domingo, 16 de marzo de 2014

LA VIDA ES UNA DECISIÓN

“No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu falta se sienta.”
Bob Marley                                     
La vida es un permanente decidir. ¿Qué hago? ¿Qué no hago? Con el tiempo se aprende  que a veces hay que demorar la decisión y a veces hay que acelerarla; pero siempre, al final, hay que tomarla. ¿Qué hago? ¿Qué no hago?
¿Estoy complicándome? Bueno, tal vez un ejemplo sirva para descomplicarme. Cuando un trabajador enfrenta la jubilación debe tomar una decisión; puede o aferrarse y negar el cambio de vida o transformarse y marcharse a un nuevo estadio.
El personaje del ejemplo puede buscar consejo de los expertos y luego tomar su decisión, o puede permitir que sea otro quien directamente decida por él, o puede dejarse arrastrar por las circunstancias. Como sea, habrá tomado una decisión. Decidir no decidir, es decidir.
Las decisiones atemorizan. No puedo culpar a nadie de mi decisión. Las decisiones, al final, son tomadas en solitario. Y eso no es tan terrible. En la soledad se es libre para expresarse y encontrar significados, para inspeccionar el mundo y reconstruirlo. Quien comprenda que la soledad es el costo de la libertad, podrá tomar decisiones mucho más acertadas.
Quien decide acertadamente, en gran parte lo puede hacer porque no se deja abrumar y quien no se deja abrumar por el otro sabe que no debe abrumar al otro. Y ese es el meollo del asunto. Puedo tener toda la información y recursos necesarios, pero si me falta la valentía para tomar una decisión distinta a la opinión del otro, no podré tomar una decisión acertada. Sino defiendo mi libertad, no creo que podré respetar la libertad del otro. Lo más probable es que me dedique a esperar mi oportunidad para someter al otro. 
Aquel que respete la libertad del otro, ese será llamado amigo, ese siempre será extrañado.
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