domingo, 3 de octubre de 2021

BREVÍSIMOS COMENTARIOS SOBRE EL OFICIO DE POETA

 


“El compromiso del escritor es para con la poesía misma.”

Alfonso Kijadurías

En general, en el siglo XX, la poesía panameña le cantó a la recuperación del canal y a la vida cotidiana, casi siempre injusta, del habitante del campo y la ciudad. El diciembre de 1989 provocó una fuerte reacción poética. Pese a que hubo políticos, empresarios y hasta un alto dignatario de la iglesia católica que declararon que la invasión fue una liberación, el grueso de la literatura inmediatamente posterior a la funesta fecha renegó de esa tesis. Llama la atención que con la reversión del canal en 1999 no ocurrió cosa parecida. Parece que en el siglo 21 cada poeta se convirtió en un mundo.

La poesía dejó de ser negocio para las grandes editoriales mucho antes del actual desarrollo tecnológico. Pero proliferaron los festivales y así la poesía capeo tal temporal. Quizás alguien pueda decir que con la tecnología informática bajó la calidad de los poemas. Los malos poetas ya existían antes de las redes sociales. Piedra, pergamino, papiro, libro o ciberespacio sólo son formatos. La poesía vive gracias al compromiso con la palabra de poetas y lectores. Mientras tal compromiso exista, la poesía no está en peligro.

Vamos para dos siglos de verso libre. ¿Es nuevo o es viejo? El verso libre y el medido son herramientas, así como un bisturí o un machete. ¿Quién corta caña con un bisturí? ¿Quién extirpa un apéndice con un machete? La herramienta no es el arte. Otra cosa es el arte. Y qué es esa otra cosa llamada arte es una pregunta que cada poeta debe contestar.

domingo, 20 de junio de 2021

DE LAS ANTOLOGÍAS Y SUS RAZONES

 


“La verdad que es muy raro: calvo, sus brazos son largos para su tamaño y carece de pestañas. No habla, pero no es mudo porque cuando lo hace murmura palabras incomprensibles.”

Leadimiro González C.

A propósito de la publicación Semblanza múltiple del cuento en Panamá (Compilación de 95 cuentistas panameños vivos), se me ocurrió dialogar brevemente con el responsable de esta, el cuentista Enrique Jaramillo Levi.

Antes, una pregunta para mí mismo: ¿importa? ¿Importa dedicar tiempo, esfuerzo y recursos para antologar a otros cuentistas? ¿A quién le importa? Pienso que lo que cada uno considere importante, está determinado por su vocación personal. Para Enrique publicar a los cuentistas de su tiempo es importante. A Jaramillo Levi le importan las antologías.

“No creo perder mi tiempo, no. Por el contrario, siento que lo estoy enriqueciendo tanto en mi propio provecho como para el de los demás, incluidos los lectores presentes y futuros. Y más porque, como estudioso de la literatura nacional, sobre todo del cuento, estoy muy consciente de la calidad y cantidad de nuevos creadores que han surgido con gran esfuerzo a finales del Siglo XX y en lo que va del Siglo XXI, perfectamente diferenciados entre sí en sus muy particulares estilos de escritura.”

Enrique Jaramillo Levi

Toda recopilación de textos literarios ¿es una antología? Quizás no. Me parece, a mí me parece, que una compilación de escritos, de cualquier género, que aspire a tal título debe pretender recoger en sus páginas la excelencia escrita que represente un tópico en particular: un autor, una época, un tema, etc.

“En rigor, no. Aunque la gente los confunde. Una verdadera antología es más selecta, más exigente, más representativa, de menor volumen. Representa lo mejor de algo, a juicio del antologador. La diferencia entre una compilación o recopilación y una antología es, por un lado, el rigor, y por otro la cantidad de textos o autores seleccionados como propios de un momento histórico, de un género literario o de una cierta manera de escribir. "Semejanza múltiple del cuento en Panamá", por el tiempo que cubre (casi un siglo) y la cantidad de autores vivos representados (95), es eso, y no una antología (por más que se diga que uno "antologa" a los autores incluidos). Por otra parte, acabo de mandar a la imprenta una antología del cuento erótico en Panamá, que consta de 27 autores vivos: "Consumación de Eros". Tienen en común su carácter colectivo. Hace años, viviendo en México, también antologué y compilé literatura mexicana y centroamericana en general.”

E. J. L.

A inicios del siglo 21, gracias a mis madrinas Marissa Montesano y María Trejos, la Editorial Alfaguara me confió la recopilación de 13 cuentos de 13 cuentistas panameños, nacidos entre 1950 y 1970, y que tuviesen por lo menos un libro de cuentos publicados al final del siglo 20. Sé que otros amigos han hecho lo suyo en esa área, recuerdo a Juan A. Gómez, Moisés Pinzón y Ramón Oviero. ¿Y Jaramillo Levi? ¿De cuántas antologías del cuento panameño habrá sido responsable?

