domingo, 22 de noviembre de 2009

LA RAÍZ DE LA VIOLENCIA

Manuel Montilla-Panamá

“Pero…¿Y para qué llorar?
¿Podrá una lágrima cambiarnos?
Vamos
Lágrima de mis lágrimas
Conviértete en acero.”
Rafael Góchez Sosa



El acto de morir no ocurre por acumulación de méritos o desméritos. No se trata de una meritocracia. La muerte no se lleva a quien se lo merece, sino a aquel con quien se tropieza. Pero dejemos aparte a la filosofía.
La muerte violenta que azota nuestra patria camina de la mano con el crimen organizado y sus estamentos: capos gatilleros, banqueros lava dinero y políticos corruptos. Ellos nos tienen sumergidos en el terror y lo pueden hacer porque nosotros, sí, nosotros, hemos propiciado las condiciones necesarias para que así sea. Somos el caldo de cultivo que alimenta a la violencia.
¿Qué no lo somos? ¿Qué nos vale más: el dinero o la amistad? ¿A quién aplaudimos: al que tiene un carro de lujo o al que sabe ser solidario? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por aparentar prestigio y riqueza? Cada vez son más los dispuestos y las dispuestas (porque la cosa no tiene exclusividad de género) a usar un fúsil de asalto con tal de tener plata rápidamente en el bolsillo. Porque de eso se trata, de dinero sin trabajo ni sacrificio. Hablando de fusiles, ¿cuántos panameños y panameñas tomaron las armas para defender a la patria el 20 de diciembre de 1989? ¿Cuántos la tomarían ahora para comprarse una 4 x 4? Es muy cómodo y fácil aterrorizar con una AK-47 a una persona desarmada. La violencia callejera en Panamá es primeramente responsabilidad de nosotros los panameños. Esta patria es nuestra, no de los extranjeros. Sin embargo, tantos años de venderla por pedazos tienen consecuencias. Más cuando se vende sin que importe un pepino la procedencia del capital con que se paga. ¡Y quien hace negocios con el diablo, hediondo a azufre queda! ¿O no es así?
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