domingo, 6 de mayo de 2012

ESA ESPECIAL ARROGANCIA


Entre la flor y la pared
“Experiencia no es lo que a uno le pasa en la vida, sino lo que uno aprende de lo que le pasa.”
Eduardo A. Casati Pastor
Descubrir una gran verdad y ser humilde no es tan común. Descubrir una gran verdad y ser arrogante es lo más común. ¡Y qué maravilla que así sea! Bueno, a veces, por ejemplo, en el caso de los jóvenes descubrir una verdad y ser arrogante es parte de un proceso. Ser viejo, descubrir una verdad y ser arrogante es una necedad. Ese tipo especial de arrogancia es el arma para defender la verdad descubierta. Defenderla de dudas como: ¿Cuál es esa verdad? ¿Y es qué la verdad existe? ¿O es que hay varias verdades? ¿Y el que algo sea verdad también lo hace valioso? ¿Qué hace a una verdad valiosa?
Ojalá y esa verdad o verdades valiosas sean que se puede ser uno mismo, que se puede ser solidario, que se puede vivir alegre y en libertad. ¡Qué se puede ser feliz y hacer feliz a los que nos rodean¡ Ojalá y esa verdad sea concluir que no es necesario ser arrogante.
Sin embargo, el descubrir una verdad, cualquiera que ella sea, siempre es inquietante. Despierta inseguridad, se necesita que el otro también descubra nuestra verdad como su verdad. Así nace la arrogancia, como coraza protectora contra esa desconfianza. Se necesita sobrevivir a muchas, muchas, pero muchas equivocaciones para descubrir una verdad y comportarse humildemente.
Por eso no presto atención a los arrogantes, sólo me pregunto: la verdad de este arrogante, ¿también puede ser mi verdad? Si la respuesta es positiva, me quedo con la verdad y me despido del arrogante.
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