domingo, 23 de septiembre de 2007

PALABRAS EN MANAGUA


Mi nombre no es Pedro Arias De Ávila, no soy el conquistador iracundo, no tengo mis manos manchadas con la sangre de ningún decapitado. En mi conciencia no pesa el honor vilipendiado de ninguna doncella amancebada. No defiendo la corona de algún tirano y tampoco mis labios derraman el espumarajo avaricioso de la intriga.
Mi nombre no es William Walker, no soy el pirata del Vesta intruso y despiadado, mis manos no huelen a la pólvora del paredón y sus fusilados. Jamás he pretendido marcar con hierro la carne de mi hermano y así convertirlo en mi esclavo. El saqueo no me es un negocio atractivo y bajo ninguna circunstancia sigo los pasos de Henri Morgan.
Mi nombre no es Philippe-Jean Bunau-Varilla, no soy el especulador que ocultó sus agiotajes con el olor del champaña, mis manos no jugaron a los naipes con la tragedia de los volcanes. No vendí a la niña de los peces y las mariposas ni traicioné a la hija de Nicarao. No convertí el agua bautismal del San Juan y el Chagres en el plasma azuzado de las divisiones.
Mi nombre no es Theodore Roosevelt, no tengo un gran garrote que amenza a los espíritus libres y que también muele sus carnes. Tampoco me llamo John Calvin Coolidge o Herbert Clark Hoover, los emperadores que ordenaron a los marines aterrorizar las tierras del pinol y el chicheme. No vengo del patio trasero de ningún imperio ni cosecho bananas para algún mister Smith.
Mi nombre es David, hijo de Aurora y compadre de Sandra. El que cruza las fronteras inventadas para cobrarnos el peaje de no ser dueños de la tierra. El amigo de Marta, Juan y Henrie, los que mudan sueños por hojas de libros. El que admira a los cirujanos literarios Arnulfo, Ezequiel y María Estela. El que comprende que pinol y chicheme, al fin y al cabo, son dos bebidas que se hacen con maíz.
Hoy me encuentro aquí con los pulmones repletos del oxígeno de la amistad, el estómago colmado de gratitud y el hígado procesando tanta emoción. Hoy les traigo mis invenciones, aquellas que me han salvado de la herrumbre de la pereza mental y la desidia del alma. Hoy les traigo mi caminar desde el andar a tientas y por instinto, hasta la pisada firme y oficiosa. Aquí mi mano extendida, mi corazón abierto y mi libro Heurísticas.
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