vida está dedicada a aprender a vivir.
Tienes meridianamente claro que después de cortar el cordón umbilical que te ataba al narcisismo y a la codependencia te convertiste en un hombre nuevo y que sólo podrás ser feliz si eres tu mismo. Nada es tan absurdo como atarse a la desdicha, sólo para aparentar normalidad ante los ojos de una manada de desdichados.
Tienes meridianamente claro que después de sacar toda la basura que te metieron en la mente, ya no tienes que defenderte, haz dejado de juzgar. Ya no eres juez, solamente eres un hombre. Que hace silencio, que vive el silencio, que lo goza. Porque sabes que en el silencio no hay espacio para la mugre mental, para la mugre del alma. Sabes que en el silencio hay espacio para la humildad y la humildad es la verdad. Por el silencio ya no habitas en una  burbuja, ahora habitas en el mundo. El mundo que se asusta con tu silencio, que envidia tu silencio, que lo admira, que quisiera imitarte; si tan sólo el miedo no fuera tan grande.

domingo, 11 de mayo de 2014

UN VISTAZO A LA LITERATURA PANAMEÑA

El guardián

“Escribir no solo requiere un intenso trabajo sino la capacidad de renovación constante, porque es imprescindible ofrecer nuevas formas de ver las mismas cosas para reescribirnos y resignificarnos.”
Tes Nehuén
Debo confesar que este vistazo lo hago como observador ubicado a cierta distancia de los acontecimientos y no como participante activo del mundo literario panameño. Pienso que esa condición es en realidad una ventaja, me gusta creer que un poco de aislamiento voluntario es un bono a favor de mi objetiva neutralidad. Y precisamente, en nombre de esa equidistancia, más que mencionar autores y libros, quiero hablar de los procesos sufridos por la literatura panameña a partir de la Invasión de Panamá de 1989.
¿Por qué a partir de la Invasión del 89? Porque en esa fecha aconteció algo parecido a lo ocurrido con el impacto de un enorme asteroide que recibió nuestro planeta hace 65 millones de años: unas especies desaparecieron y otras florecieron. ¡Adiós dinosaurios! ¡Bienvenidos paquidermos!
Recuerdo que mi primer paso en serio para convertirme en escritor, fue asistir a un taller literario, bueno, en realidad concurrí a un seminario taller y consumado el mismo, los asistentes fundamos un taller literario. Me explico. Un seminario taller es un curso con inicio y final programados; un taller es un espacio que aspira a la permanencia donde sus miembros se perfeccionan en el oficio literario, con o sin la guía de un maestro, con o sin cierta mística propia.
Inmediatamente después del retiro de las tropas invasoras, cuando las calles panameñas quedaron libres de los carros blindados y las tanquetas, una de las primeras manifestaciones del resurgir de nuestro deshecho mundo literario fue el taller literario. En realidad, fueron dos, Umbral Editores y José Martí, el primero de narrativa y el segundo de poesía.
La mayoría de los escritores y las escritoras surgidos a la luz pública en el primer quinquenio de la última década del siglo pasado, eventualmente pasó por alguno de esos talleres. Pero espacios de ese tipo desaparecieron. ¿Qué ocurrió? Pues casi nada. Se impuso el espíritu individualista del panameño promedio.
Sostengo que en Panamá hay tres problemas que dificultan el desarrollo de proyectos culturales. El tercero en magnitud es conseguir recursos económicos; en general, se piensa que la cultura y el arte no ameritan gastos ni inversión. El segundo, es el disponer de logística: salones de reuniones, sistemas de audio y sonido. Pero estos dos problemas son mínimos comparados con el primero en magnitud: el lograr formar equipos de trabajo eficaces y exitosos. En un grupo de tres personas, dos son gobierno y uno es oposición.
Pienso que esa es la razón por la cual los talleres literarios desaparecieron y fueron reemplazados por seminarios talleres que necesitan menos trabajo en equipo. Hoy, además de seminarios talleres, en Panamá hay un par de diplomados a nivel universitario.
En la segunda mitad de la década de los noventas del siglo pasado tomaron auge los círculos de lectura. Uno en particular, el CLEC-USMA (Círculo de lectura de la Universidad Santa María la Antigua), llegó a tener tanto apogeo que la comunidad de escritores panameña se afanaba porque sus obras fuesen leídas y comentadas en sus reuniones. Dichos cometarios eran publicados en un discreto desplegado. Pronto dicho círculo de lectura pasó a presentar en acto público los más recientes libros impresos, tanto los nacionales como los importados. No extrañó para nada que algunos de sus miembros terminasen convertidos en escritores. El CLEC-USMA evolucionó al actual círculo de lectura Guillermo Andreve.
