domingo, 19 de noviembre de 2006

HEURISTICAS

¿POR QUÉ LAS UTOPÍAS SON UTÓPICAS?
“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”.
Gandhi
Lo que no cuesta, no es valorado. Lo que no es valorado, no da ganancias. Lo que no da ganancias, no recibe patrocinio. Lo que no recibe patrocinio, tarde o temprano muere. Y la muerte ha sido el final de tantos sueños, en especial aquellos que pretenden mejorar este mundo que nos toca vivir. ¿Será que para poder ayudar a alguien habrá que cobrarle una tarifa?
Quizá sí.
La beneficencia, hasta lo que yo sé, no ha acabado con la pobreza en ningún punto del planeta. Es más, sé de algunos casos donde tal práctica terminó por agravar la situación de los supuestos beneficiados. No por gusto está lleno de sabiduría el refrán que dice: “No le regales un pescado al necesitado, mejor enséñale a pescar”.
Tal vez la gratuitidad de la asistencia a conllevado el desgaste de las utopías. A lo mejor será necesario que todo tenga algún costo. No necesariamente me refiero a precio en dinero. Quizás, por ejemplo, llegó el tiempo de hacer obligatorio el cumplimiento de los deberes para hacer efectivo el disfrute de los derechos. La globalización neo-liberal insiste en que todo debe venderse y que las compras deben hacerse en dinero. Quien no tiene dinero, no debe gozar ni siquiera de servicios como salud y educación. ¿Aseveración capitalista deslenguada? No sé. Es posible que estemos abocados a una nueva propuesta, la de la globalización de la responsabilidad, donde todo tiene costo y ese costo consiste en que cada ciudadano haga el aporte que le corresponde a la comunidad. Nadie puede hacer lo que me toca a mí hacer. Algo así como una situación especial de acumulación de capital social. Y eso implica que todo nos cueste a todos, para así apreciarlo como debe ser.
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