viernes, 19 de marzo de 2010

PORQUE TE QUIERO TE APORREO


“Ah, la razón, esa vieja hembra embustera.”
Friedrich Nietzsche

Entre nosotros, los seres humanos, hay un afán que raya en enfermizo por el poseer la razón; no por encontrarla, sino por tenerla. Siendo así las cosas, las conclusiones prácticas son bastantes simples: un desprecio campante por las evidencias y por tanto, una concepción mágica y no realista del universo. ¡Enajenación total!


También, y esto es lo grave, nace una disposición permanente al uso de algún grado de la violencia. Por lo menos, se está muy dispuesto a justificar los ataques y agresiones que sufran aquellos que nos disputen la posesión de la razón.


De allí el racismo, la xenofobia, la intolerancia ideológica y religiosa. De allí la peor de todas las violencias: la violencia intra-familiar, específicamente, la violencia contra la mujer, mucho más específicamente, la violencia contra las esposas, las novias, las compañeras.


¿Y cuál es la razón que, a punta de trompadas y patadas, defiende el agresor? ¿Y cuál es la razón que la mujer le disputa a su compañero? Pues una tan simple que asusta: ¡Los hombres se respetan! Y que argumento tan idiota. ¿Por qué? Porque no se fundamenta en la valía del hombre sino en la depreciación de la mujer.


Tradicionalmente, en el más común concepto sobre los géneros de nuestra sociedad, se es hombre porque al lado se tiene a una mujer, y en la más enferma de las nociones sociales, un hombre tiene más valor en la medida que tiene sometida a una mujer que no vale nada.


¡Y encima se disfraza esa aberración con el traje del cariño y del amor! Pienso que en realidad sólo es mera cobardía el suicidarse después de asesinar a la compañera. ¡Miedo! Sí, temor a tener que enfrentar a otros hombres en la cárcel, hombres que van a estar más que dispuestos a infringirle dolor. Hasta ahora no conozco a nadie que le pegue a una mujer que aguante la mano de otro hombre.
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