Por su tenacidad, es digno de mención el círculo de lectura Extramuros de la Universidad de Panamá. En este siglo nació el movimiento Siembra de Lectores que es una especie de federación de este tipo de agrupaciones. También el estado panameño, al promulgar una ley que promueve la lectura organizada en colegios y establecimientos públicos, contribuyó a que los círculos de lectura, no los talleres literarios, hoy por hoy, sean las asociaciones literarias más sanas y pujantes de Panamá, un país que a ratos se ufana de ser un país no lector, una nación que a veces dice en voz alta que apenas si osa leer el programa semanal de las carreras de caballo.
Al medio día del 31 de diciembre de 1999 regresó a señorío panameño el territorio que fue conocido como Zona del Canal. En ese mismo instante se cumplió la consigna: Un solo territorio, una sola bandera. Y al cumplirse ya no tuvo más razón de ser.
Un número importante de obras de la literatura panameña del siglo XX tuvo como tema la recuperación de esa parte del terruño nacional; la soberanía era la religión que unía a los panameños, desconozco la existencia de obras literarias, en cualquier género, que defendiesen la permanencia estadounidense en la Zona del Canal, de existir no alcanzaron mayor relevancia.
Pero ya el canal es panameño y para un pueblo acostumbrado a olvidar su historia, no tiene mayor sentido escribir sobre una cerca que dividía al país; sobre niños que no podían cosechar los mangos que se perdían putrefactos, todo porque estaba prohibido a los panameños disfrutar de su sabor. Y con el cumplimiento de la consigna que animó a la literatura del siglo XX, la literatura del siglo XXI perdió el norte y la razón para ser un corpus cohesionado; pasó del discurso colectivo a la razón individual. Y eso no es más que un síntoma que se hace evidente en la literatura, pero que es una enfermedad nacional.
¿Acaso es que no hay problemas? Claro que los hay, lo que no existe es un proyecto de sociedad aupado por las fuerzas vivas de la nación y cuyo discurso sea articulado por los escritores y las escritoras panameñas.
Un connotado comunista panameño afirmó que la democratización de Panamá debía ser la nueva bandera que nos uniera a todos y a todas. Pero quien se impuso en mi patria fue la egocracia y ella es más motivo de descomposición que de unión y arreglo. Y ese síntoma se refleja en el mundillo literario, tanto, que parece imposible organizar un gremio de escritores y escritoras.
Todos nos quejamos de la crisis económica que nos agobia. Que si esto no se puede hacer, es por culpa de la crisis; que si aquello no resultó, es porque la crisis no lo permitió. Pero resulta que la crisis económica tuvo un efecto que podríamos calificar de positivo en la literatura panameña. Las imprentas fueron perdiendo sus mercados tradicionales, lo cual las empujó a bajar los precios de impresión de libros y así apostar al volumen de títulos impresos.
En Panamá escasean las editoriales, pero cualquier escritor se puede auto publicar. Basta con hacer un arreglo de pago. La calidad de la literatura panameña está en mayor parte en manos de los mismos escritores y escritoras. ¿Significa eso menor calidad? No necesariamente. La auto-publicación plantea al escritor y la escritora un problema de ética profesional que, en el caso de Panamá, divide a la comunidad literaria entre quienes se afanan por publicar en cantidad y quienes se preocupan por la calidad. Demasía y excelencia, desierto lleno de espejismos y valle repleto de piedras preciosas. Este aprieto también atañe a los críticos literarios y, por supuesto, al lector.
A partir de aquel diciembre, ese que parece queremos olvidar, los paradigmas que regían la literatura panameña fueron reemplazados por otros. Por ejemplo, la crítica literaria evolucionó desde la glosa cuyo objetivo era desalentar al mal escribidor y alejarlo de las publicaciones, hasta el comentario inclusivo y estimulante que da la bienvenida al nuevo libro. De acuerdo a este último modelo, basta con no comentar el libro que se considera de mala calidad, el silencio es suficiente castigo. El problema de esta estrategia es lo dicho en el famoso refrán: El que calla otorga. Si puede haber imprecaciones innecesarias, también puede haber silencios cómplices.
Por suerte, las falencias en la crítica han mantenido al mundillo literario panameño bastante libre de dictadores sedientos de imponer sus dogmas. Las sectas y capillas, cuando las hay, son canijas y efímeras. Ahora bien, nunca he visto que una crítica adversa aleje a los lectores de los libros, pero sí he visto que la patanería del autor los aparta de las librerías.
