lunes, 7 de diciembre de 2009

“MADRE, MADRE, YO A TI QUISIERA VERTE OTRA VEZ…”

Dali


La mayoría de la gente odia a las mujeres, incluidas las mujeres. Hay motivos para ello: el temor a las mujeres, al poder de dar vida".
Ann Rice

¿Quién es madre? ¿La mujer que se embaraza? Entonces, ¿es madre la que opta abortar? ¿Quién es madre? ¿La mujer que pare? Entonces, ¿es madre la que abandona en un pasillo del hospital a su hijo recién nacido? ¿Quién es madre? ¿La mujer que no se aparta de su hijo? Entonces, ¿es madre quien hostiga y agrede a su bebe? ¿Y tanta pregunta? ¿Será que, yo que no paro, estoy demasiado dispuesto a condenar?


¡Es madre la que nunca piensa en el aborto! Aunque su vida esté en peligro. ¡Es madre la que siempre tiene en primer lugar a su retoño! Aunque eso signifique olvidarse de sus propios planes. ¡Es madre la que prefiere cargar todos los dolores con tal de que no los sufra su hijo! Aunque eso signifique abandonar su salud e integridad. ¿Y tanta sentencia categórica? ¿Será que, yo que fui parido, estoy demasiado dispuesto a la idolatría?


Pienso que esa eterna tensión entre la mujer, que es un ser humano, y la madre, que hemos convertido en sinónimo de santidad, debe ser agotador. Vivir siendo señalada o como pecadora o como virgen santa, sin que existan términos medios, no sólo es aplastante, es injusto. La mera responsabilidad de custodiar y proteger a un ser indefenso es bastante colosal, como para que encima se tenga que vivir bajo la lupa instigadora de la sociedad. ¡Qué leonina vida la que les tocó sufrir a las mujeres de este planeta!


Ojala y llegue el día en que cada madre sea aplaudida o castigada por sus propios actos y no por unas supuestas reglas originadas hace miles de años y concebidas por los jefes de tribus nómadas que concebían a la mujer y al camello como meros animales de carga. ¡Ah! Por supuesto, los camellos eran más caros. ¿Hasta cuándo seguiremos rigiendo nuestras vidas con aquellas primitivas ideas?

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