viernes, 20 de julio de 2012

LOS 31 DÍAS DE CÁLOX: DE LO QUE NOS DEJÓ EL MIEDO


David Classen Robinson Taylor
“La lección más importante es que estar vivo es una 
alegría por todo lo que podemos sentir.”
Bruce H. Lipton  
6 días de resfriado. Una visita al médico. Otra visita a otro médico. Los días pasan sin cura. Rumbo al cuarto de urgencias. Cálox, 65 años fumando no pasan en vano. La sentencia fue dictada. Vi acercarse tu final con una aceleración constante. Terrible espectáculo.
Recuerdo que un día me llevaste a comprar Hush Puppies (unos botines de piel), fue todo un ceremonial, incluyó una visita a un restaurante chino. Cuando regresábamos, nos bajamos en la entrada de La Radial y un reto flotó en el aire: ¿Qué? ¿Una carrera hasta la casa? Y arranqué primero que tú, y te saqué una gran ventaja, y daba de por hecho que te ganaba, y sólo escuché un tropel de pisadas, y me pasaste cual raudo pura sangre. Cuando llegamos a casa, tú, mamá y mis hermanas me recibieron con sonrisas burlonas; así de aplastante fue la victoria. Todo esto fue antes de que mi adolescencia y tu crisis de los cuarenta chocaran en guerra abierta. Y todos los días que duró esa guerra son nada con el recuerdo de aquella carrera.
23 días en una cama de hospital. Tus pies hinchados te picaban por regresar a casa. Algo sospechabas. Una cama fría, a la que nunca te acostumbraste, te parecía un horrible lecho para terminar. Preferías volver a tu cuarto, a donde tu y Monina tantas veces hicieron el amor.
Ahora que soy viejo y pellejo, entiendo y comprendo, que si bien es cierto que Monina adornó mi vida con libros, por ti soy amante de la lectura; es que te veía leer, allá en tu esquina del balcón. Años más tarde supe que leías el programa de carreras de caballo, pero ya el daño estaba hecho, ya yo era un entusiasta lector.
2 días. Mejor dicho, casi dos días. Y después de tu regreso a casa. Y después de ver como peleabas por respirar. Y después de 41 horas y 25 minutos de angustia. Triste serenata la del respirador. Te vimos dormir. Te vimos sumergirte en ese largo sueño que condujo tus pasos de retorno a donde tu amada Monina.
¿Qué que me queda del miedo de ver acercarse tu final con una aceleración constante? Me queda que fuiste mi padre. Que a pesar de la guerra, los últimos nueve años fuimos amigos. Que voy a extrañar tus visitas a mi cuarto. ¿Cómo es que me llamabas? David, por favor. Y salía yo a escuchar alguna de tus historias.
¿Qué que me queda del miedo de ver acercarse tu final con una aceleración constante? En 25 años de docencia he sido testigo de como los padres siembran la discordia entre los hermanos, y me siento orgulloso al confesar que tú y mi madre Monina, a pesar de mi exuberante rebeldía, sembraron en sus hijos un profundo y sólido amor fraternal. Cálox, papá, tus hijas cuentan con un hermano, imperfecto, por cierto, pero a tiempo completo. 
¿Qué que me queda del miedo de ver acercarse tu final con una aceleración constante? Sólo una cosa más, Cálox. Viviste como te tocó vivir, nunca te arrepentiste de nada y yo no tengo ningún pesar con ello. Hasta luego.

domingo, 15 de julio de 2012

FRANCISCO Y LA PALABRA BIENVENIDA


Francisco Herrera
“Siguieron intercambiando opiniones durante quince días seguidos, y a los quince días no habían avanzado ni un paso. Pero al fin y al cabo hablaban, se comunicaban ideas, se consolaban.”
 Voltaire
¿Cuándo entendí y comprendí el significado de la palabra bienvenido? Cuando retorné al colegio donde hoy laboro. Allí realicé mis estudios de premedia. Y digo que conocí el significado de la palabra bienvenido, pues a pesar de encontrarme nuevamente con profesoras que me dieron clases en ese mismo plantel, ellas no me reconocieron. Habían pasado 19 años. También me aplicaron la ley del novato: el nuevo es el que tiene que amoldarse. Fue un desconocido quien me recibió con agrado y júbilo. Otro profesor de biología. Se presentó, me preguntó mi nombre y me dejó claro, muy claro, que llegaba, regresaba, a la institución que de lunes a viernes, de 7 de la mañana a 12:30 de la tarde, de marzo a diciembre y hasta el día de mi jubilación, sería mi segundo  hogar: el Colegio Elena Chávez de Pinate.  
A partir de ese día, el profesor Francisco Herrera y yo sostuvimos kilométricas conversaciones. Sobre todo de política y educación. Sobre todo de política.  Pero fuese cual fuese el tema que se conversase con él, era abordado con pasión, con fuego. La verdad es que nunca lo vi comportarse neutral, era un hombre que tomaba partido. Jamás fue indiferente a los problemas de sus estudiantes, al devenir del colegio, a los males de la patria. 
Francisco tenía dos pasiones: su iglesia y su familia. No predicaba, no hacía proselitismo, pero la fe en su Dios era, simplemente, la pasión del siervo por su amo. Pero de quien estaba verdaderamente enamorado, era de su familia, de su hija y de su nieta. Por eso entiendo que cuando su nietecita partió, él no pudo resistir mucho la tentación de seguirla. Francisco se fue, ahora su nieta es quien le da la bienvenida. Francisco ahora está con dos de sus amores.

domingo, 8 de julio de 2012

DIALOGANDO CON CONFUCIO


Confucio
“Si el príncipe utiliza las rentas públicas para aumentar su riqueza personal, el pueblo imitará este ejemplo y dará rienda suelta a sus más perversas inclinaciones; si, por el contrario, el príncipe utiliza las rentas públicas para el bien del pueblo, éste se le mostrará sumiso y se mantendrá en orden.”

Confucio, lamentablemente, hoy en día, 2 500 años después de tus sabias palabras, hay más príncipes corruptos que estadistas que den el buen ejemplo a la población. ¿Qué significa esto? ¿Qué no estamos evolucionando en la dirección correcta? ¿Qué no tenemos redención?

“Si el príncipe o los magistrados promulgan leyes o decretos injustos, el pueblo no los cumplirá y se opondrá a su ejecución por medios violentos y también injustos. Quienes adquieran riquezas por medios violentos e injustos del mismo modo las perderán por medios violentos e injustos.”

Confucio, cerrar las calles es la protesta más común en mi país. Se habla de la afectación y el perjuicio que sufren los terceros, los inocentes transeúntes, pero los protestantes replican: ¿Qué hacemos si las autoridades están más interesadas en sus propias chequeras que en atender nuestras demandas?