Otros paradigmas, también, fueron reemplazados. En pocos años pasamos de depender editorialmente del estado, a la publicación sostenida por la gestión particular; de la necesidad del espaldarazo dado por el escritor consagrado al novel literato, al lanzamiento, audaz y autónomo, a la palestra pública. Y los cambios siguen y se sostienen. A nivel mundial hay un florecimiento de los festivales de poesía y son los nuevos y las nuevas poetas quienes asisten a ellos y sin pedirle permiso a nadie.
No toda la tradición ha sido descartada. Siguen vigentes los mecanismos habituales para lograr algún tipo de reconocimiento: ganar concursos, publicar libros que reciban críticas positivas, asistir a congresos y ferias del libro; pero hoy pesa más que nunca la filosofía del libro mejor vendido. Las ventas en colegios y universidades están muy bien organizadas y, por ende, son exitosas. Eso no significa que un libro muy vendido gracias la obligatoriedad de una nota o calificación, sea un gran libro. Pienso que por eso los premios siguen siendo la joya más brillante de la corona de la consagración. Sobre todo el Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró. Pero ni ventas ni laureles pueden reemplazar al gran magistrado: el tiempo.
En la mitología griega, el titán Cronos tenía la costumbre de engullir a sus hijos. Y así lo hizo hasta que Zeus lo enfrento y lo destronó. Igualmente, quien quiera ganarse el título de escritor o escritora debe imitar al dios rey del Olimpo, debe enfrentar y vencer al tiempo.
Recuerdo que cuando comencé mi caminar en el oficio de escritor, que por cierto lo hice publicando un apresurado conjunto de cuentos a la primera oportunidad que tuve, mi mayor deseo era rozarme con la totalidad de la comunidad literaria de mi país. Hoy en día sé que este oficio no se trata de cuantas amistades tenga en el mundillo literario, se trata de escribir una obra que de la cara por mí y que resista los zarpazos de Cronos.
Además de la calidad, a mi modo de ver, para que una buena obra no desaparezca en el tubo digestivo de Cronos, es oportuno cumplir con otras tres condiciones. La primera de ellas es la resistencia del autor. Este oficio es una maratón, no una carrera de cien metros; no es velocidad, es capacidad de sostener el paso. Se trata de trabajar y no de estar dando excusas.  Persistir en la lectura, en el oficio de escribir y en la disciplina de tachar. Leer, escribir y tachar. Leer, escribir y tachar. Per secula seculorum.
Para cumplir con la segunda condición, es preciso involucrarse en la promoción de la propia obra literaria. Escritores internacionalmente consagrados, con un nombre que los precede, están directamente comprometidos con la promoción de sus obras. No entregar la obra al público convierte al acto creativo en mera terapia ocupacional y no meterse de lleno en dicha entrega es una simple pose esnobista. El Internet ha impuesto nuevas reglas y lo ha hecho exitosamente, ya nadie tiene excusa de no poder involucrarse en la promoción de su propia literatura.
No abundan los escritores que cumplan la última condición, pero aquellos que la asumen le dan decoro al oficio. Y hablo de los que guardan especial lealtad a su pueblo y a los pueblos del mundo, los que van más allá del juego del yo-yo y tocan las profundas fibras de la patria pequeña y de la patria grande. Estos escritores, los escritores comprometidos, no sólo prometen, se meten en la vida. Se solidarizan con ella, se sueldan a su andamiaje.
Panamá es afortunada, tiene un puñado de escritores veteranos y noveles con obras de calidad que cumplen estas tres condiciones. No son todos, sólo unos cuantos, unos cuantos que valen su peso en oro. No llenan un directorio, sí una página trascendental.
¿Qué cómo veo a las letras panameñas desde mi equidistante puesto de vigilancia? Las veo bregar. Bueno, por lo menos a parte de ellas, ya lo dije.
Cada cierto tiempo aparece una nutrida camada de escritores y escritoras, pero no mucho después, el grueso de ese grupo desaparece de la escena literaria. Sin embargo, los tercos y las tercas se quedan a bregar y dejan huellas en la literatura, en la historia de la literatura, en la historia de la patria. Hay promotores literarios panameños que interpretan como positivo la gran cantidad de escritores panameños que cada año salen a la palestra con un nuevo libro, en mi opinión lo positivo consiste que sólo unos cuantos sobreviven el paso del tiempo y que lo hacen con libros que pueden dar la cara por el país en cualquier punto del orbe.
En todas partes debe ser igual. Lo particular de Panamá es que mi patria es tierra de boxeadores y comerciantes, no de literatos. Por esa razón, los escritores tercos, las escritoras tercas de Panamá pertenecen al mejor linaje de Zeus. No mencioné ninguno de sus nombres, pero me imagino que ustedes ya los conocen, y como los conocen lo más probable es que coincidan  conmigo: ellas y ellos no serán ingeridos por el Titán Cronos, ¿verdad? 

