domingo, 27 de febrero de 2011

DE LOS HÉROES EN LOS TIEMPOS DEL CALOR

José Martí, héroe cubano

“La vida no te está esperando en ninguna parte, te está sucediendo.”
Osho


¿Luchar? ¿Para qué? ¿Para seguir cosechando frustraciones? Total, es probable que, gracias al calentamiento global, a nuestra actual civilización humana no le quede mucho tiempo. Repito, ¿para qué afanarse tanto? ¿No es más cómodo rendirse? Claro que lo es. Es muy fatigoso confrontar a la propia abulia, a los enemigos del entusiasmo y a los propagadores de miserias. Entonces, ¿para qué batallar? ¿Es que aún se podrán escuchar buenas noticias?


A pesar de lo fácil que resulta ser apático, hay quienes insisten en traernos la esperanza. Son los tercos imprescindibles. Mucho habremos escuchado sobre las cualidades del espíritu humano, de sus triunfos a lo largo de la historia, sus virtudes imperecederas. El enfrentar las vicisitudes, luego desarrollar estrategias para superarlas y vencer los trances, son los atributos esenciales del impulso que mueve a la humanidad. Y esos tercos a los que me refiero, son los cántaros que llenos de espíritu humano caminan entre nosotros.


Ellos nos instruyen sobre como cuidar nuestras perlas. ¿Y qué tesoros son aquellos? El amor, la libertad, la justicia, la verdad, la paz y el autoconocimiento. Para vigilar esas joyas, ellos aprendieron a no rendirse. Entendieron que de eso se trata la vida, de esforzarse por aquello que de verdad es importante. Son disidentes empedernidos, nunca cómplices de la vida inútil y repleta de impotencias.


¿Quién espera buenas noticias? Todo aquel que los escuché, puede esperar escuchar buenas noticias. Ellos son los héroes en estos tiempos del calor. Algunos estudiaron, otros no; algunos tienen trabajos, otros son desempleados. Son jóvenes, viejos, mujeres; pertenecen a minorías étnicas, pero también a las mayorías. Alegrémonos pues, aún existen personas que creen que por la vida, vale la pena pelear. O como dice Éricka: Seguir nadando por el infortunio.

domingo, 20 de febrero de 2011

CULTURA Y AMBIENTE



“Ser y pertenecer son dos realidades que se nutren. Yo soy cuando pertenezco.”

Alicia Montesdeoca


La cultura no es más que la preocupación de la humanidad por su entorno y contorno, y el repaso mundial de las cosas que afectan a mujeres y hombres. Pero durante milenios parece que dicha preocupación termina resolviéndose con la aniquilación del ambiente.


¿Por qué parece haber una contradicción entre la cultura y la naturaleza? La cultura, es decir, el quehacer humano en general, incluye escribir un soneto o cantar unas décimas, pero también a la explotación petrolera y a la tala indiscriminada de los bosques y selvas. Y no sólo es cosa de la modernidad. Parece que también pueblos antiguos y hasta primitivos provocaron grandes desastres ecológicos. Entonces, ¿la cultura siempre ha de significar destrucción ambiental?


Pienso que mientras nosotros los humanos nos pensemos como un aparte de la naturaleza, siempre va a haber confrontaciones donde la peor parte la han de llevar los ecosistemas naturales. Comenzar a comprender que somos parte de un gran ecosistema llamado planeta Tierra es el primer paso para acabar el conflicto.


Sí, porque estamos hablando de una guerra. Pareciera que aún nos sentimos amenazados por la omnipotente naturaleza, igualitos a los cavernícolas que más tenían de alimento para las fieras que de dueños y señores del orbe. Hay que ver como desde infantes nos comportamos frente a las otras especies, vemos un pájaro carpintero y de una vez buscamos una piedra para lanzársela. Esto no puede continuar, por nuestro propio bien, hay que finalizar las hostilidades.


Vamos a tener que pensarnos más eso de la pacífica convivencia con el resto de las especies. Si somos parte de la vida en este planeta, no podemos seguir acabando con las otras formas de vida que comparten nuestro hogar, porque sino, un buen día puede ser que no haya hogar donde vivir.

domingo, 9 de enero de 2011

DIÁLOGOS CON HÉCTOR GALLEGO


“El mundo parece vivir bajo la tiranía del mono: el monoétnico, monoteísta, monolingüístico. Como si el mundo fuera un monoambiente, sin un lugar para todos.”
Mex Urtizberea


La historia esta llena de derramamientos de sangre motivados por la codicia, el odio y por creer que hay seres humanos de segunda, tercera y de hasta décima categoría. A los campos de la república de Panamá, llegó un pastor llamado Héctor que siempre predicó la igualdad de todos los hijos de Dios.


“El objetivo de nuestra lucha es el concientizar a las persona para que reconozcan sus derechos. Debemos ser conscientes para así ayudar a otros también a serlo. Debemos usar el diálogo para concientizar, así cambiar la situación y la mentalidad del hombre y la mujer.”


Casi cuarenta años más tarde de su desaparición, quizás algún ingenuo sienta lejana y resuelta la causa del padre Gallego. Pero resulta que la situación de abandono que sufren las zonas rurales aún es una realidad. Quizás ahora es más pecaminosa la situación: tanta tecnología, tanto crecimiento económico y las juventudes campesinas perdiéndose en el olvido.


“Porque sentimos la necesidad en que vivimos. Para que haya un cambio en la sociedad, y las personas pueden vivir como seres humanos. Porque hemos considerado los problemas y vemos la necesidad de que se terminen los atropellos…”


Además, hay un dato histórico importante que jamás debemos olvidar. Gallego siempre va a significar la contradicción entre el discurso y la praxis de la llamada revolución octubrina. En un momento crucial de la historia panameña, se favoreció a los intereses de los terratenientes por encima de la vida de un sacerdote comprometido con las víctimas de los latifundistas.


“Para ayudar a que nos desarrollemos como personas humanas. El hombre y la mujer son personas y no instrumentos, y la sociedad actual no nos permite desarrollarnos plenamente. ¿Para qué cambiar esa mentalidad? Para llegar a una sociedad junta que considere a la persona humana por lo que es y no por lo que tiene. Donde el dinero sea un medio y no un fin.


“El hambre nunca dice adiós, sólo dice hasta luego”


Dumas Muñoz


“Necesitamos que se reconozcan nuestros derechos y luchar contra las injusticias, que se reconozcan nuestros valores y la igualdad entre los hombres.”


A Héctor lo hace especial el hecho de haberse alejado del fatal concepto que afirma que la vida es un valle de lágrimas y espinas, que debemos resignarnos ante el dolor, pues seremos consolados en la otra vida y, la más terrible de todas las afirmaciones, que hay que obedecer a quienes se adueñaron de todo y dejaron sin nada a muchos, porque esa es la voluntad de Dios.


“El dinero es un fin, el Dios dinero se usa para esclavizar y humillar, y nos somete. ¿Qué debería? Un medio para desarrollarnos como persona y no para explotarnos, un medio para vivir dignamente.”


Si hay algo denigrante es la beneficencia, más cuando se hace iluminada por grandes aspavientos publicitarios y con el privilegio de la exoneración fiscal. La gente no necesita limosnas, necesita justicia. Que se le permita organizarse para descubrirse como hijo de Dios, del Dios que lo ama, no del ídolo que lo detesta. Pero claro, eso significa permitirle a la gente liberarse de los procesos de empobrecimiento, procesos que por cierto, no tienen nada de divinos.