“Por lo menos de 12, empezando por "Antología crítica de joven narrativa panameña", la primera, publicada por Federación Editorial Mexicana, en México, en 1971. Y de al menos 8 compilaciones, otras de las cuales serían "Flor y nata. Mujeres cuentistas de Panamá: 1939-2004" (Ed. Géminis, 2004) y "Minificcionario" (Panamá, 2018).” E. J. L.

Sin querer pecar de reiterativo, la pregunta de cajón es la inicial: ¿qué lo habrá motivado a asumir tal misión?

“Hay cuatro actividades literarias que siempre han convivido en mí, desde muy joven: el escritor (cuentista, poeta, ensayista); el promotor cultural; el profesor universitario, director de talleres de cuento e investigador; y el editor. Nunca los había pensado como una "misión", sino más bien como una necesidad de divulgación y catalogación de la literatura nacional que alguien debía acometer después de la labor realizada desde finales del siglo XIX en el Panamá colombiano por Guillemo Andreve; y luego de otra manera por Rodrigo Miró Grimaldo y Ricardo Segura en el siglo XX. Sobre todo, en el cuento. Y esas tareas no las pienso por separado sino como un solo bloque investigativo que requiere divulgarse.”

E. J. L.

Doce antologías o recopilaciones. La primera en 1971 y la última en 2021. 50 años de vida como antologador y, también, recopilador.

“La primera ya la mencioné; la más reciente estoy trabajando en ella ahora mismo, y si los dioses no deciden otra cosa, habrá de salir en unos tres meses: Una antología de cuentistas panameñas vivas que surgen en lo que va del siglo XX; se llamará: "Ofertorio: Secuencias y consecuencias." con unas 40 nuevas cuentistas talentosas que publican su primer libro entre el año 2000 y este 2021, y que, pese a su variedad y talento, poco se conocen.

E. J. L.

Tengo que ser sincero, la misión que Alfaguara y mis madrinas me asignaron puso sobre mi persona, por un tiempo prudencial, los reflectores del mundo literario. Me abrió las puertas de Centroamérica. Ya antes había tenido mis pininos, publiqué textos de los participantes de los talleres literarios que facilité, pero también tengo que confesar que no es fácil el asunto. Para conseguir la obra y el permiso de publicación, increíblemente, hay que desarrollar hábiles dotes diplomáticas. Entonces, para alguien que ya tiene un lugar en la historia de la literatura, la panameña y la de otros lares, debe haber otro tipo de satisfacción.

“Cada proyecto de este tipo que se materializa es una gran satisfacción personal, por el esfuerzo enorme que representa en investigación, lecturas, selección y logro de fondos para la publicación. Por lo que cuando sale al fin el nuevo libro, es un parto sano que se agradece.”

E. J. L.

Las recopilaciones de las que fui responsable pronto, de repente muy pronto, dejaron de circular. ¿Los críticos literarios habrán acudido a ellas? ¿Y a las de Enrique?

“En general sí, pero como sabemos los críticos nacionales son pocos y a ellos casi nadie los lee cuando se atreven a publicar sus juicios de valor. Siempre he tenido buena respuesta de ensayistas como Rodolfo de Gracia, Fredy Villarreal Vergara, Melquiades Villarreal Castillo, Ela Urriola, Ariel Barría Alvarado, Irina de Ardila y Margarita Vásquez Quirós, entre otros. En el exterior sí suele haber una buena respuesta crítica, pero es lenta y demasiado encapsulada en los ámbitos poco comunicativos de las academias; los tres críticos que más se han ocupado de la literatura panameña son Fernando Burgos (chileno; Universidad de Memphis, Tennessee), Ángela Romero Pérez (española; Universidad de Liverpool, Inglaterra) y Aracelo Soní Soto (mexicana; Universidad Autónoma Metropolitana).”

Estamos, no únicamente en una época de cambios, sino en un cambio de época. El mundo virtual cada día es más nuestra realidad. ¿Se imaginará Enrique como antologador de una antología del cuento panameño en formato digital?

“No te puedo responder esa pregunta, ya que no sé moverme en absoluto en el mundo digital. En ese sentido, me quedé anclado a la Edad Media. Esa labor tendría que hacerla otra persona.”

E. J. L.

Cincuenta años, doce antologías y cientos de cuentistas publicados. Una marca muy difícil de emular, porque además es una labor realizada en dos siglos y dos milenios diferentes. ¿Es posible que en esa docena de libros falten algunos cuentistas panameños? Claro que es posible. Todo es perfeccionable, porque todo es imperfecto. Nuestras expectativas, generalmente, son ideales y no reales. Pero, también es posible que con esa docena de libros (más el resto de las antologías y recopilaciones del cuento panameño hechas por otras personalidades del mundo literario istmeño), se pueda constituir la Cátedra del Cuento Panameño. ¿Mucho ideal y poca realidad? ¿O ya es tiempo que lo hagamos?

 

domingo, 25 de abril de 2021

TERRAPLANISTAS DEL SIGLO 21

 


“Debemos mantener la mente abierta, pero no tan abierta que se nos caiga el cerebro.”

Carl Sagan

El terraplanismo existe. Sigue siendo un reduccionismo del conocimiento sufrido por gente, con o sin título universitario, que asume ser muy lista ya que puede explicar fenómenos que los expertos no llegan a comprender. Las redes sociales les han dado poder y lo usan.