domingo, 27 de abril de 2014

LAS MIGAJAS SON ARTEFACTOS PELIGROSOS

La manada
Esta vez Pulgarcito arrojó las migas de su pan para marcar el camino, pero los pájaros se las comieron y resultaron perdidos.
Charles Perrault             
Soy un picador, pero, entiéndase bien, mi deporte preferido no es la corrida de toros, es abrir el refrigerador para servirme algún bocadillo. Las porciones son muy pequeñas y mucho más diminutas son las migas que de ellas se desprenden y aún así, son extremadamente atractivas para las cucarachas. Por andar de goloso vivo con la escoba en una mano para barrer las poco perceptibles migajas que caen al piso y con una chancleta en la otra, listo a destripar a la cucara que ose explorar por mi cuarto.
¿Podrá ocurrir alguna situación semejante dentro de nuestra civilizada sociedad? Pienso que sí. Un sistema económico que acumule mucha riqueza en pocas manos y derrame pocas migajas en muchas manos terminará produciendo situaciones de violencia entre los enriquecidos y los empobrecidos. Los primeros, por las mismas razones por las cuales yo no quiero convivir con las cucarachas, porque las considero indeseables, dispondrán de las medidas necesarias para no entrar en contacto con los segundos. Y los empobrecidos, por la  necesidad de sobrevivir, serán siempre impelidos hacia los predios de la riqueza que le es negada. Un ejemplo clásico son las migraciones desde los países arruinados hacia el primer mundo. Hay otras migajas que no provocan, aparentemente, situaciones de tensión social, pero que igual son perniciosas. Hablo de la beneficencia estilo teletón o subsidios recibidos sin mérito alguno, sin esfuerzo por parte del favorecido. ¿Estas no son formas de volver inútil al socorrido? ¿No sostienen al sistema empobrecedor sin invertir en represión policial? ¿Su resultado último no es la sofocación de las protestas antes que sean concebidas? ¡Qué peligrosas son las migajas!

