domingo, 14 de mayo de 2017

JARL RICARDO BABOT O EL POETA QUE DIALOGA DESDE LA CALLE GORKI

“Leonid está bastante grueso
Y lee todo el día números muy viejos de Pravda
Y cree que Stalin vive.
Su esposa prepara compota,
Alejada de las dificultades de las largas filas
Porque nunca sale.
Algunos amigos, cada  vez  más pocos,
Vienen a visitarlos cuando el tiempo exterioriza alguna bondad.”
Permítanme iniciar mi disertación con una anécdota. En 1985, en la Universidad de Panamá, me topé con una puerta pintada de negro que tenía una tablilla con el escueto título de Teatro Taller. La curiosidad me conquistó. Toqué sin muchas ganas de que abrieran, pero abrieron. Quien me atendió me preguntó que deseaba. Le contesté lo primero que se me ocurrió; quiero aprender teatro. El hombre me dijo que no había ningún problema, pero que regresase al día siguiente. Regresé dos años más tarde, en 1987, volví a tocar la misma puerta, me volvió a abrir el mismo señor y antes de que pudiese decir palabra alguna, él me dijo: Pase, lo estábamos esperando. Quien así me habló fue Jarl Ricardo Babot, el poeta de quien hoy quiero conversarles. Nunca tuve la necesidad de comprobar si en verdad Jarl me recordó, sólo me dejé arrastrar por la magia del encuentro. Así también fue con su teatro y su poesía.
Gracias por permitirme esta digresión, aunque quizás no lo sea, tal vez, precisamente, el encuentro es el meollo de la obra de Babot. Pero en un mundo de desencuentros, ¿qué valor pudieran tener los versos de Ricardo?
La literatura del siglo XX en Panamá estuvo, en gran parte, signada por el cumplimiento de la consigna: un solo territorio, una sola bandera. Babot fue una excepción. El grueso de su obra, pese a su pensamiento personal, no es registro de dicho tema. Por lo menos, no de forma evidente. Más bien trata sobre las angustias diarias y las alegrías efímeras de sujetos callejeros e inconspicuos. Sujetos que se encuentran amablemente con otros sujetos y que comparten con ellos las cosas simples y sencillas de la vida. No grandes héroes, no grandes épicas.
Para este diálogo escogí el libro Poemas de la calle Gorki, un poemario donde el hablante lírico es un estudiante extranjero de teatro en Moscú. Allí ese muchacho nos platica de sus amores, o más bien de su amor; de sus vicisitudes con el invierno, de cosas tan escuetas como ir al cine y no tener la necesidad de entender el idioma ruso, de lo poco que duraba el dinero de la beca, de la cerveza y el pescado seco compartido con los amigos. De las papas y las coles.
Dicha temática fue calificada de prosaica por algunos literatos panameños de la época. Quizás, dichos inquisidores, desconocían que la literatura rusa de los tiempos en que fue escrito este poemario (1967), sufría un drástico deshielo luego de la muerte de Stalin y de la Primavera de Praga. Tal vez no supieron de la perenne sed de humanidad de Yevtushenko, Voznesenski, Rozhdéstvenski y Ajmadúlina. Sólo así se explica su decisión de aferrarse a la dogmática preceptiva del índex soviético y que prefirieran ignorar a Babot.
Para esos escritores sería chocante escuchar que el libro Poemas de la calle Gorki es eminentemente social. Este libro realiza una abierta crítica al desvencijado régimen soviético. Tal acusación la hace Jarl Ricardo Babot por ser un devoto enamorado de la vida. Tanto la ama, que le duele verla asfixiada por un sistema que, en nombre de las buenas intenciones, termina empedrando el camino al  infierno. Desde la calle Gorki, Jarl nos pinta con palabras su profundo humanismo. Eso es revolucionario. Él no habla del glorioso primero de mayo, el habla del orgullo que siente el trabajador al contemplar su obra terminada.
Babot, por boca de su hablante lírico, el joven extranjero que estudia teatro en Moscú, nos llama a prestar atención al óxido que deslustra las botas, no las botas de los soldados que marchan en la calle Gorki, sino las de aquellos que desfilan en los pasillos del Kremlin. De aquellos que engruesan sus cuerpos sin hacer largas filas, de los privilegiados indultados del crimen de darle las espaldas al presente. Las botas oxidadas de hombres iguales a todos los hombres, que sienten el frío como todos los hombres y cuyo morbo espera que sea revelado un secreto, cualquiera, cualquier secreto. Hombres incapaces de buscar la claridad.
Una nota la margen. Entre el final de los años 50 e inicio de la década de los 60, dos líderes mundiales dieron pasos necesarios para renovar sus respectivas instituciones. Nikita Jrushchov y Juan XXIII. El Vaticano sigue siendo un poder mundial, la URSS ya no existe.
En los tiempos de la Guerra Fría: ¿La poesía sólo podía denunciar al capitalismo? ¿Era imposible comprometerse con las almas hartas de ver desfilar a los soldados, mientras que en sus despensas solo había pescado seco y un par de papas? ¿Cómo evitar que estallen los versos cuando la esposa del coronel se pasea, en las fiestas, forrada con finas pieles mientras la mujer obrera únicamente se puede abrigar con una vieja sábana?
Uno de los grandes errores de los utópicos es que creen que todo el mundo debe estar de acuerdo con ellos. A los totalitarios les desagrada la disidencia. Y más cuando toca sus íconos. El estudiante de teatro que vive en la calle Gorki afirma que tal vez Lenin era un poeta y soñador, cuyo corazón estalló al saber lo que venía después del triunfo de octubre del 17.
“En su eterna lucha contra los botones del abrigo el invierno ruso,
Finalmente,
se hizo mi gran amigo…”
No sé para ustedes, pero para mí el infierno es frío. No hay pailas con aceite hirviente, sino muros infranqueables de hielo. Nada me es tan tormentoso como esa sensación del calor abandonando mi cuerpo, que se marcha hipnotizado por los susurros de la helada. Entristezco al escuchar a la tibieza despedirse. El frío es una experiencia existencial. Nadie puede sufrir el frío por mí y menos cuando el aire escarchado acaricia mis pulmones. Aún bien arropado, él me asecha, espera un descuido de mi abrigo para darme su cruel abrazo. A veces se aleja un poco, sólo para que yo me confíe y me pueda sorprender con una nueva arremetida.
