domingo, 8 de abril de 2012

DEL DOLOR COMO EL SENTIDO DE LA VIDA


Vida ardua
 
“Ser piedra es fácil, lo difícil es ser vidrio.”
Proverbio chino
Si el sentido de la vida es la dirección que lleva ella, no hay más sentido que enrumbarnos a la muerte; si sentido, en cambio, se refiere a sentir, la vida tiene muchos sentidos: seguridad, pertenencia, utilidad, auto-realización y otros. Entre los otros hay uno muy utilizado para darle peso a la vida, para revestirla de gravedad. Ese otro sentido al que me estoy refiriendo es el de convertir la vida en un dolor, un enorme dolor.
Puedo entender que para darle importancia a un evento, afirmemos que tiene sentido y es coherente con el resto de nuestros eventos. Lo que no puedo comprender es por qué hay que demostrar que un acontecimiento nos hace sufrir, para que tenga alguna importancia.
¿Será qué se debe a nuestra herencia religiosa que define este mundo como un valle de lágrimas? ¿Será qué para ser héroe hay que tener heridas y cicatrices? ¿O será que nos sabemos frágiles y creemos que llenándonos de dolores nos adelantamos al inevitable colapso?
No lo sé, lo que sí sé es que es un total absurdo no buscar ser feliz. Si he de sufrir que sea porque luego gozaré. Algo así como la parturienta, que es dividida en dieciséis pedazos por el tormento de expulsar un ser de su interior, pero que todo el daño queda saldado al ver a la nueva criatura. Pero, insisto, no entiendo por qué alguien prefiere estancarse en el dolor. 
La función del dolor es alertar sobre un inminente daño al organismo. Es para alejarse o enfrentar el peligro. Lo contrario es contra natural. Estoy convencido que valorar la vida por la cantidad de dolores que carga es un proceder aprendido, y como tal se puede desaprender. En eso consiste el éxito de la literatura de auto-ayuda. Pero no hay libro que me salve, sino canto a todo pulmón: “Tengo derecho a la felicidad”. Por cierto, ¡feliz paso del dolor al gozo!
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