sábado, 10 de octubre de 2009

TIEMPOS PARA LA PAZ


"Qué extraordinario es el tiempo que vivimos. Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crítica, la ironía y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructífero, preñado".
Rosa Luxemburgo
Hace un par de años estuve en Guatemala y visité al poeta Otoniel Martínez. En su casa, inmersos en el frío tropical chapín, él me habló de las características del sistema maya de resolución de conflictos. Por lo general, nuestro racismo congénito nos inclina a pensar que sólo de la civilizada Europa vienen las ideas buenas y los métodos convenientes, y despreciamos todo aquello que huela a Abia-Yala, a la América indígena. ¡Ni hablar de nuestro componente africano!
Leer el documento confeccionado por Otoniel fue una experiencia llena de sabiduría. Comprender que la solución a la violencia, que tanto nos aqueja, está tan cerca, a la distancia de un apretón de manos, simplemente fue esperanzador. Tomé unas brevísimas notas que ahora comparto:
El proceso maya para resolver conflictos es reparador. No es un enfrentamiento donde al final las partes siguen igual de lastimadas. No es lucrativo, por lo tanto quien que sirve de mediador no tiene interés en favorecer a aquel que pueda ofrecerle la paga más alta. Busca el consenso. Acordar en consentimiento de todos los involucrados. Todos tienen un punto vista y sus razones que deben ser escuchadas y tomadas en cuenta. Sus formas correctivas buscan, más que castigar, corregir la situación. Por ende es flexible. No busca el aplicar a fuerza tal o cual norma, sino el de resolver el problema y que, en la medida de la posible, no se repita. No es corrupto. Tiene claro que hay que salvar a la comunidad y no los intereses particulares de un individuo o de un grupo. Respeta a la persona y a la comunidad anhela educarlas y formarlas. El proceso es histórico. Siempre tiene presente la identidad comunitaria. Y sobre todo, es conciliatorio. No hay justicia si el conflicto continúa. ¿Se puede o no resolver conflictos iluminados por estos principios? ¿O sólo le sirven a los incivilizados indios?
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