“Sólo hay un medio de acrecentar las rentas públicas de un reino: que sean muchos los que produzcan y pocos los que disipen, que se trabaje mucho y que se gaste con moderación. Si todo el pueblo obra así, las ganancias serán siempre suficientes.”

Confucio, ¿sabes que los nuevos príncipes aplican una vieja fórmula con nuevo nombre? El populismo. Subsidian a todos aquellos que les sirven para sostenerse en el poder. No les importa que las arcas del estado queden anémicas, siempre que así no ocurra con sus bolsillos.

“La pompa y la ostentación sirven de muy poco para la conversión de los pueblos. Los hombres ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos por medios honestos y rectos, deben renunciar a estos bienes. Los hombres huyen de la pobreza y de las injurias, pero, si no pueden evitarse por caminos honestos y rectos es preciso aceptar estos males.”

Maestro, si te sentaras un par de horas frente al televisor y luego caminaras otras cuantas dentro de un centro comercial, verías cuanto está la gente dispuesta a renegar de su realidad y a hacer lo que sea por aparentar lo que no son, por disfrazarse.

“Un hombre digno debe ayudar a los necesitados, pero no aumentar los bienes de los ricos.”

Como se ve que no conoces de teletones, fundaciones y rifas benefactoras. Negocios maquillados de benevolencia. El significado de beneficencia, hoy en día, parece ser deducción de impuestos fiscales.

“¿Cuál es la esencia de un buen gobierno? No resolver los asuntos con precipitación y no buscar el propio provecho.”

¡Qué va! A los actuales gobernantes solamente les falta titular como propiedad suya al territorio nacional. El país lo manejan como una hacienda que únicamente debe rendirle réditos a ellos y no a la comunidad.

“Si la ganancia o el provecho se anteponen a la justicia, los súbditos nunca estarán satisfechos y el príncipe se hallará en un peligro constante.” 

Tristemente, ese no es nuestro caso, acá la mayoría de la gente en el fondo de su corazón aplaude el latrocinio; creo que piensan que les puede tocar, eventualmente, su pedazo de pastel.

domingo, 1 de julio de 2012

DE LOS HÉROES Y LAS INFAMIAS


Don Álvaro atento

“La Máquina de la Pesadilla de explotación rapaz ha derrocado la decencia y la razón de la humanidad y su sangrienta traición inhumana florece sobre nosotros. Esto tiene que terminar. Que tu vida sea la contra fricción que pare la Máquina.”
Germán Leyens
Los libros de la historia panameña deberían estar llenos de héroes. Sin embargo, la historia panameña se ha especializado en ocultarlos. Mucha infamia, maldad y vileza se ha encargado de ello. ¿Cómo resistir tales bajezas? Persistiendo en la memoria. Recordar a los héroes es la vacuna contra el oprobio. También el no olvidar la ofensa. Pero, en un país de historia amañada, ¿cómo nutrir la memoria?
Se dice que un individuo recuerda selectivamente los acontecimientos que le sirven de sostén a su actualidad. Tal selección puede ser sana o patológica. Es en la infancia donde mayormente ocurren fenómenos asociados con la memoria selectiva y está situación está agravada por el hecho de la confusión infantil entre realidad y fantasía. Es posible que muchos de nuestros recuerdos pueriles no ocurriesen tal cual los recordamos. Por ejemplo, como adultos, inconcientemente,  no queremos recordar un acontecimiento vergonzoso y “olvidamos” parte de los hechos y la fantasía infantil los completa. ¿Ocurrirá algo parecido con la memoria de los pueblos? Pienso que, guardadas las proporciones, la memoria de los pueblos puede comportarse igual de selectiva como la memoria de los individuos.
No por gusto cada cierto tiempo ocurre un rescate y aflora a la palestra un nuevo personaje olvidado, o acontecimientos hasta ese momento desconocidos. Sino fuera así, la historia de los derrotados y conquistados nunca sería conocida.
Rufina Alfaro es un personaje histórico o de leyenda dependiendo de quien la mencione. Muchos hacen escándalo con la sola mención de su nombre, pues no hay registros documentales que confirmen su existencia. De ella se dice que era una joven bella y soltera que vendía verduras. Por joven bella y soltera nos abocamos a pensar que era una clásica santeña: pelo azabache, ojos café oscuro y piel blanca como la leche. Pero, ¿y si no era blanca como la leche, sino negra como el ébano? ¿Qué tan eficientemente estaban registrados los esclavos y sus hijos libertos? ¿Qué tan categóricos se puede ser y afirmar sin ninguna duda: Rufina Alfaro nunca existió?
En caso tal nuestra bella verdulera sea una leyenda, no es la única. Mucho de lo narrado sobre los acontecimientos que culminaron en la Separación de Panamá de Colombia el 3 de noviembre de 1903, también suena a fábula y no es gratuito que reciba el nombre de Leyenda Dorada. ¿Cómo es posible afirmar que la vida de los próceres estaba en peligro, pues las tropas colombianas, de llegar a la ciudad capital, los fusilarían de inmediato, si la armada usamericana garantizó que ningún batallón colombiano cruzase el istmo?
La Leyenda Dorada ha sido razón de profundas controversias a lo largo de la historia republicana. En cambio, Rufina Alfaro es símbolo de unidad y orgullo regional. Para un santeño ella es el icono de la valentía azuerense. Entonces, la pregunta que cabe es: aunque la Alfaro sea un mito, ¿es o no es importante en el imaginario de la panameñidad?
En la segunda mitad del siglo XX panameño abundan los héroes. Los eventos de diciembre de 1947, de mayo de 1958 y de enero de 1964 fueron encabezados por la juventud istmeña. Sin aquellos jóvenes, muy probablemente, hoy no gozaríamos las mieles de la soberanía sobre todo el territorio nacional. Pero con el golpe de estado de octubre de 1968, la trayectoria histórica de aquella juventud sufrió un quiebre irreparable. La infamia jugó su papel. Y hay un especial acontecimiento que es representación triste de lo sufrido por la juventud rebelde que no se sumó al nuevo proyecto político dirigido por los militares.
Floyd Britton, excepcional representante de la juventud revolucionaria de los 50 y 60, murió torturado en la isla penal de Coiba. Nadie duda de la existencia histórica de Floyd, pero la versión oficial de la causa de su muerte fue un infarto. Un hombre joven y fuerte ¿un infarto? Difícil de creer. Lo más probable, es que fruto de los golpes, Britton sufriera un desprendimiento de los riñones y que la falla cardiaca fuese el resultado de los choques eléctricos recibidos.
¿Qué interés podría haber en ocultar las verdaderas razones de la muerte de Floyd? Algo increíblemente humano: miedo a la justicia. Hasta los golpistas y torturadores se cuidan de ella. Como que en el fondo de sus negras almas saben que ella los puede alcanzar; esa es la razón del por qué se tergiversa la historia, la historia de los derrotados y conquistados.
Rufina Alfaro, una supuesta leyenda, y Floyd Britton, un real icono revolucionario, tienen un insospechado nexo. Bueno, ni tan insospechado. Dada la trayectoria de quien sirve de vínculo, la relación Alfaro-Britton es harto conocida. ¿Quién no conoce al poeta Álvaro Menéndez Franco?
Durante las últimas décadas, Álvaro y su persistencia, se han dedicado a defender la importancia para la panameñinidad de Rufina Alfaro y a no permitir el olvido de la muerte infame de Floyd Britton. ¿Que está defendiendo un mito? ¿Acaso podemos imaginarnos a Roma sin Rómulo y Remo criados por una loba? ¿Que está fortificando la causa de un terrorista? Si Britton es un terrorista por buscar el bienestar de su pueblo por la ruta de las armas, ¿qué es Simón Bolívar?
Con leal perseverancia, Álvaro Menéndez Franco ha contribuido efectivamente a la conformación del imaginario social panameño. ¿No es precisamente la destrucción de ese tejido lo que nos tiene metidos en tantos problemas? ¿Acaso no siempre vivimos acusándonos de no poseer identidad? ¿Acaso no es obligatorio nutrir el orgullo nacional?
Precisamente, el orgullo nacional de los conquistados es el principal blanco de los conquistadores. El orgullo nacional es el fundamento de las independencias y liberaciones.
Gracias don Álvaro, por no permitirnos el fatal lujo de olvidar nuestro orgullo.

