domingo, 16 de diciembre de 2012

NO QUIERO ACOSTUMBRARME



Milagros
 
"Actúa de tal suerte que seas digno de ser feliz."
Emmanuel Kant
No quiero acostumbrarme a los sepelios. No quiero acostumbrarme a despedirme, para siempre, de mis familiares y amigos, de las personas que admiro y amo. No quiero acostumbrarme al triunfo final de la muerte y dejar de sentir el dolor que provoca la marcha silenciosa de un ser apreciado. No quiero acostumbrarme a la extraña sensación del cariño que abandona mis manos, filtrándose entre mis dedos y colándose hasta el abismo.
No quiero acostumbrarme a la ausencia de sonrisas, de cariños, de cascadas y relámpagos. No quiero acostumbrarme a no escuchar más tu saludo de: Hola, primo; a no ver más la luz reflejada en tus lentes, a no sentir a la alegría entretejiéndose en tus dientes, a no degustar la dulzura de tu carácter, a no ser más nunca testigo de la nobleza de tu acciones y, sobre todo, no quiero acostumbrarme a tus sueños truncados.
Pero me toca hacerlo, me toca buscar las señales, leer la nota del Arco iris, oír el coro del fuego y su revancha. Me toca. Me toca sanar la herida. Respirar profundo. Despedirme de los lamentos. Herir la atmósfera con un suspiro. Escuchar su reclamo. No pedirle disculpas. Suspirar de nuevo. Levantarme. Respirar más hondo. Y caminar. 
Porque eso es lo que nos toca a los que nos quedamos. Milagros, eso es lo que nos toca. Caminar la vereda que comenzamos a recorrer contigo. Eso es lo que nos toca. Espero estar a la altura y dar los buenos pasos. Mantenerme en el sendero y no desviarme hacia el pantano. Mila, tú nunca te acostumbraste al dolor humano, espero poder imitarte en ese importante detalle.
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