miércoles, 9 de abril de 2008

REFLEXIONES SOBRE EL FRÍO



“Como un rotundo frío que no deja sentir.”

Elisa Ángel


Hice un viaje hasta las polares tierras de Guatemala. ¿Polares? Sí, polares. A mi entender, sólo me faltó ser arrollado por el trineo de Santa Claus con el reno Rudolph a la cabeza. ¿Qué exagero? ¡Ja! Les cuento. Cuando llegué a Xela (2 700 metros sobre el nivel del mar), me topé con otro tipo igual de abrigado que yo. ¿Adivinaron? ¡Exacto! Otro panameño. Para quienes habitamos este punto caribeño en las costas del Pacífico llamado ciudad de Panamá, 10 ºC es una temperatura agónica.¡Qué frío! Otoniel me aconsejó no pelear contra las bajas temperaturas, que le dejara inundase mis músculos, que le permitiese a mi cuerpo reaccionar y sobreponerse al gélido momento. Miguel me explicó las razones fisiológicas de lo ventajoso de abandonarse al abrazo del frío. Créanme que lo intenté, pero el frío me requete majaba. Aún así noté dos cosas. La primera fue una tarde particularmente fría, en la cual, gracias a una intensa conversa con María sobre el reclutamiento militar de niños para enviarlos a la guerra, ni me di cuenta cuando el frío pasó de largo. La segunda fue una terrible noche, donde a pesar de tener una buena dosis de vino tinto en el torrente sanguíneo y de dormir cubierto por varios centímetros de frazadas, no pude menos que admirarme y espantarme por estar a una temperatura de 4 ºC bajo cero. A la mañana siguiente pude ver manchas de hielo sobre el césped. ¿Será que me mintieron cuando me dijeron que Guatemala es un país tropical?Primera conclusión: el desamparo existe. No sólo las fuerzas de la naturaleza como el frío nos hacen sentir inermes, también los que se han adueñado del poder y envían infantes a matar y morir en la guerra. Armados contra otros niños, pero desarmados frente a los amos del planeta. Última conclusión: desamparados del mundo, ya es tiempo que nos solidaricemos entre nosotros.
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