domingo, 24 de junio de 2012

DIALOGANDO CON LOS INDIGNADOS DEL MUNDO


¡No a la minería anti-vida!
 
Se suponía que la economía estaba al servicio de la humanidad, pero resulta que la humanidad es la que está al servicio de la economía. "No somos antisistema, el sistema es anti-nosotros". Se acabaron los sueños de un mejor mañana, ¿qué nos queda? ¿Protestar? "Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir".
Antes se protestaba contra la opresión, ahora los niveles de marginación son tan altos que parece que hoy los que protestan buscan ser explotados. "Se alquila esclavo económico". Estamos en los tiempos de la confusión, la confusión adrede. La cosa siempre ha sido la de siempre, pero hoy la niebla no permite ver el asunto. "Esto no es una cuestión de izquierda contra derechas, es de los de abajo contra los de arriba".
Al sistema le basta repetir las mismas promesas en cada elección y parece que a la gente le basta creerlas cada vez que le piden el voto, pero eso ya no es suficiente. O cambia la situación o nos lleva candanga. "Mis sueños no caben en tus urnas".
¿Qué será peor: la promesa o la explicación de porque no se cumple? Lo triste es que ya comienza a haber voces que justifica el no cumplimiento de la  promesa y esas voces no son de los que hacen la promesa, sino de los  que reciben la  promesa. "¡Nos mean y dicen que llueve!". 
En estos tiempos, la producción de alimentos ha alcanzado cotas nunca antes sospechadas por la humanidad, sin embargo, las hambrunas son aún una trágica noticia. El desarrollo tecnológico está en la más elevada cima histórica, sin embargo, aún hay gente que nunca ha visto un foco incandescente brillar. Hoy se habla de millones, billones y trillones y sin embargo, la  pobreza ha ido en aumento. Recuerda que ahora somos más. “No falta el dinero. Sobran ladrones". Hay que hacer algo y pronto. La vida de mucho está en juego. Pero parece no importar. Nos hemos acostumbrado. ¿Qué hacer? "No apagues la televisión... Podrías pensar".

domingo, 17 de junio de 2012

OLOGWAGDI ES UNA FORMA DE VIDA


“Nadie piensa en un ángel perdido en la multitud.”
Ahmad Elshahawy
La amistad no se encuentra en los diccionarios, sino entre los seres vivos y sus vivencias. Vivir sin un amigo o amiga por la sola fuerza emanada de una decisión tomada por el cariño, no es vivir, es vegetar. Pienso que una amistad no se tiene que justificar con otros argumentos diferentes a los dictados por la felicidad. Lo demás es lo demás.
Así las cosas, sé que muchas personas tienen muchas felices razones para celebrar la vida de Ologwagdi. Y eso es un hito en un país racista como Panamá, donde aún cholo y machigüa son sinónimos de idiota e ignorante.
Olo es sinónimo de apropiación; nació Armado Díaz, pero se parió Ologwagdi. Hace muchos años le escuché decir que ser indio no era cuestión de razas sino de como asumías la vida. Como ya dije, Panamá es un país racista, lo cual es una paradoja en un país de mestizos. Nunca he visto a Olo en ese plan. Apropiarse de un estilo de vida, no significa denigrar al otro, es asumir la propia vida y a Olo su estilo amoroso de vida, no le deja tiempo libre para odiar.
Olo es una mano abierta y nos brinda su arte. Al sentarse con él en una cantina o en un restaurante a tomarse una cerveza o un café, casi de inmediato va el hombre sacando papel y lápiz y plasmando para la posteridad al amigo o a la amiga. Quien no haya sido retratado por Olo, apúrese he invítele una cerveza o un café. Menciono el café para disimular un poco.
Y sobre todo, Olo es sabiduría. A esta altura del partido, he entendido que el sabio no es sabio por emitir con erudición muchas definiciones, el sabio es sabio porque los conceptos que domina tienen que ver con la armonía. No por gusto Olo, que es un ángel perdido en la multitud, tiene tantos amigos y amigas deseosos de encontrarlo y celebrar su vida.

