domingo, 27 de septiembre de 2015

LOS ANARQUISTAS

Detalle de estatua de Leda Astorga

“Si se cree que el gobierno es necesario y que sin gobierno tiene que haber desorden y confusión, es natural y lógico suponer que la anarquía, que significa la ausencia de gobierno, tiene también que significar la ausencia del orden.”
Errico Malatesta
Es muy difícil mencionar la palabra anarquía y que quien escuche no salte sobresaltado a buscar refugio del inminente estallido de una o varias bombas. También es muy probable que esa misma persona no pueda dar una definición acertada de esta visión social a la que le teme.
¿Y por qué el miedo a la anarquía? Por lo que conlleva: responsabilidad.
En el anarquismo los individuos acuerdan libremente los pasos que son necesarios dar para su sana convivencia y bienestar común. Este pacto voluntario rechaza toda imposición y acoge como práctica cotidiana la construcción del consenso. La anarquía es una forma posible de organizarse, pero si los individuos no aceptan responsabilizarse de sus propias vidas y del destino de la comunidad, claro está, sólo será una quimera.
El consenso anárquico se sostiene en una confianza inquebrantable en el individuo, en que las mujeres y los hombres libremente pueden conformar comunidades de iguales. En nombre de dicha confianza rechaza los poderes establecidos que por siglos han subyugado a la humanidad.
Vivir convencido de que todo ser humano, cualquiera que este sea, es más importante que cualquier institución sedienta de poder, es caminar como ácrata, es decir, como anarquista. Y eso despierta el miedo a los clérigos, funcionarios y directivos beneficiados del orden establecido. Temen que caiga el velo encubridor de nuestra historia de dolores y ofensas, que los ojos de los ofendidos dejen de dedicarse a ver espejismos y comiencen a ver las pupilas de sus hermanos. No se puede predicar el anarquismo sin practicar la confianza en las mujeres y los hombres.
Confiar, creer, tener fe en los prójimos obliga a que los acuerdos se concreten de cierta forma: libremente y desde abajo hacia arriba. Los afectados resuelven y no reciben, pasivamente, respuestas impuestas. El éxito o el fracaso dependen de ellos y no de un mecenas, un partido o un gobierno que tarde o temprano exigirá el pago de la deuda, que a cambio exigirá la esclavitud de sus supuestos beneficiados.
El consenso anarquista es una coordinación entre iguales, que conlleva una acción directa de quienes crearon el consenso, sin intermediarios (redentores o libertadores que al final terminan convertidos en opresores y explotadores) y auto gestionada por ellos mismos (sin subsidios ni patrocinios). Únicamente, apoyo mutuo y solidaridad; nadie está por encima de nadie. Como nadie acumula poder, nadie tiene que convertirse en violento para defender el poder acumulado. Eso sí, todos perfeccionan su vida en libertad al resistirse, entre otras cosas, a ser víctimas corderiles de los violentos, sean estos personeros del estado o de las corporaciones.
El compromiso anarquista es para superar las perversiones que frenan el libre y diverso desarrollo humano. Tal compromiso se fundamenta en el juicio de los individuos y en su capacidad de construir consensos a lo interno de las sociedades de iguales. No cabe la coacción. La comunidad anarquista subsiste gracias a que no es dirigida por un hombre, la autoridad personal no es reconocida, sino por la capacidad de diálogo y compromiso en la acción de todos sus miembros. En esta comunidad el orden nace de la libertad. ¡Y eso no es motivo de miedo!
Quienes defienden las dictaduras, lo hacen en nombre de la seguridad y el orden. De un precepto que dice, equivocadamente de acuerdo con el anarquismo, que una persona o grupo puede saber lo que es mejor para todos. ¿Cómo alguien ajeno a mi vida puede saber lo que a ella le conviene? ¿Cómo la gran ciudad capital se atreve a decidir el destino de los pequeños poblados alejados de su periferia? ¿Pueden, en serio, los dirigentes capitalinos disponer cuáles necesidades de los barrios de la ciudad serán atendidas y cuáles pospuestas?
El mero sentido común indica que las prioridades deben ser determinadas por el diálogo entre los afectados que culmina en consenso y en acción directa. Sólo puede haber una comunidad sana si la soberanía de los individuos, su patria íntima, es respetada.
Una comunidad sana es aquella que vive libremente defendiendo los derechos que garantizan la vida libre de sus miembros. En ella cunde el entendimiento de que la libertad individual se perfecciona con la práctica de la solidaridad. ¿Ser libre rodeado de esclavos? Dentro de la lógica anarquista eso es un total absurdo. A muchos ofende el discurso y la praxis anti-capitalista del anarquismo. La actual fábrica de esclavos se llama capitalismo. ¿Qué el comunismo bolchevique también fabricó esclavos? ¿Cuál fue la suerte de los anarquistas durante el período soviético?
El anarquismo no admite la esclavitud por ningún motivo. Todos somos iguales en derechos sin importar más que el haber nacido humanos. Esta defensa de la equidad nunca se aleja de la realidad. Los hechos están allí para ser analizados, no ocultados. ¿Qué en este momento histórico es grande la enajenación del público en general? Eso es un hecho real que no puede ser obviado al momento de llevar adelante alguna estrategia liberadora. Hacerlo significa dejar de confiar en los seres humanos.
La responsabilidad, la habilidad de responder en cada situación, es una cualidad genética del ácrata. Sin ella no podemos hablar de anarquismo. No hay concreción de la nueva sociedad, sin individuos que se hagan responsables de construirla y asuman sus propias vidas.
Y gracias a este punto el anarquismo recibe el título de la más utópica de todas las utopías. De acuerdo a la historia de dolores que hasta el día de hoy hemos sufrido, es imposible que todos seamos seres responsables. Pero ¿por qué no? Porque nuestra educación no lo permite.
                    
Así es, estamos educados para ser irresponsables, para no asumir nuestras vidas, para ser esclavos. Los sistemas educativos fueron creados para garantizar que las sociedades beneficien a  las minorías en perjuicio de las mayorías, para que las mayorías vivan enajenadas y esclavas.
Entonces, ¿qué se hace? Educarse y educar desde donde se esté. Dialogar para educarse y educar. Actuar y evaluar la acción para educarse y educar. En realidad, el consenso es un espacio educativo. Cada individuo debe hacerse responsable de educarse para la libertad. Cada comunidad debe hacerse responsable de educarse para dejar atrás a la esclavitud. Solos o acompañados, pero no hay de otra. ¿O si la hay?

