domingo, 16 de julio de 2017

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA INVITACIÓN DE LA POLLA


“No queremos go-rre-ros. ¡Belleza!
La polla Assilem
En estos días, las cotidianas noticias de escándalos sobre la corrupción en Panamá compitieron por la atención del público contra un video de invitación a un cumpleaños. Assilem, la polla hija de Melissa, fue la responsable. Ella es una muchacha de 21 años, con un hijo y que vive en la 24 de Diciembre, un barrio de las afueras de la ciudad de Panamá. Un barrio muy popular de esta ciudad de extremos.
He leído toda clase de comentarios, desde sandeces hasta sesudos análisis sobre el porque el mencionado video se convirtió en tendencia en las redes sociales. Para nada me asombraron los discriminadores panegíricos de los autonombrados voceros de la clase media. Una minoría entre las minorías con complejo de Torquemada. Esos mismos fueron los que despotricaron contra los diablos rojos (antiguo sistema de transporte colectivo de la Ciudad de Panamá), que se alegraron con su desaparición y que ahora desvían la mirada ante el mal servicio que presta el Metro Bus (actual sistema de transporte publico) y también lo hacen cuando se topan con un diablo verde (la nueva versión de los diablos rojos). Sus ínfulas de gran urbe quedaron, cosa rara, en fracaso. Pareciera que los diablos buses y Assilem les recuerdan que no son aristócratas blancos sino libertos blanqueados. ¡Qué suerte que la mayoría de los pequeños burgueses de este país tienen mentes brillantes y corazones nobles!
Dije que no me extrañaron las declaraciones de este grupito, pues dichos personajes tienen rato allanándole el camino al posible futuro régimen fascista panameño. Soy pequeño burgués, y muy cínico, por cierto, pero me cuido mucho de no coquetearle al nazismo. Porque esta patria mía cada vez huele más a estado totalitario.
No faltó el descerebrado que propuso asistir a la fiesta para realizar un experimento antropológico (¿Mengele?); sólo alguien con las neuronas desconectadas no se percata que su mal chiste alienta a quienes consideran que las personas como Assilem son chusma y que chusma significa desecho humano. ¿Y qué se hace con los desechos? 
¿Exagero? Recojamos todos las glosas de odio y desprecio que circulan en este país, articulémoslas en un discurso y tendremos algo parecido al ideario de Hitler. ¿Qué tan lejos está el día en el cual los fanáticos decidan pasar del insulto aislado a la agresión organizada? ¿Cuántas marchas pro fobias y anti derechos humanos van?
Pero las declaraciones que más me conmovieron, fueron las de los promotores culturales. Mis queridos pares. Palabras más, palabras menos reclamaban con la siguiente pregunta: ¿Por qué la polla recibe abundante apoyo para su cumpleaños y mi proyecto no tiene ninguno?
Me parece que quien así piensa no comprende, totalmente, que nos mueve a los seres humanos, no entiende que en realidad somos bastante simples. Simples. Los individuos que pertenecemos a esta especie llamada Homo sapiens sapiens, somos seres con motivos poco complejos, pero muy fuertes. El prototipo de nuestros móviles es el sexo.
En su video Assilem dice: “Vengan activa’os, porque las pollas van a estar activa’as también”. ¡Ey! Dejemos las ingenuidades, esa declaración está cargada de estrógenos y dirigida a encenderles las arterias a los adictos a la testosterona. Si la polla tuviese cara y cuerpo de hojalda asoleada y atropellada por un camión, ¿el revuelo hubiese sido igual?
Nosotros los humanos somos seres en relación. Si no me equivoco, el jaleo comenzó  cuando un reguesero declaró que asistiría a la fiesta y que haría una presentación. Eso arrastró a otros colegas del género urbano ha imitarlo; siguieron los admiradores de dichos cantantes. Se podría decir que esos artistas son vulgares y de letras primitivas, pero es una necedad negar su inmensa y justificada influencia en los barrios populares.
¿Quiénes cantan letras con los códigos que significan algo para los arrabales? ¿Y acaso esas letras no desempeñan una labor de identidad y unidad cultural en dichos lugares? ¿Y, precisamente, no fue esa relación quién catapultó a la polla Assilem a su actual popularidad?
Los humanos vivimos en situaciones. Hasta lo que yo sé, ni los poetas ni los regueseros tienen subsidios gubernamentales en Panamá, pero mi patria sufre una grave crisis educativa desde hace varias décadas. ¿Y qué pasa con la poesía en un país en ese contexto? Pues se reduce a…regueé. ¿Siguen siendo los poetas los portavoces del pueblo o sólo dialogan entre ellos?
En el circuito electoral al cual pertenece el barrio de la polla, hay un diputado que está llevando adelante la formación de un nuevo partido político; una diputada oficialista le ofreció a Assilem las boquitas para la celebración y se tomaron la respectiva foto. Cada vez que esa diputada comete una imbecilidad se escuda diciendo que es una joven inexperta; sin embargo, ya fue vicepresidente de la Asamblea Nacional. ¿Será que la novata le metió un gol al veterano al acercarse primero a una figura que pudiera atraer votos en las próximas elecciones y que de paso llevó sus reflectores hasta la cumpleañera?
Los humanos buscamos la comodidad, nos gusta lo fácil. ¿Qué es más difícil: convertir en noticia el video de la polla o los recitales que el pintor Roy Arcia realiza todos los jueves en la Galería de arte Manuel Amador de la Universidad de Panamá?
Somos simples y elementales. Tan básicos como el miedo que sentimos. Al final, la misma cumpleañera suspendió la fiesta. El tumulto se le escapó de las manos. Temió algo terrible. No quiso cargar con tan horrible responsabilidad.
En un país ideal, los fiesteros a la mañana siguiente estarían cortando la trasnochada con un buen sancocho de gallina de patio. Assilem, su familia y algunas de sus amigas recogerían las latas de cerveza tiradas al suelo por los borrachos; bueno, en un país ideal la basura hubiese sido puesta en su lugar, por los mismos festeros y durante la misma fiesta.
En ese país, la policía hubiese brindado la seguridad necesaria para que no ocurriese lo que muchos miserables desearon con fervor y la polla evitó al suspender la fiesta: una balacera. Ese país ideal es un buen motivo para seguir bregando en diversos proyectos culturales. En este punto, los pequeños burgueses tenemos mucho que aportar. Siempre y cuando resolvamos algo.
El éxito promocional del cumpleaños de la polla no es el fracaso de ningún proyecto cultural, aunque éste esté olvidado por las autoridades y la empresa privada. En esto del quehacer humano, que al fin y al cabo eso es la cultura, muchos son los caminantes y muchos los circuitos por donde ellos, los caminantes, pueden deambular. Por tal razón, no hay que tomar el revuelo de la fiesta que no se dio de excusa ni para rendirse, ni para hacer acusaciones nacidas del peor de los sentimientos: la envidia.
Hay quien dice que todo fue un teatro. En lo personal, pienso que dilucidar si la polla es una persona o un personaje es menos importante que sacarle algún aprendizaje a todo esto, algo que sirva para no extenuarse con tanto barullo.
 El cansancio confunde y el confundido sufre. ¡Y comienza a envidiar! Se padece mucho menos, y por ende, la envidia se aleja, cuando se tienen claros ciertos puntos fundamentales. Por ejemplo, es necesario responder estas preguntas: ¿qué se quiere con el proyecto que se lleva adelante? ¿Ganar fama? ¿Dinero? ¿Incidir positivamente en la sociedad? ¿Las tres? ¡Claro que se puede aspirar a tenerlo todo! Pero todo tiene su precio. Hasta para regalar el arte, el que regala tiene que pagar un importe. ¡Paradójico! ¿Verdad?
Cada país tiene su lista de costos. Y hay que conocerla y aceptarla. Rezongar contra ella es un consumo, inútil y agotador, de energía. Mejor dedicar esa energía a inventarse que hacer por los proyectos culturales en un país que parece desconocer su existencia. ¿O no es así?

