sábado, 25 de junio de 2011

LA VIDA HUMANA CONSISTE EN CONOCER

Luz (Dece Ereo-Panamá)

“¿Qué es cultura si no es lo que un colectivo (grupo o grupos sociales) ha heredado de su pasado colectivo (patria) y que quiere utilizar para transformar el futuro (construir la nueva nación)?”
Marco A. Gandásegui

Todo ser vivo: nace, crece, se reproduce y muere. Pero para mí no es suficiente imitar a las amebas. Para mí es necesario algo más: conocer. ¿Conocer qué? Lo que se pueda conocer. Mi historia, mi entorno inmediato, mi fisiología. ¡Mi ser! ¡Tu ser!

Tengo la fortuna de haber incursionado en las tres formas de buscar el conocimiento que pienso son las esenciales: la religión, la ciencia y el arte. Claro está, mis experiencias son bastantes superficiales y de ninguna manera puedo declararme experto en alguna de estos tipos de búsqueda. Pero, desde mis limitaciones, he observado que tienen puntos en común.

Las tres tipos de búsqueda pretenden confirmarse a través de evidencia. Para el religioso el milagro es la contundente demostración de su creencia. Para el científico, el experimento controlado es la prueba de la veracidad de su hipótesis y para el artista, la adhesión al canon oficial o la construcción del suyo propio es la justificación de su obra de arte.

¿Quién tendrá la razón? ¿Cuál metodología es la correcta? ¿Quién me dará la verdad? ¿El espiritualismo? ¿El realismo? ¿El subjetivismo? ¿Todos juntos? ¿Ninguno?

Mucho del conocimiento expuesto por tanto conocedor suelto en el planeta, me parece que es simple opinión. Opinar siempre tiene algo de intangible y, por tanto, de incierto. Eso de las verdades escritas en piedra, es una frase carcomida. La realidad y la tecnología cada cierto tiempo desmienten alguna supuesta verdad incuestionable. Conclusión: el conocimiento se transforma con el  tiempo, las opiniones pretenden quedarse para siempre.

domingo, 19 de junio de 2011

EL MAGO Y LA MAGIA


Osvaldo Toscano Orobio (Panamá)


“No soy mala hierba, sólo hierba en mal lugar.”

Enrique Bunbury

Escribir no es esperar a esa señora llamada inspiración, escribir es construir con palabras. El escritor, por ser un constructor, usa herramientas. Tal como un albañil o un carpintero. La diferencia es que no se pueden tocar con las manos, sino con la mente. Ellas son: la sensibilidad, la capacidad de observar, la imaginación y la cultura. (Gracias Héctor por decírmelo).

La sensibilidad es la capacidad subjetiva de percibir los estímulos del ambiente. Sin ella, el autor sería un mueble incapaz de enterarse y de interpretar con sus sentimientos lo que ocurre en su derredor. Es la antena irracional del escritor.

La capacidad de observar es percatarse objetivamente de lo que ocurre alrededor. Gracias a  la observación los acontecimientos serán captados, reinterpretados, y convertidos en obra literaria. Es la antena racional del escritor.  

La imaginación es la facilidad de formar nuevas ideas que expliquen lo que se está observando y sintiendo. Es uno de los motores de la creatividad literaria.

La cultura, específicamente la cultura literaria, es el conjunto de conocimientos que le permite al autor desarrollar su juicio crítico. Sin cultura, es decir, sin lectura, el escritor sufrirá de anemia estética. Es el otro motor de la creatividad literaria.