“¿Cómo concientizar, en que forma?: Dialogando en todo momento cuando se presentan oportunidades para que se reconozcan nuestros derechos. Conocer y analizar la situación actual y sus causas. Ver como quisiéramos que fuese. Buscar un compromiso. Hacer un plan de acción. Evaluar nuestra acción.”


El asesinato sin corpus criminis del Padre Héctor Gallego no fue un accidente. Fue una crueldad manifiesta. Pero la gente que sabe que el hambre siempre regresa, no lo han olvidado.
(Gracias Raúl)

domingo, 2 de enero de 2011

PROPÓSITOS DESPROPOSITADOS

“¿Será mudo el pasado?”
Eduardo Galeano


Ya llegó enero, mes de los inicios, de las renovaciones, de las repeticiones. Sí, porque si de verdad todo fuese cosa nueva, cometeríamos nuevos errores y no las mismas metidas de pata de siempre. Estamos hasta las clavículas en deudas, pero ya estamos atentos a los baratillos de febrero, ¿para qué? Para comprar los mismos artículos que compramos caros en diciembre.


Es que con esto de las ofertas le juegan a uno la prestidigitación sicológica y se termina comprando dos veces un cacharro que es doblemente inútil. Por ejemplo, en diciembre pasado compré un disco duro externo para que sirviera de respaldo a mi computadora; tiene un montón y pico de gigas de memoria. Pero hace un par de días, no resistí, compré por casi el mismo precio otra memoria externa que tiene 15 veces más espacio libre. En la primera memoria guardé todos mis documentos, fotos, músicas, videos y todo cuanto se me pudo ocurrir, es más, estuve tentado a pedirle a una vecina su información digital para guardarla en mi nuevo aditamento; apenas si ocupé el 10% del espacio. ¡Qué barbaridad!


Cuando intenté utilizar mi segunda compra, la memoria que tiene 15 veces más espacio libre, resultó que la inútil de mi computadora no tenía suficiente velocidad y se volvió loca; nunca pudo identificar aquel bicho electrónico y terminó por dañarse. Bueno, quizás la patada que le metí en la torre fue la responsable del soponcio cibernético. Terminé gastando mucho más de lo que supuestamente me había ahorrado con la rebaja. ¿Verdad que eso es meter dos veces la misma pata en el mismo hoyo lleno de lodo?


Sí es verdad que nosotros los seres humanos somos seres de costumbres fijas por los cuales siempre metemos la pata. ¿Será que por eso cada año nuevo nos hacemos nuevos propósitos?


"Cómo coser las heridas sin tocar la carne”


Eugenia Toledo-Keyser


Año nuevo, vida nueva. Es tradición que con cada comienzo de año, todos nos planteamos nuevos propósitos, por lo general, no han pasado 15 días cuando ya los hemos olvidados. Pero esta vez estoy firme en mi propósito personal anual, me voy a portar diferente.


¡Qué importa que el año pasado me propusiera aprender alta cocina y que a lo más que llegué fue a quemar todas las sartenes y pailas de mi casa! No hubo ensalada que no quedase sazonada con mi ADN; cortar vegetales con un filoso cuchillo sobre una blanca tabla de picar se ve tan fácil en la televisión, pero nada más cercano a la verdad.


¡Qué importa que ya una vez me propusiera convertirme en un disciplinado atleta! En aquella ocasión compré, de un solo tirón, el número de aparatos de gimnasio que me permitió mi cuenta bancaria. La noche del mismo día de la compra, los utilicé todos. Al siguiente no pude presentarme a trabajar. Ni siquiera pude ir al médico. Simplemente, no podía levantarme de la cama. Me dolía cada músculo de mi cuerpo, cada hueso, cada órgano y cada cabello. ¡Ah! También cada uña de pies y manos. No he vuelto a tocar ninguno de esos aparatejos. Ni siquiera para cargarlos y venderlos, o para ubicarlos en un lugar donde ni siquiera pueda verlos.


Pero ya lo dije, este año voy a ser diferente. Creo que estoy bien motivado para llegar hasta la meta el próximo diciembre, cuando se me ocurrirá otro propósito anual. O quizás no, tal vez me mantenga obstinado con el mismo. Me gusta mucho. Es tan simple que hasta asusta. Mejor les digo ya cual es: Mi gran proyecto de este año, y sí se puede un poco más allá del día 365, es que me propongo abandonar la angustia que me provoca pensar, y planear, y hacer promesas que me quitan el sueño y que nunca voy a cumplir. Simple, ¿verdad?

domingo, 26 de diciembre de 2010

LOS PEROS

“Fue así que enloquecí. Y en mi locura he hallado la libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden nos esclavizan.”
Khalil Gibrán


Hace muchos años escuché las razones por las cuales Casius Clay cambió su nombre a Muhamad Alí: porque el primero era el nombre que el amo blanco dio a su esclavo negro. Pero, ¿no fueron los musulmanes árabes los que capturaban a los bantues africanos y los vendían a los portugueses?


Leí hace un par de meses que, gracias al uso del celular y del Internet, ya nunca más se podrían escribir obras clásicas como Romeo y Julieta; se afirmaba que eso ocurriría porque no habría drama si Julieta pudiera informar a Romeo de sus planes. Pero, ¿acaso la gente debido a la informática ha dejado de mentir y ha aprendido a decir a tiempo la verdad?


Hace unas semanas vi una película lerda, tonta, sin historia verosímil, angustiosa por necia; sin embargo, ese esperpento es ganador de varios premios en festivales internacionales, como que a las élites culturales sólo les interesa la opinión de, ¿adivinas?, sí, adivinaste, sólo les importa la opinión de las élites culturales. ¿Por qué entonces en cada esquina de este planeta, esas minorías culturosas se quejan de que las mayorías no los voltean a ver?


¿Será que todos estos peros nos muestran que la civilizada sociedad que nos toca vivir a veces raya, simplemente, en el absurdo? ¿Qué en ella la coherencia es una práctica bien escasa? ¿O será que lo inconsecuente es lo normal en este mundo?


Somos seres que vivimos hilvanando discursos. Con nuestras palabras justificamos nuestros quehaceres en el mundo. Eso no sería ningún problema si respetáramos el orden lógico de las cosas: primero el discurso y luego la acción. Pero cuando primero actuamos y luego inventamos las excusas de nuestro actuar caemos en la contradicción. Como que de verdad los peros son un verdadero pero.

domingo, 19 de diciembre de 2010

LA DEMOCRACIA, LA BELLEZA Y EL CRITICAR

“Mi papel consiste en enseñar a la gente que son mucho más libres de lo que se sienten…Cambiar algo en el espíritu de la gente: ése es el papel del intelectual.”
Michel Foucault


Hay que democratizar a la belleza. Crear una política de la cultura, o más bien una cultura política, donde el ciudadano común y silvestre participe en todas aquellas actividades artísticas que, precisamente, por muchos siglos se le han negado.


¿Y quién hace ese milagro? Dificulto que un gobierno preocupado por implementar la ley Homero Simpson: te convierto en idiota para que ni te des cuenta de que te estoy arruinando la vida, tenga en sus planes llevarle arte al grueso de la población. ¿Entonces quién? Quizás tendrán que ser los mismos artistas, tal vez deberán encabezar movimientos mayúsculos de aficionados al arte. Pero ¿los artistas no tienen fama de tener sus egos inflados?


