domingo, 22 de mayo de 2011

BOSQUES Y ARTE

Muerte y follaje (Dece Ereo-Panamá)

“Siempre que ocurre lo mismo, sucede igual.”
José Candelario Trespatines

¿Qué se puede pensar de una declaración como la siguiente: si todos talan, talemos nosotros para construir nuestra Ciudad del Arte? ¿Y de esta otra: soñemos y construyamos nuestra Ciudad Jardín del Arte? Me quedo con esta última. La primera es…¿cómo es que va el refrán de las buenas intenciones y el camino al infierno?

En Panamá existe la intención de construir una Ciudad del Arte. Implica talar parte de una zona boscosa que sirve de pulmón a la capital. Pero si desde antes de su construcción, ya se concibe como un conjunto de edificaciones que han de armonizar con la naturaleza, no es grave el asunto. Es más, según los planes de desarrollo de la metrópoli capitalina, en unas décadas, dicha Ciudad del Arte se convertirá en el centro de la urbe. Un lugar de esparcimiento familiar, como ya lo es un antiguo club de golf convertido en parque. Aunque, ¿de qué tipo de distracción hablamos? ¿De caminar para aliviarse el estrés? Si de eso se trata, no hay ningún problema, eso es fácil de lograr. Hasta los cementerios sirven para tal actividad. Ahora, si se trata de un espacio desde el cual se generen los proyectos culturales del país, eso si que está muy, pero muy difícil. Y simplemente lo es, porque el estado panameño ha subsistido toda su existencia sin políticas culturales, y cuando las ha intentado tener, no las ha sostenido. De repente, la sociedad panameña sí tiene una hoja de ruta para el tema cultural: la hostilidad abierta o solapada para toda manifestación artística. Los gobiernos no son más que el resumen de esa actitud. ¿O no es así?

Por eso, reformularía la declaración con la cual me estoy quedando y diría: maduremos y construyamos una Ciudad Jardín de las Artes. No quiero dejar espacios para descuidos como pensar que la canallada de muchos, es suficiente consuelo.
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