viernes, 9 de mayo de 2008

EL AFECTO NO ES UNA MENTIRA


“Parece que una diferencia fundamental entre emoción y afecto es que la emoción es algo que se produce dentro del organismo, mientras que el afecto es algo que fluye y se traslada de una persona a otra.”
M. P. González

En tiempos de la imagen televisada, en tiempos donde ninguno de los personajes de las películas más cotizadas puede recibir un tibio abrazo nuestro, en estos tiempos pareciera que así mismo de imposible son las relaciones afectivas que nos tocan vivir. Como que han perdido efectividad.
¿Será verdadera tal aseveración? Desde tiempos inmemorables ha existido una confusión, a veces leve, a veces grave, entre lo emotivo y lo afectivo. Y como las emociones son respuestas temporales a estímulos que no son eternos, el afecto sufre igual destino: desaparecer al poco tiempo.
Entonces, ¿el amor no existe? No me atrevo a afirmar tal cosa. He sido testigo de tantos actos de amor, mantenidos a lo largo del tiempo y hasta de la ingratitud, que tiendo a concluir que el amor sí existe. Lo que pasa es que el afecto no es cosa de flojos. Tampoco es una labor de titanes. Sólo es de gente común y corriente que decidió amar y trabaja para mantener tal decisión. Me gustaría darles un ejemplo. No les voy a hablar de san Francisco de Asís ni de Teresa de Calcuta, tampoco de Gandhi o Luther King. Les voy a hablar de un padrastro, ahora que están tan desprestigiados, un hombre que servía de acudiente a sus dos hijastros. Durante dos años los acompañó a la escuela, conversó con ellos mientras esperaban en el colegio, y estuvo pendiente de su evolución académica. Por los mismos muchachos comprobé que así mismo era en otros ámbitos; no era tierno, pero podían contar con él. El hombre al que me refiero no era psicólogo y apenas había terminado la educación secundaria. Poco antes de la graduación de los dos muchachos, me atreví a preguntarle del por qué de su dedicación. Me contestó: “Eso era parte del paquete de casarme con la mujer que quiero”.
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