De repente, hay que cambiar el modo de pensar; no es llevarle arte a la gente, es convertir a la gente en productores de cultura y que abandonen el papel de ser meros consumidores. Puede ser que los jóvenes así ocupados, no tengan tiempo de realizar actos violentos.


¿Y qué? ¿Nos olvidamos de exigirle al gobierno? ¡Qué no! Pero no podemos olvidar que la democracia es más que votar por un gobierno para luego estar pidiéndole favores. Es inventarse como participar en la sociedad; así, como meros civiles; porque si nos ponemos a esperar las respuestas de los políticos, mejor nos sentamos bien cómodos, porque la espera va a ser larga.


Todos los seres humanos somos capaces de crear cultura. Y lo hacemos todos los días. Por ejemplo, nuestras cocinas son centros culturales, ¿o es que un jamaicano usa las mismas especias que un chino? ¿Qué estoy soñando? Pues será mejor que comencemos a preocuparnos por cuidar lo bello de este planeta, porque sino un buen día vamos a despertar en el infierno.

“La cultura, como la historia, es un fenómeno en evolución, ligada a la realidad económica y social del medio.”


Amílcar Cabral


Las mujeres y los hombres dedicados a hacer arte, ¿tienen alguna responsabilidad con las sociedades donde les toca vivir? Y si la tienen, ¿en qué consiste? Pienso que un artista puede tener uno de los siguientes cuatro comportamientos ante la comunidad.


El primero es el de enamorarse de su propia obra y vivir en función de ese enamoramiento. Su compromiso se reduce a resolver el problema estético que implica crear una obra de arte. El compromiso de este artista llega hasta la creación de su obra. Quizás le interese la opinión de otros artistas y de los críticos especializados.


El segundo comportamiento es el de halagar a los poderosos de turno. Este artista, luego de crear su obra, se preocupa por darla a conocer entre la gente con dinero y poder político. También tenemos a los contestatarios, que viven en permanente conflicto con la sociedad.


Por último, tenemos a los artistas interesados en crear estructuras sociales que favorezcan, no sólo el poder apreciar el arte, su arte, sino la sana convivencia del público con el artista. Estos creadores comprenden que el acceso a la cultura no es un problema artístico, es político.


En nuestras sociedades, las supuestas sociedades en desarrollo, hacer arte con la intención de usar la obra como excusa para pensar y dialogar, es una labor revolucionaria. Es comenzar a romper con los procesos subdesarrollantes, con la dependencia cultural y, ¿por qué no?, con la política de enajenación y violencia que nos toca sufrir cada día.


Una obra de arte es una nueva visión del mundo donde se vive, y si esa visión se somete a la discusión, al final el mundo donde vivimos es el sometido al debate. ¿No es eso la democracia?


“Es la poesía la que hace política, no la política la que hace poesía”.


Luís Cardoza y Aragón


¿Qué es un intelectual? Es un ser humano, sea hombre o mujer, preocupado por buscar el entendimiento del mundo. Ese uso de la mente va desde el pensamiento más abstracto (La paradoja de Schrödinger), a reflexiones concretas sobre la violencia juvenil en el istmo centroamericano.


Pienso que la función del intelectual es valorar el mundo y transmitir tal valoración a la población. Los pensadores no nos indican que pensar, nos señalan que el acto de pensar es necesario. A más actividad crítica entre los intelectuales, más pensamiento crítico en la sociedad. El pensamiento crítico es fundamental para el desarrollo de la buena convivencia de los pueblos. Y no hay crítica constructiva o destructiva; la crítica o está bien hecha o mal elaborada.


Pero ocurre que nuestro medio está repleto de seudo-pensadores perezosos que repiten las opiniones ajenas, y encima lo hacen con un discurso pedante, que sólo sirve para defender a la idiotez y a la necedad y, finalmente, termina promoviendo la miseria humana.


¿Por qué ocurre esto? Eso le ocurre a todo individuo que deje de observar el mundo y se dedique únicamente a verse el ombligo. Observar el mundo, no excluye el observarse uno mismo; al fin y al cabo uno es parte del mundo. Sin embargo, el trabajo intelectual necesita tener cerca a la honestidad y alejarse de los narcisismos.


En Panamá hubo un escritor llamado Joaquín beleño, que escribió una magnifica trilogía de novelas: Gamboa Road Gang, Curundú Line y Luna Verde. Estas obras literarias, me imagino, nacieron aupadas por el dolor del autor de saberse ciudadano de un país ocupado por tropas y leyes extranjeras. Observar ese malestar, en este caso, fue observar a Panamá. Estas novelas fueron una crítica que hizo pensar en la patria a todos aquellos que las leímos. ¿No es eso la democracia?

domingo, 12 de diciembre de 2010

DIÁLOGOS CON ÁNGEL

Willo Cucufate-Salvadoreño y también panameño

“El dinero y el crédito, herramientas fabulosas para el intercambio indirecto, han sido confundidos con riqueza por los políticos y sus aliados. Por eso multiplican el dinero y el crédito sin respaldo.”

Lo escucho tan atento como en mi antigüedad lo estuve en mis clases de fisiología. La economía y la ecología no son tan distantes como parece. Los dos conceptos llevan el prefijo eco, que tanto en griego como en latín, significa morada, lugar donde se vive. Presiento que me va a decir algo importante, algo muy importante.

El sufijo nomía significa control o dominio, por ejemplo astronomía sería control o dominio de los astros, autonomía es entonces dominio o control de uno mismo. Economía significaría en este caso, control o dominio del lugar donde se vive, de la casa, del hogar.

Y claro que me está diciendo algo importante, algo que tiene que ver con el dolor nuestro de cada día.

Para los griegos, la riqueza eran los bienes que tenían en su hogar o su propiedad, por extensión entonces economía significa dominio, control o administración de esos bienes. En el mismo sentido, el sufijo logía significa estudio o conocimiento, así geología es el estudio o conocimiento de la tierra, tu biología significa entonces el conocimiento o estudio de la vida, por lo tanto ecología, sería el conocimiento o estudio del lugar donde se vive, del medio ambiente, del hábitat.

Mi buen y sabio amigo Ángel, desde su recóndita Atalaya, me está diciendo algo muy, pero muy importante. Eso de nuestro dolor de cada día no es gratuito. Hemos dejado de producir felicidad y nos hemos dedicado a generar tempestades. La irresponsabilidad crece entre nosotros. Y todo esto ¿por qué? Porque hemos perdido el norte, la dirección correcta. Hemos dejado de cosechar los frutos del árbol, para tirarlo abajo y roer sus restos. ¿Hay algo más absurdo?


“En la vida igual que en la economía no es posible conseguir algo a cambio de nada.”

Olmedo Miró

Ángel me habla, aunque desde lejos, muy didácticamente; parece un maestro de primaria. Acomoda las palabras de tal manera que el mensaje queda claro. Se preocupa por comunicar. Como lo conozco muy bien, sé que ese es su afán.


¿Pero, para qué deseamos estudiar o conocer algo?... pues para controlarlo o administrarlo.

Vivimos en los tiempos del diálogo, por lo menos eso es lo que se dice. Todo el mundo está siempre dispuesto a dialogar. Pero resulta ser que en realidad sólo quieren hablar, aunque no tengan nada bueno que decir. No les interesa iluminar, sólo cotorrear y cotorrear.