sábado, 9 de junio de 2012

DE LOS CÓDIGOS Y LA ALQUIMIA


Detalle mural de Camilo Ravey
 
“¿Qué es cultura si no es lo que un colectivo ha heredado de su pasado y que quiere utilizar para transformar el futuro?”
Marco A. Gandásegui
Hace unas semanas vi como una niñita de tres años manejaba sin ningún problema un teléfono inteligente. Yo no soy capaz de manejar tal instrumento con la maestría de aquella bebé. Simplemente no entiendo sus códigos y la infante sí. ¿Y qué tiene que ver el arte de escribir cuentos con el manejo de un teléfono inteligente por parte de una nena? La respuesta es simple: quien domine los códigos del cuento, dominará su escritura con la misma maestría que la bebita mencionada maneja los íconos del teléfono inteligente. ¿Tan simple y sencillo es el asunto? Así de simple y sencillo, pero simple y sencillo no quiere decir fácil y suave.
Un código es un sistema de signos y de reglas que permite formular y comprender un mensaje. La literatura es un conjunto de códigos, por ende, los talleres literarios son para conocer y dominar esos famosos códigos. Pero esa no es su única función, por lo menos mi visión muy personal de ellos incluye otros quehaceres.
El oficio de escritor consiste en buscar, hallar y volver a buscar esos significantes y significados que permitieron, por ejemplo, a Pedro Rivera retratar la vida cotidiana de un barrio popular de Panamá y a Rogelio Sinán fusionar convenientemente la descripción de la biodiversidad marina con el entramado psicológico de una relación de pareja.
Sin duda alguna, Rogelio y Pedro son íconos nacionales. Pero ¿puede cualquier ser humano conocer y manejar a su antojo los códigos mencionados y así poder escribir cuentos o este arte es exclusividad de unos pocos iluminados por la gracia de quien sabe que espíritu? ¿La posesión de tal talento estará determinada por los genes? O por el contrario, ¿podrá un taller literario lograr que sus asistentes logren, en algún grado, el dominio del arte cuentístico?
Se dice que cultura es el conjunto de conocimientos que permite el desarrollo del juicio crítico y éste, a su vez, es la capacidad de comparar dos ideas para conocer y determinar sus relaciones. Entonces, me parece, que siendo el taller literario un espacio cultural, debe ser un espacio donde se fomente el pensamiento crítico entre sus participantes.
Otra definición de cultura afirma que en ella se recoge todo el quehacer humano. Esta definición, por cierto, no es del agrado de aquellos que consideran que las elites y sólo ellas son las cultas. De las masas únicamente brota barbarie, dicen ellos. Si cultura es la faena  humana, toda mujer y todo hombre deberían poder pasar por un taller literario y vincularse de alguna manera a la literatura. Pero si es lo contrario, que solamente las elites tienen la capacidad de ser cultas, el taller literario es para desalentar a quien no alcance el estándar predeterminado. ¿En qué clase de taller literario te gustaría participar: en uno incluyente o en uno excluyente? ¿Qué clase de taller necesita este país?
En el universo biológico, todo organismo transmite a la siguiente generación su información genética. En el cosmos cultural se trata de conocer y transferir lo conocido. ¿Conocer y transferir qué? Conocer lo que se tenga que conocer para mantenernos humanos. Conocer y transferir cultura. La cultura es cultura gracias a una red de imaginarios y códigos que nos diferencian de un hato de vacas. Transferir tal red es trabajo de la educación. La educación en general y los talleres literarios en particular son para que seamos más humanos.
Somos fruto de nuestra educación, tenemos el potencial para aprender lo que sea, para aprender lo que sea que nos sea permitido; por eso la nena del inicio de mi intervención, me gana manejando un teléfono inteligente. Sus padres la pusieron en contacto con tal tecnología; en cambio, para mis progenitores eso era imposible, en mi infancia tales aparatos no existían, lo más cercano era el zapato telefónico del agente Maxwell Smart.
Tanto el fracaso como el éxito en la educación parten del mismo punto: la nutrición emocional e intelectual en la niñez. Me llama la atención que en otros países hay novelistas treintones de reconocida trayectoria internacional. Esos países tienen sistemas educativos preocupados por fomentar la lectura y la creatividad. ¿Cómo andaría la escuela básica panameña si los niños y niñas participasen de talleres literarios? ¿Qué clase de universitarios serían? ¿Qué calidad de escritores y escritoras tendríamos en esta patria nuestra?
Para un taller literario es importante conocer el estado de salud de la educación panameña, así podrá elaborar mejores estrategias de incidencia en los centros educativos nacionales y, por ende, en la República de Panamá. Pienso que los talleres también deben involucrarse en la promoción literaria.
Si de algo tiene que cuidarse el escritor panameño, más el escritor panameño que quiera facilitar un taller literario, es de ser un improvisado incapaz de hablar de algo diferente al juego del yo-yo. El escritor panameño que facilita talleres literarios está obligado a ser una persona culta, y culto no es sólo repetir de memoria algunos textos sabios, culto es quien tiene suficiente criterio para saber porque tales textos son sabios. También debe conocer elementos mínimos de didáctica constructivista, porque si no es así, estará repitiendo el desastre del sistema educativo nacional.
En el siglo pasado, Pedro Correa y Ricardo Segura defendieron la idea de crítica literaria como un pacto de amor con la obra. Para el texto primitivo e insuficiente, no era necesario el ataque, bastaba el silencio. ¿Será que los talleres literarios deben ser un pacto de amor con la gente?
El amor y sus pactos son la razón de ser de los grupos. En el grupo, a diferencia del aglomerado, sus miembros tienen un objetivo en común, alrededor del cual interactúan y se interrelacionan. Cierto que hay un escritor experimentado a cargo del taller, cierto que su papel es esencial, que él es la puerta por donde ingresan al mundo literario los nuevos cuentistas, pero sin participación activa de los asistentes, no es taller, es una aburrida clase más. El taller es un esfuerzo de todas las partes involucradas, en ello radica su eficiencia y éxito. Podemos levantar de sus tumbas a Juan Rulfo y a Jorge Luís Borges para que nos dicten un taller hoy mismo, pero si nosotros no le metemos el pecho y las ganas al asunto, tal resucitación sería infructífera.
En el mundillo literario abundan los mitos: que tengo que obsesionarme con escribir una obra cien por ciento original (a lo sumo escribir es un mero reordenar lo ya dicho miles de veces por otros), que debo sentarme y esperar que la inspiración me asalte (escribir es un oficio y no una lotería), que estoy esperando escribir el cuento que me va a permitir caminar instantáneamente bajo los reflectores y sobre la alfombra roja (la mayoría de los escritores que hoy en día consideramos clásicos de la literatura universal, no conocieron en vida el éxito editorial), por cierto, nuestro gremio no existe en el producto interno bruto. ¿Para qué es el taller literario: para desmentir o para reafirmar los mitos?
