domingo, 24 de abril de 2016

DE LOS DISIDENTES

“Para la burguesía la belleza es una fatalidad distintiva que hace inviable la belleza de los otros.”
Fernando Buen Abad Domínguez
Que dos ideas sean disímiles no significa que una de ellas sea acertada y la otra equivocada, diferente significa eso, diferente, distinto, ni más ni menos. Entonces, ¿por qué insistir en que una de las dos ideas debe estar equivocada? Esa obstinación no es gratuita.
Nuestra sociedad está jerarquizada en forma piramidal, donde los pocos que están en la cima siempre tienen la razón y los muchos que están en la base nunca la tienen. Por cierto, este orden se aplica igual para lo bello y lo moralmente correcto. Hermosos y buenos los de arriba, feos y malos los de abajo.
Esa pirámide tiene el poder de instruir las mentes de sus miembros. Así la mayoría de las mentes en nuestra sociedad están adiestradas para descalificar o alabar los argumentos que se les presentan; casi nunca para detenerse y escuchar. ¿Pueden adivinar de quiénes son las ideas mayormente aceptadas como acertadas?
Ante esa situación, los disidentes juegan un papel muy importante. Sí, esos que dudan de las autoridades, de los especialistas que determinan que es verdad, que es bello y que es bueno. Obviamente, salirse de la programación impuesta por la pirámide no es cosa fácil; es sumamente sencillo convertirse en un criticón de todo, proponente de nada.

Los instintos nos bastan para sospechar que algo no anda bien socialmente hablando, pero para romper con la pirámide eso no es suficiente. Hay que comprometerse con el siguiente concepto: es posible, de alguna forma, que mi interlocutor y yo tengamos la razón y, por ende, no estamos obligados a descalificarnos entre nosotros. Eso es comenzar a desconocer el poder de la pirámide. Comenzar a ser libres.
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