De tal manera, subsumiendo ambos conceptos, tendríamos que la Economía no es otra cosa que la administración del medio ambiente, que es el lugar donde vivimos, nuestro hogar, nuestro planeta para controlarlo y conservarlo como nuestra mayor riqueza, así la ecología sería la economía del medio ambiente.

Los cotorros se la han pasado diciéndonos que el desarrollo implica sacrificar a la naturaleza. Que el petróleo manchando las playas es un mal necesario, que ese es el precio a pagar para conducir autos. Para quedar atrapados en los eternos tranques de nuestras ciudades. Que el humo que se levanta en la llanura arrasada, llanura que no hace mucho era una selva, es la bandera del desarrollo. Y se les olvida mencionar que es el desarrollo de la escasez del agua.

Ahora, estarás de acuerdo conmigo, que el sistema capitalista, destructor de nuestro hogar, es en esencia antiecológico, por eso es insalvable, y peor, nos puede destruir a todos.

Es importante callar y escuchar a la naturaleza. Si ella entra en crisis no habrá suficientes dólares o euros para salvarnos. Creo que ya llegó el tiempo de escribir economía con eco de ecología.

domingo, 5 de diciembre de 2010

DE LA ÉTICA

“No se trata de sufrir cuando se escribe, sino de liberarse escribiendo.”
Mario Roberto Morales


Tengo el gusto y también el disgusto de conocer a algunos poetas. Sí, dije gusto y disgusto. Es que, al fin y al cabo, los poetas son seres humanos y no monedas de oro. A pesar de que algunos se creen dioses, todos son susceptibles de cometer aciertos y desaciertos, como cualquier Homo sapiens sapiens común y corriente.


No por gusto el poeta Saúl Ibargoyen tiene un verso donde declara que los poetas también orinan. Bueno, esa no es la palabra que usa, pero no quiero poner en problemas al señor corrector del periódico. Los pequeños dioses sólo en el Olimpo y ya la modernidad desalojó a sus inquilinos.


A algunos les atormenta y les reconforta escribir. A la vez. Los llamo las paradojas andantes. ¿Sus razones? No las sé. Lo que sí me imagino es que vivir así debe ser una vida muy estresante. Otros son académicos puros, escriben para minorías, y buscan la aprobación de las élites para validarse. Otros son trota festivales. No fallan un congreso y de tantos encuentros, están sumamente encontrados. Los hay quienes viven intensamente y traducen a obras literarias el producto de sus derrames de adrenalina. Estos por lo menos contribuyen con la economía nacional, por lo menos con su industria licorera.


A pesar de que sospecho de algunos plagios, no conozco a ningún poeta o escritor que celebre el haber plagiado alguna obra ajena. Es más, estoy seguro que al plagiador comprobado sólo le esperará el desprecio y la burla de los iguales literatos. Conozco una gran variedad de poetas, sí, con gustos y estilos muy diferentes, pero a todas ellos el plagio les despierta una ira visceral. Plagiar es traicionar. Es besar la obra del colega y entregarla a los legionarios de la falsedad.


Sin embargo, sé de quienes sí aceptan haber tomado una idea y formatearla con su propio estilo. Es más, grandes escritores de la historia lo han hecho. ¿Eso es plagiar?

“El educador mediocre habla; el buen educador explica; el educador superior demuestra; el gran educador inspira”.


William Arthur Ward


¿Cómo anda la educación en Panamá? ¡Adivinen! Voy a dar un rodeo para contestar algo que me imagino ya adivinaron. Me gradué de secundaría en 1978, hace 32 años, y cuando ingresé a la Universidad de Panamá, el profesor de matemáticas nos dijo: Para estar sentados en esta aula deben conocer y dominar el cálculo diferencial y la geometría plana. ¡Jamás en mi vida había escuchado tales palabras! ¡Ah! Por cierto, el acto de mi graduación fue en enero de 1979, ya que fue pospuesta por una huelga de docentes que hubo. Al año siguiente, fue la gran huelga magisterial que culminó con la derogación de la reforma educativa acusada de comunista. Desde entonces hay un vacío en la filosofía, la currícula, y los objetivos de la educación panameña… ¡Y eso es una realidad hasta la fecha!


Así es, la educación panameña anda mal. Ministros y ministras van, ministros y ministras vienen, todos con sus respectivos antagónicos dirigentes magisteriales, y el pantano allí. En lo personal, no creo que un problema que tiene más tres décadas de existencia se pueda resolver en menos de cuatro décadas. Se podría pensar que soy un total pesimista, pero no es así, al contrario. Tengo mis esperanzas cifradas en que poco a poco unos cuantos docentes van a hacer la diferencia. ¿Qué? ¿El problema de 800 mil estudiantes lo pueden resolver menos del centenar de docentes?


Soy un convencido de que si la humanidad ha progresado es debido al tesón de una élite generosa que la ha inspirado a progresar. A ellos, un poeta alemán los llamó: imprescindibles. Los que luchan toda la vida por sus ideales. La educación panameña está sedienta de imprescindibles. Educadores que vinculen la escuela con la vida real y no con un remero de papeles ajados y amarillentos. Aquel que no acepte ser un imprescindible, que les abra paso y los deje trabajar. ¿Verdad?


“No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo”.


Albert Camus


Hace unos años, en su lecho de muerte, el profesor Ricardo Segura me obsequió estas palabras: “Ve y demuéstrales”. A pocas horas de partir, aún tuvo ánimos para alentarme. Hace un año, me pidieron hablar en el sepelio de un amigo, no pude, las lágrimas no me lo permitieron; a uno de los presentes no le agradó mi reacción al dolor. Como ya conozco al fulano, sé que aunque yo hubiese hablado perfecto, él de todas formas se hubiese enojado.


¿Por qué la diferencia? Simple, Ricardo era mi amigo, el enojado no lo es. Saber la diferencia entre quien es nuestro amigo y quien no lo es, es esencial para la sana convivencia y para la felicidad. La amistad tiene sus condiciones, son las mismas desde hace mucho tiempo.


Estamos en tiempos donde es muy fácil intercambiar información, pero no necesariamente la comunicación ha mejorado. Sigue igual de complicada que hace siglos. ¡Y para ser amigo se necesita de la franca y abierta comunicación! No es el Internet quien complica a la comunicación, es el insistir en tratar al otro como inferior, como ídolo o como cosa. Preferir el cumplimiento de principios ideológicos, por encima del compartir entre iguales.


La comunicación entre amigos implica estar más dispuesto a escuchar que a hablar. Por eso se dice que el amigo nos acepta tal cual somos, pues es capaz de escucharnos sin condenarnos. Esa condición hace que sea posible ser transparente ante los amigos, es decir, honesto. Pero, ser honesto con el amigo hace obligatorio ser honesto con uno mismo. Allí es cuando la puerca tuerce el rabo.


Por último, la comunicación entre amigos conlleva dos cosas: la preocupación por el amigo y la alegría de estar cerca de él. ¿Ya ves por qué el enojado nunca podrá ser mi amigo?

domingo, 28 de noviembre de 2010

LA VERDADERA RIQUEZA

Esferas-Osvaldo Toscano (Panamá)

“El tiempo siempre contiene algo de enigmático y atractivo, algo de uno mismo contenido en algún lugar, en la historia, quizá.”