Todo trabajo humano consiste en aplicar cierto conocimiento técnico y desarrollar capacidades específicas. Así es tanto para gobernar un país, como para atarse los cordones de los zapatos. En el caso del taller literario, es fácil concluir que su prioridad es resolver el dilema técnico, pero respecto a las capacidades, mejor conocidas como talentos, el asunto no es tan sencillo. Las aptitudes, en su mayoría, se adquieren en la primera infancia, así que es cierto que no todo adulto tiene la inclinación y habilidad para escribir literatura. Entonces, ¿qué hacer con quién no posea tal vocación? ¿Desecharlo? ¿Sumarlo a una actividad afín?
La literatura tiene valores estéticos y también éticos. Si expreso que el cabello rubio es bello, pudiera ser que no dejo espacio para que el cabello negro también lo sea. El roce entre los talleristas ayuda a descubrir los discursos escondidos en los textos. La literatura no está exenta de ideología. Las palabras no son inocentes, construyen o destruyen cosmogonías.
Hace un par de días escuché a una prestigiosa profesora afirmar que si bien no todo arte está comprometido con la sociedad, si es cierto que todo arte tiene efecto en la sociedad. ¿Por qué no discutir esos temas en un taller literario?
Un taller literario amplía el horizonte de sus miembros, allí se percatan de que hay algo más allá de los chismes de las telenoticias y debería ser así, porque ese es uno de los frutos de la  buena literatura. La buena literatura integra fondo y forma, su lectura se convierte en una experiencia rotunda y enriquecedora, hace más culto a quien entra en contacto con ella.
Escribir es construir con palabras. El escritor, por constructor, usa herramientas. Tal como un albañil o un carpintero. La diferencia es que no se pueden tocar con las manos, sino con la mente. Ellas son: la sensibilidad, la capacidad de observar, la imaginación y la cultura. Casualmente, estas herramientas las conocí en un taller facilitado por Héctor Collado.
Escribir, y específicamente, escribir cuentos es una forma especial de narrar historias. Es narrar con fricción. ¿Fricción? Sí, fricción. Es provocar una alteración en el lenguaje comúnmente utilizado y provocar un cambio de ánimo en el lector. Y esa alteración en el lenguaje se logra al friccionar entre sí a los personajes con las acciones y lubricando todo con las descripciones necesarias, solamente las necesarias, teniendo como resultado un conflicto y su resolución. Este concepto es una extrapolación que hice a partir de lo aprendido en un taller poético facilitado por el poeta cubano Roberto Manzano.
Otra extrapolación que hice, luego de comprender como lograr musicalidad en el verso libre, fue escribir textos narrativos que posean algún grado de ritmicidad. También lo aprendí en un taller literario, esta vez facilitado por los poetas Liliana Pinedo y Luís Guardia.
Gracias a Juan Antonio Gómez y Enrique Jaramillo Levi tuve que contestarme ¿Quién es escritor? Varias veces le he dado diferentes respuestas. Hoy, por lo pronto, la respondo así: un escritor, en sus inicios, es un asustado espécimen que no supo resolver por vías más comunes los problemas de la comunicación de todo buen adolescente. Luego se convierte en un rebelde sobreviviente de los campos de uniformización de esta sociedad llena de estereotipos. Por último, es un artista en búsqueda de su propio discurso estético. Este último concepto se lo aprendí a Rafael Ruiloba. Como que algo aprendí en los talleres que asistí.
La sociedad panameña, más que por formular juicios críticos, se caracteriza por  experimentar momentos críticos. Queda poco espacio para reflexionar. En esas condiciones, es probable que el asistente al taller literario busque en él la fórmula mágica que lo convierta rápidamente en escritor y le ahorre el esfuerzo de establecer nuevas conexiones neuronales, de construir conocimiento a partir del desarrollo del pensamiento analítico y sintético, de escribir cuentos con paciencia y oficio. Sin embargo, la premura impuesta por los conflictos sociales acorta el tiempo disponible, por lo menos, esa es la sensación que predomina.
También en las sociedades que viven de crisis en crisis, abundan los redentores; así las cosas, es muy posible, que algún facilitador de algún taller literario, sin tener la capacidad de elaborar juicios críticos, por lo tanto, sin ser idóneo, se lance a la aventura no muy agraciada de predicar recetas de hechizos y así fundar nuevas capillas, y así fundar su capilla.
Por suerte, esa no fue mi experiencia. En el primer quinquenio de la última década del siglo pasado pertenecí a tres talleres. Umbral Editores, José Martí y Amarte. Uno especialista en cuento y los otros dos en poesía. Todos me permitieron crecer a mi propio ritmo y, sobre todo, crecer en mi propio estilo. En ellos viví un ambiente rico en cultura, en desarrollo del pensamiento crítico. Los tres talleres desaparecieron, pero cumplieron su misión: dieron a luz a una nueva generación de escritores.
En la segunda mitad de los 90 florecieron los círculos de lectura y muy pronto se entronaron como el fenómeno literario dominante, incluso, de ellos egresaron nuevos escritores, y es precisamente el indudable éxito, aún vigente hoy, de los círculos de lectura y el apocamiento de los talleres literarios, que me indica que, posiblemente, estos últimos en Panamá tienen una falla de diseño.
Un seminario de creación literaria, con una fecha de inicio y otra de cierre, no es un taller. Un taller aspira a ser un espacio permanente. Son los círculos de lectura quienes se convirtieron en esos espacios permanentes. Y los talleres, ¿dónde están? Al contarlos, sobran los dedos de la mano de un desobediente yakusa. ¿Qué ocurrió? Por un lado, la férrea voluntad del profesor Ricardo Ríos Torres y de otros personajes y organizaciones, convencieron a un sector de la sociedad de la importancia de los círculos de lectura. Por otro lado, como el grueso de los escritores se auto publican, parece ser que ya nadie se siente obligado de convencer a otros, previamente, sobre la calidad de sus escritos. Como que lo más importante es la capacidad de pago a la imprenta y no la opinión de un grupo de colegas deseosos de que el libro publicado sea un sólido aporte a la literatura panameña.
Pero eso no ocurre en mi país ideal. En mi Panamá ideal existen muchos talleres literarios donde se abandona el instinto y se conoce el oficio. Se entiende que escribir por instinto es liberar en catarsis las emociones atrapadas en la psique. En los talleres literarios se aprende a escribir por oficio, a buscar en el mundo exterior y en el mundo interno las palabras que han de convertirse en literatura. En los talleres de mi Panamá ideal se busca, se crea y se vuelve a buscar. Y ese buscar y rebuscar tiene como resultado el manejo maestro de los códigos que les permitirán a los talleristas escribir un cuento, un buen cuento. Y un buen cuento es pensado y sentido por el autor, un buen cuento conmueve al lector y trasciende la cotidianidad. Sin sed de trascendencia, la literatura no es arte, es terapia ocupacional.
En conclusión, el taller literario, por lo menos el tipo de taller que existe en mi Panamá ideal, busca incluir a todos aquellos que se le acerquen, no porque puedan pagar la cuota, sino porque pueden convertirse en escritores o en críticos literarios o en promotores o en amantes de la buena lectura. Así como la bebita inicial de esta intervención tuvo la experiencia de entrar en contacto con un teléfono inteligente y aprendió a manejarlo con maestría, así mismo los talleres que defiendo ponen a sus miembros en contacto con la literatura y allí aprenden, con destreza, de cultura, arte, literatura, vida. En mi Panamá ideal abundan los talleres literarios que tienen un pacto de amor con la gente.

