sábado, 4 de agosto de 2012

LA VIDA ES LA VIDA


Mano en peligro
“Una persona que aprende a vivir con lo que tiene, pero no siente temor de perderlo se puede considerar verdaderamente libre. Aquel que no acumula bienes, objetos o personas sino que disfruta de todo cuanto tiene y no tiene es una persona feliz y sabia.”
Carolina Renzetti
La vida parece una playa donde las olas van y vienen. La vida parece una playa donde las mares suben, donde las mareas bajan. Nos alegramos cuando vienen las olas, nos ponemos tristes cuando baja la marea. Y olvidamos algo simple: las olas se retiran para poder regresar.
Así mismo en la vida, las alegrías se retiran para poder regresar. Amigas, amigos, mi padre falleció, pero estoy tranquilo. Todo lo que él y yo teníamos pendiente hace años lo habíamos resuelto y él descansa ya del sufrimiento que le provocaba su enfermedad (cáncer pulmonar). Gracias a todas y a todos los que me acompañaron en este momento cuando la alegría se retiró de mi vida, gracias a todas y a todos los que con su solidaridad me han regresado un poco de la alegría.
Les cuento que siempre pude aprender algo de esta experiencia. En medio de todos estos acontecimientos comprendí la magnitud de mi vida junto a mi padre. Fue vida al fin y al cabo. Y la vida siempre es grande. Vivir lo placentero es grandioso y superar el dolor, también lo es.
Al observar los diversos comportamientos de quienes se me acercaron, entendí que lo humano es un prisma y no un lente. Por ejemplo, un dirigente gremial asistió al sepelio de mi padre para reafirmarse como dirigente gremial. ¡Wao! 
 Y días antes del funeral, Jesús Antonino me dijo lo siguiente: no te digo que lo siento, pues no fue mi padre quien falleció; pero te confieso que saber que sientes lo que estás sintiendo, me duele, porque tú eres mi amigo. ¡Doble Wao! De verdad que en la humanidad hay de todo.
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