sábado, 9 de marzo de 2013

DE COMO SE CONSTRUYE UN SILENCIO



Y este tipo de conversación es diferente al evangelizar, porque una parte no trata de convertir a la otra.”

Kwame Anthony Appiah

Lo confieso: gracias a mi boca me he metido en cada lío. Tantos, que me veo obligado a detenerme, reflexionar el asunto y comprometerme con un nuevo comportamiento. La pasión no ha sido una buena consejera. Por lo menos, no siempre lo ha sido conmigo.

Pues sí, luego de hacer un alto para pensar, pero sobre todo, para observar mis emociones, elaboré unos puntos que espero me funcionen. Antes de abrir la boca, debo preguntarme:

¿Cuál es mi estado de ánimo? ¿Estoy exaltado o sereno? Hablar exaltado no es la mejor de las ideas, aunque se tengan muy buenas intenciones. Es mejor aguardar unos minutos. ¡Qué sabio es aquello de contar hasta diez!

¿Conozco los hechos? ¿Mis evidencias son contundentes o circunstanciales? ¿De primera o quinta mano? La ignorancia es la madre del chisme y éste, además de cargar toneladas de sucio morbo, es una arrogante demostración de mediocridad.

¿Alguien me ha pedido mi participación en el asunto? ¿Es de mi incumbencia? ¿Hasta donde me incumbe? ¿Hasta esbozar los hechos? ¿Hacer una pregunta? ¿Hasta sentenciar y tomar partido? ¿O mejor guardo silencio? Nada como un metiche, para crear problemas.

¿Si rompo el silencio quién gana? ¿Qué vida se embellece? ¿Quién recibe respeto? ¿Qué causa se defiende? ¿Qué situación se denuncia? Si no es útil, la experiencia me ha demostrado, es mejor no romper el silencio. Lo contrario, sólo es correr tras ese espejismo llamado ego.
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