domingo, 23 de diciembre de 2012

LA GUERRA SOCRÁTICA



“Sócrates nos regaló la idea de que pensar lógicamente sobre nuestras vidas puede ayudarnos a ser más seguros e independientes, menos conformistas y menos vulnerables a la opinión ajena. El sueño de que la filosofía puede liberarnos.”
Alain De Botton
Sócrates fue condenado a muerte por corromper a la juventud y despreciar a los dioses. Pienso que tal sentencia, fue en realidad, un fallido intento del estado Ateniense de poner punto final a la guerra que el filósofo le declaró al fundamento de toda sociedad: sus creencias.
Sin el firme aval del individuo a las doctrinas estipuladas por la sociedad, esta perdería el poder represor y ejecutor que la constituye en un corpus. Precisamente, Sócrates predicó que tal conformidad debía ser cuestionada. Sí él hubiese vivido en  una democracia de pensantes y no en una comunidad de intereses, no hubiese tenido ningún problema. Es que cuestionar las creencias en que se fundamenta el estado, en la práctica, es cuestionar a las minorías que lo dirigen. En particular, hay una creencia cuyo cuestionamiento es tachado de inmediato de peligroso, las elites condenan a todo aquel que se atreva a preguntar: ¿nuestros dirigentes sabrán lo que hacen?
Las sociedades autocráticas y oligarcas temen a la confianza que los individuos puedan tener en sus propias ideas. Cada individuo que aprenda a pensar es un carnero que abandona el rebaño. Mientras más grande sea el rebaño, más grande serán las ganancias de quienes se auto constituyeron en dueños del mismo.
Para abandonar la manada, hay que transformarse en inconforme, hay que estremecerse el cerebro, desinstalarse. Salir de la comodidad de las verdades escritas en piedra. Hay que localizar los prejuicios, cuestionarlos, desbancarlos. Hay que dejar de vivir sin pensar. Y eso tiene su costo en tiempo dedicado a reflexionar sobre la propia vida y en recibir frialdad y rechazo de parte del rebaño. Pensar y repensar y luego y sólo luego de hacerlo, hablar en el momento justo nos diferencia del rebaño. Y eso la manada no lo perdona.
Toda guerra tiene su estrategia. Choque frontal, flanqueo, guerrilla, francotirador. Para los no violentos la estrategia es la  firmeza estoica, la no participación en la propia opresión. Sócrates también planteó su estrategia de combate. Sus pasos tácticos podríamos resumirlos así:
Primero, se elige un concepto aceptado por las mayorías como verdadero.
Segundo, se busca una excepción a la regla implícita en el concepto elegido.
Tercero, de hallarse pocas excepciones el concepto comienza a tratarse como impreciso, de tener muchas se le trata como falso.
Cuarto, a la luz de las excepciones encontradas, el concepto original es replanteado.
Quinto, el proceso se repite con el concepto replanteado hasta lograr la contundencia en el argumento, hasta alcanzar la rotundez.
Sólo las opiniones pensadas tienen valor, toda opinión repetida sin ser reflexionada por las mayorías no tiene validez. No debe  extrañar su sentencia de muerte; Sócrates dejaba poco o ningún espacio para la frivolidad y la demagogia. Los manipuladores debieron odiarlo.
Vemos el mundo a través de nuestros ojos y hasta debemos, para no ser engañados por los prejuicios, cuestionarnos lo que estamos viendo. Podemos intentar entender el punto de visto de los otros, pero si no es lógico y está falto de sentido común, sino es fruto de la reflexión, no debemos aceptarlo, aunque miles o millones afirmen su autenticidad. Es más, debemos rechazarlo, debemos declararle la guerra. El oscurantismo crece con el silencio de quien descubre una falacia y prefiere ocultarse en las sombras. Posiblemente ese combate esté perdido de antemano, pero por lo menos no se es cómplice de la desgracia humana.
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