domingo, 5 de junio de 2016

CHISTE Y POBLACIONES VULNERABLES


“La gente no te quiere por lo que hagas o tengas, la gente te quiere por como la haces sentir.”
Gaby Vargas

Hay chistes inocentes, hay chistes tendenciosos. Vamos a hablar un poquito sobre estos últimos. Para Freud, según mi inexperto entendimiento, el chiste es el afloramiento desde el inconciente de ideas reprimidas a lo largo de la vida. Por eso no es de extrañar que un tema tabú como el sexo sea tan recurrente entre los relatores chistosos.
También el comportamiento hostil es reprimido en la infancia. El chiste sustituye a la agresión física por la oral. Si esto fuese inocuo, hoy no sería un problema el acoso escolar. El chiste así se convierte en la herramienta del poder para humillar.
Vivimos en sociedades fundamentadas en la discriminación y gracias a ella existen las poblaciones vulnerables. Un gran número de chistes son burlas a estas poblaciones. Sin ofensa, no hay risa. Y el chiste sostenido, que funciona como campaña, no hace más que reforzar esa situación de vulnerabilidad. Es harto peligroso hacer chistes sobre personas que en el día a día tienen que lidiar con el robo de sus oportunidades, porque, al propagar estereotipos, se está justificando tal saqueo. Además, se pueden ocultar oscuras razones políticas.
Por ejemplo, Buenos Aires es la segunda ciudad del mundo con mayor población gallega fuera de Galicia. Sin embargo, los bonaerenses, en clara negación del aporte gallego a la nación Argentina, son de los mayores contadores de chistes con gallegos como tontos personajes. A ello sólo tengo que decir este chiste que una vez le oí a una gallega:
¿Qué hacen los gallegos mientras los argentinos cuentan chistes de gallegos? Trabajar y ganar dinero. ¿Qué hacen los argentinos que cuentan chistes mientras los gallegos trabajan y ganan plata? Comer mierda. ¿Verdad que duele?