Jairo Llauradó


La verdad es que, a veces, conversar sobre el Barza y el Real Madrid, o de Obama y Hugo Chávez, o de los poetas Juan Gelman y Jaime Sabines puede convertirse en una soberana pérdida de tiempo. Incluso, hay escenarios donde una simple conversa puede llegar a ser algo muy desagradable.


Es que en esos lugares, el arte de conversar ha dejado de ser un arte para iluminar y compartir, y se ha transformado en un arma usada para humillar al prójimo y dejar claro quien es el más sabiondo. ¿Qué cómo lo descubrí? ¡Fácil! Me atrapé practicando ese deporte. Fui humillado en una de esas confrontaciones, le comenté a una amiga mi frustración y ella me dijo: “De qué te quejas, si tú eres igualito”. Esa declaración a quema ropa no me agradó nada. Pero me sirvió de algo.


Me sirvió para recordar algo que le escuché a Peggy, mi hermana menor: “Para ganar la guerra, no hay que ganar todas las batallas”. Y comprendí que todo el tiempo que gasté en discutir pavadas, fue un tiempo perdido, irrecuperable y, por lo tanto, fue un tiempo que no me enriqueció.


Porque al final el tiempo es la riqueza. ¿Para qué es la salud? Para aprovechar el tiempo. ¿Para qué es el dinero? Para aprovechar el tiempo. ¿Para qué son los contactos y las buenas relaciones? ¿Para qué más? ¡Para sacarle provecho al tiempo!


Conversar, compartir una buena conversación, necesita de la más exquisita de las habilidades: saber escuchar. Si pues, más que hacer demostraciones de agilidad verbal, charlar se trata de escuchar. Así es como nos podemos enriquecer. Entonces, ¿nos enriquecemos escuchando o nos empecinamos en empobrecernos al forzarnos a decir la última palabra? ¿O es que estamos dispuestos a perder la guerra por ganar una batalla insignificante?

domingo, 21 de noviembre de 2010

20 AÑOS SON UN MONTÓN DE INSTANTES, MEDIO SIGLO TAMBIÉN

“Busquen en la crítica la solución. No el conflicto.”



Henrie Petrie


Hace más de treinta años (en 1974), en un salón de clases del colegio Pinate, donde ahora laboro, atrapado entre la angustia de ser adolescente y las clases de una profesora de español que parecía poseer una férrea vocación de terrorista, tuve el primer aviso de que algún día sería escritor. Para escapar de eso que semejaba ser una celda en la mismísima base de Guantánamo, imaginé la trama de un cuento. Pero lo escribí muchos, muchos años después, cuando no me quedaba ninguna duda de lo que soy, un escritor.


Pero no todo fue terrorismo, en las aulas del Remón Cantera tuve la oportunidad de toparme con dos maravillas de profesoras de español: Margarita Vázquez y Leticia de Pardos. Con la primera conocí a Machado cantado por Serrat y la segunda nos alentó a ser creadores. Hablo en plural, pues de esa camada también son los periodistas James Aparicio y Aquilino Ortega. Fue en las clases de Leticia (en 1978) donde escribí mi primer texto. Durante mi vida universitaria (la década de los 80), seguí escribiendo a tientas, como por instinto. Escribí los poemas más malos y perversos que el papel pudo resistir, y unos cuentos con alguna madera literaria. También fui teatrista. Y gracias a que hice teatro universitario, hoy soy escritor. Es que, por un lado, me di cuenta que el teatro se merecía a alguien con un poco más de talento que yo y por otro, esos años, los años del teatro, fueron años de convivencia con Jarl Ricardo Babot, años donde nunca Jarl me dio algún consejo, donde jamás leyó uno de mis perversos poemas; sólo nos pasamos largas horas hablando de la vida y sobre todo, de la libertad. Entre conversa y conversa, entre cerveza y cerveza, fui entendiendo y comprendiendo que es ese negocio llamado arte. Por eso, siempre voy a considerar a Jarl Ricardo mi maestro. Casi simultáneamente conocí a Herasto Reyes, quien siempre se negó a presentarme al resto del mundillo literario. Aunque nunca acabé de comprender bien sus razones, a la postre fue lo mejor, terminé de forma natural mi período instintivo, sin traumas ni acusaciones de arrimado. Los traumas y las acusaciones de arrimado vinieron después. La casa de Herasto fue mi refugio en los peores tiempos, los de la crisis, Noriega y La invasión.


En julio de 1990, a pocos meses de la invasión a Panamá, a pocas semanas del retiro de las tropas invasoras de las calles panameñas, mi madre leyó en LA PRENSA que el INAC iba a dictar un SEMINARIO TALLER DE CREACIÓN LITERARIA, supongo que ella sabía que significaría esa actividad en mi vida y por eso me lo comunicó, yo no tenía idea de que era eso de taller literario, para mí taller era el lugar donde se arreglaban carros. Lo que sí supe enseguida, es que ese taller era mi Rubicón. Y lo crucé para nunca más mirar atrás. Allí nací como escritor. Durante 4 meses viajé desde mi centro de trabajo en Ocú, hasta el Instituto Panamericano en la ciudad de Panamá. Allí conocí a Enrique Jaramillo Levi y a otros jóvenes escritores que conformaríamos lo que más tarde sería UMBRAL EDITORES. Para esa época también formé parte del COLECTIVO JOSÉ MARTÍ. Ambos, tanto UMBRAL como el JOSÉ MARTÍ, fueron etapas extraordinarias donde se cimentaron en mi persona la amistad con otros escritores y el compromiso ético y estético con el arte.


Los 90 fueron el fin de mi pre-historia como escritor y el inicio de 20 años de búsqueda en la literatura. Ese buscar incluyó lecturas, tachaduras, peleas con otros escritores (algunas de ellas memorables), frágiles alianzas, solidísimas amistades, intensas responsabilidades, viajes, recitales, publicaciones, encuentros, conferencias, festivales, dormir con los demonios, levantarse con los ángeles, preguntar, preguntar, preguntar, preguntar y preguntar. Escribir se me ha convertido en una pregunta. No me siento obligado a dar respuestas. ¿Por qué? Porque la realidad cambia más rápido de lo que me puedo percatar. Es más, últimamente estoy pensando en la conveniencia de decir algo hoy y mañana desdecirlo. ¿Inconstancia? Tal vez. ¿Falta de entusiasmo? ¡Nunca! Primero muerto que abandonar la pasión. Pero ¿Qué tal si Leoncio Obando tiene razón cuando afirmó: Tengo derecho a contradecirme?