Sin embargo, aquel estudiante extranjero y vecino de la calle Gorki se entregó al invierno, al invierno ruso, el que venció a Napoleón y a Hitler; ese muchacho se rindió al frío y con serenidad esperó la primavera. ¿Qué clase de heroísmo es este? Es la valentía que nunca recibirá una medalla. Aunque, pensándolo bien, si ha de recibirla. En la calle la nieve es un reto, pero en la casa, en la casa es otra cosa, más en la cama, más en la cama cómplice; allí es una invitación a que dos cuerpos, en danza con Eros, ignoren al frío y compartan los sudores, la saliva, los fluidos.
Otra digresión. En tiempos del Proceso Revolucionario Panameño, llegué a ver a varios de sus acólitos aprovechar la menor llovizna para encaletarse gruesos gorros de lana similares a los que usaban los miembros del politburó soviético. Hasta entrecerraban los ojos, tal y como si estuviesen en medio de una ventisca. Por suerte, nunca tuve que oler ninguno de esos gorros.
 “Los domingos veraniegos de Moscú, son como un viejo que lava sus ropas. Solo…
El agua se derrama sin molestias y sin rabias.
Es muy viejo el viejo.
Su mujer murió cuando la Guerra Patria
Y desde entonces está solo.
El viejo lava sus ropas; el agua se derrama.
El verano insiste en alargarse, Como la bufanda tejida en el año 44.”
En la calle Gorki siempre desfilan los soldados; pero el estudiante extranjero, nuestro hablante lírico, no los observa, sus ojos tienen otras prioridades. Pienso que este poemario es una excusa para que, a pesar del pan de centeno viejo, ese estudiante extranjero le de su lugar, su justo y correcto lugar, al amor. ¿Y cuál es ese lugar? En la cama y debajo de una sola sábana para así evitar las maldiciones.
El hablante lírico, ese estudiante extranjero, ese que se parece tanto a Babot, nos habla del amor entre los jóvenes, de su amor, apasionado y siempre en celebración; pero también de la soledad del amor anciano y viudo, de como ella, la soledad, insiste en revivir la pasión y la celebración, cada vez que se lava una bufanda con abundante agua y sin la presencia del invierno.
Nótese que los versos no evocan la aplastante victoria de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre la Alemania Nazi, ni resalta el valor del pueblo ruso que enfrentó y finalmente se impuso sobre las muy homicidas SS. No. Esos versos evocan la soledad que trae consigo el amor que ya no está, pero que perdura en una bufanda tejida, ¿por la mujer amada?, casi al final de la guerra, cuando la esperanza comenzaba a volver a dar unos pequeños pasos.
El amor, el de los jóvenes o el del anciano viudo, es una fiesta. Canta y bebe vino o vodka, y aunque el pescado servido en la mesa este más que seco, en la boca compartida de los amantes, es tierno como melaza. No hay espacio para robos y mentiras, sí para la tibieza.
Por la calle Gorki desfilan soldados, sí, pero ellos no son los protagonistas. ¿Y quiénes lo son? Los amantes. Pero enamorarse en tan míseras condiciones, ¿no es enajenarse? Afirmar que el amor es el eterno liberador, ¿no es un alegato trillado y cursi? Cuando el mundo que nos rodea es una mentira que nos flagela, amar es lo más real que podemos hacer.
“Y no lloré por las estrellas lejanas.
Lloré por ser un hombre de este planeta, asesino de su hermano.”
No, no, ese muchacho no es un enajenado. Pese al amor y a la pasión compartida con la persona amada, ese estudiante de teatro se sabe cómplice de las atrocidades de nuestra muy civilizada civilización. Sabe que él también sería capaz de, en nombre de la más justa de las causas justas, cometer horrores, horrores que luego él, sí, él mismo, disculparía afirmando que se trataba de errores ingenuos característicos de la impetuosa juventud.
También está conciente de que nuestras repisas están llenas de retratos de héroes. Hombres que asesinaron mientras los acompañaba el miedo. Toda bajeza queda sepultada por el brillo de una medalla al valor. Así funciona este mundo. Ya es tiempo que construyamos otro. Esa es la inquietud que nos deja Jarl incrustada en el alma. Aunque no nos dice como hacerlo.
Estoy inclinado a pensar que el Panamá del siglo pasado no estaba listo para acoger los versos de Babot. La Guerra Fría y la lucha por la soberanía en la zona del canal no lo facilitaban. En este siglo XXI, la humanidad sigue con la perniciosa costumbre de lanzar a los hombres contra otros hombres, pero a diferencia del siglo XX, hoy las fronteras no están bien definidas; ya no es tan fácil hacer la división entre revolucionarios y  contrarrevolucionarios. Me parece que hoy se puede criticar al gobierno estadounidense sin ser catalogado de comunista y lo mismo se puede hacer con el gobierno actual de Venezuela, sin ser tachado de fascista. Pienso que ya no hay temas obligatorios en la literatura panameña.
En esta globalizada centuria, la última trinchera es el individuo. Y es a él a quien Jarl Ricardo Babot dedica sus versos. A la universalidad del prójimo, ese que pese al frío, aún es capaz de amar, de gozar con el aroma de una sopa de coles y de la cerveza compartida con los amigos. Entre amigos el pescado seco es sobradamente tierno. Babot dedica sus versos a sujetos como el estudiante que corre a encontrarse con la amada debajo de una sola sábana, que señala a los privilegiados de un sistema político que se ufanaba de no tenerlos y que se atreve a ser un loco creativo, aún en medio de la asfixia. Me parece que esa es la misión de los poetas en este desutopizado siglo: defender la locura que construye y es creativa.
“Tuve un cuarto pequeño.
Yo no sé de medidas, pero era tan pequeño que apenas cabíamos los dos;
Y algunos versos de Blok, de Esenin, de Pasternak. Hicimos espacio para Repin.
A Dostoievski le asignamos la ventana: él sabe de frío y vicisitudes. (No le permitimos, eso sí, ni cartas ni dados).
Chejov pidió un lugar bajo la cama.
Pero Chejov no era un hombre solo: tenía hermanos, tíos, un amigo (médico y borracho) que insistía meter en el cuarto todo el bosque por el soñado…
Chejov fue nuestro gran problema.
Le dimos espacio, ciertamente, pero tuvimos que mudarnos.”

