sábado, 10 de agosto de 2013

DEDICATORIAS




“Porque la libertad no implica romper las cadenas que otros nos han puesto, sino aprender a liberarse de uno mismo (complejos, miedos, odios).” 

Víctor Paz

Mis escritos me han servido para crecer. He crecido en la comprensión de la felicidad y la infelicidad, de mi felicidad y de mi infelicidad. Escribiendo crecí y pasé de concebir historias de falsas complacencias a otras de constantes búsquedas. Puede ser que estos textos no sean genialidades ni totalmente originales, pero son el inventario de mis vivencias reflexionadas. Y esas vivencias fueron enriquecidas por algunas personas muy especiales, maravillosas.

Tuve la dicha de toparme con gente extraordinaria que así lo hizo posible. Con su paciencia, su firmeza, cariño. Debería mencionar a muchos en este escrito, pero no tendría suficiente espacio. Por eso he decidido que dos personas sean sacramento de lo maravilloso que es influir positivamente en otro ser humano. 
Dedico esta discusión escrita y las que vendrán a dos discutantes fundamentales en mi vida. A Aurora Elena, la mujer que parió mi ser biológico y conformó mi ser discutante. Ella me retó a pensar, a debatir con buen humor y a no ser un dogmático; siempre me dijo: no sólo existen el blanco y el negro, mira, allí están los grises. De ella aprendí las cosas importantes, que al fin y al cabo, no son muchas. También quiero mencionar a Carlos Matías Ramos. Con él discutí mucho, en especial, sobre temas relacionados con la felicidad y la amistad. Carlos llegó a hablar de escribir un ensayo sobre el amicalismo, la ética del ser amigo. A los dos mi homenaje póstumo. Nunca es tarde cuando la dicha es buena y la semilla de Aurora y Carlos ya está dando frutos. ¡Qué bueno!
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