domingo, 9 de julio de 2017

DE LAS MEDICIONES Y LAS DECISIONES

“La crisis educativa no tiene solución a lo interno del aparato institucional del MEDUCA, porque es producto de la crisis del Régimen Político, de la manera en que se organiza el Estado Panameño.”
Tomado de AEVE Noticias     
Hace unos meses, le pedí a Gloria Melania me diera la cifra del costo de educar a un hijo en una escuela privada. Era alta. No incluyó ni las rifas ni otras colaboraciones que aparecen a lo largo del año escolar. Tampoco el gasto en tutorías en materias como matemáticas o física en el que incurren los padres de familia, cada vez que se acercan los exámenes trimestrales.
Guardando las proporciones, la educación en una escuela pública también implica sacrificio financiero. Eso, tal como suena, parece justificar el subsidio otorgado por el gobierno panameño a todos los estudiantes que cumplan con el requisito mínimo de la nota de pase. Me refiero a la famosa Beca Universal.
Para el inicio del año escolar 2017, un canal de televisión local realizó un programa de opinión con la educación como tema. Allí la profesora Ileana Golcher dijo algo que no se puede dejar pasar: el Ministerio de Educación de Panamá no tiene una oficina que realice mediciones y evaluaciones de los procesos llevados adelante por dicha institución.

Pese a eso, las autoridades afirman que la deserción escolar ha disminuido y aumentado el fracaso escolar. Ambos datos son registrados por los docentes al final de cada trimestre. Sin embargo, falta algo. Si hay una relación entre la disminución de la deserción escolar y la Beca Universal, ¿lo habrá entre el fracaso escolar y el subsidio mencionado? ¿Cómo hacen las autoridades sino hay quien recolecte datos y los analice? ¿Será que para decidir la ruta de la enseñanza panameña el ministerio de educación utiliza la tabla güija?

domingo, 11 de junio de 2017

LOS MESTIZOS

“El Universo es un mestizo.”
Dece Ereo
Los primeros habitantes de América, gracias a la llegada de los europeos y sus virus, sufrieron epidemias para las cuales no tenían defensas inmunológicas. Pienso que el mestizaje, la mezcla de genes nativos con extra continentales, evitó la extinción total. Por cierto, muchas de las abuelas de los andaluces que vinieron a saquear estas tierras, eran moriscas.
Los animales de razas puras son propensos ha enfermarse, los híbridos no. Su información genética los salvaguarda, en gran parte, de enfermedades hereditarias.
Casi todos los metales se encuentran en la naturaleza mezclados con otros elementos y compuestos químicos. Excepto el oro. Por eso es tan valioso, pero me parece que sería poco conveniente fabricar pailas y sartenes con oro. Pronto quedarían derretidas, sin embargo, me imagino que con el tratamiento adecuado, sí se pueden hacer joyas con aluminio.
¿Cuál es el punto? Que la pureza, cuando no es una quimera, es un inconveniente. Delirios terribles como el nazismo o el apartheid. Me asusta que los discursos de la pureza están retomando fuerza, mas a la hora de definir la verdad. Estamos en tiempos de tanta inestabilidad y confusión que la búsqueda de la verdad verdadera, es decir, la pura, es cada vez más una necesidad vital para la humanidad.
Pero resulta, por lo menos eso es lo que pienso y siento, que no existe una sola verdad; hay muchas verdades. No estoy hablando de varios ángulos de la misma verdad. Vuelvo y repito: hay varias verdades. Mi verdad es fruto de mi experiencia. Mi experiencia no es igual a la tuya. Mi verdad debe ser diferente a la tuya. Todos los manifiestos humanistas no podrán concretarse hasta que incluyan la posibilidad de que su verdad manifiesta no es la única verdad.

