sábado, 9 de noviembre de 2013

PALABRAS MÍNIMAS

Onomástico
Según mi partida de nacimiento, a las siete y tres minutos de esta mañana arribé a los 53 años. Llego a esta edad con un único convencimiento: que no hay tales convencimientos, que la vida cambia demasiado rápido como para estar convencido, por  siempre, de algo que está llamado a transformarse y a dejar de ser lo que inicialmente me convenció. Quizás tenga una convicción un poco permanente, tal vez bastante permanente: que la vida es un instante, que 53 años no son nada; aún tengo vívido el recuerdo de mi maestra Zenaida de Pérez copiando una lección en el tablero. Vida te doy las gracias por permitirme compartir este instante que es el resumen de
27 856 800 instantes. Gracias a todos ustedes, a todas ustedes. No dejen escapar los instantes.

De la felicidad
¿Qué es la felicidad? Esa es la gran pregunta. Contestarla es tan esencial como respirar o comer. ¿Qué será? Podemos comenzar diciendo que no es la felicidad. No es un artículo que pueda comprar en mi centro comercial favorito ni es un aeropuerto donde mágicamente aterrizo. No depende ni del grueso de mi billetera ni de cuanta gente digo conocer. Ni siquiera de mi muy ferviente activismo. ¿Qué será la felicidad? Ella es una actitud, es inclinarse a pensar y sentir, cuando se sufre, que el dolor pasará, que no es eterno, que será vencido por el tiempo. ¿Que qué es la felicidad? Es saber, tener la total certeza, cuando se está alegre, de que la alegría tiene mi mano agarrada y me está invitando a bailar. Es aceptar la invitación y gozar la danza intensamente y con entusiasmo. La felicidad es aprehender al dolor y también a la alegría, para aprender de ellos y así saber dejarlos ir cuando les toca irse. ¡Eureka! Al fin lo comprendí.

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