jueves, 19 de abril de 2007


NIÑA APUÑALADA POR SU PADRE
La violencia, la agresividad, el miedo, la curiosidad, incluso la morbosidad forman parte de una condición humana que ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma y se adapta a los nuevos tiempos. Vivimos en una sociedad violenta, cuyas manifestaciones adoptan múltiples formas en la vida cotidiana.
Dra. Montserrat Quesada


La violencia se ha instalado en la sociedad, anclada en el relativismo y materialismo imperantes, y, cada día, lanza su fétida garra sangrienta arrancándole una parte deliciosa de sus entrañas. No es fácil entender, cómo un padre, convertido en alimaña, puede blandir un cuchillo y acribillar en repetidos lances el dulce cuerpecito de su hija.Una niña de diez años resultó hoy herida grave tras recibir quince puñaladas en la localidad segoviana de Collado Hermoso, al parecer por parte de su padre, quien posteriormente fue detenido tras ser víctima de un accidente de tráfico, según informa Fax Press. Las primeras pesquisas apuntan a que la niña pudo hacer algún gesto de desaprobación ante la idea de irse con su padre, por lo que éste, asiduo de taberna, se armó con un cuchillo jamonero y la hirió.Siempre el mordisco ensangrentado atrapa a los niños, siempre los niños, siempre son los débiles, los más indefensos. Siempre la garra del mal y del desastre tiene servido su miserable bocado; siempre encuentra su tributo macabro tras la puerta de los pobres, de los más pequeños y desvalidos.La lucha contra la violencia es ardua tarea. La falta de documentación adecuada y de investigación sobre violencia doméstica contra mujeres y niñas, acoso sexual, maltrato y agresión de rencor y celos impide las labores y estrategias de prevención y erradicación. Son precisas medidas eficaces y efectivas; la policía ha de contar con medios y documentación funcional de denuncias, actuaciones y datos personales e información acerca de detenciones, procesamientos y condenas e incorporar registros sobre la extensión, las causas y las consecuencias del problema.Parece que se diera un plano imitativo en la práctica violenta. Ciertamente, es un escollo social antiguo e inveterado. Pero, sin duda, en una sociedad vacía y ayuna de valores tradicionales y morales, desechados, como antiguallas inservibles, proliferan los bajos instintos, los malos hábitos incontrolados, los impulsos pasionales indomeñados y la nociva educación de la permisividad y la ignorancia. Todo ello ocasiona agresividad y violencia. Las actitudes violentas se generan en la carencia educativa de la infancia y adolescencia. Son los padres los que han de formar a sus hijos; y la lección básica es la del ejemplo; las palabras vuelan y los ejemplos arrastran. El niño es una esponja y recoge todo lo que ve y oye; su personalidad futura depende del aprendizaje del cumplimiento del deber y corrección en su primera etapa infantil; las primeras papillas lo condicionan para siempre. Allí, se desvía, se impide, obstaculiza y se pierde. El niño que respira un aire justo, responsable, de respeto y tolerancia, de servicio y sacrificio, de amor y alegría, de renuncia a diversiones y egoísmos, será un hombre entero y maduro psicoafectiva y socialmente. La entereza vendrá de la formación de una recia voluntad, que elimine veleidades y alcance la reciedumbre. Es imprescindible encauzar las tendencias e imponer la autoridad; inhibirse y conceder todos los caprichos es deseducar. El mismo hijo busca y pide el principio de autoridad, sin el que se siente desorientado, desprovisto y entristecido.Estos clientes de la botella y la droga, que maltratan y asesinan, ¿recibieron una correcta educación?

Camilo Valverde Mudarra


PREFIERO LA NIÑA APUÑALADA
“Somos seres del bajo mundo y no podemos darnos el lujo de amar”
Harold Ziedler


Podrá sonar cruel e inhumano, pero prefiero leer en un diario sobre el abuso infantil que vivir en una sociedad donde el problema no exista, y no porque no se den dichos casos, sino porque en nombre de supuestos preceptos defensores de la integridad familiar, se obvien y echen al canasto de los olvidos.
Nos asusta sobremanera enterarnos de la realidad que sufren miles de infantes agredidos por sus propios padres. Pero no nos engañemos. No es un mal reciente. Al contrario, fue un comportamiento largo tiempo ocultado. Los interiores familiares, específicamente, las intimidades que conllevaban violencia y abuso, a lo sumo eran un tema apenas susurrado y en la mayoría de los casos simplemente obviado en nombre del bienestar familiar. ¡Preferible un niño maltratado a un divorcio!
La humanidad tiene varios miles de años fracasando rotundamente en su anhelo de crear una sociedad sin violencia. Se propone a la educación como solución a dicho dilema y olvidamos un trágico detalle. Aquella definición antropológica en que prácticamente se fundamenta el devenir sociológico de occidente, la aseveración de Rousseau de que el hombre nace bueno y que es la sociedad quien lo corrompe, ya debe ser revisada. ¿Acaso Robespierre el Incorruptible no fue un hombre muy bien educado y lleno de buenas intenciones? ¿Acaso no fue responsable del terror sembrado por la guillotina? Para ambas preguntas la respuesta es un rotundo sí. El hombre es capaz de las más sublimes acciones de nobleza y de los más abyectos y gratuitos crímenes. El hombre es capaz hasta de matar a un pequeño ser salido de sus entrañas. Puede ser por querer emular a algún ídolo de la muerte, por alguna tara biológica o déficit emocional, incluso, puede ser por el mero placer o la curiosidad. Lo que sí es cierto, es que todo individuo tiene una fase oscura que puede eclipsar la totalidad de su vida en el peor de los momentos.
Por más que lo neguemos, lidiar con lo humano implica también lidiar con lo inhumano. Esa tensión fue el motor que nos hizo evolucionar, bajar de los árboles y abandonar las cavernas. Pero la caverna siempre está allí, y no debemos olvidarlo.


David C. Róbinson O.
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