miércoles, 16 de diciembre de 2009

¡SIEMPRE EL 20!



Botero
“La perfidia juega una mesa de pocker, lejos de las líneas rojas que cortan la noche, donde vamos perdiendo terreno y ganando fosas comunes.”
Martín Testa Garibaldo



Entre diciembre de 1947 y enero de 1964, en Panamá se dio, desde mi humilde punto de vista, uno de los más bellos movimientos patrióticos del continente latinoamericano. Durante esos años se dieron pasos agigantados en la ruta de la consolidación de la identidad panameña. Comenzó con el rechazo de los istmeños a las pretensiones estadounidenses de tener bases militares a lo largo del territorio nacional, pasó por la siembra de banderas tricolores en la entonces ocupada Zona del Canal y culminó con la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Panamá y los Estados Unidos. No recuerdo que la Cuba de Fidel Castro lo haya hecho. Este movimiento patriótico tuvo su vertiente literaria, quizá podríamos decir que el poema PANAMÁ DEFENDIDA es icónico de la época. “Entonces fue la Patria, los caminos del indio. Los playones, las montuosas serranías atlánticas, las salinas del mangle y los estuarios. Fue la Patria la tribu, los juncales, el fastidio del humo en los bohíos, la sierra agreste, anónima. Pesarosos, hostiles, los senderos del hombre fueron ríos, cordilleras de rocas y jaguares.”


Dicho movimiento, en lo básico, tenía tres cualidades: era popular, no emanaba ni del poder político ni del poder económico; buscaba recuperar la soberanía en la Zona del Canal ocupada por los gringos y fundamentalmente, era llevada adelante por la juventud panameña. Quiero subrayar este último detalle: ¡Jóvenes! Su militancia era integral, tanto política como literaria. Pienso que el preclaro ejemplo de esta actitud de vida fue Polidoro Pinzón. Él es el autor del poema Tendremos un nuevo día: “Esta larga ausencia terminará un día. No habrá entonces arados junto al mar, no se escaparán pájaros heridos a tu rostro. Todo será distinto cerca de la casa. Tus manos seguirán tejiendo espejos en la noche y bordarán las tardes golondrinas rojas en mi ventana”.


Pero algo pasó. Inmediatamente después que se reanudaron las relaciones diplomáticas entre Panamá y los Estados Unidos, se iniciaron las negociaciones para terminar con las causas del conflicto entre las dos naciones. Mi lectura de la historia es que la soberanía sobre el canal no era la única causa de conflicto, también lo era esa juventud rebelde capaz de apasionar a esta tanta veces patria apática.


Algo pasó. Para el 20 de diciembre de 1989, el discurso del movimiento patriótico al que nos hemos estado refiriendo, ya no era popular, pues fue asimilado por los militares que dieron el golpe de 1968; hay que recalcar que por lo menos un sector del poder económico siempre estuvo cerca de los golpistas. Su principal consigna: un solo territorio, una sola bandera, estaba a 10 años de cumplirse. Y los jóvenes que lo lideraron, ya no eran muy jóvenes que digamos. ¿Qué pasó con el revelo generacional?


Algo pasó entre 1964 y 1994. El reclamo patriótico que inflamó corazones durante décadas pasó de exigir el izamiento de nuestra bandera en la Zona del Canal al retorno al Palacio de las Garzas del Partido Democrático Revolucionario. Las marchas negras fueron manifestaciones masivas durante todo el Endarato, recuerdo que la última a la que asistí fue el primer año del gobierno de Ernesto Pérez Balladares, todos los marchantes cupimos debajo de la sombra de un árbol de mango del parque Porras de la ciudad de Panamá.



Algo pasó. El pensamiento y sentir patriótico se estancaron. La evolución lógica del perfeccionamiento de la soberanía nacional, me parece debía ser exigir la limpieza de los polígonos de tiros utilizados por las tropas estadounidenses, dejarlos libres de basura bélica peligrosa; pero todo reclamo al respecto es extremadamente tímido o en el peor de los casos, ausente.


Algo pasó entre 1964 y 1994. El componente popular del movimiento patriótico fue marginado. Quienes se opusieron a la lucha por la soberanía nacional, son quienes están gozando de los bienes de la reversión del canal a manos panameñas. ¿Qué le ocurrió a la más bella corriente de pensamiento de la identidad nacional? ¿Fue saboteada? ¿Se agotó?


Sin embargo, el dolor y la indignación tienen su trágica magia. Quienes abrevaron del manantial patriótico que he estado mencionando, no guardaron silencio el 20 de diciembre de 1989. ¡La reacción fue inmediata y abundante! El trabajo ideológico y cultural de destruir ese movimiento, que reiterada veces he estado mencionando, no fue completo. Bueno, en 1990 no estaba completado, pero ¿y ahora?


Señoras y señoras, antes de continuar tengo que hacerles una confesión, una grave confesión: soy el más grande de los ingenuos. Que 20 años más tarde estemos aquí reunido me da muchas esperanzas. Y cómo soy el más grande de los ingenuos, tengo mucha más esperanza puesta en los jóvenes de hoy en día. Lo que ocurre es que hay que meterse al agua y mojarse el trasero. Así mismo, tal cual lo escucharon.


Cierto que hoy en día posiblemente la literatura panameña no esté cumpliendo con una de sus funciones sociales: mantener vivos los discursos que nos identifican como panameños. También es posible que nos robaran el canto patriótico y nos dejaron el sonido de las monedas de las cajas registradoras de los centros comerciales. Pero, por suerte siempre hay un pero, que tal si está ocurriendo el siguiente proceso: los literatos panameños, al igual que el resto de los nacionales, están curando sus heridas personales para, dentro de algunos años, comenzar a curar las heridas inflingidas a esta patria traicionada. Es que no existe nación sin individuos sanos que elijan amarla libremente. ¿No les parece?
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