domingo, 7 de mayo de 2017

¿Y POR QUÉ NO?

“Nuestra época es la de la identidad reencontrada, la de la diferencia reconocida, la de la diferencia mutuamente consentida y, por consentida, superable en complementariedad, lo cual hace posible, espero, una solidaridad y una fraternidad nuevas.”
Aimé Césaire      
Me parece que es inútil preguntarse por qué un niño de 12 años puede llegar a preferir unirse a una pandilla que seguir sus estudios escolares. ¿Y por qué no ha de hacerlo? La pandilla le da sentido de pertenencia, poder, dinero, respeto. ¿Qué le ofrece la escuela? ¿La obligación de respetar a unos adultos que hacen muy poco para ganarse el respeto que dicen merecer?
Los cristianos lo amenazan con el infierno y le prometen el cielo, pero ¿y qué le ofrecen para esta vida terrenal? Lo que puedo observar es que por lo menos le permiten ser parte de una comunidad estructurada por reglas bastante claras y simples. Reglas que, en la práctica, lo alejan de los peligros de la calle. Empero, ¿será suficiente?
Nosotros los intelectuales, los que en la televisión nos abrogamos el derecho de hablar de él como fenómeno antropológico y no como lo que es: un niño. Y hablamos así porque estamos tan cerca de él como lo está el sistema estelar Alfa Centauro. Sí, nosotros, ¿qué le ofrecemos? ¿Un mal solapado temor a que otro criminal atente contra nuestra muy cómoda comodidad?

Cuando fui adolescente pertenecí a tres tipos de agrupaciones juveniles: una tropa de muchachos exploradores, un club de karate y un grupo juvenil católico. Esas fueron mis tres pandillas. En sus filas me sentí aceptado, útil y merecedor de respeto y prestigio. Aprendí a no sólo pensar en mí, sino también en los demás. Gracias a esas hermandades, hoy soy un docente feliz de serlo. En las tres me topé con adultos generosos. ¿Con cuántos adultos generosos se topará ese niño de 12 años tentado por el crimen organizado?

domingo, 19 de marzo de 2017

¿ENSEÑAR O FACILITAR?

“Educar es motivar a auto-educarse.”
Anónimo
Hace unos años, Miriam Garay me mostró un cartel con las palabras que me sirven de epígrafe. Ese gesto fue valioso, pues me dio las palabras para comprender algo que mi intuición me venía diciendo hacia cierto tiempo: quien no busque aprender, no aprenderá.
Hace apenas unos días, Roberto Fajardo me hizo otro valioso regalo, me dijo: no se trata de enseñar, sino de crear las condiciones para que las personas descubran el conocimiento. ¿Cómo se crearán esas condiciones: con computadoras o usando de forma diferente la mente?
Casi todo se puede hallar en Internet, nunca antes habíamos tenido tanta información disponible y sin embargo, capacidades como el pensamiento crítico, la valoración estética y la formulación de juicios éticos son especies en extinción. ¿Por qué?
Simple, llegó la tecnología para todos, pero no el cambio de paradigma. Viviendo en los tiempos de la memoria externa, la escuela insiste en la memorización de definiciones que luego de la prueba escrita, dejan de tener significado y rápidamente son olvidadas.
Después del regalo de Miriam he ido poco a poco cambiando: de ser el que enseña en el aula a ser un motivador en ella. ¡Con todo y mi porte de sargento de infantería! Al cambiar de rol me di cuenta de las muchas dificultades que confabulan contra la autodidáctica. Y lo digo por los múltiples embrollos que tuve que resolver en mi propio cerebro. Aún me quedan algunos por solucionar. Pero con cada nudo suelto, siento que soy mejor en mi trabajo.
Saqué de mi cabeza la idea de que los educandos son baldes que yo tengo que llenar. Al liberarme de ese engreimiento, mi mente creció y entendí que de eso se trata este negocio llamado educación: de que crezcan las mentes de los estudiantes. Y eso es lo que importa, ¿no?

domingo, 12 de marzo de 2017

PARA SALVAR AL SIGLO 21

“Nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos.”
Jean Paul Sartre
Por alguna extraña razón hay quienes insisten en pensar que el siglo 21 es la nueva centuria de las luces. Pues serán los destellos luminosos de las ráfagas de metralla y de las bombas, porque eso es lo que ha abundado en estos últimos 3 lustros. Años en los cuales el mundo occidental está cosechando lo que sembró, en general, a lo largo de su historia, y en particular, en el pasado siglo 20.
Un par de ejemplos. El nueve de septiembre de 2001 ocurrió el más grande acto terrorista consumado en territorio estadounidense y tal acción fue la excusa para las subsiguientes guerras en oriente medio. Alkaeda, grupo extremista responsable del derrumbe de las Torres Gemelas, fue armado y entrenado por los Estados Unidos para enfrentar a las tropas soviéticas invasoras en Afganistán. Cosa parecida ocurrió con Sadam Hussein quien fue utilizado para hacerle la guerra a los ayatolas iraníes. Los grupos terroristas y los dictadores sangrientos son creados y depuestos de acuerdo a los intereses del capital. Las guerras no van a acabar porque son un gran negocio.
La actual bomba migratoria de africanos a tierra europea, es producto de la pobreza generada por las constantes guerras intestinas, guerras que al final benefician a los grandes consorcios que terminan por apropiarse de los múltiples y ricos recursos de África. La migración no va a acabar porque la desesperación africana crece y crece.
Hay otros ejemplos que en lo personal me dan malas señales con respecto a lo que esta por venir en este siglo. ¿Estaré equivocado al afirmar que esta es la centuria donde seguiremos cosechando las desgracias sembradas por el capitalismo?

domingo, 5 de marzo de 2017

FILOSOFÍA DE UN INFANTE

"El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos."
Marcel Proust
Hay gente mala como los triángulos que puyan o buena como los círculos que acarician. Esa era mi filosofía cuando tenía siete años. Ahora de adulto me preocupan más los cuadrados. Son formales, caminan con parsimonia y no se visten, se invisten. Y tienen, en lugar de tres, cuatro ángulos con los cuales herir a sus prójimos.
Ahora de adulto sé que existen los sofisticados polígonos, quienes en nombre de la belleza y la verdad, también en nombre de la justicia, hieren con sus múltiples ángulos a quienes estén cerca de ellos. Para ellos, los polígonos, en general, el fin justifica los medios y en particular, sus fines justifican sus medios.
Ahora de adulto he entendido que no sólo existen los círculos, también las esferas, que por donde se les mire son amables y cariñosos. Gracias a las esferas hay vida, amistad, amor. Se me ocurre que, de repente, por eso la Tierra es una esfera.
¿Habrá momentos en que es necesario afilar los ángulos? ¿Otros donde se deban ocultar? Imagino que sí. Pero no me refiero a situaciones específicas, sino a actitudes permanentes.
Lo más sano, para todos, es alejarse de los triángulos y, sobre todo, desdeñar el deseo, torpe por cierto, de querer ser aceptado por ellos. Lo único que se gana con ello es ser herido y aprender a herir. ¡Qué dinámica más estúpida!
Necesitamos abandonar el equipo de los polígonos y comenzar a danzar con las amables y cariñosas esferas. ¿Será difícil ese baile? No si somos simpáticos y cordiales, muy difícil si somos groseros e insensibles.