domingo, 20 de septiembre de 2015

LA IMPROVISACIÓN COMO POLÍTICA DE ESTADO

“Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie.” 
Giuseppe Tomasi di Lampedusa        
El próximo lunes 21 de septiembre, el Ministerio de Educación de Panamá comienza un experimento con una veintena de escuelas: implementar la jornada única, que en los colegios se labore de 7 de la mañana a 3 de la tarde. Mi opinión al respecto es la siguiente: ¡Jajajajaja!
Doy mis razones. El gobierno pasado y su ministra Lucy Molinar crearon "las escuelas de la excelencia" que tenían jornada completa y tuvieron que olvidarse de tal horario por no poder garantizarles almuerzos a los estudiantes. ¿Las familias, mal acostumbradas por los subsidios, asumirán ese costo extra o los infantes serán candidatos a sufrir desnutrición?
Para que todas las escuelas tengan jornada única hay que aumentar en por lo menos dos tercios el número total de aulas. Las actuales estructuras en su mayoría se están cayendo y no hay recursos para resolver ese problema. ¿Y van a poder construir nuevas escuelas?
Con la población estudiantil dividida en dos jornadas la ciudad de Panamá está ahogada en tranques. Con todo el estudiantado entrando y saliendo a la misma hora, las filas de autos serán de varias decenas de kilómetros. Si hoy en día un estudiante tiene que abordar el autobús, por tarde, a las cinco de la madrugada, ¿a qué hora deberá hacerlo con la jornada completa?
La hipótesis de las autoridades es que el tiempo extra en las escuelas es tiempo que los jóvenes no estarán en las calles. Es decir, confirman la intención de convertir los colegios en guarderías. ¿Cómo es el ambiente en las escuelas? ¿Están libres de pandillas? ¿De acoso escolar? ¿De violaciones a los derechos humanos? ¿Cuáles son los planes de contingencia del ministerio?
Y sólo para que quede claro, si implementan la jornada única a nivel nacional eso se va a traducir en un aumento sustancial a mi salario. ¿Hasta cuándo la irrazonable improvisación? ¿O lo absurdo es el verdadero objetivo en Panamá? Repito mi opinión sobre el tema: ¡Jajajaja!

domingo, 13 de septiembre de 2015

DE LOS TOZUDOS

“El progreso humano se debe a los obsesionados.”
Moisés Pinzón
Puede ser que la leyenda de Nerón ordenando el incendio de la ciudad de Roma, para después contemplarlo mientras tocaba el laúd, no sea más que eso, una leyenda. Sin embargo, ella sirve de metáfora del progreso traído, o más bien impuesto, por los llamados próceres del mundo. Ficción o no, el incendio de la urbe de ladrillo tuvo como resultado final el nacimiento de la metrópoli de mármol.
Obsesionados con sus proyectos, egoístas o filantrópicos, estos personajes arrastraron y hasta, de ser necesario, empujaron a la humanidad más allá de los límites fijados por la misma masa humana que, por comodidad y miedo, prefiere mantenerse inmovilizada.
Gracias a ellos abandonamos las cavernas y también supimos de guerras y de tantos otros dolores. Occidente no sería lo que es hoy sin la irrupción romana en su historia. ¿Qué tanto del derecho y la cultura de Roma conoceríamos sin genocidas como Julio César? Sin embargo.
Por cada codicioso emperador hay cien mil tozudos que sacrifican su bienestar y el de sus seres queridos en aras de su causa. Eso hay que subrayarlo. Estos hombres y mujeres, motores de la historia, encabezan las listas de los perseguidos y torturados por la masa humana que, por comodidad, le teme al cambio. Algunos están registrados en los libros de historia, muchos simplemente fueron olvidados. José Martí habló de ellos, hombres (y también mujeres) con el decoro de muchos hombres sin decoro (y también las hay mujeres). Bertol Brecht los llamó indispensables (y las indispensables también abundan).
Codiciosos y genocidas, honestos e indispensables. Plutonio y oro. Hoy somos lo que somos gracias a los tozudos. Nuestra historia es la de su perversidad y su bondad. 

domingo, 30 de agosto de 2015

ISABEL, LA CIENCIA Y LA POESÍA

“La ciencia explica y la poesía interpreta, ambas tienen en común que usan el raciocinio. Y aunque la ciencia mantiene un ritual riguroso llamado método científico, tiene la necesidad de usar metáforas, símiles y demás figuras literarias para darse a entender.”
Isabel Herrera de Taylor
Es posible, muy probable, conociendo el histórico deshábito por la lectura inteligente que la población panameña a veces se ufana de poseer, que este libro, Ciencia y poesía en Panamá de Isabel Herrera de Taylor, no rompa ninguna marca ni de lectores ni de ventas. Y eso es lamentable, porque quien lea este texto entenderá, comprenderá y, hasta puede ser, asuma el hecho que ciencia y poesía no son ramas del conocimiento que se excluyen entre sí. Tienen dos coincidencias fundamentales, la primera la menciona Isabel en el párrafo que usamos de epígrafe: tanto ciencia como poesía utilizan figuras literarias como las metáforas para poder explicar conceptos abstractos. La metáfora partícula de Dios permite entender lo esencial del bosón de higgs para explicar el origen de la masa de las partículas elementales que conforman el universo.
La segunda coincidencia es que tanto científico como poeta deben observar. No observarán lo mismo, pero ambos deben ser buenos observadores, de lo contrario sus conclusiones, teorías y poemas, serán fallidos.
Habrá quien diga que los versos no nacen de las observaciones hechas por el poeta, sino que son frutos de la divina inspiración. Piensan que afirmar lo contrario no sólo es prosaico y procaz, también es un atentado contra la misma poesía. Resulta ser que se equivocan. Nuestro cerebro procesa información de forma conciente, vía corteza cerebral, e inconcientemente a través del tálamo encefálico. Cuando el sistema se satura de estímulos, ocurre un reordenamiento de las interconexiones neuronales y ello bien puede culminar con la resolución de un problema demográfico o la escritura de un soneto. Este vulgar proceso biológico es la divina inspiración.
Me disculpo si sienten que asesiné a su diosa preferida.
Isabel en sus palabras preliminares nos informa que en muchas universidades ya hay foros entre poetas y científicos. Pienso que sus resultados finales serán una ciencia más humana y una poesía también más humana. Para ser inhumano basta ser un humano poco dispuesto a dialogar.
Finalmente, me gustaría resaltar una cualidad personal de mi amiga Isabel Herrera de Taylor, una conducta que aflora con fuerza y determinación en los renglones del libro Ciencia y poesía en Panamá. Mi querida Isabel no pudo esconder su vocación docente. Este libro lo escribió una maestra. ¿Quieres usted entender de ciencia? Lea este libro. ¿Quieres usted entender de poesía? Lea este libro. ¿Quieres usted comprender la relación entre la ciencia y la poesía? Lea este libro.
Este libro es una buena noticia para Panamá. Cultiva conocimiento con sensatez. En lo personal, considero este libro como una maravilla. Me tranquiliza al explicar como un mismo individuo puede escribir poemas poseyendo estructuras mentales que responden al método científico. Me alivia porque significa que no soy un esquizofrénico con doble personalidad.