En los noventas publiqué mis tres primeros libros: Uno de cuentos, EN LAS COSAS DEL AMOR, otro de micro relatos y poemas, SOLEDADES PARIENDO y el último de poemas eróticos, LA CANCIÓN ATREVIDA. En estas tres búsquedas me comporté como un osado experimentador sin cargo de conciencia. Y a eso me he dedicado, a ser atrevido. Cuando veo las posibilidades que hay en una página en blanco (o pantalla de ordenador, pues), nacen en mí todas las tentaciones del mundo. Soy producto de un barrio donde aún es más fácil comprar cocaína que una aspirina, de la educación panameña que tiene décadas en crisis y de la sociedad panameña que, es preciso decirlo, es una sociedad aplaudidora de la mediocridad. Y aún así, sin mayor formación literaria, la audaz imaginación, que no conoce de prohibiciones, hizo de mí un escritor. Además, tuve la suerte de toparme con personas de alta calidad, que, sin saberlo elles (elles es ellos y ellas), siempre me han señalado por donde está el camino. La lista es larga, no quisiera dejar por fuera a ninguno, mejor no menciono nombres. ¡A qué carajo! Mejor que se me olvide algún nombre, a no hacer justicia: Aurora Orobio de Robinson, Isaac Orobio, Silvana de Toscano, Margarita Vázquez, Leticia de Pardos, Manuel de Jesús Morales, Moisés Solanilla, Meregilda Shaw, José Quesada, María Santamaría, Sebastián Ponce, Nitzia Pérez, Herasto Reyes, Jarl Ricardo Babot, Enrique Jaramillo Levi, Ricardo Segura, Juan Antonio Gómez, Óscar Muñoz, Carlos Fong, Leadimiro González, Héctor Collado, Martín Testa Garibaldo, Déborah Wissel, Alex Mariscal, Lucy Cristina Chau, Consuelo Tomás, Moisés Pascual, Ramón Oviero, Luis Antonio Guardia, Lileana Pinedo, Rafael Ruiloba, Ariel Barría, Manuel Montilla, Jairo Llauradó, Rose Marie Tapia, Ricardo Quiel, Eduardo Soto, María Alejandra Sierra, Marvin García, Javier Romero, Lesbia Domínguez, Gloria Melania Rodríguez, Isabel Herrera de Taylor, Erica Harris, María Carballeda, Roberto Manzano, Henrie Petrie, Inocente Duarte, Rigoberto Aguilera, Gilberto Lee, Mario García Houdson, Salvador Medina, Cesáreo Young, Analissa Williams, Benjamín Ramón, Luis Carlos Jiménez Varela, Alexander Sánchez y hasta Leoncio Obando. La lista es más larga. Mucho más larga. Todos estos seres humanos influyeron en mí persona, en mis concepciones teóricas, en mis técnicas literarias; muchos de ellos ni siquiera se dieron cuenta que los observaba y escuchaba. De ellos aprendí que se debe hacer y como hacerlo. También que no se debe hacer. Un pequeño ejemplo, tengo un sello editorial con el cual me auto publico, se llama Casa de las Orquídeas. Martín Testa, al ver las abundantes flores cultivadas en nuestra casa por mi madre y mi hermana Dallys, me dijo: “Hermano, el nombre de tu editorial tiene que ser CASA DE LAS ORQUÍDEAS, ¿o es qué no has visto bien donde tú vives?


El nuevo siglo me encontró, como siempre, en crisis. Los años pasaban y no veía la fama y el reconocimiento. Pero en esta centuria descubrí, gracias a conversaciones que tuve con Isabel Herrera y Erica Harris, que en realidad la trascendencia no está en los ojos de los otros, sino en los propios. Esto de escribir no es una carrera contra los otros, ni siquiera contra el tiempo. Esto de escribir es una carrera contra la propia obra. El libro ya publicado es un reto al que aún no ha sido concebido, que no puede ser una repetición, que no puede ser la aplicación de una receta exitosa, que debe ser un aporte, que debe ser un nuevo escalón. La trascendencia es la búsqueda. Escribir es buscar en el mundo y en la patria íntima. Por eso los cuatro libros que publiqué en esta última década son totalmente diferentes entre sí. El primero de cuentos, VÉRTIGO (IN EGO VOLANTIS), el segundo de prosemas RESISTENCIAS (MALDICIONES AL DESPARPAJO), el tercero de artículos periodísticos HEURÍSTICAS (DEL INSTINTO AL OFICIO) y el último de poemas CONFESIONES DE UN POETA EN UNA CIUDAD QUE ODIA. Este último no tiene sub-título porque de tenerlo no hubiese quedado espacio para la foto de la portada.


Algo que descubrí en este siglo es que soy heurístico. El más huerístico de los heurísticos. Y todo fue un accidente. Fue por sentirme como vietnamita. Sí, así fue. Cuando vi la película EL SASTRE DE PANAMÁ, me sentí sumamente ofendido. Supe, entendí y comprendí como se sienten los pueblos masacrados por el imperio y que encima tienen que soportar sus películas basura. Escribí mi opinión al respecto y la difundí por el ciber espacio. Y se formó el debate. Y aún sigue. Inicialmente, los cibertículos los difundí a través de mi lista de correos electrónicos; luego fueron al diario DÍA A DÍA y por último a un blog. Me siento obligado a mencionar a tres señores. El primero Ricardo Quiel, el fue quien me sugirió que dejara de firmar los cibertículos con el título de escritor panameño y que lo hiciese con el de heurístico. Por supuesto que yo no sabía que significaba esa palabra, pero cuando leí su significado, me gustó. Me encanta pensar que soy un inventor de ideas. La segunda persona es Eduardo Soto, quien me abrió el espacio para publicar cada viernes en el diario DÍA A DÍA; eso de que me pagaran por algo que yo hacía gratis, me dio un nuevo enfoque, el de escritor profesional. La tercera persona es un lector del periódico, el pintor Inocente Duarte. Me lo encontré en el entierro de un amigo común y me dijo que él leía mis escritos, pero me preguntó: ¿por qué tienes que ser tan ampuloso al escribir? Desde esa conversa me he preocupado por decir lo que tengo que decir de una manera bella, pero sencilla.


Hoy celebro 20 años de ser escritor y medio siglo de vida. Llego a esta altura del partido con el convencimiento de que este negocio de escrivivir no se mide ni por el número de años que se celebren, ni por poseer contactos influyentes, ni con los premios recibidos, ni libros vendidos, ni si eres de izquierda o derecha, ni por el dinero guardado, ni por lo candente de los discursos pajisos dichos en los foros pajisos, ni la fama lograda, ni invitaciones a festivales internacionales, ni conferencias dadas, ni tesis que se escriban en torno a la propia obra. Todo eso no está mal, pero no miden la vida exitosa de un escritor, por lo menos no del escritor que quiero ser. Este negocio de escrivivir se mide con la intensidad de la felicidad que se genera. Escrivivo para ser feliz. No para cambiar al mundo, para evolucionar y ser feliz. No para ser aplaudido, sino para verme y ser feliz. No para llegar a la cima, sino para ser exclusivamente David. Les tengo que confesar algo. Soy el más grande de los pendejos y estoy orgulloso de serlo, porque en un mundo donde se es o aspira a ser un avivato, el pendejo es un ser marginal y por lo tanto, un ser libre, y en mi caso, libertad es sinónimo de felicidad. Las comparaciones son malas, pero hay quienes se hacen acompañar del celular, a mí me acompañan mis estruendosas carcajadas. Pero no puedo reírme si guardo silencio en esta tierra de opresores y oprimidos. Y es así porque la injusticia reina sobre nosotros, pero es la idiotez la que nos convierte en cómplices de nuestra explotación. Por eso estoy en guerra, y voy a seguir en guerra. Esta guerra me hace muy feliz. Sé que es una guerra que voy a perder, pero, pregúntenme si me importa.


Estos últimos 20 años me he dedicado a ser un hombre que ESCRIVIVE; rechazo la idea del poeta como pequeño dios, que de plano es un concepto que busca justificar el elitismo cultural. ¡Como que los poetas no defecaran! Muchas gracias por soportarme todos estos miles de instantes y celebremos la vida, la buena vida, la vida de la libertad y la solidaridad. Y sin ser candidato a puesto público les voy a hacer tres promesas, no, mentira, en realidad, me voy a hacer tres promesas, ojala los diablos rojos y el asma me permitan cumplirlas: me prometo que voy a seguir en guerra, me prometo que voy a seguir riendo con el escándalo de siempre y me prometo que voy a seguir escriviviendo. Así sea.

domingo, 14 de noviembre de 2010

¡QUÉ AFÁN!

