domingo, 15 de mayo de 2016

BIOCRACIA


“La dualidad entre economía y cultura no existe.”
Carlos Fong

El 20 por ciento de la humanidad (1, 400 millones, más o menos) gozamos de los beneficios del progreso y el desarrollo; podemos tener discursos progresistas, pero nuestro consumismo está destruyendo el planeta. El 80 por ciento restante, 5 600 millones de seres humanos (siempre más o menos), son los sacrificados para nuestro bienestar.
Unos cien mil saqueadores (políticos, banqueros, petroleros, traficantes del crimen) imponen ese dictamen de injusticia, pero nosotros, los consumistas con discursos progresistas, somos sus cómplices. El actual orden de las cosas demoró cerca de siete mil años en perfeccionarse, así que lo más probable es que para cambiarlo demoré otro tanto. A menos que…
A menos que el calentamiento global de al traste con tanta avaricia institucionalizada. Quizás así la humanidad entienda que tiene que imitar a la naturaleza. La vida biológica está fundamentada en la fotosíntesis y la polinización. En la primera, las plantas liberan al ambiente un residuo de la fabricación de sus alimentos, el oxígeno, fundamental para todo ser vivo; en la segunda se da la colaboración entre especies diferentes y cuyo producto son los frutos de la tierra. Si no se entiende eso, si no comenzamos a imitar a las abejas y a los árboles, vamos a ser tan extintos como los dinosaurios.
Concibo a la biocracia como una concepción del poder, de como debe repartirse el poder: imitando a los ecosistemas. Todos los componentes de un ecosistema son importantes, nada es desechable. ¿Podemos soñar con una sociedad donde nadie sea marginado?
El poder lo han tenido las teocracias, las autocracias, las oligocracias, todas han dejado por fuera a millones de seres humanos. ¿Habrá llegado el tiempo de la biocracia? 
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