domingo, 20 de abril de 2014

REFLEXIONES COMPARTIDAS CON UN COMPADRE

Gato posando

“Una vida equilibrada no es utópica; es una vida de sabiduría, libre de mediocridad.” Ramin Jahanbegloo
Estimado compadre, ante todo, mis saludos fraternos a tu persona, tu familia y en especial, a mi ahijada, la traviesa de la casa. Te escribo para compartirte mis últimas andanzas intelectuales. En estos días estoy sumergido en terribles y maravillosas reflexiones, mis neuronas se han concentrado en resolver ciertos dilemas que tienen años preocupándome. Siento que he llegado a conclusiones valiosas. ¿Qué mejor que compartirlas con un buen amigo? Pienso que por fin entendí como el supuesto éxito dentro de esta sociedad que nos toca vivir y sufrir, convierte al exitoso en un ser dependiente. Por supuesto, también comprendí otro enfoque del triunfo.
Hace un par de años otro amigo me dijo la siguiente frase: Andamos escribiendo nuestras autobiografías. Entonces, en teoría, el éxito y el fracaso deberían estar justificados por aquello que queda registrado en dicha autobiografía. No es así. No, no lo es.
El supuesto éxito social no depende de lo objetivamente registrado en la autobiografía mencionada, más bien, está sujeto a la subjetiva mirada de los auto-erigidos otorgadores del título de ganador, el éxito es lo que ellos puedan leer y apreciar. Y ellos sólo pueden leer aquello que sus anteojos les permiten apreciar. Esos lentes no están hechos de carey, sino de ideas. Y lamentablemente, el objetivo de esas ideas es discriminar al otro. Hacerlo sentir inferior.
¿Cuáles son los criterios que utilizan estos personajes para decidir quién es el triunfador? Ellos tienen muchos discursos que explican lo complicado del asunto; se supone que es tan peliagudo, que más nadie es capaz de llevar adelante dicha misión.
En realidad, la cuestión no es tan enmarañada. Esas eminencias le dan el título de exitosa a la gente semejante a ellos. A quienes comparten su visión del establecimiento social. A los que sirven para reproducir el poder institucionalizado.
El poder encandila y deslumbra, marea y desenmascara. Es atractivo ser bendecido por el poder y es mucho más atractivo descartar a todo aquel que no goce de la aprobación del poder institucionalizado. Los sacerdotes y adoradores del becerro dorado son legión y son implacables con los herejes. El exitoso gozará del triunfo en tanto sea visto por los otorgadores de títulos como afanado defensor irrestricto del poder institucionalizado y eso incluye hacer sentir perdedor al otro. De lo contrario será excluido, marginado, olvidado; el infierno social en vida.
Las religiones, la familia, la educación y los medios de comunicación nos imponen, con los métodos que sean necesarios, usar los anteojos que nos impiden ver otro tipo de éxito. Así las cosas, en nombre del aplauso, se ve de lo más normal asociar el renombre a entregar la vida a los que realmente se benefician del poder institucional.
Pero compadre, te dije que también había comprendido otro enfoque del éxito. Voy a dar un extraño rodeo. Biológicamente hablando, las cucarachas no son menos evolucionadas que los humanos, ellas tienen muchos más millones de años habitando el planeta y, al parecer, aquí seguirán después que hayamos desaparecido incinerados por una conflagración nuclear. Su evolución fue y es exitosa, pudieron y pueden sobrevivir a los cambios ambientales provocados por un cataclismo natural o por la depredación humana. La cucaracha no necesita que alguien le otorgue el título de triunfadora, ella simplemente lo es.
La gracia de la evolución es que los organismos persistan e interactúen en el medio ambiente. ¿Será lo  mismo en la sociedad humana? ¿Será que el éxito de los hombres y de las mujeres consiste en desarrollar su capacidad de adaptarse a los cambios? Y sobre todo, ¿de sobrevivir a las veces que se falla en esa adaptación, para así volver a intentarlo?
Las cucarachas junto al resto de los organismos que cohabitan un ecosistema logran hacerlo gracias a que establecen un equilibrio dinámico entre los factores bióticos y los abióticos, entre los seres vivos y los elementos inanimados del ambiente (luz, agua, suelo, aire). En un equilibrio dinámico hay crestas y valles, subidas y bajadas, ganancias y pérdidas; dicha secuencia es la supervivencia. Un día soleado seguido de otro de lluvias. En dicho equilibrio no hay un espécimen o elemento inanimado más importante que otro, la ausencia de cualquier componente afecta la totalidad del hábitat.
Eso mismo debería ocurrir en una sociedad verdaderamente democrática, pero como las civilizaciones no se fundaron para el bienestar general, sino para el enriquecimiento de las minorías, en las sociedades humanas si hay individuos y sectores de la población desechables. En las sociedades humanas todo está dirigido a beneficiar a las elites, hasta el concepto de éxito.
El enfoque que te menciono es bastante simple, pero no por ello fácil de asumir. Desde esta perspectiva el individuo se adapta a los cambios sociales, a veces para ganar bienestar, a veces para sobrevivir y esperar la siguiente oportunidad, pero nunca para únicamente seguir respirando un aire miserable y esperar el siguiente capricho del poder institucionalizado. Aunque sería tema de otro artículo, aquí cabe la reflexión sobre que es lo utópico: resistir a las elites desde la transformación individual o hacer la revolución social que les arrebate su imperio.
Una sociedad humana dinámicamente equilibrada es saludable. Salud no es sólo ausencia de enfermedad. Un individuo sano no sólo no está enfermo, también está satisfecho. Y lo está por su capacidad de fluir en los vaivenes que conllevan la diaria convivencia. Sabe muy bien que después de toda alegría, tarde o temprano vendrá una tristeza. Lo contrario también vale.
Sabe que su salud individual es directamente proporcional a la salud de su comunidad; así que procura ser parte de la solución y no del problema social. Un individuo sano es un individuo exitoso porque logra persistir en la sociedad e interactúa con ella.