domingo, 18 de diciembre de 2016

UN CÓCTEL MORTAL

“La decadencia, sea en una sociedad más amplia o en otras instancias como en la familia, en el trabajo, empieza cuando el imperativo ético de una acción es sustituido por la acomodación y por la espera desalentada. ¡Es el abatimiento como hábito!”
Mário Sergio Cortella
                                                                      
Se dice que la pobreza obliga a convertirse en delincuente, entonces, la riqueza debería orillar a la vida virtuosa, pero ¿por qué entonces un millonario, al llegar a un alto puesto público, desfalca las arcas del estado?
La pobreza es caldo de cultivo para toda clase de problemas sociales, pero en lo que respecta al crimen, no es el único factor en juego, porque de serlo, todos los pobres serían delincuentes y esa conclusión es una falacia que discrimina y sostiene la injusticia entre nosotros.
Los pobres no sólo son pobres, son empobrecidos. Económicamente empobrecidos, con sistemas de educación y salud empobrecidos y, lo peor de lo peor, con horizontes empobrecidos.
¿Por qué alguien se convierte en delincuente? Inicialmente, puede ser porque no ve otra forma de obtener recursos. Luego de delinquir concluye que es absurdo dejar de hacerlo. ¿Cuándo en una vida lícita podría gozar de los beneficios que brinda el crimen?
Las religiones, con la amenaza del infierno, llenan de miedo a algunos futuros posibles delincuentes. La mayoría, simplemente, no quieren morir asesinados o terminar sus días en la cárcel. Pero parece que no es suficiente.
¿Habrá una forma sin traumas de prevenir que los niños se conviertan en delincuentes? ¿Cómo evitamos que su panorama se oscurezca? ¿Cómo evitamos que se los oscurezcan? Quizás entendiendo que la pobreza no tiene nada de virtuosa y que pensar que no podemos vencerla a ella, a la pobreza, es la derrota. ¡Y los derrotados viven oscurecidos, todos los días!

domingo, 11 de diciembre de 2016

DIALOGANDO CON ALBERT EINSTEIN

“El crecimiento intelectual debe comenzar desde el nacimiento y detenerse solo hasta la muerte.”
Albert Einstein
Parece mentira, pero algo tan obvio no siempre es bien entendido. Dejar de crecer intelectualmente es dejar de alimentar la mente y sentimientos, los responsables del bienestar.
“Nunca hagas algo contra tu conciencia incluso si la situación lo demanda.”
No hay peor guerra que lo que uno emprende contra uno mismo. ¿Cómo dormir en paz si compartimos el mismo pijama con el enemigo? Habrá quien, por un supuesto asenso en su status social, este dispuesto a lo que sea; esa es su decisión, pero todo tiene un costo, nada es gratis. ¿Cuánto vale tu paz?
”El amor es un mejor profesor que el deber.”
Siempre, toda mi vida, he tenido dificultades con la palabra deber. He conocido a demasiados amargados que, en nombre del cumplimiento del deber, procuran amargarle la vida a sus prójimos. Sin embargo, he sido testigo de como los amorosos cumplen su misión y reparten la alegría que sienten al cumplirla.
”Si no puedes explicarlo de forma simple, no lo entiendes lo suficientemente bien.”

Los charlatanes tienden a ser grandilocuentes, a adornar sus discursos con palabras técnicas cuyos significados, por lo general, desconocen sus interlocutores, pero si alguno de sus oyentes conoce tales significados, se dará fácilmente cuenta que todo se trata de verborrea inconexa  e inútil. ¡Gracias Albertito!

domingo, 27 de noviembre de 2016

LA HERMANA ESTHER

“Un gramo de acción vale más que una tonelada de teoría.”
Friedrich Engels
El recuerdo más intenso que tengo de mi tía Esther es de mi infancia, cuando una noche  subimos juntos a la rueda de la fortuna. Ella reía y reía. Y yo la escuchaba sin darme cuenta de mi miedo a las alturas. ¡Ah! También me acuerdo del famoso chis, su grito de guerra con el cual lograba dibujarnos una sonrisa cada vez que posábamos frente a una cámara para la foto de rigor.
Esther, mi tía, la hermana de tantos, se marchó, ya no gozamos de su compañía, pero nos dejó sus enseñanzas. Hay dos de sus lecciones que me son muy especiales. La primera de ellas fue el compromiso que asumía en cada una de sus empresas. Y tenía una increíble capacidad de lograr que otros se involucraran en sus proyectos. Así fue en el teatro, como actriz y directora; en la catequesis, en sus misiones. Pero sobre todo, en su solidaridad con todo necesitado o humilde que Dios pusiese en su camino. Esther siempre fue desprendida, nunca se ató a lo material.
La segunda lección fue su pacto sin condiciones con la libertad. Con su absoluta libertad. Hoy estaba aquí, mañana allá. Para quien no ame el ser libre como ella amaba serlo, ese ir y venir podría ser algo desconcertante, pero para Esther fue fundamental, no negociable. Defendía su libertad con toda su fuerza de voluntad y esa voluntad, permítanme decirlo, sí que era fuerte.
Esther, la hermana de todos, fue mujer de convicciones que no eran teoría, sino vida; muchos así lo pueden atestiguar. Hoy ya no está entre nosotros, pero sus enseñanzas sí lo están y lo van a estar por mucho tiempo. Sé que su ejemplo dará muchos frutos, o mejor dicho, ya está dando muchos frutos. Me es fácil imaginar a las mujeres y a los hombres que la conocieron realizando misiones personales, ese es el legado de Esther. Legado que no se va a perder.

