domingo, 4 de septiembre de 2011

NUESTRA CIVILIZADA CIVILIZACIÓN


Las garras civilizadas (Dece Ereo)

“Se comieron a los caníbales.”
Jorge Luís Borges                          

Una amiga me preguntó: David, ¿por qué eres tan intransigente con la sociedad humana? Le dije: Porque no comparto las mentiras en las que se sustenta nuestra civilización.

Primera mentira: la civilización apareció para dar término a la barbarie. Pero, ¿quién es el bárbaro? Todo aquel que no sea civilizado, o sea, que no pertenezca a mi clan o nación. El otro, el vecino, el que es diferente a mí, ese es el bárbaro; yo no, yo soy el civilizado, el designado a civilizar al bárbaro y si no se deja, a conquistarlo y si no se deja, desaparecerlo.

Segunda mentira: los beneficios de la civilización son para todos los civilizados. Pero resulta que hay civilizados de primera categoría, los que se llevan las ganancias de las guerras contra los bárbaros, y civilizados de última categoría, los que mueren en las guerras contra los bárbaros. La civilización excluye a los bárbaros, pero también a las mayorías. La civilización no es para provecho de todos, es para el beneplácito de las élites.

Tercera mentira: la cultura es patrimonio de la humanidad. ¡Falso! Es patrimonio de las élites, y es así para que ellas ejerzan el poder. Y de paso, se enriquezcan. Ellas hacen arte, los rústicos fabrican artesanías. Ellas escriben clásicos de la literatura, los rústicos narran cuentos folklóricos. Así las cosas, el artista reconocido es el artista reconocido por las élites. Quien no tenga ese beneficio, es un loco diletante.

Estas mentiras son ocultadas con discursos que son repetidos cada día por miles de supuestos seres pensantes. El mito más repetido es que las élites no son bárbaras, cuando en realidad ellas harán lo que sea por sostener su aventajada posición. Incluso, abusar del poder y destruir a quien atente contra sus privilegios. ¡Harán la guerra! ¿Y eso no es barbarie?
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