domingo, 22 de agosto de 2010

CULTOS Y LIBRES


“La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente”.
Rosa Luxemburgo

¿Será una provocación el comparar la cultura con los negocios, las sectas o la democracia? Espero que así sea. Y anhelo no ser gratuito al asumir el papel de provocador. Pienso que de este modo es muy fácil descubrir el profundo concepto de la cultura que tienen los promotores culturales.


Según la UNESCO: la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Entonces, de acuerdo a esa definición, ¿dónde hay que hacer el énfasis?


Veamos, pues. En una sociedad dedicada a acumular riquezas, sólo existe el mercado. ¿Todos los bienes culturales pueden venderse y comprarse? Imaginémonos que así sea, entonces, quizás sólo serían apreciadas artes como el cine y la pintura, pero ¿qué pasaría con la historia? ¿Cómo se puede vender? Y si se puede vender, ¿es correcto venderla?


Un elemento esencial de la cultura es el desarrollo del juicio crítico. Sin embargo, a pesar de ser herederos de la ilustración filosófica y de la eclosión científica, nuestra actual sociedad post-moderna está colmada de maestros iluminados rodeados y adorados por sus respectivas sectas. ¡Y todos quieren imponer su pensamiento como única verdad creíble! Pero, el rechazo a la verdad del otro, ¿no es la raíz de la guerra?


La democracia no es cosa exclusiva de los estados, sino de cualquier grupo humano. Es una manera de organizarse de las personas que están dispuestas a compartir entre todas el poder y sus decisiones responden a la voluntad colectiva. Definitivamente, la democracia es una cultura con prioridades diferentes a la de los negocios y a la de las sectas. Los negocios priorizan las ganancias sobre las personas, las sectas imponen un líder al montón humano y para la democracia, toda persona y cada una de las personas es pieza esencial del grupo. Pero claro, la democracia necesita demócratas. ¿Seré yo un demócrata auténtico o un déspota con piel democrática?
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