domingo, 28 de mayo de 2017

LA LÓGICA DE LOS ILÓGICOS

“Las ideas tienen consecuencias.”
Richard M. Weaver
La lógica es una de las herramientas de la ciencia. Pero, como decía mi profesor Maté, la lógica no siempre es lógica. Cualquier silogismo que reniegue de la realidad, que oculte datos, aunque esté bien construido, no puede ser verdadero. Según la RAE, lo evidente es tan claro y patente que no puede ser puesto en duda o negado. Sin embargo, a pesar de lo que la lógica indica, lo obvio no es tan obvio.
Digamos que en una escuela un grupo de estudiantes es sorprendido haciendo trampa en un examen, la administración resuelve castigar a la mitad de los muchachos y al resto los absuelve, sin dar mayores razones. Los padres de los castigados reclaman justicia, a sus ojos sus hijos fueron discriminados. Sin embargo, su exigencia no es que les muestren las evidencias recogidas en la investigación, que les expliquen el por qué de la conclusión del proceso disciplinario, no, nada de eso; exigen que la absolución sea general, para todos los involucrados. ¡Qué la falta sea olvidada! ¿Están confundiendo justicia con impunidad?
Tal confusión va más allá del significado de la palabra justicia, el conflicto nace al no poder reconocer el fenómeno en sí mismo, sus causas y consecuencias. La falla lógica estriba en no comprender la relación entre el origen del problema, el problema y sus secuelas.
¿Cuál es el dilema: la trampa hecha por los estudiantes o las dudas que despertó el proceso disciplinario? Ese es el meollo del asunto. Cada vez escucho más disyuntivas parecidas al ejemplo dado. Argumentos formalmente lógicos, pero desconectados de los hechos y de la evidencia. Eso solamente puede significar algo: no podemos reconocer cual es el problema que nos aqueja, no podemos resolverlo y seguimos aplicando la lógica de los ilógicos.