domingo, 3 de junio de 2012

ANALFABETOS FUNCIONALES: ¿FRUTOS DE LA EDUCACIÓN?


El eterno Damocles
 


“Cada minuto que dedico a la lectura, es un minuto que no dedico a discutir tonterías.”

Marcos Méndez
¿Puede un niño o niña pasar 6 años en la  escuela primaria y llegar a la pre-media siendo analfabeta? Sí puede. ¿Cómo? Puede fracasar en todos las tareas de español, pero sacar las más altas notas en educación física y pasa el año escolar. Claro, estoy exagerando, ¿verdad que el sistema educativo panameño está pendiente  y supervisa que nada así pueda ocurrir? ¡Jajajaja!
La intención de la educación panameña es erradicar el analfabetismo clásico, no así el analfabetismo funcional. Un analfabeta funcional, en teoría sabe leer y escribir, sin embargo, es incapaz de poder leer y escribir eficientemente, es decir, lee sin entender y comprender lo leído. La educación panameña no se plantea el analfabetismo funcional como reto a superar, sino es así, ¿por qué el hábito más escaso entre Paso Canoa y Jaqué es, precisamente, el hábito de la lectura?
Un analfabeto funcional de estudiante se conformaba con copiar y pegar textos del rincón del vago en Internet. Al final, el resultado es un profesional mediocre. ¿Quién pondría su salud en manos de un médico que no está actualizado?
¿Cómo contribuye la educación panameña en el nacimiento de los analfabetos funcionales? Así lo hace: leer se asocia al castigo y no al placer. ¿A dónde se envían los estudiantes que están molestando? ¡A la biblioteca! ¿Cuántas veces a la semana los estudiantes ven a sus maestros leer frente a ellos? ¿Qué no hay tiempo? ¿Seguro? ¿O será que lo menos importante es prioridad?
Quizás la más importante de las causas del analfabetismo funcional es la forma de evaluación de la lectura, específicamente, de la lectura de literatura. La literatura es para reflexionar, para imaginar, para gozar; el sistema evaluativo panameño, por el contrario, es para memorizar, para repetir, para salir del paso. ¿Cómo, entonces, salir con el hábito de lector?

domingo, 27 de mayo de 2012

LO ESENCIAL ES QUE ¿NO HAY ESENCIA?



 Encintada y en soledad


“La búsqueda de la esencia pura, en realidad, es una práctica fascista.”

León Salvatierra
Hace algunos meses leí en una tela colgada por ahí: Dios no cambia. Confieso que me chocó leer tal sentencia. Es que esa es la excusa de aquellos que supuestamente son dueños de la palabra divina para, no sólo no cambiar ellos, sino para procurar que nada ni nadie cambie. ¡Prohibido evolucionar! ¡Prohibido adaptarse a la cambiante realidad!
No podemos perder de vista que afirmar que nada cambie es alegar que la injusticia y la inequidad se deben quedar tal como están: reinando entre nosotros. Prohibir la evolución social es prohibir el hacer algo para poner punto final al reino de la infamia.
Los defensores del imperio de la  inmoralidad, porque una injusticia es un acto inmoral, acusan de ateo a todo aquel que no este de acuerdo con la proclama de un dios que promete una vida buena en la otra vida, mientras se vive una mala vida en esta vida. Considero que la fe en Dios es una relación tan íntima y personal como el tener sexo con la persona amada, y por lo tanto, nadie debe inmiscuirse en ella. Pero ellos, los inmorales, tienen que inmiscuirse; ¿por qué? Porque así obtienen su pedazo del pastel de la desvergüenza.
Lo chistoso del asunto es que estos siniestros personajes se apuran a encender las hogueras donde achicharran a sus acusados de herejía, para, pasado un lapso de tiempo, con golpes de pecho y lágrimas compungidas, elevarlos a los altares. A veces, muy pocas veces, piden disculpas después de pasados unos cuantos siglos de cometido el crimen. 
¿Y quiénes son los herejes? Los herejes son aquellos que piensan que tienen derecho a pensar como quieran. Los que piensan que el universo es demasiado grande como para que sólo exista una sola respuesta a la pregunta: ¿Qué es el universo?

domingo, 20 de mayo de 2012

DOS POR TRES A VECES ES SEIS


El elefante blanco se abre paso

“Mañana llega Ulises y pone orden.”
Benjamín Ramón
¿Cuándo dos por tres no es seis? ¿Acaso la aritmética puede fallar? Si puede fallar. Hay ciertas operaciones que las matemáticas no pueden resolver. Es más, no deben intentar resolverlas. Por ejemplo, tratar de dividir o multiplicar las verdades poéticas. Inicialmente, podría pensarse que las verdades poéticas están más alejadas de la realidad objetiva que las matemáticas. No necesariamente siempre es así. Si hay algo permanente en la realidad objetiva es que permanentemente pierde parte de su objetividad. Puede ser minúscula, incluso microscópica, pero constantemente cambia y al cambiar, quien la observa pierde capacidad de observarla tal cual verdaderamente es. Así el observador se ve obligado a hacer ajustes que le regresen la lucidez de atención de la nueva situación, pero cuando ya supone haber logrado las adaptaciones pertinentes a la nueva situación, resulta que la nueva situación ya es una  vieja situación.
Las verdades matemáticas se fundamentan en verdades ideales e incambiables, ninguna transformación en la realidad objetiva las afecta. La poesía se fundamenta en las verdades del mundo interior del poeta. 
Un poeta, una poeta no es un marciano. Su mundo interior es fruto de interacciones con el mundo exterior. Así su poesía es un producto procesado de la realidad objetiva. Por ejemplo, un poeta o una poeta panameña al mostrarnos parte de su mundo interior, puede que nos muestre parte de Panamá. Puede ser que nos hable de folclore, ruinas o canal. Puede que nos hable de un multitudinario escándalo que esconde a la soledad. O puede ser que nos hable de un bus musicalizado donde todos cantan, no en coro, sino en medio del caos.

sábado, 12 de mayo de 2012

LA ESCUELA DEL ODIO


El prestamista y su mujer (Metsys)

