sábado, 21 de septiembre de 2013

DEL FINAL DEL CAPITALISMO

La uva incomestible

“Lo que se anuncia detrás de las crisis financieras es el agotamiento de las categorías de base del capitalismo: mercancía y dinero, trabajo y valor.”
Anselm Jappe
Capitalismo, en estos tiempos, es sinónimo de crisis. Y la permanente crisis se debe que capitalismo también es sinónimo de acumulación desmedida y no sostenible. No veo como culpar a comunistas y ambientalistas de este desbarajuste.
El capitalismo entró en contradicción, ha quedado en evidencia su problema medular, la generación de riqueza en sí misma. ¿Quién la genera: el trabajo o la especulación financiera?
A pesar de lo dicho por sus detractores, de lo que diariamente afirman los medios de comunicación social, de lo que dicen los voceros de la crisis, es el trabajo quien atribuye valor a los bienes. El trabajo realizado por la gente, por máquinas operadas por hombres y mujeres. La riqueza no la genera la especulación en las bolsas de valores.
Y es esa falacia, la defensa y sustentación de esa mentira, quien nos tiene sumergidos en este desastre de nunca acabar. Para sostener su economía mitológica y así ser cada vez más acaudalados, los especuladores se han dedicado sistemáticamente a reducir el poder adquisitivo de los trabajadores y de las trabajadoras, de sus familias y demás dependientes.
Despidos masivos, reducción de salarios y beneficios, desaparición de pensiones, crecimiento de un inmenso banco de desempleados con títulos universitarios. ¿Resultados de todas estas crueles medidas? Mucha, pero mucha gente con muy pocos reales en el bolsillo y por lo tanto, con muy pocas posibilidades de participar en la economía real. ¿Su opción? El sector informal, el contrabando, la  delincuencia, el crimen organizado o algo peor, la rendición.
Lo triste de esta situación es que bien puede durar, empeorando, 200 años más.
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