domingo, 14 de mayo de 2017

JARL RICARDO BABOT O EL POETA QUE DIALOGA DESDE LA CALLE GORKI

“Leonid está bastante grueso
Y lee todo el día números muy viejos de Pravda
Y cree que Stalin vive.
Su esposa prepara compota,
Alejada de las dificultades de las largas filas
Porque nunca sale.
Algunos amigos, cada  vez  más pocos,
Vienen a visitarlos cuando el tiempo exterioriza alguna bondad.”
Permítanme iniciar mi disertación con una anécdota. En 1985, en la Universidad de Panamá, me topé con una puerta pintada de negro que tenía una tablilla con el escueto título de Teatro Taller. La curiosidad me conquistó. Toqué sin muchas ganas de que abrieran, pero abrieron. Quien me atendió me preguntó que deseaba. Le contesté lo primero que se me ocurrió; quiero aprender teatro. El hombre me dijo que no había ningún problema, pero que regresase al día siguiente. Regresé dos años más tarde, en 1987, volví a tocar la misma puerta, me volvió a abrir el mismo señor y antes de que pudiese decir palabra alguna, él me dijo: Pase, lo estábamos esperando. Quien así me habló fue Jarl Ricardo Babot, el poeta de quien hoy quiero conversarles. Nunca tuve la necesidad de comprobar si en verdad Jarl me recordó, sólo me dejé arrastrar por la magia del encuentro. Así también fue con su teatro y su poesía.
Gracias por permitirme esta digresión, aunque quizás no lo sea, tal vez, precisamente, el encuentro es el meollo de la obra de Babot. Pero en un mundo de desencuentros, ¿qué valor pudieran tener los versos de Ricardo?
La literatura del siglo XX en Panamá estuvo, en gran parte, signada por el cumplimiento de la consigna: un solo territorio, una sola bandera. Babot fue una excepción. El grueso de su obra, pese a su pensamiento personal, no es registro de dicho tema. Por lo menos, no de forma evidente. Más bien trata sobre las angustias diarias y las alegrías efímeras de sujetos callejeros e inconspicuos. Sujetos que se encuentran amablemente con otros sujetos y que comparten con ellos las cosas simples y sencillas de la vida. No grandes héroes, no grandes épicas.
Para este diálogo escogí el libro Poemas de la calle Gorki, un poemario donde el hablante lírico es un estudiante extranjero de teatro en Moscú. Allí ese muchacho nos platica de sus amores, o más bien de su amor; de sus vicisitudes con el invierno, de cosas tan escuetas como ir al cine y no tener la necesidad de entender el idioma ruso, de lo poco que duraba el dinero de la beca, de la cerveza y el pescado seco compartido con los amigos. De las papas y las coles.
Dicha temática fue calificada de prosaica por algunos literatos panameños de la época. Quizás, dichos inquisidores, desconocían que la literatura rusa de los tiempos en que fue escrito este poemario (1967), sufría un drástico deshielo luego de la muerte de Stalin y de la Primavera de Praga. Tal vez no supieron de la perenne sed de humanidad de Yevtushenko, Voznesenski, Rozhdéstvenski y Ajmadúlina. Sólo así se explica su decisión de aferrarse a la dogmática preceptiva del índex soviético y que prefirieran ignorar a Babot.
Para esos escritores sería chocante escuchar que el libro Poemas de la calle Gorki es eminentemente social. Este libro realiza una abierta crítica al desvencijado régimen soviético. Tal acusación la hace Jarl Ricardo Babot por ser un devoto enamorado de la vida. Tanto la ama, que le duele verla asfixiada por un sistema que, en nombre de las buenas intenciones, termina empedrando el camino al  infierno. Desde la calle Gorki, Jarl nos pinta con palabras su profundo humanismo. Eso es revolucionario. Él no habla del glorioso primero de mayo, el habla del orgullo que siente el trabajador al contemplar su obra terminada.
Babot, por boca de su hablante lírico, el joven extranjero que estudia teatro en Moscú, nos llama a prestar atención al óxido que deslustra las botas, no las botas de los soldados que marchan en la calle Gorki, sino las de aquellos que desfilan en los pasillos del Kremlin. De aquellos que engruesan sus cuerpos sin hacer largas filas, de los privilegiados indultados del crimen de darle las espaldas al presente. Las botas oxidadas de hombres iguales a todos los hombres, que sienten el frío como todos los hombres y cuyo morbo espera que sea revelado un secreto, cualquiera, cualquier secreto. Hombres incapaces de buscar la claridad.