Quien goza de salud no acepta aplausos a cambio de declararse siervo de las minorías. Sus éxitos o fracasos son los registrados en su autobiografía y no lo determinado por los lacayos del poder institucionalizado. Hasta aquí mis reflexiones, se cuida compadre.

domingo, 13 de abril de 2014

UN SABIO ES MÁS QUE UN ERUDITO

Gato arbóreo

“Belleza más piedad: eso es lo más cerca que podemos llegar a una definición de arte. Donde hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la belleza debe morir.”
Vladimir Nabokov
Todo sabio tiene erudición, pero no todo erudito posee sabiduría. Alguna vez me he topado con personas que no saben escribir un soneto, ni conocen del Big bang y sin embargo, al abrir su boca de ella salen las palabras que demuestran a saciedad su sabiduría. Otras veces he escuchado a otras gentes que explican muy bien la métrica del soneto y la secuencia de la Gran Explosión, pero cuando terminan su intervención siento que nada ha ocurrido.
Y es que precisamente de eso se trata, en eso estriba la diferencia, cuando se entra en contacto con un sabio algo ocurre y ese algo que ocurre es bueno, y ese algo que ocurre lo convierte a uno en un ser bueno. No voy a entrar a definir quien es el bueno, pero esa es la sensación final que tiene el sabio sobre sus escuchas o lectores. Un erudito puede dejar el asombro de estar frente a una biblioteca andante o la Wikipedia encarnada. El sabio es vida, el erudito solamente es memoria.
Un sabio es una piedra de tropiezo, un provocador; el sabio despierta el miedo. El miedo de quedar al descubierto, de que los otros sepan que mi estilo de vida no tiene nada de extraordinario, o lo peor, que yo lo sepa. También ocurre el fenómeno en dirección contraria, el sabio me convence de lo extraordinario de mi vida.

Un erudito, hasta cierto punto, tranquiliza; con cada derrame de verborrea me admiro, pero es una admiración que no me cuestiona, que no me alienta a crecer. En cualquier sentido que se interpreten las palabras del erudito siempre ha de acontecer lo mismo: nada.

