domingo, 13 de septiembre de 2009

ALLÁ NOS VEMOS...


“Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!”
Moussa Ag Assarid


Confieso que soy un cascarrabias. Me es muy fácil discutir sobre cualquier tema. Desde sobre geopolítica, hasta sobre los mosquitos fósiles de la Atlántida. Soy capaz de ladrarle a las luces y a las sombras. Bueno, a casi todas las sombras.
Desde hace muchos años estoy preparado para morir. He aceptado totalmente mi mortalidad y digo que estoy preparado para morir, porque para morir lo único necesario es estar vivo. Y este pensamiento no es fruto ni de enfermedad ni del sentirme viejo. Al contrario, es de valorar todos los bienes que tengo y gozar de la compañía de los seres queridos. Y es allí donde la cosa se pone color de hormiga y la puerca tuerce el rabo.
Estoy dizque preparado para morir, pero de ninguna forma lo estoy para sufrir la partida definitiva de mis seres queridos. ¿Será qué soy un egoísta que resiente toda pérdida? ¿Será que me ataca la culpa por todas las omisiones cometidas?
Puede ser, pero he descubierto algo casi inverosímil. Con cada dolor soy más humano y quiero más a los que aún no han partido. Y creo que sé el por qué: aprendí a valorar las cosas simples. La vida extraordinaria, la que sale en las películas, sólo está en las películas. La vida de los ciudadanos que viajan en buses atascados en los tranques no tiene mucho de heroica. O quizá sí la tenga.
De repente, enfrentar a la asfixiante rutina todos los días y cada hora de esos días es el más grande de los actos heroicos. Y lo es porque se hace por la felicidad de los seres queridos, convencidos de que tal bienestar es el nuestro. Sólo apreciando los pequeños detalles, se puede ser feliz así. Ya no podré discutir con Tania Tamara, pero ahora soy mejor persona, quiero más a la gente, soy más feliz.
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