Una nota la margen. Entre el final de los años 50 e inicio de la década de los 60, dos líderes mundiales dieron pasos necesarios para renovar sus respectivas instituciones. Nikita Jrushchov y Juan XXIII. El Vaticano sigue siendo un poder mundial, la URSS ya no existe.
En los tiempos de la Guerra Fría: ¿La poesía sólo podía denunciar al capitalismo? ¿Era imposible comprometerse con las almas hartas de ver desfilar a los soldados, mientras que en sus despensas solo había pescado seco y un par de papas? ¿Cómo evitar que estallen los versos cuando la esposa del coronel se pasea, en las fiestas, forrada con finas pieles mientras la mujer obrera únicamente se puede abrigar con una vieja sábana?
Uno de los grandes errores de los utópicos es que creen que todo el mundo debe estar de acuerdo con ellos. A los totalitarios les desagrada la disidencia. Y más cuando toca sus íconos. El estudiante de teatro que vive en la calle Gorki afirma que tal vez Lenin era un poeta y soñador, cuyo corazón estalló al saber lo que venía después del triunfo de octubre del 17.
“En su eterna lucha contra los botones del abrigo el invierno ruso,
Finalmente,
se hizo mi gran amigo…”
No sé para ustedes, pero para mí el infierno es frío. No hay pailas con aceite hirviente, sino muros infranqueables de hielo. Nada me es tan tormentoso como esa sensación del calor abandonando mi cuerpo, que se marcha hipnotizado por los susurros de la helada. Entristezco al escuchar a la tibieza despedirse. El frío es una experiencia existencial. Nadie puede sufrir el frío por mí y menos cuando el aire escarchado acaricia mis pulmones. Aún bien arropado, él me asecha, espera un descuido de mi abrigo para darme su cruel abrazo. A veces se aleja un poco, sólo para que yo me confíe y me pueda sorprender con una nueva arremetida.
Sin embargo, aquel estudiante extranjero y vecino de la calle Gorki se entregó al invierno, al invierno ruso, el que venció a Napoleón y a Hitler; ese muchacho se rindió al frío y con serenidad esperó la primavera. ¿Qué clase de heroísmo es este? Es la valentía que nunca recibirá una medalla. Aunque, pensándolo bien, si ha de recibirla. En la calle la nieve es un reto, pero en la casa, en la casa es otra cosa, más en la cama, más en la cama cómplice; allí es una invitación a que dos cuerpos, en danza con Eros, ignoren al frío y compartan los sudores, la saliva, los fluidos.
Otra digresión. En tiempos del Proceso Revolucionario Panameño, llegué a ver a varios de sus acólitos aprovechar la menor llovizna para encaletarse gruesos gorros de lana similares a los que usaban los miembros del politburó soviético. Hasta entrecerraban los ojos, tal y como si estuviesen en medio de una ventisca. Por suerte, nunca tuve que oler ninguno de esos gorros.
 “Los domingos veraniegos de Moscú, son como un viejo que lava sus ropas. Solo…
El agua se derrama sin molestias y sin rabias.
Es muy viejo el viejo.
Su mujer murió cuando la Guerra Patria
Y desde entonces está solo.
El viejo lava sus ropas; el agua se derrama.
El verano insiste en alargarse, Como la bufanda tejida en el año 44.”
En la calle Gorki siempre desfilan los soldados; pero el estudiante extranjero, nuestro hablante lírico, no los observa, sus ojos tienen otras prioridades. Pienso que este poemario es una excusa para que, a pesar del pan de centeno viejo, ese estudiante extranjero le de su lugar, su justo y correcto lugar, al amor. ¿Y cuál es ese lugar? En la cama y debajo de una sola sábana para así evitar las maldiciones.
El hablante lírico, ese estudiante extranjero, ese que se parece tanto a Babot, nos habla del amor entre los jóvenes, de su amor, apasionado y siempre en celebración; pero también de la soledad del amor anciano y viudo, de como ella, la soledad, insiste en revivir la pasión y la celebración, cada vez que se lava una bufanda con abundante agua y sin la presencia del invierno.