Los nuevos terraplanistas, a la hora de interpretar lo observado, dudan de lo lógico y evidente. ¿Por qué? Porque fracasan a la hora de ordenar sus pensamientos. ¿Por qué? Porque parten de un punto falible: que son más listos que los demás.

No es gratuito que todo libro de texto incluya la humildad como una de las cualidades del científico, en este caso, ¿qué es ser humilde? Pues tener buenas relaciones con la realidad y eso implica lidiar con el hecho de que somos más ignorantes de lo que queremos admitir.

Otra característica que no puede tener el científico es la ingenuidad. La gran ingenuidad del siglo 21 es pensar que los me gusta de las redes sociales convierten en verdadero cualquier argumento. Es la malicia quien mueve al investigador a dudar y preguntar. Ahora bien, me dirán que aquellos a los que denomino terraplanistas cuestionan el establecido científico. La ciencia es un método, el orden establecido es el capitalismo. Los nuevos terraplanistas se riñen con el método científico, sin cuestionar las estructuras económicas que permiten que las riquezas del comercio tecnológico queden en pocos bolsillos. Son antivacunas, pero votan por los políticos cuya agenda oculta contiene reducir las pensiones de retiro.

Los antiguos terraplanistas vivían con miedos resueltos con otros miedos que reducían sus facultades cognitivas y emotivas. La vida del nuevo terraplanista es un rosario de mitos explicados con otros mitos. Ayer y hoy, horizonte limitado, ¿eterna dominación?  

domingo, 18 de abril de 2021

LOS VIEJOS TERRAPLANISTAS


"El problema de la historia es la historia del problema."

Karl Marx

El terraplanismo, aunque es una visión equivocada del planeta, es una prueba del afán humano por explicarse el cosmos. Sin embargo, además de ser insuficiente, me parece fue un elemento esencial para dominar y explotar a los marginados de siempre.

Para los viejos terraplanistas sus sentidos no podían engañarlos, imposible dudar de ellos. Además, el analfabetismo impedía llenar los hoyos en el conocimiento con las adecuadas lecturas, así que los viejos terraplanistas vivían saturados de mitos. Abismos y monstruos.

La idea del Sol girando alrededor de una Tierra plana los ató, digo yo, a los terrenos de cultivos de sus amos y señores. Vivieron en una sociedad llena de miedos y, digo yo, de nuevo, tales temores eran sosegados con absurdos como el terraplanismo y sus mitos conexos.

Los viejos terraplanistas no cuestionaban, tenían prohibido hacerse preguntas y contestarlas. Sólo debía escuchar y obedecer. Ya en el Cielo tendrían su recompensa que sería eterna. Sus explotadores serían castigados, por siempre, en el infierno.

En resumen, los viejos terraplanistas llevaban vidas llenas de miedos resueltos con otros miedos, todo su derredor estaba orquestado para reducir sus facultades cognitivas y emotivas, y eran tratados como el ganado de carga.

Sin embargo, digo yo, de nuevo, y ya, por último, llegó la ciencia y desaparecieron los pánicos despertados por el abismo del final del horizonte. El terraplanismo desapareció de la esférica superficie de nuestro planeta. Y desapareció para siempre. ¿Verdad?

domingo, 3 de enero de 2021

CHOQUES DE TRENES…Y DE FRENTE

 


“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.” 

Ryszard Kapuscinski

Según el diccionario de la RAE una crisis es un cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados. El 2020 tuvo varias crisis muy evidentes, una de ellas: la aparición de múltiples mitos seudocientíficos.

Una de las características de la ciencia menos comprendida es que ella no aspira a la verdad final e indiscutible, sino, por el contrario, a someter sus teorías al escrutinio periódico que el desarrollo tecnológico le permita. Durante siglos, las enfermedades fueron explicadas por la acción de los espíritus. Hasta que llegó el microscopio y se descubrieron las bacterias.

Y esta cualidad se convirtió en piedra de tropiezo. Las autoridades responsables de enfrentar sanitariamente la pandemia parecen negarse, aún, a aceptar que el ciudadano común no entiende que hoy se recomiende algo que mañana se des recomiende. Dentro de un instituto de investigación esa podría ser la norma, pero no en el turbulento océano que son las redes sociales.

Ocurrió un choque frontal de ferrocarriles: el de la burocracia y el de la cibercracia. Que la OMS no recomendase el uso de la mascarilla y que después lo hiciese, despertó una marejada mundial de desconfianza y dio pie al tsunami de teorías de la conspiración que estamos sufriendo y que, a saber cuánto, alargará la crisis mundial de salud.

Buscando informar, provocaron confusión. No entendieron la cultura imperante en el ciberespacio: la que, cuando no entiende algo, inventa los hechos para sostener sus mitos. Puesta andar la fábula, ya no hay lugar para la lógica. En las redes sociales, la ficción es defendida por legos y supuestos duchos en ciencias. ¿Por qué? No estoy seguro. ¿Por 5 minutos de fama?