domingo, 20 de noviembre de 2016

DEBATIR PARA CRECER

“La clave es conocer las premisas, deducir a través de las inferencias adecuadas, hilar la relación entre las causas y las consecuencias, fomentar el debate y contrastar diversas fuentes de información.”
Alfonso López Borgoñoz
No tengo interés en demostrar que Dios existe, tampoco en probar que no existe. Mucho menos me interesa probar que esta o aquella política, que esta o aquella economía, que esta o aquella ideología son las correctas para regir la vida mundial. No me interesa convencer a nadie de mis creencias, mis creencias no duran mucho. Prefiero conocer algo que creer en ese algo.
Prefiero vivir experiencias, reflexionarlas, encontrarles significados y así darle  utilidad a mis pensamientos y sentimientos. Prefiero aprender algo que creer en ese algo.
Me interesa conocer el mundo real, el que efectivamente existe, el explicado por las evidencias. Y esas evidencias las descubro al estudiar los fenómenos del mundo, sus causas y consecuencias. No descarto nada a priori. ¡Nada! Si alguien me dice que habló con Dios esta mañana, ni lo acepto ni lo rechazo, no tengo pruebas para poder emitir un juicio; eso sí, se me van a ocurrir muchas preguntas y las voy a hacer. Si otro me dice que su computadora portátil se dañó gracias a los celos que le despertó la compra de un teléfono inteligente, lo rechazo porque la evidencia indica que las computadoras que están hoy en el mercado no sufren por las pasiones. Si alguien más me dice que tiene el hígado dañado por tomar mucho licor, lo acepto porque los informes médicos ya comprobaron la relación entre las bebidas alcohólicas y las enfermedades hepáticas. Acepto o rechazo algo en base a la evidencia disponible.
La interpretación de las evidencias depende del criterio del sujeto que las interprete. Eso  abre la puerta al debate. Me cautiva debatir, derrotar al otro, no lo niego, pero más me gusta ganar nuevos conocimientos. Prefiero debatir sobre algo que creer en ese algo.
Mi fascinación se sostiene con el significado que doy al debate. Debatir es un deporte del intelecto que equiparo al karate, sólo que en lugar de patadas y puñetazos, esgrimo técnicas del pensamiento y el lenguaje. Mis técnicas preferidas son: exponer los hechos, construir silogismos, también metáforas y mi favorita, hacer y rehacer preguntas. Hay una técnica que es superior a estas cuatro juntas y es escuchar. Al escuchar algo, no me siento obligado a creer en ese algo.
En el debate hay que ser coherente y no dar argumentos opacos. Apliqué este concepto en  mi vida personal y comencé a transformarme en una persona transparente, pero debo vigilar que entre mis motivos, pensamientos, sentimientos, discursos y acciones exista una interconexión y no una contradicción. Para lograrlo debo debatir contra mi propio ser. Me hago preguntas del tenor siguiente: ¿Hay alguna evidencia que justifique esto que estoy diciendo?
Debatir para crecer y hacérsela difícil a las pasiones, fantasías y traumas que opacan nuestro entender. El debate contra uno mismo es para medir nuestro crecimiento. Si hoy tengo un debate sobre un tema X y dentro de diez años vuelvo a tener el mismo debate y esgrimo los mismos argumentos, no sólo perdí diez años de mi vida (pues no crecí), sino que lo más probable es que tuve que usar contra mí mismo la fuerza del dogmatismo para evitarme cambiar.
Debatimos para evolucionar con la cambiante realidad que nos circunda. Descubrirla a ella, a la realidad, descubrirnos en ella y, finalmente, descubrirnos a nosotros mismos. ¿Acaso eso no es el verdadero éxito?

domingo, 6 de noviembre de 2016

DOÑA MASE

“La felicidad es cuando lo que tú piensas, lo que tú dices, y lo que tú haces, están en armonía.”
Gandhi
La historia está llena de nombres de hombres y mujeres que con sus sueños y acciones cambiaron la dirección de los acontecimientos. La lista es larga, pero más largo debe ser el listado de los hombres y mujeres que trabajaron e hicieron posibles los cambios que anhelaron los próceres y las ilustres de la humanidad. Hombres y mujeres que trabajaron, trabajan y seguirán trabajando en silencio y sin exigir aplausos. Igual debe ocurrir en la Iglesia Católica.
¿Podría la Iglesia haber conquistado al Imperio Romano sin todos los hombres de fe y todas las mujeres devotas que derramaron su sangre en nombre del crucificado? Lo dudo. ¿Podría fundarse una parroquia en Panamá sin el trabajo de tanto laico comprometido? Lo dudo. Igual debió ocurrir en la parroquia Santa María del Camino de la Ciudad Radial. Allí una decena de mujeres caminaron las calles de ese complicado barrio. Hoy es meritorio mencionar el nombre de una de ellas; el de una mujer que aceptó la misión de construir una comunidad católica en un residencial que abunda en iglesias de otras denominaciones cristianas. Doña Mase dio su aporte para construir, casi de la nada y sin esperar títulos y envestiduras, una nueva comunidad que, de una u otra forma, promueve una vida diferente al delito en la Ciudad Radial.
Mase ya no está entre nosotros. Ella es hoy un llamado de atención a la actual feligresía radialeña, a que transite los caminos que ella recorrió llevando la Buena Nueva y que al final del día se haga la siguiente pregunta: ¿Estoy a la altura de quienes fundaron mi parroquia?
La última vez que la vi fue temprano en la mañana, se dirigía muy lentamente a rezar el  rosario. Hablamos y a mi pregunta de como le iba me contestó que ahí, peleando, peleando. Hice otra pregunta, ¿y se va a rendir? Y me respondió, no muchacho, no me voy a rendir.

