domingo, 25 de mayo de 2014

HOMBRE NUEVO, ¿HOMBRE SOLITARIO?

¡Pa' rriba! 

“El ego te hace parásito de vos mismo. No hay nada más mediocre que un ego complacido.
Juan Sobalbarro                      
Eres un solitario; un hombre que duerme, se despierta, desayuna, camina, trabaja, se siente satisfecho, ríe y vuelve a dormirse solo. Eres un hombre solitario.
Durante muchos años estuviste perdido en el laberinto, atado a tu ombligo narcisista, la codependencia era la única forma que conocías de relacionarte con el resto de la humanidad. Probaste varios caminos, los recorriste a tientas, a ciegas y con sordera. Buscaste la regla fundamental y la encontraste, claro que la hallaste. Tus ojos vieron y tus oídos escucharon. Su hallazgo te decepciono, por lo menos en parte, tantos años invertidos y era tan simple el asunto. No hay reglas fuera de ti, esa es la regla fundamental, la verdad está dentro de ti. Y mayor será la verdad dentro de ti, cuanto menos te aferres a las verdades que hay fuera y hasta dentro de ti. Porque aferrarse es pretender detener el cambio y todo cambia. Todo el tiempo.
Pudiste salir del laberinto, pasaste de la codependencia a la independencia; lástima que no pudiste pasar a la coindependencia. Y no pudiste pasar a la coindependencia porque saliste del laberinto siendo miembro de una nueva especie. Sí, una  nueva especie. Una nueva especie que  no tiene la costumbre de quejarse, que se percata de los muchos quejosos que la rodean. Una nueva especie que repudiada a los quejosos. Tú perteneces a esa nueva especie, la que no tiene la costumbre de verse como poco cosa, la que atestigua que mucha gente se ve como poco cosa. Tú eres de esa nueva especie, la que despierta desconfianza entre los que se ven como poca cosa.
Quisiste predicar un nuevo credo, que se podía renunciar al lamento y comenzar a verse como criatura maravillosa. Nadie te creyó. Tu pasado ególatra te persigue. Nadie pensó que era posible que ahora fueses un hombre nuevo. Sembraste mucho dolor, te hiciste mucho daño. Y entendiste. Y comprendiste. Y en esa comprensión hallaste el sosiego.
Ahora vives de una nueva manera. Dejaste de creer para comenzar a vivir. Y vivir es ser cada día más consciente de que estás vivo. Ya no te preocupas por llenarte de razones, sino por vaciarte de torpezas. Sabes que importa estar despierto y darse cuenta, darse cuenta que sólo cuentas con un instante, porque para cuando llegue el siguiente instante todo habrá cambiado.
Ahora puedes ver cuan grande es el universo, el de las galaxias y el de tu corazón. Ves el cosmos sin lentes que lo falseen, ves a tu corazón sin sensiblerías deformantes. Ahora puedes ver a la realidad tal y como es. ¿No hay sombras? Claro que las hay, pero sabes que son sombras. Hay mucha luz, pero no te dejas deslumbrar. Y el saber que una sombra es una sombra, eso es la libertad. Y no permitirle a la luz enceguecerte, eso es la libertad.
Pero saliste del laberinto siendo de otra especie. Adoras la libertad y la libertad a muchos asusta. Desde su miedo te ven con suspicacia, los más amables te llaman loco. Hay quienes preferirían anular tu presencia. Así que ahora eres un hombre solo. Dejar de serlo, retrocediendo a la caverna, es impensable, inadmisible. ¡Imperdonable!
Ahora tienes meridianamente claro los puntos, las cosas.
Tienes meridianamente claro que después de eliminar la roca que aplastaba a tu niño interior, ya no tienes porque aparentar que eres un adulto con todas las de la ley. Tu niño interior es creador de belleza, pero también de tonterías. Asumes perfectamente tu imperfección y no buscas ser sabio, sólo lo eres. ¡Y punto!
Tienes meridianamente claro que no puedes ser abandonado: no le perteneces a nadie y  nadie te pertenece. Un mueble puede ser abandonado. No un hombre que está despierto.
Tienes meridianamente claro que es mejor ser honesto y preguntar lo que no entiendes, sino te contestan no es problema tuyo. La virtud es la transparencia y ser transparente es ser libre.
Tienes meridianamente claro que después de echar a patadas de la estancia de tu corazón a la envidia y a los celos, no tienes porque dar alojamiento a la envidia y a los celos ajenos. Te costó liberarte y no vas a permitir que te contaminen.
Tienes meridianamente claro que después de sanar tu alma, estás obligado a cuidar de tu cuerpo y de tu mente. No hacerlo es una idiotez y tú no eres un idiota.
Tienes meridianamente claro que después de comenzar este aprendizaje ya no puedes detenerte. Desde que saliste de la gruta tu vida está dedicada a aprender a vivir.
Tienes meridianamente claro que después de cortar el cordón umbilical que te ataba al narcisismo y a la codependencia te convertiste en un hombre nuevo y que sólo podrás ser feliz si eres tu mismo. Nada es tan absurdo como atarse a la desdicha, sólo para aparentar normalidad ante los ojos de una manada de desdichados.
Tienes meridianamente claro que después de sacar toda la basura que te metieron en la mente, ya no tienes que defenderte, haz dejado de juzgar. Ya no eres juez, solamente eres un hombre. Que hace silencio, que vive el silencio, que lo goza. Porque sabes que en el silencio no hay espacio para la mugre mental, para la mugre del alma. Sabes que en el silencio hay espacio para la humildad y la humildad es la verdad. Por el silencio ya no habitas en una  burbuja, ahora habitas en el mundo. El mundo que se asusta con tu silencio, que envidia tu silencio, que lo admira, que quisiera imitarte; si tan sólo el miedo no fuera tan grande.
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