Agradezco a Isabel su esfuerzo concretado en este libro. Si ustedes desean comprender el porque ciencia y poesía son caminos complementarios, van a tener que leer este libro.

domingo, 9 de agosto de 2015

EN EL REINO DE PIRRO


“Nunca más podrá mi país darse el lujo de sufrir otro de los éxitos de Montgomery.”
Príncipe Bernardo de los Países Bajos
Pirro de Epiro fue uno de los grandes oponentes de la República Romana. Llegó incluso a derrotarla en un par de batallas y, precisamente, fueron dichas victorias las que lo condujeron a su derrota final. Una personalidad mezcla de genialidad y valentía, ambición e impaciencia, y me imagino que también de inconsistencia y arrogancia, elevaron sus costes militares, tanto, que hicieron insostenible la conquista de Roma. En realidad, ni siquiera tenía planeado reemplazar al poder romano con el suyo propio, sólo obedecía sus impulsos, espontáneos e irreflexivos, nacidos de su oportunismo. ¡A la guerra por la guerra en sí misma! Y todo en nombre de su noble coraje. Pirro murió en una confusa batalla gracias a una pesada teja que le arrojó una anciana.
A veces siento que habito el reino de Pirro. Siento que en Panamá, el país donde vivo, parece haber más de un Pirro, pareciera que hay cientos de miles y todos se creen reyes guerreros. Y ninguno es un genio estratega. Y muchos de ellos son unos meros idiotas.
Todos tienen causas justas. Y se movilizan en nombre de ellas. Pero en un punto crucial sus actos se vuelven irracionales. Y en lugar de acertar el golpe final y obtener la victoria final y rotunda, o por lo menos garantizar el poder sostener la lucha a largo plazo, se desvían del objetivo, lo diluyen y se enfrascan en la torpe demostración de algo, algo que, de lograrse, será un gran signo, un enorme y brillante símbolo del estatus quo, pues al final nada cambia. Como que muerto el tigre se le temiera al cuero seco del felino. Nada de aquello de perder una batalla para ganar la guerra, al contrario, ganar pírricamente una batalla aunque eso signifique perder la guerra. Todo por la foto épica, por los 5 minutos bajo los reflectores. Y después la excusa: Yo sí peleé. Y después lo inconfesable: No hice lo necesario para ganar, en el fondo le temo al triunfo.

domingo, 2 de agosto de 2015

LA LETAL INCOHERENCIA

“Mi propia lectura de los pasados 500 años me lleva a dudar que nuestro propio sistema mundo moderno sea una instancia de progreso moral sustancial, y a creer que es más probablemente una instancia de regresión moral.”
Inmanuel Wallerstein                                                                           
Tengo que confesar que no le veo salida decente a este atolladero que nos asfixia. El capitalismo está en decadencia, y aún así, su capacidad destructiva está en pleno apogeo. Antes arruinaría al planeta, que dejarse morir. Muchos foros buscan soluciones y todos serán inútiles mientras sus asistentes valoren los bolsos Louis Vuitton y los zapatos Ferragamo. Hablo de valor, no de precio. Quien valora algo lo desea y el corazón está en los deseos. El más anticapitalista de los discurso es pura paja si la boca que lo proclama está subyugada por un corazón consumista.
¡Y ese no es el único conflicto que tiene la intelectualidad de las peroratas progresistas!
Hay una versión histórica que afirma que la biblioteca de Alejandría fue el recipiente de mucho del saber clásico del mundo antiguo. Sin embargo, fue destruida por cristianos fanáticos y su última directora, Hipatia, fue torturada y asesinada. Y nadie las defendió. ¿Por qué? Porque el faro de la sabiduría y sus responsables estaban desligados de la vida de sus vecinos. Los obispos si le tenían el pulso medido a sus feligreses. Parece que la llamada progresía, la intelectualidad de los discursos progresistas, ha olvidado este triste capítulo de la historia.
Discursos anticapitalistas más deseos consumistas más el rechazar a hombres y mujeres de supuesto bajo bagaje cultural es igual al absurdo del que se alimenta, ¿adivinan?, el sistema capitalista. Hace unos días descubrí en Internet un par de videos que afirmaban que la tierra era plana. ¡Plana! Llegó la hora de preocuparse. Si los intelectuales del planeta no dejan de lado la incoherencia y se comprometen con la promoción del conocimiento, más temprano que tarde ocurrirá un apagón del pensamiento y todos regresaremos a la era de las cavernas. ¿Exagero?

domingo, 26 de julio de 2015

DE LA PÉRDIDA DEL PODER DE CONVOCATORIA

“Por el rey, es verdad, pero... ¿Por qué rey?”
Giuseppe Tomasi di Lampedusa
En repetidas ocasiones he escrito que vivimos tiempos donde la solidaridad, que es algo distinto a la beneficencia, está perdiendo terreno y lo está perdiendo por múltiples razones. Hoy escribiré sobre una de ellas, una razón que pienso es fundamental.
Cuando los recursos son escasos y el problema es de gran magnitud, se hace obligatorio el trabajar en equipo; y es en este punto donde parece que la puerca tuerce el rabo; los mismos afectados parecen no interesados en resolver su afectación. Aquel que asume la responsabilidad del cambio aparece como un ser abandonado y no seguido por nadie.
Sin embargo, esa pérdida del poder de convocatoria no es gratuita, tras que los medios de comunicación masivos atentan contra toda iniciativa de organización para el cambio social e instauración, nuevamente, de la solidaridad entre nosotros, los supuestos agentes transformadores tienen actitudes que atentan contra sus buenas intenciones.
Parten de supuestos equivocados: 1-todo el mundo está de acuerdo con que hay que realizar un cambio; 2-yo conozco muy bien el tema; 3-yo debo dirigir el proceso de cambio. ¡Error! ¡Error! ¡Error! Este trío de equivocaciones conlleva otro par de síndromes.
Primer síndrome, el de la inconsulta. Resulta ser que el proceso que quiero llevar adelante necesita de los recursos y el tiempo del otro, de aquel a quien no he consultado sobre que piensa de la situación que me parece un problema. Puede ser que en un inicio aquel acepte participar, pero no tardará mucho en entrar en contradicción con el proceso solidario, pues termina repudiándolo por no comprenderlo, por no sentirlo suyo. Y eso nos empuja al segundo síndrome, el de la pertenencia. El problema le pertenece a todos, pero la solución es mía, porque yo soy el hombre que pensó que había que hacer algo. ¿Acaso tengo que seguir explicando?

domingo, 19 de julio de 2015

EL REINADO DEL MAL GUSTO

“La globalización nos ha traído muchas cosas buenas, pero también ha convertido la estulticia humana en pandemia.”

Paco Moreno

Hay un momento especialmente crítico en la historia personal de cualquier hombre, cualquier mujer. Es cuando tiene que asumir responsabilidades profesionales, compromisos familiares, cuando tiene que comenzar a pagar cuentas. Lo terrible es que ese instante puede servir de excusa para la estupidez y lo desmedido. ¡Cómo si ya no tuviéramos suficiente!
En nombre de las obligaciones hemos anulado las capacidades que nos inspiraron a pintar las cavernas. La creatividad está agotada, la imaginación sufre un soponcio. Mareados por una falsa originalidad y atrapados por la novedad del refrito, vivimos tiempos de rendición del talento y entronización del mal gusto. Es una fatalidad no poder diferenciar entre lo bello y lo feo.
¡Y todo gracias a una falacia! El consumismo impele a gastar, es un monstruo del comercio que necesita constantemente nuevas deudas con las cuales alimentarse y como la industria, cualquiera que ella sea, no tiene la capacidad de ofrecer ingeniosos inventos a la velocidad que el monstruo requiere, el resultado es que los individuos terminan comprando babosadas al precio de perlas gigantes. Oro por espejitos. Y como bono: la depresión. Y como bono extra: la tristeza. ¿Por qué? Por haber sacrificado nuestra creatividad e imaginación.
Nuestra sociedad es la sociedad de la triple D: desproporcionada, descuidada, deficiente. ¿Qué se puede hacer? A cada ciudadano y ciudadana le toca no conformarse con ser un simple pagador de cuentas y cultivar la moderación personal y aprender a manejar eficientemente sus recursos, tanto los económicos como los emotivos. Nos toca aspirar a la integridad. Tenemos la obligación de crear formas de vida que nos permitan caminar más allá del centro comercial. 