domingo, 18 de septiembre de 2016

DEL PODER DE CONVOCATORIA Y LA FUERZA INTEGRADORA

“Las noticias son el teatro y el cine de las clases medias y los pobres, allí se les impone, a través del entretenimiento chabacano y trucos noticiosos, el miedo, la subordinación, la apatía y la disciplina consumista.”
Adriano Corrales
Digamos que el poder de convocatoria es la capacidad que tienen los individuos o grupos de hacer un llamado y que este sea atendido. Así mismo, digamos que la fuerza integradora es otra capacidad de los mismos sujetos de organizar a los convocados alrededor de una causa justa. Y para terminar de decir, digamos que la causa justa es el conjunto de razones organizadas en un discurso que da sentido a todo lo anterior. No olvidar que a veces los discursos hablan claro sobre los intereses que los muevan, a veces los medio ocultan y a veces los ocultan totalmente.
Quien tenga el poder de convocatoria y la fuerza integradora para imponer su causa justa en una sociedad, tendrá la supremacía cultural en ella. La historia de la civilización es el registro de la conquista de esa hegemonía, también de las resistencias a dicha imposición. La humanidad se ha debatido en un constante defender y atacar al status quo de la hegemonía.
En Panamá se está dando un desacuerdo que ejemplifica la lid de la que hablo. Me refiero al debate generado por el proyecto de ley para la educación en sexualidad. Desde mi punto de vista, la confrontación entre opositores y defensores del proyecto mencionado es, en realidad, el careo entre férreos defensores del status quo y críticos parciales del mismo.
De darse una sana e integral educación en sexualidad, que no es educación sexual, se afectarían las relaciones de poder tradicionales, las que tradicionalmente discriminan y someten a la mujer. Una mujer educada en sexualidad, es una mujer con capacidades de enfrentar al machismo predominante. Defender esta propuesta no significa obligatoriamente una crítica total al status quo. Por esta razón hablo de críticos parciales del mismo.
Sin embargo, los opositores al proyecto sí son férreos defensores del status quo. Quienes se benefician del estado actual de inequidad en el cual vivimos, los convocaron y organizaron alrededor de su causa justa: seguir enriqueciéndose ilimitadamente. Paso a explicarme.
Tomemos dos de las declaraciones hechas por los contrarios a la educación en sexualidad. La primera es una confesión de ignorancia: ¿Quién dijo que necesito conocer una ley para oponerme a ella? Pienso que esta lapidaria pregunta no necesita mayor argumento en contra.
La segunda es una mentira: El virus del papiloma humano se transmite a través del sudor. Esto no sólo es falso, sino peligroso, mejor dicho, canallesco. Es una falsedad con la suficiente contundencia para confundir a una mente adolescente y convencerla de la inutilidad de usar el condón y así exponer al chico a contraer una infección sexual más grave, por ejemplo, el SIDA.
El condón está maldecido por los defensores de la moral cristiana que abogan por la abstinencia. Sin embargo, los hechos demuestran que la abstinencia no es una práctica masiva, ni el VIH logró asustar a la gente, y que el no uso del preservativo se traduce en niñas embarazadas y a la larga en gente pobre dispuesta a vender barata su mano de obra. Estas declaraciones ¿son o no defensoras eficientes del status quo fundamentado en el empobrecimiento de las masas?
Es meritorio añadir la supuesta conspiración internacional llevada adelante desde la Organización de las Naciones Unidas. ¡Cómo si, de no aprobarse la ley, el mercado de condones fuese a desaparecer! Sembrar la incertidumbre genera miedo y los temerosos prefieren que todo quede igual a tomar el riesgo de asumir los cambios necesarios para su propio bienestar.
Al final, los oponentes a la educación en sexualidad zanjaron el asunto con la ley de protección a la menor embarazada, donde a la menor se le informan formalmente sus derechos a educación y atención médica. Repito, es a la menor embarazada, cuando ya la niña está en problemas, esto es una medida correctiva y no preventiva. ¿Reduce el número de embarazos precoces? ¡No! Se mantiene igual la situación, el status quo gana.
En lo que va del año, en Panamá han estallado varios escándalos de trata de blancas. Incluso, parece que hay involucrados políticos de alto nivel en dichos abominables negocios. Una verdadera organización criminal internacional dedicada a la prostitución y al turismo sexual. Los opositores a la educación en sexualidad han mantenido el más grande de los silencios. ¡La gran omisión! Ha habido tímidos comentarios contra los espectáculos de la realidad basura que pululan en la programación televisiva nacional. Esas prácticas criminales y esos programas porquería de televisión representan copiosas ganancias para los beneficiarios del status quo.
Al no protestar contra el turismo sexual y la basura en la programación televisiva que ven nuestros niños, tal como lo hicieron contra la ley de educación en sexualidad, los opositores al proyecto mencionado se alinearon con la corriente hegemónica de quienes sacan beneficio de la ignorancia de las niñas pobres, que traen al mundo más niños pobres, que serán los que terminen comprando grandes cantidades de licor, de cocaína y de tantas otras cosas perniciosas.
Quienes asumimos como causa justa la educación en sexualidad en las escuelas públicas de Panamá y que por dicha razón la defendemos, somos una corriente subordinada en la sociedad panameña, sin el poder de convocatoria necesario para acumular la suficiente fuerza integradora que concrete nuestro anhelo, poner fin a la desigualdad en ese tópico. Eso no significa que vamos a rendirnos, eso significa que vamos a continuar en la brega, aunque sea desde las márgenes del poder. Vamos a seguir educando, en diversos temas, para así ir socavando la matriz que genera este conflicto: la cultura patriarcal, la que nos tiene como nos tiene.

domingo, 11 de septiembre de 2016

CATARSIS SEGÚN GRAMSCI

“Se puede emplear el término catarsis para indicar el paso del momento meramente económico (o egoísta pasional) al momento ético-político.”
Antonio Gramsci
¿Qué ocurrió en Panamá entre 1969 y 1979? Entre otras cosas: se consolidó el liderazgo a lo interno de la Guardia Nacional del General Omar Torrijos, se instaló el llamado Proceso Revolucionario, comenzaron y culminaron las negociaciones para un nuevo tratado del canal, se inició una reforma educativa. En la década siguiente se desmontó todo lo que olía a izquierda dentro del estado panameño. Y los gremios docentes fueron claves en dicho desmantelamiento.
En 1978 comenzaron los docentes a reclamar aumentos salariales y otros derechos muy válidos. Al año siguiente, las exigencias, además de los asuntos gremiales, también incluyeron la derogación de la Reforma Educativa llevada adelante por el gobierno de Torrijos. La reforma fue acusada de comunista y por eso fue defenestrada. Dicho movimiento fue el primero de muchos otros que, finalmente, concluyeron en la ADOC (Alianza Democrática de Oposición Civilista) que fue la coalición electoral propuesta por los más recalcitrantes sectores de la derecha criolla. La ADOC ganó aplastantemente las elecciones de 1989, pero el presidente y los vicepresidentes electos tomaron posesión en una base militar estadounidense ubicada en territorio panameño.
Desde esta óptica, la Invasión del 89 fue para evitar que el movimiento de masas nacido con una huelga de maestros, avivada por el asesinato de Hugo Spadafora y consolidada en el triunfo electoral de la ADOC tomase un rumbo auténticamente democrático.
Para que esta catarsis gramsciana se repita y ocurra un movimiento de masas que termine por democratizar el país, hay que cambiar los actuales paradigmas, es decir, se necesita mucha, pero mucha educación. ¿Comprendes o vas a seguir chocando tu cabeza contra la pared?