“Las estadísticas dicen que 1200 personas poseen más del 3 por ciento de la fortuna privada mundial, mientras que la mitad de la humanidad apenas cuenta con el dos por ciento de esos bienes.”
Harald Welzer
¿Por qué si la humanidad pudo dejar atrás prácticas como el sacrificio humano en los altares, no ha podido olvidarse del racismo y el feminicidio? ¿Por qué? Porque el racismo y la discriminación de género son las escuelas donde se aprende a discriminar, donde se aprende a odiar al otro. Así se garantiza el status quo de la principal de todas las discriminaciones: la que ejercen los poderosos y ricos, sobre los débiles y pobres.
Si bien es cierto que el mayor y más permanente conflicto humano nació cuando un jefe guerrero se hizo dueño de un pedazo de tierra, también es cierto que no siempre queda claro que el meollo de las pugnas sociales tiene que ver con el control del poder político y de la riqueza. Por ejemplo, ¿cómo relacionar el trato opresor de un esposo sobre su cónyuge con el sistema económico imperante?
Las discriminaciones, para cumplir su misión de mantener intacta a la jefa de todas las exclusiones, se disfrazan de buenas razones: las tradiciones, las buenas costumbres, el orden establecido. Así el discriminador siente que está haciendo un bien marginando a otro ser humano. En realidad, lo único que está haciendo es, directa o indirectamente, defendiendo los intereses de las elites ricas y poderosas de su sociedad.
Resumiendo, para mantener a las mayorías listas a odiar a aquel que atente contra sus intereses, las minorías las entrenan con el racismo y el feminicidio. Es más fácil para un hombre odiar a aquel que grite ¡Abajo la injusticia! Si antes odia a la mujer que dice amar.

domingo, 6 de mayo de 2012

ESA ESPECIAL ARROGANCIA


Entre la flor y la pared
“Experiencia no es lo que a uno le pasa en la vida, sino lo que uno aprende de lo que le pasa.”
Eduardo A. Casati Pastor
Descubrir una gran verdad y ser humilde no es tan común. Descubrir una gran verdad y ser arrogante es lo más común. ¡Y qué maravilla que así sea! Bueno, a veces, por ejemplo, en el caso de los jóvenes descubrir una verdad y ser arrogante es parte de un proceso. Ser viejo, descubrir una verdad y ser arrogante es una necedad. Ese tipo especial de arrogancia es el arma para defender la verdad descubierta. Defenderla de dudas como: ¿Cuál es esa verdad? ¿Y es qué la verdad existe? ¿O es que hay varias verdades? ¿Y el que algo sea verdad también lo hace valioso? ¿Qué hace a una verdad valiosa?
Ojalá y esa verdad o verdades valiosas sean que se puede ser uno mismo, que se puede ser solidario, que se puede vivir alegre y en libertad. ¡Qué se puede ser feliz y hacer feliz a los que nos rodean¡ Ojalá y esa verdad sea concluir que no es necesario ser arrogante.
Sin embargo, el descubrir una verdad, cualquiera que ella sea, siempre es inquietante. Despierta inseguridad, se necesita que el otro también descubra nuestra verdad como su verdad. Así nace la arrogancia, como coraza protectora contra esa desconfianza. Se necesita sobrevivir a muchas, muchas, pero muchas equivocaciones para descubrir una verdad y comportarse humildemente.
Por eso no presto atención a los arrogantes, sólo me pregunto: la verdad de este arrogante, ¿también puede ser mi verdad? Si la respuesta es positiva, me quedo con la verdad y me despido del arrogante.

jueves, 26 de abril de 2012

PANAMÁ: ¿TERRITORIO HOSTIL?