domingo, 12 de julio de 2015

DE LO LAMENTABLE EN EL INSTITUTO NACIONAL

“Toda solución sostenible al fenómeno de las pandillas y de la violencia en general, pasa necesariamente por la adopción de políticas integrales de atención al fenómeno de la violencia juvenil, la generación de oportunidades de inclusión social a los jóvenes, el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y la lucha contra la impunidad.”
Jeannette Aguilar
Dicen las autoridades del Ministerio de Educación que el Instituto Nacional, el glorioso Nido de Águilas, prestigioso colegio que ha sido el buque insignia en las luchas patrióticas y sociales de Panamá, posiblemente está infiltrado por pandillas y que, por tal razón, las investigaciones que hay que realizar a las últimas protestas callejeras sobrepasan la capacidad de las autoridades educativas y hay que trasladarlas al Ministerio Público. En las últimas protestas fueron destruidos automóviles estacionados en la vía pública y quemados con una bomba Molotov los cuerpos de dos estudiantes y un profesor; las quemaduras son de segundo grado. La razón de las protestas fue por la aplicación de medidas disciplinarias llevadas adelante por docentes y administrativos del colegio. Días antes de los eventos, supuestos estudiantes encapuchados del Instituto Nacional hicieron circular por las redes sociales un video donde amenazaban a quienes aplicaban las medidas mencionadas, incluso, al Presidente de la República.
La medida anunciada por la Ministra de Educación de poco va a servir. Es la salida fácil que a la larga oxigena el problema. Aunque sí es delictivo el comportamiento de los jóvenes involucrados en los hechos, no es el de pandilleros comunes. El negocio de las pandillas es la venta de drogas y formar un alboroto en el área de las ventas es malo para el comercio. ¡Ah! Se me olvidaba. Durante las protestas había presencia policial que sirvió de testigo al vandalismo. Dicen que fue porque el Ministerio de Educación no autorizó su intervención.
Nada me dice que el Ministerio Público no hará lo mismo que la policía y el ministro de educación: mirar para otro lado. Porque por eso el monstruo está fuera de control.
Es imposible que a esta altura las autoridades del Ministerio de Educación, la policía, los padres de familia, el cuerpo docente, directivos, administrativos y estudiantes del Instituto Nacional no sepan quienes son los terroristas. No hay máscara que oculte el lenguaje corporal de alguien conocido. ¿Por qué, entonces, las dudas para proceder? Porque tienen mucho tiempo mirando para otro lado y están esperando que el problema desaparezca por arte de magia.
Olvidan que estos actuales “estudiantes no mirados” hoy tienen ejemplos funestos, desde las maras centroamericanas hasta las tropas combatientes del estado islámico. Y con la impunidad galopando a lo largo de la patria, esos muchachos quizás estén pensando: si ellos pueden, yo también puedo. ¿Qué significa que, a pesar de la cercanía de un profesor, un estudiante encienda una bomba Molotov arrojada a un tinaco? Para mí es obvia la respuesta: ese estudiante ya no reconoce como autoridad al cuerpo docente. ¿Por qué? ¿Será por qué ya está acostumbrado a verlo mirar a otro lado?
A partir de mañana, pudiera ser que, en el resto de los colegios del país las medidas represivas contra los estudiantes recrudezcan. ¿Lo harán por qué ellos sí miran a sus estudiantes? No, no es así. Lo harán por miedo. Y eso es lamentable.
Lo ocurrido en el Nido de Águilas es una metáfora de lo que ocurre en el país. Minorías estúpidas tienen secuestrada a la patria. Y son estúpidas porque sus coacciones no necesariamente se traducen en ganancias reales, mucho hacen por la sola sensación de abuso del poder. Todo esto sucede con la complicidad de las tontas mayorías que prefieren mirar a otro lado. Son tontas porque tienen un gran poder y optan por no ejecutarlo y lo hacen por no asumir la responsabilidad que implica el ejercicio del poder. Y eso es lamentable.

domingo, 5 de julio de 2015

DEL CARIÑO DE RIGOBERTO POR LOS LOCOS

“Voilà, Vincent, comienzo por decirte
Que descreo, si quieres tontamente,
Del afamado retintín de tu locura.
¿O será que los locos tienen que ser así,
Pastores de almas, marchantes, sontos y suicidas?”
Locos. Siempre los han llamado locos. Así los descalifican, a ellos, a los que evitan que el mundo pierda la cordura. A los poetas y pintores, a los músicos y danzarines, a los del teatro y a los del canto. Locos. Dementes. Así los llaman. Así los descalifican. ¿Y por qué? ¿Por qué?
Porque de la fealdad, la vulgaridad y monstruosidad hacen emerger belleza. Les basta la denuncia. Y siempre tienen la palabra correcta para hacerlo. Les basta su sagaz mirada. Esa que escudriña los pliegues del engaño. Por eso, por eso los llaman locos. Por eso los descalifican.
Sólo otro loco, perdón, sólo otro poeta entiende, comprende. Sólo otro poeta asume el compromiso de poner manos a la obra, esa, la de siempre, la de redimir la ternura, la de recordarnos quienes somos, sí, esa misma. La de siempre.
Rigoberto lo entendió. Sí, lo comprendió. Y vivió en el mundo de los locos, allá donde la amistad es posible, entre los orates, los que aún construyen la utopía. Y vivió entre los locos y les extendió su mano y cada vez que pudo, convirtió un apretón de manos en un abrazo cariñoso. Algunos tuvimos esa suerte, al resto, y nosotros también, nos quedan sus poemas.
“¿Loco tú?, ni en el sanatorio Saint-Remy lo daban por cierto;
De otro mundo, decían, sí eras Vincent,

De allá donde locura y pasión ponen obra por vida.”

