domingo, 2 de enero de 2011

PROPÓSITOS DESPROPOSITADOS

“¿Será mudo el pasado?”
Eduardo Galeano


Ya llegó enero, mes de los inicios, de las renovaciones, de las repeticiones. Sí, porque si de verdad todo fuese cosa nueva, cometeríamos nuevos errores y no las mismas metidas de pata de siempre. Estamos hasta las clavículas en deudas, pero ya estamos atentos a los baratillos de febrero, ¿para qué? Para comprar los mismos artículos que compramos caros en diciembre.


Es que con esto de las ofertas le juegan a uno la prestidigitación sicológica y se termina comprando dos veces un cacharro que es doblemente inútil. Por ejemplo, en diciembre pasado compré un disco duro externo para que sirviera de respaldo a mi computadora; tiene un montón y pico de gigas de memoria. Pero hace un par de días, no resistí, compré por casi el mismo precio otra memoria externa que tiene 15 veces más espacio libre. En la primera memoria guardé todos mis documentos, fotos, músicas, videos y todo cuanto se me pudo ocurrir, es más, estuve tentado a pedirle a una vecina su información digital para guardarla en mi nuevo aditamento; apenas si ocupé el 10% del espacio. ¡Qué barbaridad!


Cuando intenté utilizar mi segunda compra, la memoria que tiene 15 veces más espacio libre, resultó que la inútil de mi computadora no tenía suficiente velocidad y se volvió loca; nunca pudo identificar aquel bicho electrónico y terminó por dañarse. Bueno, quizás la patada que le metí en la torre fue la responsable del soponcio cibernético. Terminé gastando mucho más de lo que supuestamente me había ahorrado con la rebaja. ¿Verdad que eso es meter dos veces la misma pata en el mismo hoyo lleno de lodo?


Sí es verdad que nosotros los seres humanos somos seres de costumbres fijas por los cuales siempre metemos la pata. ¿Será que por eso cada año nuevo nos hacemos nuevos propósitos?


"Cómo coser las heridas sin tocar la carne”


Eugenia Toledo-Keyser


Año nuevo, vida nueva. Es tradición que con cada comienzo de año, todos nos planteamos nuevos propósitos, por lo general, no han pasado 15 días cuando ya los hemos olvidados. Pero esta vez estoy firme en mi propósito personal anual, me voy a portar diferente.


¡Qué importa que el año pasado me propusiera aprender alta cocina y que a lo más que llegué fue a quemar todas las sartenes y pailas de mi casa! No hubo ensalada que no quedase sazonada con mi ADN; cortar vegetales con un filoso cuchillo sobre una blanca tabla de picar se ve tan fácil en la televisión, pero nada más cercano a la verdad.


¡Qué importa que ya una vez me propusiera convertirme en un disciplinado atleta! En aquella ocasión compré, de un solo tirón, el número de aparatos de gimnasio que me permitió mi cuenta bancaria. La noche del mismo día de la compra, los utilicé todos. Al siguiente no pude presentarme a trabajar. Ni siquiera pude ir al médico. Simplemente, no podía levantarme de la cama. Me dolía cada músculo de mi cuerpo, cada hueso, cada órgano y cada cabello. ¡Ah! También cada uña de pies y manos. No he vuelto a tocar ninguno de esos aparatejos. Ni siquiera para cargarlos y venderlos, o para ubicarlos en un lugar donde ni siquiera pueda verlos.


Pero ya lo dije, este año voy a ser diferente. Creo que estoy bien motivado para llegar hasta la meta el próximo diciembre, cuando se me ocurrirá otro propósito anual. O quizás no, tal vez me mantenga obstinado con el mismo. Me gusta mucho. Es tan simple que hasta asusta. Mejor les digo ya cual es: Mi gran proyecto de este año, y sí se puede un poco más allá del día 365, es que me propongo abandonar la angustia que me provoca pensar, y planear, y hacer promesas que me quitan el sueño y que nunca voy a cumplir. Simple, ¿verdad?
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