Nótese que los versos no evocan la aplastante victoria de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre la Alemania Nazi, ni resalta el valor del pueblo ruso que enfrentó y finalmente se impuso sobre las muy homicidas SS. No. Esos versos evocan la soledad que trae consigo el amor que ya no está, pero que perdura en una bufanda tejida, ¿por la mujer amada?, casi al final de la guerra, cuando la esperanza comenzaba a volver a dar unos pequeños pasos.
El amor, el de los jóvenes o el del anciano viudo, es una fiesta. Canta y bebe vino o vodka, y aunque el pescado servido en la mesa este más que seco, en la boca compartida de los amantes, es tierno como melaza. No hay espacio para robos y mentiras, sí para la tibieza.
Por la calle Gorki desfilan soldados, sí, pero ellos no son los protagonistas. ¿Y quiénes lo son? Los amantes. Pero enamorarse en tan míseras condiciones, ¿no es enajenarse? Afirmar que el amor es el eterno liberador, ¿no es un alegato trillado y cursi? Cuando el mundo que nos rodea es una mentira que nos flagela, amar es lo más real que podemos hacer.
“Y no lloré por las estrellas lejanas.
Lloré por ser un hombre de este planeta, asesino de su hermano.”
No, no, ese muchacho no es un enajenado. Pese al amor y a la pasión compartida con la persona amada, ese estudiante de teatro se sabe cómplice de las atrocidades de nuestra muy civilizada civilización. Sabe que él también sería capaz de, en nombre de la más justa de las causas justas, cometer horrores, horrores que luego él, sí, él mismo, disculparía afirmando que se trataba de errores ingenuos característicos de la impetuosa juventud.
También está conciente de que nuestras repisas están llenas de retratos de héroes. Hombres que asesinaron mientras los acompañaba el miedo. Toda bajeza queda sepultada por el brillo de una medalla al valor. Así funciona este mundo. Ya es tiempo que construyamos otro. Esa es la inquietud que nos deja Jarl incrustada en el alma. Aunque no nos dice como hacerlo.
Estoy inclinado a pensar que el Panamá del siglo pasado no estaba listo para acoger los versos de Babot. La Guerra Fría y la lucha por la soberanía en la zona del canal no lo facilitaban. En este siglo XXI, la humanidad sigue con la perniciosa costumbre de lanzar a los hombres contra otros hombres, pero a diferencia del siglo XX, hoy las fronteras no están bien definidas; ya no es tan fácil hacer la división entre revolucionarios y  contrarrevolucionarios. Me parece que hoy se puede criticar al gobierno estadounidense sin ser catalogado de comunista y lo mismo se puede hacer con el gobierno actual de Venezuela, sin ser tachado de fascista. Pienso que ya no hay temas obligatorios en la literatura panameña.
En esta globalizada centuria, la última trinchera es el individuo. Y es a él a quien Jarl Ricardo Babot dedica sus versos. A la universalidad del prójimo, ese que pese al frío, aún es capaz de amar, de gozar con el aroma de una sopa de coles y de la cerveza compartida con los amigos. Entre amigos el pescado seco es sobradamente tierno. Babot dedica sus versos a sujetos como el estudiante que corre a encontrarse con la amada debajo de una sola sábana, que señala a los privilegiados de un sistema político que se ufanaba de no tenerlos y que se atreve a ser un loco creativo, aún en medio de la asfixia. Me parece que esa es la misión de los poetas en este desutopizado siglo: defender la locura que construye y es creativa.
“Tuve un cuarto pequeño.
Yo no sé de medidas, pero era tan pequeño que apenas cabíamos los dos;
Y algunos versos de Blok, de Esenin, de Pasternak. Hicimos espacio para Repin.
A Dostoievski le asignamos la ventana: él sabe de frío y vicisitudes. (No le permitimos, eso sí, ni cartas ni dados).
Chejov pidió un lugar bajo la cama.
Pero Chejov no era un hombre solo: tenía hermanos, tíos, un amigo (médico y borracho) que insistía meter en el cuarto todo el bosque por el soñado…
Chejov fue nuestro gran problema.
Le dimos espacio, ciertamente, pero tuvimos que mudarnos.”