domingo, 28 de junio de 2015

INSTANTÁNEAS DE DOLOR O TESTIMONIO DE UNA POETA

“El tiempo corre
Como los vagones
Que se siguen llenando”
Déborah Wizel
Hace algunos años le escuché decir al escritor Allen Patiño lo siguiente: si una imagen vale por mil palabras, la palabra gana, pues ella evoca millones de imágenes. Cada palabra tiene la posibilidad de provocar en nuestra mente muchas imágenes, y cada imagen mil palabras y cada palabra muchas imágenes, y cada…Magia del ejercicio mental de traducir las letras en figuras.
Quien rete las mentes del público se arriesga a su indiferencia. Podría toparse con individuos sin suficiente respaldo de imágenes y palabras, sin suficiente cultura. Porque al fin y al cabo, nuestra cultura impregna nuestro ser con ellas, las imágenes y palabras. Y este es el riesgo tomado por la poeta Déborah Wizel en su primer libro de poemas Instantáneas de dolor, invoca a las imágenes que deben ser conocidas por todo lector y al conocimiento histórico que debería tener todo ser humano que se precia de  serlo.
  Auschwitz, Srebenica, Nagasaki, Kigali nombres marcados por las grandes ignominias del siglo XX. Los campos de concentración nazis, la pesadilla bélica de las bombas atómicas, las limpiezas étnicas entre europeos, entre africanos; todos deberíamos tener registros de estos desastres provocados por la barbarie humana. Deby aspira que no lo olvidemos, sus versos no nos permiten ser amnésicos frente a ellos. No faltara aquel que pregunte: ¿Se puede ser testigo de estos eventos sin haber estado presente? ¿Se puede? Wizel lo logra a través de la más humana de las características de los humanos. Es bien común afirmar que abandonamos las cavernas gracias a nuestra inteligencia superior, pero ésta de nada hubiese servido sino fuésemos capaces de ponernos en los zapatos del otro; Déborah logra escribir sobre estos desastres no solamente investigando en bibliotecas y escuchando testimonios, también siendo empática y despertando la poca  o mucha empatía que aún nos separa de las manadas de fieras y bestias.
Déborah Wizel bien pudo contentarse con un libro panfletario, unirse a la fácil campaña anti campos de concentración nazis, pero Instantáneas de dolor es más que propaganda  políticamente correcta. Deby también le da voz a los asesinos, incluso, los convierte en humanos.
“Estas manos que te abrazan 
y te dan seguridad…
en el día asesinan        
golpean
torturan
y no por eso soy menos humano”
El poemario funciona hasta para el más grande de  los ignorantes, pues la empatía que encierra Deby en sus versos hace imposible que alguien que se precie de ser humano, no se identifique con el dolor plasmado en este poemario.

Instantáneas de dolor de Déborah Wizel es un poemario, no del simple rememorar el dolor, sino del actualizar nuestra humanidad. Deby nos regala sus poemas para que con sus versos invoquemos la poca o mucha empatía que aún nos separa de las manadas de fieras y bestias.

domingo, 21 de junio de 2015

EL CAFÉ DE RUNNELS: UNA PROPUESTA ESTÉTICA

“La justicia dramática y rápida de Runnels ha traído una paz repentina en el istmo como nunca antes se había visto. La mayoría de los cabecillas de los Dennieri han sido eliminados y los viajeros, al menos por ahora pueden cruzar en paz el istmo de Panamá, que ya no es acosado por vulgares salteadores de caminos. Es una gran obra de mérito cívico, e inclusive una manifestación y defensa de la Doctrina Monroe.”

Héctor Aquiles González Angulo

En el siglo XIX nació la famosa Doctrina Monroe y con ella los estadounidenses justificaron sus prácticas colonialistas. En el siglo XX la mayoría de las colonias dejaron de serlo, sea porque se independizaron o bien porque pasaron a formar parte del territorio nacional de la potencia colonizadora. La India se independizó del Reino Unido, Martinica pasó a ser territorio francés y Puerto Rico aún es una colonia estadounidense. Sin embargo, a pesar de que las estructuras coloniales desaparecieron, no ha sido así con su discurso justificador. Ese discurso hoy es denominado por sus estudiosos: colonialidad.
A la literatura le es imposible ser neutral en el dilema entre la colonialidad y el descolonialismo. El lenguaje, en sí mismo, es un elemento básico para el ejercicio del poder, sea para resistirlo o para aplaudirlo. Dadas así las cosas, ¿es posible la neutralidad de una obra literaria que aborda un capítulo histórico entre una ex colonia y su ex colonizador?
La novela El sheriff de Panamá de Héctor Aquiles González Angulo recoge un segmento de la historia panameña poco conocido y mucho menos divulgado. Y eso es un gran mérito. Pero aborda el tema desde el discurso predominante en la sociedad panameña, léase nuevamente la oración final del epígrafe de este escrito y se sabrá a que me refiero. Los asesinatos de Runnels, porque los linchamientos sin juicio previo son homicidios, quedan calificados como obras de mérito cívico y defensas de la Doctrina Monroe.
Podría argumentarse que así era la sociedad panameña en 1850, cierto, pero más cierto es que los lectores de la novela somos nosotros, los ciudadanos del Panamá del siglo XXI. En un país donde parte de su población defiende la mano dura contra la delincuencia, donde esa mano dura significa balas contra los delincuentes comunes y casa por cárcel, en el mejor de los casos, para los delincuentes de cuello blanco, ¿No podría Runnels levantarse como icono redentor a ese flagelo social? A esta altura de mi vida ya estoy tentado a archivar la palabra imposible.
A continuación, un ejemplo de como una obra literaria puede reflejar la estética maniqueísta de la colonialidad. Esa donde el colonizado es negro, feo y bandido y el colonizador es blanco, bello y justiciero.
“El campamento es grande y en ese preciso instante están cocinando y un olor a carne de monte impregna fuertemente el ambiente. A Runnels casi lo hace  vomitar. Puede ser zaino o armadillo. Algunos bandoleros toman grandes pedazos de carne y los mastican con gusto. La grasa les corría por los labios y ellos se los limpian con el brazo o con la camisa, lo que le parece sumamente repugnante.”
Hasta para comer los bandidos son groseros y eso le parece repugnante al justiciero.
“Lo primero que pide Runnels fue un café, que le fue preparado de una vez y como a él le gusta. Desde su época de Ranger tomaba esta infusión para mantenerse despierto, ya que eran muchas las horas de vigilia que había que hacer para cuidar el campamento o para mantenerse alerta de algún ataque de bandidos o indios. Se tomaba hasta cuatro tazas diarias.”
Runnels nunca derrama su café, a él le preparan el café, gracias al café el sheriff está siempre atento. En una sola ocasión Runnels ingiere unos panecillos preparados por su esposa, así que no tiene la necesidad de limpiarse la boca con las mangas. Quien come armadillo asado sí tiene que hacerlo. ¿Tendrá esta presentación de los hechos algún efecto en el lector?  
La colonialidad es un discurso político que tiene su propia estética. El colonizador es bello, el colonizado grotesco. Con las palabras el escritor construye valores estéticos y, una de dos, lo hace con la clara intención de decir lo que está diciendo o es desbordado por los conceptos que la sociedad le ha inculcado a lo largo de su vida. La literatura nunca es inocente.
Pienso que esto último le ocurrió al autor de El sheriff de Panamá. Estamos tamizados por paradigmas sembrados en nuestra alma durante siglo y medio de coloniaje estadounidense. No es cosa fácil descubrir dichos cánones en nuestro medio y mucho menos en nosotros mismos.
Sin embargo, hay algo muy importante que rescatar: Héctor Aquiles González Angulo está hablándonos del olvidado siglo XIX panameño. Vivimos como si nuestra nación hubiese nacido con la llegada a la presidencia de la república del partido político de nuestra preferencia.

