sábado, 7 de diciembre de 2013

MI ESTRATEGIA DE GUERRA: BAILAR Y REÍR

Primera Maestra

“Por lo tanto, en la guerra, el camino es evitar lo que es fuerte y atacar lo que es débil.”

Sun Tzu 
La verdad es que no soy un tipo ambicioso, por lo menos no ambiciono lo que comúnmente se ambiciona: poder y prestigio, riqueza. Pero tengo una pretensión por la cual he declarado más de una guerra: nunca permitir que otro me imponga su voluntad. Claro, que por haber ganado esas batallas no tengo ni poder, ni prestigio, ni riqueza.
Para vencer siempre desubico a quienes desean domesticarme: enloquezco y reniego del poder, la fama y la riqueza. Como esa locura es mucho más mal vista que todas las locuras juntas, los domesticadores prefieren mantener su distancia y es allí cuando los ataco. Río y bailo feliz sin tener prestigio, riqueza, poder. La mayoría de los domesticadores no soportan ese ataque.
Me cuido mucho de no cometer el error de caer en la incoherencia, vigilo, me vigilo con mucho celo, estrictamente estoy pendiente de cultivar en mí la caridad y la nobleza para así evitar caer en la tentación de la envidia. Envidiar sería ser derrotado. Sabiendo de antemano que la horda de los domesticadores está derrotada si uno no les envidia su poder, su riqueza y su prestigio, me lanzo a la batalla sin ningún temor. Y bailo y río y soy feliz sin tener ninguno de sus bienes. Y lo que más me encumbra en la victoria es que bailo y río y soy feliz sin prestarle atención alguna a los domesticadores. No es asunto mío si se dan o no cuenta de mi felicidad. 
Como bailo y río para yo ser feliz, dejo la puerta abierta para que los domesticadores se retiren; si cuando se marchan declaran que estoy loco y que no vale la pena domesticarme, no hago problema de ello; total, ellos son los que se retiran sin haber podido domesticarme. Esta forma de batallar me la enseñó mi primera maestra, mi madre; ella ya no está conmigo, pero hay muchas primeras maestras que siguen enseñando como batallar. ¡Feliz día de las madres!
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