domingo, 12 de junio de 2011

DEL INSTINTO AL OFICIO

El escriba sostenido

“No se trata de sufrir cuando se escribe, sino de liberarse escribiendo.”
Mario Roberto Morales
La cultura es el conjunto de conocimientos que permite el desarrollo del juicio crítico. En un mundo ideal debería haber muchas facilidades para lo cultural. Por ejemplo, deberían existir muchos talleres literarios, ya que ellos sirven para que alguien que quiera ser escritor se convierta, efectivamente, en un escritor, y si ya escribe, deje de escribir a ciegas y comience ha hacerlo con intención artística. ¡Qué abandone el instinto y conozca el oficio!
Escribir por instinto es una liberación de las emociones atrapadas en la psique. Es escribir guiado por la famosa la inspiración. Pero, ¿quién es ella? Es la forma del cerebro de hacer conciente todo lo que ha aprendido de manera inconciente.
Escribir por oficio es pasar de la emoción a la disciplina. ¿Qué significa eso? Pues que se escribe concientemente y no por casualidad. Se lee, escribe y tacha. Todos los días. Es buscar en el mundo exterior y en el propio mundo interior las palabras que han de convertirse en literatura. Buscar, crear y buscar de nuevo.
El taller literario, por lo menos el tipo de taller que me gusta promocionar, busca que el escribir se convierta en un estilo de vida, en una ética donde el autor es la principal obra de arte del propio autor. Eso quiere decir que un buen escritor se preocupa por ser un buen hombre. Escribir para afectarse y afectar al lector. Esa es la única responsabilidad del autor. Digo yo, pues. Sin la intención de conmover, escribir no es arte, es terapia ocupacional.
En conclusión, el taller literario es para que los participantes sean más artistas, más sensibles, más imaginativos, más observadores y que tengan un poco más de cultura general y literaria. En mi mundo ideal abundan los talleres literarios.
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