Héctor, con esta primera novela, señala que antes del diseño del canal interoceánico ya había panameños. Y al decir que ya existía Panamá durante la construcción del ferrocarril entre 1850 y 1855, desdice que Panamá fue un invento de Teddy Roosevelt en 1903. Al fin y al cabo, de eso tratan las agudezas literarias.  

domingo, 7 de junio de 2015

DE LA ARROGANCIA DISIMULADA

“¿Por qué no podríamos aceptar la idea de que hay personas totalmente amorales que caminan por la calle y son absolutamente capaces de cometer homicidios o infligir mutilaciones sin experimentar sentimiento de culpa o escrúpulo de conciencia algunos?”
Michel Foucault  
El arrogante siempre busca situarse en algún punto desde el cual pueda menospreciar al otro. Todos conocemos cientos de ejemplos de la arrogancia en acción. Pero a mí me tomó un tiempo reconocer como altaneros presumidos a ciertos individuos que, a primera vista, parecen candidatos al santoral de la iglesia. Sí, sus acciones sólo huelen a mirra e incienso consagrados.
Tengo dos ejemplos, el primero es aquel que sufre sin comunicar su dolor a aquellos que lo aman, dizque para no provocarles malestar. En realidad, lo hace para no deberle ningún favor a nadie y en caso tal su dolor sea descubierto, la culpa crezca en los otros y así poderlos manipular.

El segundo es quien insiste en confiar, una y otra vez y a pesar de la evidencia, en un estafador; afirma que lo hace con la esperanza de que el timador se redima, pero en el fondo de su ser busca que dicha redención ocurra gracias a su propia virtud merecedora de todos los aplausos. Este último es el que considero el más pernicioso. En el fondo él necesita, anhela, desea, procura  que siempre el delincuente delinca; que nunca deje de hacerlo, porque así el mundo sabrá quien es el ser superior, y es él, el arrogante disfrazado de santo.

domingo, 24 de mayo de 2015

EL ESCLAVO HONORABLE

“¡Pero cuidado! ¿Vais al Congo? Respetad, no digo la propiedad nativa (las grandes compañías belgas podrían confundirlas con una piedra arrojada a su tejado), no digo la libertad de los nativos (los colonos belgas podrían ver en ello propósitos subversivos), no digo la patria congoleña (arriesgándonos a que el gobierno belga tome muy mal la cosa), digo: ¡Vosotros que vais al Congo, respetad la filosofía bantu!
Aimé Cesaire                                      
El sargento camina lleno de orgullo después de haber departido tragos con el capitán, el oficial respetó su honor, le permitió pagar la cuenta, la juerga fue larga, la cuenta fue grande; el salario del capitán triplica al del sargento. La mujer camina oronda hacia la iglesia, no tuvo que pedir permiso a su marido para salir a escuchar la misa, nunca le pide permiso para ir al oficio; es el esposo quien hace los mandados, quien paga las cuentas, quien asiste al colegio y vela por los estudios de los hijos, quien le compra la ropa a ella, así que ella no sale nunca del hogar, salvo para ir a misa y lo hace sin pedir permiso. El obrero camina encendido de honor después de enterarse que va a tener que seguir trabajando más allá de la edad de jubilación, su patrón nunca pagó las cuotas del seguro social; el obrero sospecha que, quizás, va a tener que trabajar hasta el día de su muerte, pero él es moralmente superior a su patrón y no se va a rebajar a mendingar en un tribunal lo que por ley le pertenece; la casa pierde y se ríe, hay un Dios en el cielo.
¿El honor de los oprimidos es una estrategia de explotación? Pues a veces sí que lo es. Cuando por él se renuncia a exigir el cumplimiento de los derechos ganados, cuando sirve para ocultar una situación tiránica, un saqueo. Cuando el honor despierta en el sometido la enajenante sensación de superioridad sobre el déspota y tontamente asume la actitud de esperar que sea el abusador quien rectifique, en ese instante, el honor se convierte en deshonra. 