El uso adecuado de estas herramientas dará como resultado un cuento o una poesía bien construidos. En el caso de los cuentos, sólo tendrán las palabras que deben tener; en ellos ocurrirá algo y ese algo será intenso y asombroso; también serán provocativos y conmovedores. De tratarse de una poesía, ella será breve (incluso a costa de la gramática), sugerente (lo obvio es pecado) y melódica (la música es su carne).

domingo, 12 de junio de 2011

DEL INSTINTO AL OFICIO

El escriba sostenido

“No se trata de sufrir cuando se escribe, sino de liberarse escribiendo.”
Mario Roberto Morales
La cultura es el conjunto de conocimientos que permite el desarrollo del juicio crítico. En un mundo ideal debería haber muchas facilidades para lo cultural. Por ejemplo, deberían existir muchos talleres literarios, ya que ellos sirven para que alguien que quiera ser escritor se convierta, efectivamente, en un escritor, y si ya escribe, deje de escribir a ciegas y comience ha hacerlo con intención artística. ¡Qué abandone el instinto y conozca el oficio!
Escribir por instinto es una liberación de las emociones atrapadas en la psique. Es escribir guiado por la famosa la inspiración. Pero, ¿quién es ella? Es la forma del cerebro de hacer conciente todo lo que ha aprendido de manera inconciente.
Escribir por oficio es pasar de la emoción a la disciplina. ¿Qué significa eso? Pues que se escribe concientemente y no por casualidad. Se lee, escribe y tacha. Todos los días. Es buscar en el mundo exterior y en el propio mundo interior las palabras que han de convertirse en literatura. Buscar, crear y buscar de nuevo.
El taller literario, por lo menos el tipo de taller que me gusta promocionar, busca que el escribir se convierta en un estilo de vida, en una ética donde el autor es la principal obra de arte del propio autor. Eso quiere decir que un buen escritor se preocupa por ser un buen hombre. Escribir para afectarse y afectar al lector. Esa es la única responsabilidad del autor. Digo yo, pues. Sin la intención de conmover, escribir no es arte, es terapia ocupacional.
En conclusión, el taller literario es para que los participantes sean más artistas, más sensibles, más imaginativos, más observadores y que tengan un poco más de cultura general y literaria. En mi mundo ideal abundan los talleres literarios.

domingo, 5 de junio de 2011

DEL AZUL AL GRIS

Colmillos (Dece Ereo)

Uno de los últimos títulos dados a nuestro mundo es el de PLANETA AGUA y es obvia la razón de ello. A pesar de su nombre, alrededor del 70% de la Tierra, no es tierra, es agua. La comunidad científica es unánime al afirmar que el origen de la vida se dio dentro de los mares primitivos. No es de extrañar entonces que los seres vivos estemos compuestos por más agua que sólidos. De poder ver a nuestro planeta desde el espacio exterior, los colores dominantes serían el azul, el blanco, el verde y el marrón. De cuatro colores, tres se deben a la presencia del agua. El azul es efecto del agua sirviendo de espejo a la oscuridad azabache en la que está inmerso el planeta, el blanco es de las nubes fruto de la evaporación del agua y el verde proviene de las plantas vivas y rebosantes de agua. Definitivamente, PLANETA AGUA es un título más que adecuado para nuestro mundo. Pero, ¿qué ocurriría si se mantienen los niveles de contaminación industrial que registramos ahora mismo? ¿Podría ser que el azul del planeta deje de serlo y se transforme en un opaco gris? Un escéptico afirmaría que las cantidades de líquido vital son tan gigantescas que sería prácticamente imposible cambiarle sus propiedades como para que deje de reflejar el azabache cósmico. Sólo recuerdo que muchas catástrofes no se evitaron, simple y llanamente, porque fueron etiquetadas de imposibles. Pero está bien, aceptemos el argumento y reduzcamos la extensión. Contentémonos con reflexionar sobre una región específica: Centroamérica. La Ciudad de Panamá no hace mucho sufrió, por más de 70 días, la peor crisis de agua registrada en lo que va del siglo XXI. La Tacita de Oro, famosa por la calidad de su agua, se quedó a secas. En muchas otras ciudades centroamericanas, la situación de sequía en los acueductos es permanente y en muchas otras que sí tienen agua, ésta no es potable. Pudiera ser que para los extraterrestres nuestro planeta siga siendo azul durante muchos más años, pero de mantenerse los actuales niveles de contaminación de agua, la vida de mucha gente, en especial centroamericanos, será cada día más gris.