domingo, 28 de agosto de 2016

LOS NECESITAMOS

"Frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida."
Gabriel García Márquez

Lo humano es una aspiración a vivir tiempos mejores. Siempre. Pero lo humano también es la historia de una minoría imponiéndose sobre las mayorías. Siempre. La tal aspiración se contrasta permanentemente con la evidencia histórica y esa es la raíz de las contradicciones entre lo deseado y la práctica política. Entre las utopías y la realidad social.
¿Cómo superar tales contradicciones? La situación no es sencilla. El asunto es complejo. No se puede reducir a un discurso. Las utopías no se concretarán sin… ¿Qué?
Las utopías jamás se van a concretar, porque por cada paso que damos hacia su realización, ellas dan un paso atrás para alejarse. Ya lo dijo Galeano, las utopías son para mantenernos caminando, intentando alcanzar el horizonte, que está siempre a la vista, que está siempre lejano. Pero una cosa son las utopías y otra los utópicos.
 Los utópicos son esos seres humanos cuya misión hoy podemos resumirla en la frase: otro mundo es posible. Los utópicos sí que existen y sí que los necesitamos. Ellos caminan hacia adelante y nosotros los seguimos. Gracias a ellos abandonamos las cavernas y cada vez que están ausentes, regresamos a ellas. Los noticieros hoy nos indican que los necesitamos como nunca.

Hoy necesitamos de los utópicos y de su terquedad. Necesitamos gente que trabajen por crear una nueva cultura que reemplace al patriarcado, que practiquen una teoría ética del poder que se aleje del torpe axioma político: el fin justifica los medios. Necesitamos utópicos con una visión integral del ser humano, que tome en cuenta lo psicológico y también lo económico y lo socio político, sin olvidar, por supuesto, el arte y la filosofía. Necesitamos utópicos que nos enseñen una nueva forma de vivir. Manera de tratarnos. En efecto, necesitamos utópicos que sean personas nuevas y no los enfermos de siempre.

domingo, 7 de agosto de 2016

¿DIÁLOGO?

"No vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos nosotros."
Anaïs Nin
Ella: ¿Qué dos tetas halan más la carreta que dos bueyes? ¡Eres un irrespetuoso!
Él: Nada de eso…
Ella: No sólo eres irrespetuoso, porque me acabas de faltar el respeto, sino además un cavernícola, machista, salvaje, bárbaro…
Él: Ya, ya, ya. Deja de  hacerte la víctima que al fin y al cabo tú piensas igual que yo.
Ella: ¿Qué? ¿Qué droga te metiste?
Él: Ninguna, sólo te estoy diciendo que tú y yo pensamos igual. ¡Qué dos tetas halan más la carreta que una junta de bueyes!
Ella: Vuelve a faltarme el respeto y te voy a abofetear.
Él: ¿Y ahora quién es la troglodita?
Ella: Tú me estás irrespetando.
Él: Yo estoy diciendo mi opinión que también es la tuya.
Ella: ¿Y se puede saber por qué tu torpe opinión también es la mía?
Él: Mira como te vistes.
Ella: ¿Qué tiene mi vestimenta?
Él: Es provocativa.
Ella: Eres un enfermo.
Él: Con tu ropa estás diciendo mírenme, tengo el poder que me dan estas dos…

Ella: Yo me visto como me da la gana, con mis vestidos lo que estoy diciendo es: Soy una mujer que toma sus propias decisiones, soy un ser humano libre. Y si no te gusta, regresa al zoológico de donde saliste.

domingo, 31 de julio de 2016

CHISTE COMO ARMA DE RESISTENCIA AL PODER

Todo es tabú hasta que el temeroso pierde su miedo. No lo olvides.”
Emiliano Pardo-Tristán
Según Freud, de nuevo, el humor es la negación de la realidad y, por tanto, su superación. Al rechazar la realidad, se le quita poder. La persona con buen humor es un rebelde que no acepta los dictámenes de la lóbrega realidad.
En nuestra sociedad patriarcalmente machista reírse en la cara de alguien es un grave insulto. Me imagino el caos que debe ocurrir en la mente de un agresor cuando su víctima, en lugar de pedir clemencia se ríe desafiante. No me extrañaría que el bravucón se llenase de miedo, miedo que disfrazaría de violencia, pero que aún así seguiría siendo miedo.  
Los incapaces de reír necesitan de las investiduras, sin ellas se sentirían desnudos, sin poder alguno, ridículos; por eso están tan prestos a reprimir a quienes ríen libremente, y con más fuerza a los que son capaces de convertir en chiste el tonto hecho de que sin el título por delante ellos, los incapaces de reír y contagiar con su risa, son hombres o mujeres…¡Impotentes!
Porque el que no valora la risa es un impotente, no tiene el poder de construir algo tan simple como una sonrisa. Bueno, ni tan simple, porque para construir una sonrisa se necesita dar razones para ella. Y eso no se logra repitiendo una y otra vez: ¡Soy el magíster Fulano de Tal!
Quien no es capaz de reírse de él o ella misma, vive con el miedo de que lo descubran. De que a lo mejor es un fraude. De  que no tiene el talento para llenar de significado su título de magíster, por ejemplo.

Quien tiene la capacidad de reírse de sí  mismo y, además, de armar un chiste que, a pesar de la carcajada, deje claro que se está cometiendo una injusticia, vive sin miedo, es decir, libre.

domingo, 5 de junio de 2016

CHISTE Y POBLACIONES VULNERABLES


“La gente no te quiere por lo que hagas o tengas, la gente te quiere por como la haces sentir.”
Gaby Vargas

Hay chistes inocentes, hay chistes tendenciosos. Vamos a hablar un poquito sobre estos últimos. Para Freud, según mi inexperto entendimiento, el chiste es el afloramiento desde el inconciente de ideas reprimidas a lo largo de la vida. Por eso no es de extrañar que un tema tabú como el sexo sea tan recurrente entre los relatores chistosos.
También el comportamiento hostil es reprimido en la infancia. El chiste sustituye a la agresión física por la oral. Si esto fuese inocuo, hoy no sería un problema el acoso escolar. El chiste así se convierte en la herramienta del poder para humillar.
Vivimos en sociedades fundamentadas en la discriminación y gracias a ella existen las poblaciones vulnerables. Un gran número de chistes son burlas a estas poblaciones. Sin ofensa, no hay risa. Y el chiste sostenido, que funciona como campaña, no hace más que reforzar esa situación de vulnerabilidad. Es harto peligroso hacer chistes sobre personas que en el día a día tienen que lidiar con el robo de sus oportunidades, porque, al propagar estereotipos, se está justificando tal saqueo. Además, se pueden ocultar oscuras razones políticas.
Por ejemplo, Buenos Aires es la segunda ciudad del mundo con mayor población gallega fuera de Galicia. Sin embargo, los bonaerenses, en clara negación del aporte gallego a la nación Argentina, son de los mayores contadores de chistes con gallegos como tontos personajes. A ello sólo tengo que decir este chiste que una vez le oí a una gallega:
¿Qué hacen los gallegos mientras los argentinos cuentan chistes de gallegos? Trabajar y ganar dinero. ¿Qué hacen los argentinos que cuentan chistes mientras los gallegos trabajan y ganan plata? Comer mierda. ¿Verdad que duele?

