domingo, 9 de octubre de 2011

LA RAZÓN Y EL PODER


Girasol y aguacates (Dece Ereo, Panamá)

“Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar.”

José Marti

El hombre es un animal idólatra y la mayor de sus idolatrías es el poder. Tanto así, que hasta Henrie Kissinger dijo alguna vez que era el mejor de los afrodisíacos. Es terrible como el común de los humanos no sólo se deslumbra ante la presencia de los poderosos, sino que además, justifica cualquiera de sus actos; no importa que sea un suceso asqueroso.

He visto a multitudes enloquecer ante el ídolo de su adoración. Creyentes frente a sus pastores, militantes frente a sus líderes políticos, y ni hablar de los fanáticos de cantantes y otras estrellas de la farándula. Sé de casos donde el idólatra deja de vivir su propia vida, para dar paso a la fantasía. He escuchado a gente justificar la violación, el uso de drogas, el robo y hasta el asesinato, simple y llanamente porque se trata de sus reverenciados iconos.

También es aterrador observar como la gente se aprovecha de sus cargos para abusar. Policías, militares, ministros, doctores, profesores, sacerdotes, pastores, rabinos. No importa el título. Importa utilizar el mando y la jurisdicción para dejar bien claro quien manda. Hasta el chisme es una forma de ejercer poder sobre el prójimo.

Sólo así me puedo explicar aberraciones como el racismo y el feminicidio, el abuso físico y síquico sobre niños y ancianos. Ya que no se tiene la capacidad de construir con el poder que se tiene, se destruye. El poder es parte de nuestra vida diaria. Hasta hablar es una forma de poder. Por eso es posible sentirse desamparado cuando se está en medio de una conversación en un  idioma desconocido. Por eso mismo hay que vigilarse. Sí. Estar al tanto de la propia vida. Así las cosas, hay que preguntarse cada día: ¿Y hoy en qué voy a usar mi poder?
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