domingo, 30 de septiembre de 2012

CUATROCIENTOS CIBERTÍCULOS



Contrastes
 
“La literatura es como echar una botella al agua y esperar a ver a quien le llegó.”
Laura Restrepo          
Una década y 400 cibertículos. Diez años y miles de aprendizajes. 120 meses y cientos de transformaciones fundamentales. 520 semanas y decenas de pasos esenciales para la profesionalización. 3 650 días y una inmensa satisfacción.
En estas últimas 8 760 horas he aprendido que para mí escribir no es un pasatiempo, es una profesión. Y no sólo por el hecho de que, en algún momento, me representó ingresos (estos cibertículos fueron publicados durante un lustro en un diario de la localidad y por cinco números aparecieron en una revista). No. No es así. Al publicar semanalmente fui moldeando mi cotidianidad con el compromiso de escribir.
En estos últimos 525 600 minutos mi persona quedó transformada totalmente, es que descubrí que los temas que más me apasionan tienen que ver directamente con la filosofía de vida, con mi ética personal. Y sí, sí tengo una moral personal. Y no, no me escudo bajo el título de poeta y escritor para ser un desastre. Tengo una moral que incluye no ser perfecto.
En estos últimos 31 536 000 segundos fui colonizado por una atípica satisfacción. La del raro. En mi adolescencia aprendí a ser raro y a sobrevivir al que dirán. Ahora, cuando voy rumbo a la tercera edad, me siento orgulloso de haber sido fiel y leal a mi raritud. Esa experiencia está reflejada en estos 400 textos. Ser raro es salirse del marco de la normalidad y es tan normal ser esclavo.
Por estos cibertículos no me van a dar el Premio Nacional de Literatura, los envío al ciberespacio sin saber cual será su destino, pero lo hago sabiendo que los escribí con un alto grado de profesionalismo, tal como se lo merecen todos los lectores del mundo.
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