domingo, 10 de febrero de 2013

LA SITUACIÓN



La cosecha
 
¿Por qué estar de porfiado?
Giovanni Guerrero
Hay una situación X. La situación X no es de mi incumbencia. Alguien me echa un cuento sobre la situación X. Repito el cuento que me echaron. Me reclaman por repetir el cuento que me echaron. Resulta que el cuento sólo era eso, un cuento, mucha ficción y poca realidad. ¿Cuál es el punto? Que la situación X no es de mi incumbencia y por lo tanto no cabe ninguna participación de mi parte en ella, aunque hubiese repetido algo que no fuese un cuento, algo que fuese realidad. Al fin entendí y comprendí un refrán que escuché de joven: vive y deja vivir. Gracias al cuento, mejor dicho, al chisme ni viví, ni dejé vivir.
El otro es un misterio para mí, también lo soy para él; quizás podría tener una  aproximación, poco o bastante acertada, de sus pensamientos, sentimientos y motivos, pero esa aproximación nunca será exacta, siempre debo entenderla con un porcentaje de incertidumbre; el otro se encuentra en igual situación conmigo.
Y es la incertidumbre quien me obliga a concluir que vivir y dejar vivir es la actitud de vida que alienta a esperar los acontecimientos. Ver que hace el otro, observar como reacciono. Vivir y dejar vivir es la actitud no es indiferencia o falta de solidaridad, vivir y dejar vivir es darle espacio a la vida. Que fluya la vida y que no sea detenida por un juicio a priori. 
Recuerdo los muñecos conocidos como porfiados. Uno les da un golpe y ellos caen y regresan por más. Eso no es fluir. Eso, más bien, es morir y dejar morir. Pretender adivinar al otro sin evidencia contundente, arrastrado por los prejuicios y chismes  es imitar a los porfiados. Y así, es verdad, lo único que se ganan son golpes y nada más.
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