domingo, 6 de abril de 2014

LA FUENTE DE LA ETERNA JUVENTUD

Esperando la cena

“Existe un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.”
Aldous Huxley
Aunque me siento muy bien
con ser un cincuentón, el título de este artículo resume en su totalidad su intención, claro que para eso hay que entender juventud no como algo de edades sino como algo de actitudes. Y toda actitud debe aterrizar en acciones, en hábitos.
El primer hábito es el ejercicio físico. No es fácil, en una vida tan ajetreada, sacar tiempo para ir al gimnasio y mucho menos aparejar el presupuesto para tener uno personal, pero, ya lo dije, es cosa de actitud, ¿por qué no bajarse una parada antes y caminar hasta el punto donde vamos? ¿Por qué no apretar y aflojar los músculos, allí mismo donde estamos sentados, mientras vemos televisión? ¿Por qué no bailar mientras fregamos los platos?
El segundo hábito es la buena alimentación. Y la buena alimentación pasa por comenzar a desalimentarse de la comida chatarra. Reducir el consumo de azúcar y chicharrón. Aumentar el consumo de vegetales y agua. La buena alimentación pasa por comer comedidamente.
El tercer hábito es el aprender siempre. Atrapados en la rutina es difícil aprender algo nuevo, es obligatorio ubicarse en aquel punto donde se pueda ver lo mismo de todos los días desde otro ángulo. Hay que desinstalarse todos los días para aprender todos los días. Hay que aprovechar las experiencias vividas y aprender la lección que de ellas se puede obtener.
El cuarto hábito es un deshábito. Hay que desaprender el constante enojarse, hay que aprender a mantener la calma. La serenidad permite mantener la actitud de necesaria para practicar estos saludables hábitos. Una vida serena permite dormir suficiente.

El quinto hábito es reír y reír y reír. La risa no necesita explicación. Así que a reír cuantas veces se pueda en cada día y a ser eternamente joven cada día.

domingo, 30 de marzo de 2014

DRAMÁTICA NACIÓN


“En general, no queremos curarnos sino aliviarnos.”
José Germán
A veces pienso que los panameños tenemos una visión demasiado catastrófica de la vida. Si los reyes magos hubieran nacido en esta tierra, en vez de seguir a la estrella de Belén, hubiesen huido en dirección contraria, pues habrían pensado que se trataba de un mal augurio. Por eso los bravucones pseudos enderezadores de entuertos son tan aplaudidos, poco importa sí se corrigen o no los ultrajes.
A veces pienso que los panameños admiramos con exageración a los atrevidos, nos deslumbran sus hazañas, babeamos al verlos. Por eso idolatramos al osado conquistador Balboa e ignoramos al rebelde cacique Comagre; lo que no acabo de entender es porque aquí se le tiene tanto recelo a la inteligencia.
A veces pienso que los panameños tenemos intereses no confesados y nos ofende que sean asoleados por la luz pública; es más, nos injuria que alguien ponga en evidencia los motivos ocultos de los fanfarrones y audaces que tanto admiramos; pero me extraña mucho el poco valor que se le da a la discreción y a la prudencia.
A veces pienso que los panameños encubrimos con drama esos intereses no confesados, intuimos que los temerarios no escapan a esa condición y que los suyos son muy tentadores y que pueden beneficiarnos grandemente; pero como no nos agrada quedar al descubierto, hemos creados códigos que solamente entienden los que coinciden en esos intereses. Así disimulamos y escondemos nuestras verdaderas intenciones. A veces pienso que en Panamá, quien no entienda esos códigos será tratado como marciano.

domingo, 23 de marzo de 2014

EPOKHE

”Educar es educar contra el destino.”
Ramiro Ross
Sin querer opinar, pero opinando de todas formas, diría que el destino es el producto final de nuestras creencias. Un alto porcentaje del acontecer humano está determinado por las presunciones humanas. Conjeturar e inventar prejuicios es un deporte muy popular.
Mis creencias pueden delimitar mis pensamientos y éstos despiertan mis deseos, los cuales exacerban mis sentimientos. Y mis sentimientos enmarcan el estado de mi vida.
Se supone que gracias a mis pensamientos puedo tomar decisiones y ellas dirigen mi actuar. Entonces, mis creencias son el génesis de mis acciones. Y, repito, de lo que pienso, deseo y siento. Mis creencias, ¿mi vida? Pues sí.
Damos por sentado la bondad de nuestras creencias. ¿Y sí no es así? ¿Y sí en realidad son un inconveniente? ¿Qué se puede hacer? Nada. ¿Nada? Sí, nada.
No hacer nada: no decidir, no pensar, no desear, no sentir. Suspender el juicio, alcanzar la ataraxia. En ese estado las ocultas creencias se hacen evidentes, localizables y pueden perder su poder inconmensurable. Pasan del campo de lo inconciente a la región de lo conciente. Así se comprende que lo que se creía escrito en piedra, en realidad no lo está. Así se puede escoger en que creer. Así se puede dejar de creer.
Esto no es fácil, pero es sencillo. Respirar. Concentrarse en la respiración y no en lo corto de la falda de la vecina. Inhalar, exhalar. Observar los pensamientos como quien ve una película. Al respirar así, unos minutos al día, se puede lograr una visualización creativa de la vida. Y al ver, al verse, se pueden ver las propias creencias, desapegarse y liberarse de ellas.

