domingo, 9 de mayo de 2010

UNA DESRAZÓN PARA DESVIVIR


“Feliz de quién cruza la vida entera teniendo mil razones para vivir.”
Helder Cámara


Motivado por tener periódicamente que escribir esta columna y, también, porque siempre ando perdido en otro planeta, últimamente ando reflexionando sobre la capacidad creativa, específicamente, sobre la edad a la que se termina, que le llega el fin, cuando se acaba el ingenio y el talento. He sabido de escritores que han declarado haberse quedado vacíos. ¡Y eso me asusta!


Hace un par de meses, más bien, el año pasado, al inicio de la Feria del Libro de Panamá, tuve una conversación con tendencia a debate lleno de chispas; algo parecido a una discusión, cosa no muy rara en mi persona. La conversa fue con la escritora Gloria Melania Rodríguez. Ella me mencionó los meritos de otro escritor que en lo personal me irritaba bastante hasta ese momento. Le contesté no muy caballerosamente.


Pero sí le dije algo con un poco de inteligencia: la fortaleza y salud física se mantienen, a pesar de la edad, con una dieta balanceada y con hacer ejercicios regularmente. Con aeróbicos para la tercera edad. ¿Y sí para la creatividad, el ingenio y el talento existe algo parecido a la buena dieta y a la ejercitación periódica?


Estuve reflexionando sobre los méritos mencionados por Gloria del mencionado personaje y caí en cuenta de, primero, que no se puede hacer aeróbicos mentales discutiendo, pues la energía que se debe dedicar a crear se se la lleva la ira. Segundo, que pensar idioteces y sentir porquerías es gastar la energía que debe enfocarse en cultivar las dotes espirituales. ¡La envidia es un monstruo asesino!


Sí, la envidia es un engendro que acuchilla a la creatividad. Y eso puede ocurrir a cualquier edad. Ahora sí entendí y comprendí todo eso que exponen los sabios de oriente y de occidente: de lo que alimentes a tu corazón, de eso mismo parirá tu espíritu. Hay mejores cosas que perder el tiempo pensando en la oscuridad ¡Hay tanta luz! Para mantenerse creativo hay que evitar la mala alimentación, los pensamientos torpes y los bajos sentimientos, y hacer ejercicio, es decir, ponerse a trabajar.



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