domingo, 6 de marzo de 2011

MIS VERDADES

La puerta espera

“Los pequeños actos que se ejecutan son mejores que todos aquellos grandes que se planean.”
George Marshall


Primera verdad: nací desnudo. Y con un único deseo. ¿Cuál? ¡Respirar! Entonces, todo lo que tengo es ganancia pura. No tener algo sólo me regresa al punto inicial.


Segunda verdad: en este instante estoy vivo. No sé si mañana. No sé si dentro de una hora o en el próximo minuto, pero en este momento estoy vivo. Y lo estoy viviendo intensamente. Y sin cocaína.


Tercera verdad: en algún instante voy a morir. No soy eterno y que bueno que no lo soy. Así siempre tendré presentes a la primera y a la segunda verdad.


¿A santo de qué estas verdades? He visto a muchos de mis mayores, coetáneos, e incluso gente más joven, dedicarse a buscar el éxito, a luchar, trabajar, llenarse de canas, de deudas y han terminado hipertensos, diabéticos y amargados. Terminar de pagar una casa que al final tienen que abandonar, pues los hijos se marcharon buscando su propio camino de torturas. Algunos, para no sentir que su vida se les fue por un caño, se dedican a controlar, amargar, fustigar y castigar a la humanidad por su condición de miserable.


¡Y todos, todos, se perdieron el paseo!


Esto del paseo se lo escuché hace algunos años a Lidia, una colega profesora. Me contó que una vez le cometieron un error al comprar una prenda de vestir, que ella con mucha calma regresó a la tienda donde realizó la compra, que la dependienta le resolvió el problema, que se disculpó por el error y que hasta se atrevió a preguntarle sobre el por qué no estaba enojada. Mi colega le contestó: porque si me enojo, me pierdo el paseo; no me doy cuenta de quien está a mi lado en el bus, de quien me saluda, de quien me sonríe…definitivamente, mi colega vive sin perderse el paseo. Estas verdades, que en realidad no son tan mías, sirven para eso: para no perderse el paseo que es la vida.
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