domingo, 4 de noviembre de 2012

UN SOLO TERRITORIO, UNA SOLA BANDERA



"Cuando enero regrese
por las torres del cerro...
el país será verde, 
el canal un clavel."
Diana Morán
La literatura ha tenido un papel relevante en la estructuración del ser panameño. Lo literario, por ser un énfasis virtual en la realidad, resuelve lo que la sociedad y el individuo no logran. Libre de las precauciones a las que otras ramas del saber son ligadas, vuela muy alto.
Durante casi todo el siglo veinte, la literatura panameña presentó diversos matices de una misma cuestión que se halla resumida en el credo: “Un solo territorio, una sola bandera”. Pero ya el canal es nuestro. ¿Y ahora? Tengo la impresión de que el significado de lo panameño hoy no es tema central de la literatura que se escribe en Panamá. ¿O sí lo es?
En nuestra historia, lo patriótico ha estado muy cerca de las reivindicaciones populares y del antiimperialismo. Y aunque antiimperialismo es una palabra proscrita, aún hay quienes siguen luchando por la causa de los pobres. Pero, ¿hay literatura que recoja estas exigencias?
La causa de la soberanía tuvo sus literatos. El problema canalero se convirtió en una visión de nación y en proyecto político: Vivir en un país sin bases militares extranjeras. Sin embargo, ausentes las bases militares, parece que no hay norte que señale la nueva corriente de opinión por la cual debe abordarse el concepto de lo panameño.
El día de la reversión del canal, Rubén Darío Sousa declaró que lograda la soberanía nacional el siguiente paso era la democratización del país. Ese discurso lo esgrimieron aquellos que se opusieron al dictador. Pero me pregunto, ¿por qué de las filas de los llamados civilistas no salió una literatura defensora de la democracia? ¿Será por qué significaría proclamar una nación capaz de asumir y decidir su historia? ¿Defender la democracia es defender la soberanía?
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