“Las palabras no son inocentes: delatan la manera en que alguien interpreta el mundo…De ahí que desde una cosmovisión «muerta» sólo puedan aflorar palabras igualmente muertas.”



Luis Alvarenga


Si dos personas de edad avanzada se reúnen, se afanan en contarse sus enfermedades y achaques. Si hay un conclave internacional, del tema que sea, sus participantes se apurarán en buscar la ocasión para contar cuán corruptos son sus países de origen. Si un grupo de jóvenes se juntan, no tardarán en competir y el ganador será aquel que fue más maltratado por sus padres.


Por supuesto que estoy exagerando, lamentablemente, no es muy grande mi exageración. Vivimos sumergidos en una eterna olimpiada de la desgracia. ¿Qué estamos en tiempos de crisis? Claro que lo estamos. Pero si nuestra miseria es tan grande, ¿por qué no hay suicidios en masa a diario? De repente, sí estamos anegados por un mar de infortunios, y sí nos estamos suicidando. Hay tantos absurdos a diario, que, tal vez, sí es necesaria la terapia de contarse los infortunios. Sin embargo, ¿es la única terapia?


La cultura de la queja, del llorar sin hacer nada más que derramar lágrimas, no sólo nos deprime como individuos, también nos deprime como sociedad. Tal vez por eso no contemplamos solución posible a la maraña que nos tiene enredados, tal vez por eso cuando algún osado se atreve a proponer una respuesta a algún problema específico, lo miramos con recelo y le hablamos con mucho más recelo. Un no se puede nos tiene atorada la vida.


Cada vez que me preguntan cómo estoy, suelo contestar estoy vivo. Muchos no me captan el mensaje, creen que para estar vivo basta respirar. Pero no es así. Estar vivo es vivir plenamente. Responder con un “estoy vivo” es una declaración pública de rechazo a existir como existen los vegetales. Es dejar atrás la cultura de la queja. Quizás así comencemos a salir de la crisis.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

MEDIO SIGLO

“Me encanta la muerte. Simplifica todo, como un haikú. Es que la muerte nos confronta con los retazos no terminados, con los sueños perdidos y con todos los pendientes.”
Leda Abril Moreno


Medio siglo de amores y dolores, ilusiones y desengaños y sobre todo de vida intensa. ¡Y qué rápido han pasado estos 50 años! Aún me recuerdo quejándome con la maestra de quinto grado de primaria lo largo que me parecía el año escolar; ella me contestó: Mijito un año pasa rápido. Pues resultó que cuatro décadas se pusieron zapatillas atléticas y se me pasaron en un tris.


Ahora pienso en todo lo que he logrado, pero sobre todo en lo que no he logrado. Y lo que más me asombra, casi me asusta, es lo poco dispuesto que estoy a preocuparme por aquello que no alcancé. Porque en este medio siglo lo que aprendí fue a amar lo que tengo y lo que hago. Gracias Carlos Matías.


Ahora pienso en todos los amigos que tengo, pero sobre todo en los que he perdido. Y lo que más me asombra es que comprendí que los amigos no se pueden perder porque no son de nuestra propiedad. Porque en este medio siglo aprendí que uno no tiene amigos, sino que uno es o no es amigo. Gracias Héctor Collado.


Ahora pienso en todo lo que he estudiado sobre los procesos de enseñanza, pero sobre todo en lo inútil de tantas teorías del aprendizaje. Y lo que más me asombra es que descubrí que enseñar no es más que animar a aprender. Porque en este medio siglo aprendí que nadie puede enseñarle nada a alguien que no quiera aprender. Gracias Myriam Garay.


Hay tantas cosas que he descubierto y tanta gente a quienes agradecer. Medio siglo me ha demostrado que es mejor vivir agradeciendo, que creyéndose el descubridor del agua tibia.

viernes, 5 de noviembre de 2010

¿QUIÉN ES SUPERMAN?


¡Soy un anarquista! Por lo que no reinaré, ¡y tampoco reinado seré!



John Henry Mackay


El hombre primitivo, incapaz de conocerse y de conocer su entorno, creó los mitos para de alguna manera explicarse su existencia en este mundo. Nosotros, los seres humanos del siglo XXI, después de tanto estudio filosófico y científico, ¿podremos escudarnos con la ignorancia y seguir con esa práctica?


Increíblemente, no sólo es posible que nos escondamos detrás de la mitología, sino que ella está en franco crecimiento. ¿Será que en este siglo la magia reemplazará a la ciencia? Bueno, cuando encendemos la televisión, eso pareciera ser así.


Desde la pantalla chica, y desde otros medios de comunicación, emana la concepción de que somos individuos impotentes y atrapados por fuerzas superiores que nos acorralan y nos impiden escapar. ¿Qué podemos hacer ante tanta crisis? Inventarnos cuentos. ¿Será esa la solución?


Estamos faltos de un nuevo concepto de sociedad. Una nueva forma de ver el mundo, que nos permita ser más libres, que nos aleje de la violencia, que nos acerque a la armonía y la paz. Necesitamos que los nuevos capítulos de la historia humana dejen de tener tantas equivocaciones innecesarias. ¿Y cómo se hace eso?


Tal vez, lo primero y esencial, es regresar a una vieja práctica: la de conocerse uno mismo. ¿Puede haber un nosotros sin un yo? ¿Puede haber sociedad sin individuos? ¿Puede haber civilización sin ciudadanos? No lo creo.


¿Por qué tanto mito entre nosotros? Los mitos nos están inundando, simplemente, porque están llenando el vacío del principal conocimiento que hay que buscar, el de nosotros mismos. ¿Tememos conocernos? ¿Descubrir algo que no nos agrade? Pero esconderse detrás de un mito agradable, ¿no es algo así como vivir drogado? ¿Y no dicen que todo abuso de drogas es dañino para la salud?

domingo, 31 de octubre de 2010

DE LAS COSAS IMPORTANTES

“Salir a pasear con mi perro, es mi excusa para no contestar el teléfono.”

Pat Alvarado


¿Qué? ¿No es una irresponsabilidad no contestar el teléfono? ¿Qué de provechoso puede haber en salir a pasear con una mascota? ¡No hay disculpa para no cumplir con el deber! Pero, ¿de qué obligación estamos hablando?


A veces tengo la impresión de que en nombre de los compromisos, olvidamos el primer compromiso: tener tiempo para uno mismo. Es más, sacar tiempo para uno mismo es hasta visto como pecaminoso egoísmo. Pero ¿la cosa no es amar al otro como a uno mismo?


Definitivo, somos extremistas. O nos olvidamos de los otros, o nos olvidamos de nosotros. ¿Será posible el equilibrio? ¿Cómo lograrlo? La verdad, no tengo idea. Mejor dicho, no estoy del todo seguro del como me resolví el asunto: cuando necesito estar solo, me aíslo; cuando necesito compañía, la busco. Pero, siempre hay un pero, eso significa que cuando el otro necesite estar solo y corra a aislarse, no tengo derecho ni de enojarme ni de recriminarle; que cuando me necesite, debo recibirlo y cuando prefiera simplemente la compañía de otros y no la mía, debo respetarlo. No me es fácil aceptar que los otros también pueden aplicar una estrategia semejante a la mía.


