domingo, 17 de julio de 2011

LOS EFECTOS DE LA BUENA LITERATURA

El Superhéroe (Dece Ereo-Panamá)

“Mierda es el poeta que escribe de incomprensión, pero no le interesa comprender.”
Jairo Llauradó
Uno de los desastres de la vida diaria, cuidado la mayor de sus calamidades, es que hemos perdido el horizonte. Lo cotidiano nos redujo la visión y nos comprimió el universo a un pequeño espacio de cuatro paredes: trabajo, casa, televisión, hastío. Perdimos lo rotundo de la vida y regresamos a lo primitivo.
La buena literatura nos amplía el mundo. Después de ser tocados por un cuento o un poema, nos percatamos que hay algo más allá de nuestras narices, de la programación televisiva. Como la buena literatura integra en un solo cuerpo de palabras su estructura y su función, su fondo y forma, se nos convierte en una experiencia completa y nos motiva a convertirnos en personas completas. Ella tiene las palabras que debe tener, sin que sobre o falte alguna. Si la imitamos, así será nuestra vida: nada sobrará, nada faltará.
Con más conocimientos, la capacidad de criticar y de opinar crece. Los escritos que se leen se vuelven transparentes, fáciles de interpretar. Así mismo los hechos de la vida diaria.
Al compartir la lectura se fortalece la honestidad social, la democracia. Resulta que como las interpretaciones de un texto pueden ser muchas, y todas ellas pueden ser muy interesantes, quien escucha más, aprende más.
Por supuesto, para conseguir estos resultados con la literatura es necesario verla de cierta manera muy especial. Hay que mirarla como una forma de vida, una forma de crecer de la persona y del grupo. Si la literatura no es vista así, nuestro viaje sólo llegará hasta la tonta pasarela.
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