domingo, 7 de mayo de 2017

¿Y POR QUÉ NO?

“Nuestra época es la de la identidad reencontrada, la de la diferencia reconocida, la de la diferencia mutuamente consentida y, por consentida, superable en complementariedad, lo cual hace posible, espero, una solidaridad y una fraternidad nuevas.”
Aimé Césaire      
Me parece que es inútil preguntarse por qué un niño de 12 años puede llegar a preferir unirse a una pandilla que seguir sus estudios escolares. ¿Y por qué no ha de hacerlo? La pandilla le da sentido de pertenencia, poder, dinero, respeto. ¿Qué le ofrece la escuela? ¿La obligación de respetar a unos adultos que hacen muy poco para ganarse el respeto que dicen merecer?
Los cristianos lo amenazan con el infierno y le prometen el cielo, pero ¿y qué le ofrecen para esta vida terrenal? Lo que puedo observar es que por lo menos le permiten ser parte de una comunidad estructurada por reglas bastante claras y simples. Reglas que, en la práctica, lo alejan de los peligros de la calle. Empero, ¿será suficiente?
Nosotros los intelectuales, los que en la televisión nos abrogamos el derecho de hablar de él como fenómeno antropológico y no como lo que es: un niño. Y hablamos así porque estamos tan cerca de él como lo está el sistema estelar Alfa Centauro. Sí, nosotros, ¿qué le ofrecemos? ¿Un mal solapado temor a que otro criminal atente contra nuestra muy cómoda comodidad?

Cuando fui adolescente pertenecí a tres tipos de agrupaciones juveniles: una tropa de muchachos exploradores, un club de karate y un grupo juvenil católico. Esas fueron mis tres pandillas. En sus filas me sentí aceptado, útil y merecedor de respeto y prestigio. Aprendí a no sólo pensar en mí, sino también en los demás. Gracias a esas hermandades, hoy soy un docente feliz de serlo. En las tres me topé con adultos generosos. ¿Con cuántos adultos generosos se topará ese niño de 12 años tentado por el crimen organizado?

domingo, 19 de marzo de 2017

¿ENSEÑAR O FACILITAR?

“Educar es motivar a auto-educarse.”
Anónimo
Hace unos años, Miriam Garay me mostró un cartel con las palabras que me sirven de epígrafe. Ese gesto fue valioso, pues me dio las palabras para comprender algo que mi intuición me venía diciendo hacia cierto tiempo: quien no busque aprender, no aprenderá.
Hace apenas unos días, Roberto Fajardo me hizo otro valioso regalo, me dijo: no se trata de enseñar, sino de crear las condiciones para que las personas descubran el conocimiento. ¿Cómo se crearán esas condiciones: con computadoras o usando de forma diferente la mente?
Casi todo se puede hallar en Internet, nunca antes habíamos tenido tanta información disponible y sin embargo, capacidades como el pensamiento crítico, la valoración estética y la formulación de juicios éticos son especies en extinción. ¿Por qué?
Simple, llegó la tecnología para todos, pero no el cambio de paradigma. Viviendo en los tiempos de la memoria externa, la escuela insiste en la memorización de definiciones que luego de la prueba escrita, dejan de tener significado y rápidamente son olvidadas.
Después del regalo de Miriam he ido poco a poco cambiando: de ser el que enseña en el aula a ser un motivador en ella. ¡Con todo y mi porte de sargento de infantería! Al cambiar de rol me di cuenta de las muchas dificultades que confabulan contra la autodidáctica. Y lo digo por los múltiples embrollos que tuve que resolver en mi propio cerebro. Aún me quedan algunos por solucionar. Pero con cada nudo suelto, siento que soy mejor en mi trabajo.
Saqué de mi cabeza la idea de que los educandos son baldes que yo tengo que llenar. Al liberarme de ese engreimiento, mi mente creció y entendí que de eso se trata este negocio llamado educación: de que crezcan las mentes de los estudiantes. Y eso es lo que importa, ¿no?

