domingo, 1 de agosto de 2010

DECLARACIÓN PÚBLICA

Mariposas de Esperanza Sánchez Espitia (Colombia)

“Estas son las palabras urbanas, las marginales, las que temen y repelen, surgidas de reductos, barriadas, cantinas y de las vendetas, alcohólicas y amanecidas en agrio.”

Henrie Petrie


Te hablamos desde aquí, el margen. Sí, desde este censurado rincón de la urbe, de la ciudad tatuada con la tinta de la desaprobación. Desde aquí lanzamos nuestra proclama. No somos lindas ni fragantes. Pero, a pesar de los académicos inflexibles que nos persiguen, de los críticos preciosistas que nos desprecian, de las grandes editoriales que nos niegan la luz, de los poetas que no se atreven a eructar en público, a pesar de todos ellos, existimos. Un graffiti es nuestro hogar, el pregón del vendedor callejero nuestro vehículo. Ya te debes imaginar que no tenemos para comprar perfume, así que olemos a sudor agrio de varios días sin lluvia. ¡Y no hay gramática que aguante tanta peste! Así que, gracias a nuestra pobreza de estómagos vacíos y con huecos, tampoco hay diccionario que nos encierre. Para cuando terminan de construir una de esas cárceles, ya estamos bailando en otro lado. Una palabra de la otra esquina de la metrópoli se atrevió a llamarnos parapléjicas. Para empezar, no tenemos idea de que significa esa palabra. Para seguir, tenemos muchas cosas que decir como para perder el tiempo enfrascándonos con esa intrusa. Nosotras amamos las llagas, no es que tengamos paladares asquerosos, sino que la pobreza azota con cilicios de vidrio los lomos de los desarrapados, ¿y adivinen quienes nos consienten y miman? Sí, así es, son ellos, los que pueden morir sin la presencia de la muerte. A nosotras no pueden acallarnos, bueno, sí lo hacen de manera indirecta. Sólo les basta hambrear hasta la muerte a quien nos hospede entre sus dientes careados. Aún así, las voces sepultadas germinan como el maíz. No hay silencio que dure cien años, ni boca que lo aguante. Por la niñez que sonríe ardores y no llora. Por la metrópoli con poliomielitis. Por el lupus que mastica a la mujer. Por la ciudad plana con gente llana. Por ellos, los marginados hasta por la memoria, por ellos, nosotras, las palabras marginales, hemos llegado a esta urbe para quedarnos.
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