domingo, 17 de mayo de 2015

PANAMÁ Y NICARAGUA SEGÚN RUBÉN DARÍO

"Los hombres son tan simples y unidos a la necesidad, que siempre el que quiera engañar encontrará quien le permita ser engañado."
Nicolás Maquiavelo
Las rutas interoceánicas de Nicaragua y Panamá tienen puntos históricos en común. Hitos de confrontación, pareciera. En realidad, siempre han sido los intereses de las potencias de turno los causantes de tales oposiciones. El capital internacional nunca ha dudado en hacer uso del chantaje y el soborno para así hacer caer a ambas naciones en la tentación de ofrecer por migajas sus virtudes geográficas. Tampoco le ha temblado la mano al hacer uso de la fuerza.
 Así lo deja claro el bardo nicaragüense Rubén Darío al denunciar en la crónica La República de Panamá de 1913 a los Estados Unidos de América por fortificar y declararse soberano en el canal de Panamá. El siglo 20 fue la centuria militarizada del territorio aledaño al canal por parte de la nación campeona, supuestamente, de la democracia. Desde las bases militares estadounidenses en territorio panameño se manchó de luto y dolor al resto de Latinoamérica. Por cierto, luego del atentado realizado por Rigoberto López Pérez, en el hospital militar de la llamada zona del canal murió el dictador Anastasio Somoza García.
Otro por cierto, la mencionada crónica bien podría usarla el actual gobierno panameño como parte de una campaña de promoción de su gestión gubernativa. Tan pronto deja clara su acusación contra el militarismo del imperio norteño, brinda flores y elogios al estado panameño y a sus dirigentes por los logros alcanzados en el progreso y desarrollo nacional.
También menciona el éxito sanitario que representó la eliminación de la endémica fiebre amarilla, batalla ganada por los estadounidenses en las ciénagas que rodeaban la ciudad de Panamá. La más joven de las repúblicas centroamericanas fue durante el primer tercio del siglo pasado una especie de protectorado donde eran los angloamericanos quienes prestaban servicios tan básicos como la recolección de la basura.
No es de extrañar, entonces, que el bardo nica afirmase, cuando aún no había finalizado la construcción del canal, que en suelo istmeño había crecido la población bilingüe y la gringofilia. La Panamá ocupada por las bases militares gringas es tan yanki como la Nicaragua asolada por Walker. Y a pesar de ello, el bilingüismo en Panamá y Nicaragua es fruto maravilloso de la fuerte influencia afroantillana y no hijo bastardo de las muchas invasiones de los marines.
La crónica El Fin de Nicaragua (1912) comienza describiendo la nefasta incursión de William Walker en tierras nicaragüenses. Mientras el filibustero asolaba Nicaragua, en Panamá el ranger y asesino de indios Randolph Runnels imponía el orden, el orden de los blancos sobre todos los otros colores. La irrupción en Centroamérica de ambos personajes fue consecuencia de la fiebre del oro californiana, evento que conmocionó la historia de las ambas naciones.
En el siglo 19 en Panamá existía la llamada la Franja Yanki, de diez millas de ancho y 40 millas de mar a mar en línea recta, franja que en el siguiente siglo sería la Zona del Canal, la ignominiosa colonia estadounidense en territorio panameño que fue causa de tanta desgracia. Por dicha franja se atravesaba el istmo a través del Camino de Cruces y del río Chagres y con el auge del oro, se construyó el Ferrocarril Interoceánico de Panamá. Para garantizar los intereses de dicha empresa Randolph Runnels fue contratado por la Howland and Aspinwall Company.
Randolph asumió con excesivo entusiasmo la tarea de liberar de salteadores de caminos a la futura ruta ferroviaria. Realizó por lo menos dos masacres de supuestos forajidos, una de 37 y la otra de 41 ejecutados. Además, se encargó de reprimir el descontento de los trabajadores que construían el ferrocarril. Randolph estaba convencido que así consumaba una profecía donde él fungía como el ángel exterminador cumplidor de un mandato divino. Con igual inspiración William Walker acometió cuatro expediciones en territorio nicaragüense, cuatro incursiones de sangre y saqueo. Walker y Runnels, dos asesinos con ínfulas mesiánicas que en nombre de nuestra redención nos trajeron el infierno.
Randolph Runnels murió en Nicaragua, después de haber servido como Cónsul de los EE.UU. en ese país. Sus restos descansan en el cementerio municipal de la ciudad de Rivas, en el sur de Nicaragua. Ciudad donde se libraron dos batallas contra Willian Walker.
Darío habla con enojo del clamor servil que pide desde la intervención yanki en asuntos internos, hasta la solicitud de ser anexionados a la unión anglo americana. En diciembre de 1989 fui testigo de este repugnante comportamiento. Mientras las tropas yankis invasoras llenaban las fosas comunes con panameños ejecutados, otros panameños las aplaudían  y hasta les compraban cervezas bien frías. Hay un dato paradójicamente curioso: en 1925 el presidente de Panamá Rodolfo Chiari pidió la intervención de las fuerzas armadas estadounidenses para aplacar un movimiento popular en contra de los dueños de casas de arrendamiento; y en 1964, su hijo, el presidente Roberto Chiari, durante los sangrientos eventos del 9 de enero rompió relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Fue el primer latinoamericano en hacerlo.
Estas palabras del poeta niño me llaman mucho la atención: Mas, de hecho, el imperio norteamericano se extendía sobre el territorio nicaragüense, y la pérdida implícita de la soberanía era una triste realidad aunque no hubiese ninguna clara declaración al respecto. Para el mismo tiempo, sea por la fuerza o por la firma de un tratado, para Nicaragua y Panamá no hubo diferencia, nos convertimos en repúblicas bananeras permanentemente intervenidas. Meros cuadrantes del patio trasero de los Estados Unidos de América.
Dice Rubén en la crónica La Cuestión de los Canales (1902): La vieja cuestión del canal interoceánico se renueva de tiempo en tiempo. Hoy en día es un tema vigente y podría llegar a ser candente. No tanto por un enfrentamiento comercial entre Nicaragua y Panamá, sino por las afectaciones que dichas empresas, dependientes del comercio mundial, tengan sobre sus pueblos.
El canal de Panamá y el proyecto de construcción nicaragüense son empresas que responden a los intereses del capital internacional. Y esto de capital internacional hay que contextualizarlo, porque en más de una ocasión termina siendo un mero eufemismo. De los cinco multimillonarios más grandes del planeta, cinco son estadounidenses. De los diez, ocho. El 34% de las transnacionales del planeta son estadounidenses. Y eso que sólo estamos hablando de las empresas legales.
Los intereses capitalistas unieron y unen en el dolor las historias de Nicaragua y Panamá. Y sigue siendo así. Por esta razón quiero terminar con las palabras con las que Rubén Darío cierra esta crónica, palabras que aún, a pesar de algunos soñadores, tienen vigencia: Por Panamá o por Nicaragua, o por ambas partes, ellos buscan que América sea para los americanos. O para la humanidad que habla inglés.

domingo, 26 de abril de 2015

CÓMICAS EN VERSOS

“Es un observar constante, sobre lo que pasa en el mundo, y devolver en forma de arte aparejos de sobrevivencia para este valle de lágrimas.”
He decidido celebrar el día del Escritor Panameño escribiendo sobre un escritor panameño. Hoy opté por escribir un comentario sobre el poemario CÓMICAS DE BERLÍN del poeta istmeño A. Morales Cruz. Comencemos.
El autor juega con los títulos de los poemas o textos poemáticos tal como él los llama. Juega con mayúsculas y minúsculas (por ejemplo, no es Nadadores es NADAdores), juega a que encontremos varios posibles significados, juega a que asumamos nuestra responsabilidad, porque el hallar o no significados en un poema tiene un único responsable. La significación de los versos está totalmente en manos del leyente que acepte el reto de enfrentarlos, comprenderlos, vencerlos. Y así es en todo el poemario de Morales Cruz.
“En el camino
La felicidad trazada como un disparo”
Así que como la responsabilidad del significado es mía, voy a apostar y compartir un par de acepciones. A todo lo largo del poemario Cómicas de Berlín, A. Morales Cruz confiesa su tristeza existencial. Tiene una visión trágica de la vida, donde la felicidad es apenas un instante.
“El amor es más sencillo: no lúcido
Serio   compacto   sino
Saturno     cíclico     desdibujado
Es la lluvia corriendo en la ventana
Un deportista corriendo en la hierba     gratis
Y esperanzado”
Sin embargo, frente al amor no son estos versos una confesión de la derrota. Es una cosa muy interesante: para el autor la felicidad es efímera, pero el amor es gratuito y confiado.
“Blanco el día. Escribo en él, ríos de palabras
Unas rosadas, otras de agua lluvia, otras escapan como zorras.”
La poesía de Morales Cruz impele a olvidarse de la esclavizante lógica cotidiana y nos sumerge en el blanco más blanco de las palabras. Rota la caja, el sonido impone su sensatez, la musicalidad se convierte en el significado. Y es que el diccionario es superado por la imagen creada con el roce de las palabras entre sí, con esa chispa que es el color de los vocablos.
“No, este poema se habrá lanzado desde azoteas.
Lanzado del piso 30, con el pecho del cielo
Habrá hecho trizas este pavimento”
Dice el poeta Héctor Collado que la poesía es algo que ocurre, Morales Cruz coincide y va más allá: el poema o vuela o muere en el intento. Cómicas de Berlín puede ser un texto enigmático, pero un esfuerzo extra en la lectura, sea la segunda o la tercera, una lectura con alas bien puede ser la oportunidad para permitirse que algo ocurra en la imaginación. Ahora, la pregunta obligada: ¿el escritor debe o no pensar en el lector que se pierde en la niebla?
“Los años nos dejan un sabor a arrugas
En la boca
En el fondo del vaso de agua
No se ve más que un letrero
De desastres”
La vejez tiene mal sabor, el poeta no lo olvida, es más, con estoicismo la ve venir con su carreta cargada de ruinas. Para Morales Cruz, la poesía no es un enjuague bucal que disfraza los sinsabores, sino todo lo contrario, es un adobo que estimula las papilas.
“Como en los viejos tiempos
Pasa la edad sus cien pies”
¿Alguna duda sobre que piensa el poeta sobre la edad y su carga de años?
 “Me pareció que todo el mundo es un mundo”
Eso sí, Morales Cruz aprovecha cada verso posible para dejar clara su cosmovisión: la individualidad prima sobre el colectivismo.
“Un hombre es una orilla de tinta en el horizonte”
Esa es la misión del poeta, escribir y provocar al lector con lo escrito. Lanzar una provocación tras otra, hasta que el entendimiento común y silvestre se rinda, hasta que gane la intuición. No hay sentencias, sólo imágenes. En Morales Cruz el pintor y el poeta quedan conjugados en un artista visual, que no escribe palabras, las dibuja.
“El argumento: un abanico chino que se deshace
La obra provoca disturbios
Los niños en el computador”