domingo, 22 de mayo de 2016

ENSEÑANZA DE LA BIOLOGÍA Y EL DESARROLLO HUMANO

“Aquí se trata sólo de darle la razón a la razón misma.”
Ramiro Sánchez
¿Qué relación hay entre las clases de biología y el desarrollo humano? ¿Debería existir alguna relación? Vivimos los tiempos de la memoria externa. Los dispositivos digitales suplen el esfuerzo de memorizar a los individuos. ¿Cuáles son las partes de la célula? La respuesta ya está en Internet. ¿Qué no está en la red? La capacidad humana de formular preguntas.
La enseñanza de biología persigue, obviamente, el repetir de memoria los pasos del método científico, pero eso no basta. Es necesario que, tanto docentes como educandos, ordenen sus pensamientos con el rigor de dicha metodología. ¿Qué significa esto?
Significa que si las clases de biología no sirven para reordenar el pensamiento cotidiano de docentes y educandos, usando para ello las partes de la célula como excusa, dichas clases son una verdadera pérdida de tiempo. Y eso se aplica a todas las ciencias naturales.
Por ejemplo, pese a que la evidencia indica que el calentamiento global es una realidad, hay quienes insisten en decir que todo se trata de una mera exageración. Entre los que afirman tal barbaridad se encuentran los petroleros. Tiene cierta lógica que ellos mientan descaradamente, ellos ganan millones contaminando nuestra herida atmósfera, pero un ciudadano de a pie, ¿por qué diría tal cosa? ¿Será por qué sus clases de biología fueron una soberana pérdida de tiempo?
La gran meta de la enseñanza de biología, me parece, debe ser alcanzar una nueva configuración de la mente, donde ella, la mente, fundamente sus pensamientos en los hechos y no en elucubraciones fantasiosas. Hoy eso es una labor que ya no se puede postergar.

domingo, 15 de mayo de 2016

BIOCRACIA


“La dualidad entre economía y cultura no existe.”
Carlos Fong

El 20 por ciento de la humanidad (1, 400 millones, más o menos) gozamos de los beneficios del progreso y el desarrollo; podemos tener discursos progresistas, pero nuestro consumismo está destruyendo el planeta. El 80 por ciento restante, 5 600 millones de seres humanos (siempre más o menos), son los sacrificados para nuestro bienestar.
Unos cien mil saqueadores (políticos, banqueros, petroleros, traficantes del crimen) imponen ese dictamen de injusticia, pero nosotros, los consumistas con discursos progresistas, somos sus cómplices. El actual orden de las cosas demoró cerca de siete mil años en perfeccionarse, así que lo más probable es que para cambiarlo demoré otro tanto. A menos que…
A menos que el calentamiento global de al traste con tanta avaricia institucionalizada. Quizás así la humanidad entienda que tiene que imitar a la naturaleza. La vida biológica está fundamentada en la fotosíntesis y la polinización. En la primera, las plantas liberan al ambiente un residuo de la fabricación de sus alimentos, el oxígeno, fundamental para todo ser vivo; en la segunda se da la colaboración entre especies diferentes y cuyo producto son los frutos de la tierra. Si no se entiende eso, si no comenzamos a imitar a las abejas y a los árboles, vamos a ser tan extintos como los dinosaurios.
Concibo a la biocracia como una concepción del poder, de como debe repartirse el poder: imitando a los ecosistemas. Todos los componentes de un ecosistema son importantes, nada es desechable. ¿Podemos soñar con una sociedad donde nadie sea marginado?
El poder lo han tenido las teocracias, las autocracias, las oligocracias, todas han dejado por fuera a millones de seres humanos. ¿Habrá llegado el tiempo de la biocracia? 

domingo, 8 de mayo de 2016

REFLEXIONES COMPARTIDAS CON UNA AMIGA

“No es ya un ruego, sino una orden que debe subir de los pueblos hacia los gobiernos, la orden de elegir definitivamente entre el infierno y la razón.”
Albert Camus
Estimada amiga, como siempre es una muy buena noticia tener noticias tuyas. Me preguntas mi opinión sobre tu temor por el inminente fin de nuestra civilización. Y estás convencida de la proximidad del fin, por las muestras de barbarie que cada día quedan en evidencia en los noticieros. Pues te cuento que las fatales noticias no son nada nuevo.
Paso a explicarme. Considero que las civilizaciones nacieron en función de los intereses de las minorías. Los jefes de los clanes se autonombraron dueños de las tierras ocupadas y con el nacimiento de las clases sociales, nacieron los ricos y los pobres.
El patriarca quedó a la cabeza de una sociedad tipificada por marginar a la mujer, a los sin tierras y al extranjero. La mujer quedó reducida a fábrica de hijos. Los sin tierra se convirtieron en siervos o soldados. Ser extranjero era la excusa perfecta para ser sometido a la esclavitud. Cuando el patriarcado fue reemplazado por el capitalismo, siguieron vigentes sus paradigmas excluyentes. Nació el racismo tal y como hoy día lo conocemos. Por supuesto que la Revolución Industrial trajo el desarrollo tecnológico, pero la tecnología no necesariamente conlleva mejor convivencia. Miles de guerra nos prueban ese punto.
La civilización está en función de las minorías. Siempre ha sido así. Lo que ocurre que tú y yo somos afortunados. ¿Sabías que el 10 % de la humanidad muere de hambre, mientras los restaurantes de comida rápida, a los que tú y yo asistimos, tiran al tinaco toneladas de alimentos cada día? A tu temor de que estamos próximos a sufrir el final de la civilización, sólo me queda decirte que millones de seres humanos llevan muchos siglos sufriendo a esta civilización.