domingo, 3 de julio de 2011

¿DE QUIEN ES LA RESPONSABILIDAD?

Una mancha de vida en la muerte (Dece Ereo, Panamá)

“-Muy bien dicho -contestó Cándido-, pero lo importante es cultivar nuestra huerta.”
Voltaire
     
Si las religiones no pueden ponerse de acuerdo y olvidarse de las guerras santas, ¿para qué darles el poder de decidir por la paz de la humanidad?

Si los partidos políticos y sus respectivos caciques, una y otra vez, han demostrado más interés en ver crecer sus chequeras personales, que en ver el progreso de sus votantes, ¿para qué darles el poder de decidir por el bienestar de nuestras sociedades?

¿No es lógico concluir que todo individuo bien puede vivir sin pertenecer a una religión o un partido político o a cualquier otro grupo dispuesto a sacrificarlo en nombre de una ideología? ¿O será verdad que hay individuos que no pueden vivir sin dichas instituciones? ¿Habrá quien no sea capaz de decidir por sí mismo? ¿Quien no quiera cargar con la responsabilidad de sus actos?

Los humanos evolucionamos gracias a la cultura y ella es el resultado de vivir en comunidad. Sin embargo, si la comunidad está en función de los privilegios de las minorías, si en la comunidad abundan los individuos que prefieren la comodidad del manipulado, la cultura no será un patrimonio de todos, sino de los expertos. ¡Y los expertos son parte de las minorías privilegiadas! Cambiar ese orden sólo es posible con la creación de un poder social que anule a esa cultura de la discriminación. Esa fuerza crecerá en la medida que disminuya el número de individuos que prefieran la comodidad del manipulado.

Somos lo que somos y estamos atrapados en nuestras imperfecciones. Pero, ¿no somos más imperfectos cuando buscamos excusas para nuestra imperfección? Permitir que sean los supuestos expertos quienes decidan por nosotros, sabiendo que van a decidir a favor de sus intereses, ¿no es una excusa para seguir siendo torpes sin cargo de culpa.
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