A. Morales Cruz en Cómicas de Berlín anuncia un cambio de épocas, ya los  medallistas no están en la pista y el campo, ahora digitan un teclado. ¿Acaso el Homo sapiens evolucionará al Homo digitus? El abanico ininteligible desaparece, lo que viene es un tumulto de ¿rendiciones?

domingo, 12 de abril de 2015

MALAJI O LA EVASIÓN DE MALAQUÍAS

“Me provoca pensar en los tiempos pretérito, presente y futuro. Pero me irrita. Sé que he vivido y nunca supe del futuro. Sencillamente he vivido, transcurrido y ambulado en innumerables avenidas y círculos del  tiempo, y en ese trajinar he envejecido sintiéndome un niño entusiasmado por las preguntas y el asombro; quizá he sido un espécimen de la duda tratando de andar, viviendo en la incertidumbre que contiene alguna dimensión desconocida, con el ardoroso deseo de trastocarla.”
Henry Petrie
En las palabras que me sirven de epígrafe se encuentra resumida la trama de Malaji (Ediciones Pensar, 2012). Pero para ser sincero, al terminar de leer la novela sentí que dicho argumento evadía lo intensa y conmovedora que puede llegar a ser la vida de un hombre ordinario. Luego de viajar hacia atrás en el tiempo, viaje en el cual pudo haberse descubierto la razón de la negada soledad del protagonista, de su dolor; viaje que pudo aterrizar en contestarnos como un tipo pudo llegar a los ochenta años de edad sin quedar atascado en el tormento. Luego de entusiasmarnos con un personaje que vive con intensidad en este mundo que a veces huele a rosas, a veces hiede a estiércol. Luego de plantear un gran drama humano, la novela se decanta por un periplo místico realizado por el mismo protagonista, en un universo paralelo. Tiene su gracia, pero no me basto. Mejor comienzo por el principio y así podré explicarme.
“Despertó. Desde niño contempló las estrellas, quiso vivir entre ellas, tal vez lo logró”. La pieza única de la primera parte no es fácil de entender a la primera lectura, es un anticipo de todo lo que viene; de manera cruda narra como las tinieblas envuelven este mundo, pero también declara, con valor, que detrás de las sombras se encuentra la luz que quema los ojos. Hallar esa preciosa luz ¿sólo habitando entre las estrellas? ¿O ese tesoro se puede encontrar en el mundano corazón humano?
“Me siento morir, a pesar de haber despertado. La muerte amenaza y espero afrontarla con altivez. Nada más ridículo que llegar a viejo y temer morir”. En el capítulo 1 de la segunda parte hay otro indicio de lo que viene. También de lo que pudo venir.
La muerte como portal a otra dimensión, es la promesa que las religiones llevan miles de años realizando. Ver la muerte directo a los ojos y no temblar es el más humano de todos los discursos. Humano, pues deja en manos del hombre o la mujer, según sea el caso, la decisión de cual ha de ser la actitud final: el miedo o la dignidad. ¿Acaso ese no es el dilema de la existencia?
Este capítulo y toda la novela describen días comunes enriquecidos por los diálogos asombrosos de Malaquías. En este capítulo y en toda la novela el autor demuestra la sabiduría de un octogenario, de su conocimiento adquirido al vivir y reflexionar la vida, de su afán por compartir su erudición con quienes están sedientos de ella, incluso, con aquellos que la reniegan.
“No creo en esas cosas, pero quien dice que la vida no tiene secretos. Podré ser ateo, pero la energía existe. Siempre hay enigmas”. En el capítulo 5 de la segunda parte comienza a justificarse el desenlace final, el que no me basta, donde la magia intangible triunfa sobre los hechos medibles. Ciertos discursos postmodernos me despiertan algunas aprensiones. Comparto una anécdota personal: tuve una amiga que pregonaba militantemente su ateísmo; sin embargo, nunca viajaba sin un frasco lleno de rocas. Lo primero que hacía cada mañana era posar en él su mano para absorber su supuesta energía. Mi amiga no era atea, no vivía sin Dios, simplemente había reemplazado al Señor de las barbas por unas muy llamativas piedras. Aquí la ruptura de un espejo y el sepelio que sufren los restos de cristal sirven de excusa para convertir el drama humano de Malaquías en un evento que escapa de sus manos y que sólo es responsabilidad de ¿las estrellas? Por cierto, el viejo protagonista de esta novela es un ateo muy preocupado por las cosas de la Biblia.
“Don Malaquías, siempre me ha llamado la atención, su soledad, sus conceptos. Es verdad que hemos tenido encuentros apurados, como usted dice, pero he disfrutado cada minuto de su compañía. ¿Sabía usted que tiene un encanto especial? ¡Wao! ¿Quién no quisiera ser un octogenario solicitado sexualmente por una joven profesional? A Malaquías los años no sólo le trajeron arrugas y sapiencia, también un encanto especial que, supongo, fue fruto del lidiar y superar los traumas que acompañan y atormentan a todo ser humano. Pero lo que supongo se me convirtió en pregunta, y sin contestar. La respuesta es el mismísimo Santo Grial: ¿Cómo envejecer sin quedar impregnado con el olor a la decadencia?
“Y se durmió, por primera vez, en la paz del sueño”. El capítulo Desaparición de Lázaro de la tercera parte es una pieza poética. Sin mencionar la palabra suicidio me queda claro cual fue la decisión tomada por el joven Calixto Stuart. Bello y sugerente, este capítulo resume el alivio que encontró el amigo de Malaquías con su extrema y lamentable solución. Es obvio que quien escribió esta novela tiene aliento de poeta. Sólo así se explican los riesgos tomados en el manejo del lenguaje. ¿Cómo se dice: me refugiaré a ellas o me refugiaré en ellas? (página 146, párrafo 3). La tentación eterna del poeta, el buen sonido por encima de la rigidez gramatical.

La tercera parte es magistral. Viajar buscando, pensé, la raíz del dolor y de la alegría. Me quedé esperando. Puedo aceptar, entender y comprender que un niño, en su imaginación, trate escapar del sufrir viajando a las estrellas; pero que el destino de un sobreviviente, no, llamar a Malaquías sobreviviente no le hace justicia… pero que el destino de un héroe condecorado por la vida se defina con un viaje metafísico, sin concretar el drama bien planteado en la segunda y tercera parte de la novela, no me es suficiente. Prefiero ver las tinieblas y oponerles resistencia. ¿Acaso ese no es el reto? En mi opinión, que bien pudiera estar equivocada, la cuarta parte de la novela llamada Crónica de Malaji es una evasión al dolor humano y por ende, a las posibles soluciones normales y cotidianas llevadas adelante por gente mundana como el viejo Malaquías.