Si uno aprende a no ser extremista, a ser ecuánime, es más sencillo comprender que cada uno debe tener su espacio, sin que ello signifique ser defensor del egoísmo o de la anulación personal. La compañía humana es bella, pero también es hermoso tener tiempo para gozar de la propia compañía. ¡Del ser amigo de uno mismo!


No somos islas, tampoco eslabones de una cadena de hierro. Somos seres humanos. En lo personal pienso que el tiempo es una apreciada riqueza y que él, el tiempo, es más valioso si se cuenta con la mejor amistad, sea la de los compañeros o la de uno mismo, en el momento más conveniente.

domingo, 24 de octubre de 2010

20 AÑOS SON UN MONTÓN DE INSTANTES

Clausura del Festival en el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz

“Busquen en la crítica la solución. No el conflicto.”
Henrie Petrie


Hace más de treinta años (1974), en un salón de clases del colegio donde ahora laboro, atrapado entre la angustia de ser adolescente y las clases de una profesora de español que parecía poseer una férrea vocación de terrorista, tuve el primer aviso de que algún día sería escritor. Para escapar de eso que semejaba ser una celda en la mismísima base de Guantánamo, imaginé la trama de un cuento. Pero lo escribí muchos años después, cuando no tenía duda de lo que soy, un escritor. Pero no todo fue terrorismo, en otras aulas (1978) me topé con Machado cantado por Serrat y escribí mi primer texto. Durante mi vida universitaria (la década de los 80), seguí escribiendo a tientas, como por instinto. En julio de 1990, a pocos meses de la invasión a Panamá, a pocas semanas del retiro de las tropas invasoras de las calles panameñas, mi madre leyó en LA PRENSA que el INAC iba a dictar un SEMINARIO TALLER DE CREACIÓN LITERARIA, supongo que ella sabría que significaría esa actividad en mi vida y por eso me lo comunicó, yo no tenía idea de que era eso de un taller literario, para mí taller era el lugar donde se arreglan carros. Lo que sí supe enseguida, es que ese taller era mi Rubicón. Y lo crucé para nunca más mirar atrás. Allí nací como escritor. Hoy celebro 20 años de ser escritor y soy un hombre feliz. No escribo para cambiar al mundo, sino para evolucionar y ser feliz. No para ser aplaudido, sino para verme y ser feliz. No para llegar a la cima, sino para ser exclusivamente David. Pero no puedo ser feliz y guardar silencio en este mundo que está mal. Y no está bien porque la injusticia reina sobre nosotros, pero es la idiotez la que nos convierte en cómplices de nuestra explotación. Por eso estoy en guerra, y voy a seguir en guerra. Esta guerra me hace muy feliz. Sé que la voy a perder. No me importa.

domingo, 17 de octubre de 2010

DE PERIPECIAS Y DEFINICIONES

Amelia Denis escucha a Magdalena Camargo leer a Chuchu Martínez

“Viajar, o lo que es lo mismo, salir de nuestro entorno, supone dimensionar la realidad, ajustarla a sus proporciones, comprenderla en su diversidad.”
Cristina Castillo Martínez


Durante nueve de los últimos diez años, he dedicado parte de mis vacaciones de verano a recorrer la región centroamericana. Si mis cálculos no fallan he estado sentado en un bus, un auto, taxi, avión o tuc-tuc (taxi motorizado) unas 865 horas, es decir, poquito más de 36 días. Un mes y días de mi vida. He estado entre Ipetí Emberá en Panamá y Tecum Uman en Guatemala. He soportado temperaturas entre menos siete centígrados y cuarenta y uno grados. Si no me equivoco he recorrido unos 51, 900 kilómetros. Mido 1, 87 metros y no estoy hecho de hule, así que tanto trajín no me es muy cómodo que digamos. Después de cada viaje, mis músculos demoran un par de días en regresar a la normalidad, o sea, en desenrollarse. Después de cada viaje, me siento obligado a preguntarme: ¿Y tanto esfuerzo para qué?


Sí, ¿para qué? ¿Para enfermarme de neumonía o de gastroenteritis? ¿Para lidiar con los desamables oficiales de aduanas? Esos que tratan a los escritores como a traficantes de marcianos. Los de migración nada más lo tratan a uno como a marciano. Pues sí, ¿para qué tanto viaje afanado?


En una de esas vueltas, en un festival de poesía, compartí la mesa con Eyra, Moisés, Érica y Marvin. En la conversa a Érica se le ocurrió preguntar que era la poesía para cada uno; respondimos que la poesía era soledad, libertad y hasta angustia. Pero la respuesta de Marvin me quedó dando vueltas en el cerebro: poesía es amistad.


Poesía. Amistad. Al reflexionar la marvelada, fui cayendo en cuenta sobre cual es la razón profunda por la cual soporto el maltrato de un viaje tan…maltratador. No viajo ni por fama ni por fortuna, ni para conocer famosos ni afortunados: viajo para visitar a mis amigos. ¿Puede haber una mejor razón?

domingo, 10 de octubre de 2010

ES MÁS FÁCIL CREER

Los poetas en el Colegio Elena Ch. de Pinate

“No se trata de buscar nuevas soluciones, sino de plantear nuevas preguntas.”
Alberto Einstein


Prefiero vivir que creer. Prefiero vivir en justicia que creer en la justicia, por ejemplo. Eso me ha ayudado a comprender mejor la vida. Y a mis congéneres. Y a mí mismo. Una cosa es la justicia dentro de un discurso y otra, aplicarla. ¿Qué tan sencillo es dar a cada quien lo que corresponde cuando a un hijo no le corresponde nada? No sé. Lo que sí sé es que vivir situaciones específicas donde hay que aplicar la justicia, me ha servido para dejar de ser un tipo rígido y de conceptos cuadrados.


Quizás por esa experiencia es que soy muy sensible al incremento de creencias que está sufriendo la población. Miren que hablo de creencias, no de fe. Cada vez más seguido me encuentro con personas aferradas a credos de todo tipo, credos que constantemente son desmentidos por la realidad y que fuerzan a sus adeptos a convertirse en férreos dogmáticos. ¡Fanáticos limpios!


No sólo he observado el repunte de las tradicionales creencias religiosas y políticas (de izquierdas y derechas), también de otras determinadas por el mercado, por ejemplo, las ventas multinivel que afirman que todo el que se suscriba en tal compañía para vender tal producto, irremediablemente se convertirá en un millonario.


Hay que creer en algo, hay que creer, me dicen muchos amigos, pero ¿por qué? Pienso que cada vez más personas están dispuestas a creer en lo que sea, porque así es más fácil escapar de lo incierto de la vida. Pero ocurre que la vida es incierta. Que no existen las recetas salvadoras. Que cada mañana hay que despertarse, salir de la cama y enfrentar lo que nos trae la nueva jornada.


¿Hay que creer? ¿Para qué? La respuesta es tan antigua como la humanidad: para que los poderosos sigan teniendo poder en la sociedad. Resulta que siempre al final de una creencia, el creyente se somete y alguien se hace más poderoso.


En lo personal, a mí me ha ido muy bien con una vida llena de vivencias y escasa de creencias. Por ejemplo, más que creer en la amistad, convivo y me alegro de convivir con los valientes que osan ser mis amigos. En lo personal, creer me suena a buscar una seguridad donde no se encuentra.