domingo, 17 de abril de 2011

CONFESIÓN DE CREDO EN FORMATO DE HOMENAJE

Libre en la llanura (Dece Ereo, Panamá)

“Felicidad es la certeza de que nuestra vida no está pasando inútilmente.”



Érico Veríssimo


En los últimos años he sido testigo de como dos seres han defendido su libertad como gato boca arriba. Ellos son mi tía Esther Orobio de Yanis y mi compadre Henrie Petrie. Ni la enfermedad, ni las presiones económicas los han doblegado y hecho ceder su independencia.


Esther, con su proceder, deja muy claro que ella no le quita libertad a nadie, para que nadie le quite libertad a ella. Es una mujer muy solidaria, pero deja claro que su autonomía no es negociable. La última vez que hablé con Petrie, me expuso sus condiciones para pertenecer a un grupo: dignidad, carácter y concepto. El equipo tiene que respetarlo, tiene que permitirle ser él mismo y tener claro el por qué y el para qué él, Henrie Petrie, está en el colectivo. Aquel grupo que pretenda coaccionar su libertad, que ni cuente con mi compadre.


Luego de esa conversa y de observar la última escaramuza de mi tía protegiendo su libre albedrío, tuve que aceptar algo: son mis héroes y me animan a defender como gato boca arriba mi libertad de actitud, sin ser mediatizado por la sociedad o por un grupo.


Soy un individualista y no creo en las grandes causas, pero vivo realizando pequeñas tareas. En algunas coincido con mis prójimos, pero cuando hablo de otras, por las caras que ponen mis escuchas, pareciera que estoy hablando en sánscrito.


Sin interlocutor, no hay diálogo y sin dialogar, ¿puede haber proyecto común? Pienso que no. Entonces, ¿qué hago? ¿Me convierto en ermitaño o aprendo a hablar en español y me olvido del sánscrito? Ni la soledad ni la obligación de adaptarme a un grupo me asustan, pero sí el confundir mis prioridades: realizar mis pequeñas tareas. Esther y a Henrie me recuerdan que esas labores no son negociables.
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