domingo, 16 de marzo de 2014

LA VIDA ES UNA DECISIÓN

“No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu falta se sienta.”
Bob Marley                                     
La vida es un permanente decidir. ¿Qué hago? ¿Qué no hago? Con el tiempo se aprende  que a veces hay que demorar la decisión y a veces hay que acelerarla; pero siempre, al final, hay que tomarla. ¿Qué hago? ¿Qué no hago?
¿Estoy complicándome? Bueno, tal vez un ejemplo sirva para descomplicarme. Cuando un trabajador enfrenta la jubilación debe tomar una decisión; puede o aferrarse y negar el cambio de vida o transformarse y marcharse a un nuevo estadio.
El personaje del ejemplo puede buscar consejo de los expertos y luego tomar su decisión, o puede permitir que sea otro quien directamente decida por él, o puede dejarse arrastrar por las circunstancias. Como sea, habrá tomado una decisión. Decidir no decidir, es decidir.
Las decisiones atemorizan. No puedo culpar a nadie de mi decisión. Las decisiones, al final, son tomadas en solitario. Y eso no es tan terrible. En la soledad se es libre para expresarse y encontrar significados, para inspeccionar el mundo y reconstruirlo. Quien comprenda que la soledad es el costo de la libertad, podrá tomar decisiones mucho más acertadas.
Quien decide acertadamente, en gran parte lo puede hacer porque no se deja abrumar y quien no se deja abrumar por el otro sabe que no debe abrumar al otro. Y ese es el meollo del asunto. Puedo tener toda la información y recursos necesarios, pero si me falta la valentía para tomar una decisión distinta a la opinión del otro, no podré tomar una decisión acertada. Sino defiendo mi libertad, no creo que podré respetar la libertad del otro. Lo más probable es que me dedique a esperar mi oportunidad para someter al otro. 
Aquel que respete la libertad del otro, ese será llamado amigo, ese siempre será extrañado.

domingo, 9 de marzo de 2014

LA ANTIDEMOCRÁTICA CIUDAD DE PANAMÁ

“Dedicar cuatro a seis horas en transporte cada día para laborar porque se vive en la periferia  promueve la penuria y la desesperanza humana.”
Ebrahim Asvat
Se dice que la ciudad de Panamá creció como un chorizo sobre la costa del Pacífico, porque la zona colonial del canal no le permitió hacerlo hacia el norte. Esa triste historia dio por resultado las grandes distancias entre el núcleo metropolitano y las periferias sub-urbanas.
Los puestos de trabajo se encuentran en el centro, pero el grueso de los trabajadores habita los suburbios. Si un empleado aborda a las tres de la tarde un transporte colectivo y se dirige desde el centro al más lejano de los barrios periféricos, es muy probable que llegue a las siete de la noche a su hogar. Al día siguiente tiene que estar abordo del colectivo a más tardar a las 4:00 de la madrugada. Quince horas fuera del hogar, de las cuales gastó siete en transportarse.
Los precios de los inmuebles en el centro metropolitano dificultan que éste pueda ser habitado por familias de estrato popular y las obliga a vivir allá, en las periferias. Allá, donde sobran las pandillas y falta el agua potable, allá, donde transportarse raya en pesadilla.
¿Así quién puede pensar en democracia? ¿Quién cansado va a querer participar en los asuntos de la comunidad? ¿En qué tiempo? Es tan angustiante esta y otras  situaciones que el habitante común de la periferia prefiere invertir el tiempo que le queda libre en  buscar a Dios o comprar cervezas frías. El país entero está estructurado en función de la ciudad capital y la ciudad capital no creció en función de sus habitantes. ¿De qué democracia podemos hablar?