Llegó la hora
 
“Pero es su escasa incidencia política en las instituciones reales del poder y su rechazo a utilizarlas para revertir la situación, donde radica su talón de Aquiles.”
 Marcos Roitman Rosenmann
Encontrar una oración, una frase o un refrán donde las palabras Panamá y hostil convivan bajo el mismo techo, no sólo es poco común, es casi inverosímil. Somos la nación del pro mundi beneficio. Turistas, inmigrantes e inversionistas así lo constatan. ¿Será igual para los nacionales? Me interesa, específicamente, lo que concierne al quehacer literario.
Para contestarme, usaré una táctica abominable, voy a comparar. Hace unas semanas leí el informe de cierre del año 2011 del Programa Promoción de la Literatura Nicaragüense llevado adelante por el Foro Nicaragüense de Cultura. Casi muero de la impresión. ¿Cómo en Nicaragua, un país cuya economía apenas si supera un tercio de la panameña, pueden registrarse datos tan significativos?
Veamos las cifras. El equipo responsable del mencionado programa está formado por 42 mujeres y hombres de diversas áreas profesionales, en especial, por escritores y escritoras, docentes universitarios y críticas y críticos literarios. Una vez escuché que en Panamá el individualismo tiene tal fuerza que en un grupo de tres personas, dos son gobierno y una es la oposición. Nos cuesta formar equipos de trabajo y más entre literatos.
Un dato muy importante, más de la mitad del equipo tiene su campo de acción fuera de la ciudad capital, fuera de Managua. Si nuestro país fuese representado por un cuerpo humano, tal organismo cargaría sobre sus hombros una enorme cabeza; así de inmenso es el centralismo en Panamá.
El equipo visitó 113 centros de estudios de doce departamentos y dos regiones autónomas (de un total de 18). Colegios, escuelas, escolares. ¿En Panamá podemos aspirar a que los recitales se repleten con cientos de personas? Sí, claro que sí podemos aspirar a cumplir tal meta; lo haremos el día que comprendamos que los públicos se cultivan y se cultivan desde la escuela, mejor aún, desde el jardín de infancia.
Los escritores y escritoras del equipo realizaron 279 charlas y lecturas de sus obras a un total de 18,206 estudiantes. ¡18,206! Inicialmente pensé que el Foro pudo alcanzar esas cifras gracias a que cuenta con financiamiento internacional. Las agencias europeas, canadienses, estadounidenses y japonesas no patrocinan, mayormente, proyectos culturales en Panamá; aducen que aquí el producto interno bruto es muy, pero muy alto. Conclusión, los euros hacen la diferencia. Conclusión equivocada. Las agencias europeas patrocinan el 44.45%, el Estado Nicaragüense aporta el 30.86% y el Foro y su gente el 24.69%. Simples aritméticas, de cada 100 dólares invertidos en el proyecto, redondeando, 44 vienen de afuera y 55 son gestionados por los nicas. ¿Será que es cosa de voluntad?
En los países del primer mundo, la población de lectores está arriba del 54%; sus sistemas educativos y familias se preocupan porque así sea. ¿Y acá? ¿Quién se preocupa que sea así? ¿Nuestros ministerios de educación? ¿Nuestras familias? Los primeros están enredados en sus propias patas y las segundas están atropelladas por las angustias económicas, que es un eufemismo para decir que están seducidas por el consumismo. ¿Quién queda? ¿Acaso seremos los escritores?
En nuestro medio hay muchos y buenos ejemplos de escritores y escritoras llevando adelante bellos proyectos de promoción de la lectura y de la literatura panameña. No quiero correr el riesgo de olvidar alguno al enumerarlos. Y precisamente ese es el problema: la disgregación. El proyecto A es llevado adelante por fulano, el proyecto B por zutano. Fulano y zutano no son capaces de trabajar juntos (generalmente sus razones son intranscendentes). El proyecto A y el proyecto B se desarrollan en paralelo con una consecuente deficiente administración de los recursos.
Hace un par de años, en una entrevista periodística, el maestro y director de orquesta Néstor Castillo afirmó que Panamá es un país hostil a las artes. ¡Y por supuesto que lo es! ¡Y por muchas razones! Las elites dueñas de las riquezas son amantes extremas de las sinfonías provenientes de las cajas registradoras y la clase política responde a los intereses de los dolarmaniáticos. El resto de la población imita tal comportamiento, lo acepta como parámetro determinante del éxito.
Igual ocurre en otras latitudes. Igual ocurre en Nicaragua, pero con una grave diferencia. En la entrada del Instituto Nicaragüense de Cultura, en el antiguo Palacio Nacional, se encuentran dos enormes retratos, uno del poeta Rubén Darío y el otro del general Augusto C. Sandino. Dos íconos de la identidad nacional nicaragüense. El poeta y el guerrero. Dos figuras cuya trascendencia es reconocida, incluso, por quienes aún hoy día no comparten sus credos estéticos e ideológicos.
¿Y en Panamá? A la entrada del Teatro Nacional ¿el retrato de quien o de quienes colocaríamos? Se me ocurren tres figuras: el presidente Belisario Porras, el presidente Arnulfo Arias Madrid y el general Omar Torrijos Herrera. Tres personajes fundamentales en la historia de la política panameña, pero que no son símbolos de unidad nacional. Los seguidores de Arnulfo denigran a Omar y los seguidores de Omar hacen lo mismo con Arnulfo; Belisario cada día está más relegado al olvido. Además, para lo que atañe a este artículo, ninguno fue escritor o cosa parecida. ¿A quién colocaríamos? ¿Al campeón mundial de boxeo Roberto “Mano de Piedra” Durán? Hay un problema en el imaginario panameño. Mientras no se incluya en él a hombres y mujeres con trayectorias en la literatura panameña, la literatura seguirá siendo un mero pasatiempo.
 Hoy en día, quien busque abandonar la categoría de aficionado y desee profesionalizarse en cualquier campo necesitará, por fuerza, trabajar en equipo. Aquellos días del científico solitario encerrado en su laboratorio, ya son cosa del pasado. A nosotros los panameños como nos cuesta formar equipos de trabajo y más a los literatos panameños.
Sin el trabajo en equipos se realizan simultáneamente actividades con iguales objetivos, no se aprovechan de la mejor manera los recursos, no hay una programación común y menos un macro proyecto. Y sobre todo, no hay acumulación de poder. En un país donde las figuras icónicas son políticos, en un país donde la clase política apenas si sabe leer el libro “Quiero aprender”, el que los escritores panameños no seamos capaces de ponernos de acuerdo en cosas mínimas y así trabajar en conjunto, se traduce en marginación que se manifiesta en la poca seriedad con la que se escucha en los círculos del poder al escritor y escritora panameña. Dicha marginación alcanza niveles insultantes fuera de la ciudad capital, en las provincias del llamado interior.
Pero hay buenas señales, no las voy a negar y, precisamente, porque hay luz al final del túnel, no tengo la menor intención de ser condescendiente. Porque es la aquiescencia la madre del conformismo. Y el conformismo en Panamá se ha convertido en veneno mortal.
No voy a dedicar las líneas que me quedan a hablar de lo que debe ser el funcionamiento del INAC (Instituto Nacional de Cultura) o del MEDUCA (Ministerio de Educación) o de la UP (Universidad de Panamá); no soy oncólogo, así que no puedo hablar de casos terminales. En dichas instituciones, por cada funcionario con deseo de trabajar hay cuatro esperando la hora de salida. Y me duele el  alma por los maravillosos funcionarios que conozco laboran en dichas instituciones, esos que tienen ganas de construir patria, me duele ver como van perdiendo la chispa, o mejor dicho, ver como le van apagando la luz.
Voy a dedicar las líneas que me quedan a los escritores y escritoras panameñas. En la República de Panamá la mayoría de la gente está dormida, por ser amable y no decir que caminan como zombis. Pero hay un segmento de la población que está sedienta de conocimiento y de cultura. ¿Y quién está calmando esa sed? Las religiones. Sí, las religiones, las que creen en Dios como las cristianas y las que creen en el mercado como las ventas multi-nivel. ¿Han visto la transformación que ocurre en un individuo cuando se compromete con una iglesia o se involucra en la venta de pastillas para adelgazar? ¿Verdad que has visto su cambio de actitud? Igual metamorfosis he visto en personas involucradas en un taller literario o en un círculo de lectura. ¿Quiénes serán los llamados a concretar tales actividades?
En 1990, a pocos meses del retiro de las tropas invasoras, aquí en Panamá comenzó un proceso sumamente interesante. Hubo otro bum, ya no el de las bombas, sino el de las publicaciones, el de los talleres literarios y el de los círculos de lectura. En la última década hubo tres nombres que resaltaron en la reconstrucción del quehacer literario panameño: Enrique Jaramillo Levi, Héctor Collado y Ricardo Ríos Torres. ¡Lástima que trabajaron separados! ¿Cuál sería el estado actual de las letras panameñas si hubiese sido lo contrario? Pero repetimos la historia en espiral. Hay muchas iniciativas maravillosas caminando, pero disgregadas. ¡Y un cuerpo disperso es un cuerpo sin poder y listo a ser ignorado!
¿Será que es más cómodo ocuparse de una capillita? ¿Abandonarse a la mediatización reinante? ¿Mediatización está más cerca de mediocre o de pensante? Sin asco a la insignificancia, ¿puede haber trascendencia?
Editar un par de libritos y realizar unos cuantos recitales no resuelve las tareas pendientes. Sin escritores y escritoras panameñas comprometidas con la ciudadanía los libritos seguirán siendo poco leídos y los recitalitos seguirán con públicos exiguos. Habrá quien diga que ese no es un problema de los escritores, entonces, ¿de quién es? ¿De quiénes están interesados en que persista el imperio de la vulgaridad?
El Foro Nicaragüense de Cultura llama guerreros a los escritores comprometidos con el Programa Promoción de la Literatura Nicaragüense. ¿Y en Panamá? ¿Cómo tendríamos que autodenominarnos? ¿Boabdiles? (Este señorito fue el último rey moro de Granada; les recomiendo investiguen que palabras usó su madre para recriminarle la pérdida del reino.”)