domingo, 12 de marzo de 2017

PARA SALVAR AL SIGLO 21

“Nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos.”
Jean Paul Sartre
Por alguna extraña razón hay quienes insisten en pensar que el siglo 21 es la nueva centuria de las luces. Pues serán los destellos luminosos de las ráfagas de metralla y de las bombas, porque eso es lo que ha abundado en estos últimos 3 lustros. Años en los cuales el mundo occidental está cosechando lo que sembró, en general, a lo largo de su historia, y en particular, en el pasado siglo 20.
Un par de ejemplos. El nueve de septiembre de 2001 ocurrió el más grande acto terrorista consumado en territorio estadounidense y tal acción fue la excusa para las subsiguientes guerras en oriente medio. Alkaeda, grupo extremista responsable del derrumbe de las Torres Gemelas, fue armado y entrenado por los Estados Unidos para enfrentar a las tropas soviéticas invasoras en Afganistán. Cosa parecida ocurrió con Sadam Hussein quien fue utilizado para hacerle la guerra a los ayatolas iraníes. Los grupos terroristas y los dictadores sangrientos son creados y depuestos de acuerdo a los intereses del capital. Las guerras no van a acabar porque son un gran negocio.
La actual bomba migratoria de africanos a tierra europea, es producto de la pobreza generada por las constantes guerras intestinas, guerras que al final benefician a los grandes consorcios que terminan por apropiarse de los múltiples y ricos recursos de África. La migración no va a acabar porque la desesperación africana crece y crece.
Hay otros ejemplos que en lo personal me dan malas señales con respecto a lo que esta por venir en este siglo. ¿Estaré equivocado al afirmar que esta es la centuria donde seguiremos cosechando las desgracias sembradas por el capitalismo?

domingo, 5 de marzo de 2017

FILOSOFÍA DE UN INFANTE

"El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos."
Marcel Proust
Hay gente mala como los triángulos que puyan o buena como los círculos que acarician. Esa era mi filosofía cuando tenía siete años. Ahora de adulto me preocupan más los cuadrados. Son formales, caminan con parsimonia y no se visten, se invisten. Y tienen, en lugar de tres, cuatro ángulos con los cuales herir a sus prójimos.
Ahora de adulto sé que existen los sofisticados polígonos, quienes en nombre de la belleza y la verdad, también en nombre de la justicia, hieren con sus múltiples ángulos a quienes estén cerca de ellos. Para ellos, los polígonos, en general, el fin justifica los medios y en particular, sus fines justifican sus medios.
Ahora de adulto he entendido que no sólo existen los círculos, también las esferas, que por donde se les mire son amables y cariñosos. Gracias a las esferas hay vida, amistad, amor. Se me ocurre que, de repente, por eso la Tierra es una esfera.
¿Habrá momentos en que es necesario afilar los ángulos? ¿Otros donde se deban ocultar? Imagino que sí. Pero no me refiero a situaciones específicas, sino a actitudes permanentes.
Lo más sano, para todos, es alejarse de los triángulos y, sobre todo, desdeñar el deseo, torpe por cierto, de querer ser aceptado por ellos. Lo único que se gana con ello es ser herido y aprender a herir. ¡Qué dinámica más estúpida!
Necesitamos abandonar el equipo de los polígonos y comenzar a danzar con las amables y cariñosas esferas. ¿Será difícil ese baile? No si somos simpáticos y cordiales, muy difícil si somos groseros e insensibles.