domingo, 3 de junio de 2012

ANALFABETOS FUNCIONALES: ¿FRUTOS DE LA EDUCACIÓN?


El eterno Damocles
 


“Cada minuto que dedico a la lectura, es un minuto que no dedico a discutir tonterías.”

Marcos Méndez
¿Puede un niño o niña pasar 6 años en la  escuela primaria y llegar a la pre-media siendo analfabeta? Sí puede. ¿Cómo? Puede fracasar en todos las tareas de español, pero sacar las más altas notas en educación física y pasa el año escolar. Claro, estoy exagerando, ¿verdad que el sistema educativo panameño está pendiente  y supervisa que nada así pueda ocurrir? ¡Jajajaja!
La intención de la educación panameña es erradicar el analfabetismo clásico, no así el analfabetismo funcional. Un analfabeta funcional, en teoría sabe leer y escribir, sin embargo, es incapaz de poder leer y escribir eficientemente, es decir, lee sin entender y comprender lo leído. La educación panameña no se plantea el analfabetismo funcional como reto a superar, sino es así, ¿por qué el hábito más escaso entre Paso Canoa y Jaqué es, precisamente, el hábito de la lectura?
Un analfabeto funcional de estudiante se conformaba con copiar y pegar textos del rincón del vago en Internet. Al final, el resultado es un profesional mediocre. ¿Quién pondría su salud en manos de un médico que no está actualizado?
¿Cómo contribuye la educación panameña en el nacimiento de los analfabetos funcionales? Así lo hace: leer se asocia al castigo y no al placer. ¿A dónde se envían los estudiantes que están molestando? ¡A la biblioteca! ¿Cuántas veces a la semana los estudiantes ven a sus maestros leer frente a ellos? ¿Qué no hay tiempo? ¿Seguro? ¿O será que lo menos importante es prioridad?
Quizás la más importante de las causas del analfabetismo funcional es la forma de evaluación de la lectura, específicamente, de la lectura de literatura. La literatura es para reflexionar, para imaginar, para gozar; el sistema evaluativo panameño, por el contrario, es para memorizar, para repetir, para salir del paso. ¿Cómo, entonces, salir con el hábito de lector?

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